Los pueblos neolíticos eran adoradores de diosas. Creían que la Gran Madre había dado origen al mundo, a los dioses, a los demonios y a las razas de la humanidad.
En Creta había tres formas destacadas de la madre diosa: la diosa serpiente, la diosa paloma y la “dama de las criaturas salvajes”. Como señora de las serpientes estaría asociada al mundo subterráneo, mientras que los animales salvajes son símbolo de su dominio sobre la tierra, y las palomas sobre los cielos.
La representaron vestida con un traje de volantes ceñido por un cinturón y con el busto desnudo, aunque se ha sugerido que tal vez esas figuras no representan a la diosa de modo directo, sino a sacerdotisas que eran imagen viviente de la misma, o incluso a la reina vestida con los atributos propios de la divinidad. A veces aparece de pie sobre la cima de una montaña, guardada por dos grandes leones, y otras veces se sienta entre árboles y plantas. Entre los símbolos a ella asociados están los cuernos del toro, el hacha doble, el pilar sagrado, la luna creciente y un bastón o vara.
Al parecer era una diosa de la muerte, de la batalla, de la fertilidad y de la caza. Le hacían ofrendas en una cueva de la montaña donde se suponía que habitaba. Al principio no fue necesariamente una personalidad agradable o atractiva. Fue pintada por Fidias como una madre benigna de gran ternura y belleza, pero lo cierto es que la madre original era adorada porque era temida. Ella era el Destino que medía las vidas de los hombres, la que enviaba tanto desastres como bendiciones. Permanecía como la madre que era el antepasado de todo y la fuente del bien y del mal, de la suerte y la desgracia. Se enorgullecía de su poder destructor y era insensible a las emociones. Además era de "alegre voluptuosidad", como Ishtar en Babilonia, que era la amante de Gilgamesh a una hora y la de su enemigo implacable a la siguiente.
A la diosa madre de la vieja Europa se la recordaba como devoradora de niños. Inspiraba terror entre el pueblo. En las zonas aisladas a las que no llegó el idealismo griego, su recuerdo se perpetuó como una bruja repulsiva y sedienta de sangre que aterrorizaba a la gente y exigía pagos anuales de víctimas humanas y animales. Estaba asociada con la adoración a piedras, árboles, animales salvajes, pozos y ríos, montañas y montes. Los cazadores se aprovechaban de sus rebaños y a cambio tenían que favorecerla. Los pastores le hacían ofrendas para asegurarse la provisión de pasto, y los agricultores la reconocían como madre de los espíritus del grano.
Palacio de Cnossos
En su honor se sacrificaban toros y se hacían libaciones con su sangre en el altar, adornado con cuernos de los animales sacrificados. Las ceremonias tenían lugar en los recintos sagrados: cuevas, templos o palacios donde las sacerdotisas hacían ofrendas de frutas y flores y ejecutaban danzas desenfrenadas. En el palacio de Cnossos había una sala en la que se bailaba una compleja danza llamada del laberinto, con los pasos dibujados en el suelo. Esta danza era parte del ritual de la diosa, que también era llamada la Gran Dama del Laberinto. La palabra laberinto significa "Casa del Labrys", es decir, del doble hacha, y en su origen se refería al palacio de Cnossos.
En Creta la diosa existía desde antes de que los primitivos habitantes comenzaran a tallar imágenes de ella en gemas y sellos o a pintarla en frescos. Simbolizaba a la isla y a su vida social y organización.
Es posible que la importancia dada en la vida religiosa al principio femenino ocasionara que las mujeres tuvieran en esa sociedad mayor estima que entre los pueblos de culto a divinidades masculinas. Sin embargo, aunque el culto a la deidad femenina sugiere la existencia de un matriarcado, era un rey quien gobernaba. En realidad había un cierto equilibrio entre ambos sexos. Por ejemplo, aparecen representados hombres y mujeres que se enfrentan por igual al toro y realizan las mismas acrobacias.
En la cultura minoica el gobernante, Minos, era al mismo tiempo juez y sacerdote que servía a la Gran Diosa Madre, de la cual dependía. A veces presidía el culto investido con una cabeza de toro disecada, relacionada con el mito del Minotauro: junto a la veneración a la diosa aparece el culto a un dios que bajo forma animal es el dios-toro, el Minotauro, símbolo de fertilidad masculina, y cuando adopta forma humana es llamado Minos.
Bibliografía:
Creta y el prehelénico europeo – Donald A. MacKenzie
Los Egeos – Celestina Milani










No les faltaba razón a aquellos primitivos europeos al pensar que de la mujer , creadora de vida, proviene todo. Madre- diosa, madre nutricia. Otra cosa era el ritual, con esos sacrificios dirigidos más a una madre poderosa a la que hay que temer que a una madre amorosa a la que hay que amar. Este esquema de dios temido y adorado se repite en infinidad de pueblos a lo largo de la historia. No hay más que darse una vuelta por nuestra Edad Media y vemos al dios vengativo y justiciero, amenazante desde los tímpanos de las portadas de las iglesias románicas.
ResponderSuprimirUn saludo.
Es curiosa la idea de que la diosa madre, la creadora de toda vida, habita en una cueva. Desde antiguo las cuevas inspiraron la idea de la fecundidad, del origen de la vida. En este sentido cabe destacar la diosa vasca Mari, cuya morada es precisamente en el interior de una cueva. Si alguien quiere leer algo más sobre este tema, le recomiendo este artículo interesante sobre las diosas madre : http://perso.wanadoo.es/s915083000/creencias/creencias4.htm
ResponderSuprimirUn saludo y muchas gracias :-))
Sí, los dioses antiguos eran terribles, se mire en la civilización que se mire. Frecuentemente exigían víctimas humanas para ser aplacados.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana, monsieur
Bisous
Muchas gracias por su aportación, monsieur Pedro.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Por nostalgia, los dioses de la antigüedad están más vivos que los dioses de hoy, pues estos últimos nos han abandonado.
ResponderSuprimirO nosotros a ellos, monsieur. Aunque para que resulten como esta señora, vale más tenerlos lejos!
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
bisous
El culto a la mujer como origen del mundo, como símbolo de fertilidad parece que fue algo muy común entre las culturas de la antigüedad lo cual es lógico pues eran (y son) ellas las que dan origen a la vida, gracias a la gestación en su vientre de un niño.
ResponderSuprimirUn beso.
La verdadera diosa de la creación es la mujer, aunque la fuerza bruta del hombre se empeñe en desvirtuarlo; ella maneja los hilos de la vida y de ella depende el equilibrio de todo lo creado. Por momentos en un plano superior, otras en sumisión, siempre es quien mueve los hilos de la vida, afortunadamente.
ResponderSuprimirAún en muchas tribus africanas, animistas, la tierra es la diosa femenina, generadora de cosechas, a la que se le rinde culto; es lógico que se olvidara entonces al hombre y lo masculino, tan necesario como lo femenino, pero innecesario a partir de la fecundación. Es la madre la que gesta, pare y cuida a su progenie. Hoy se ha ido, señora, bien lejos en el tiempo y en las preocupaciones de la humanidad. Beso su mano.
ResponderSuprimirSu entrada me ha recordado la obra de Robert Graves "La diosa blanca". Es muy caótica pero, en gran medida, interesante.
ResponderSuprimirSaludos.
Se trataba de una diosa muy poderosa y así lo avalan los ornamentos con que la representaban, fundamentalmente temida, le hacian ofrendas para loo cual sacrificaban victimas inocentes. En realidad no eran exigencias de la diosa. era estupidez humana.
ResponderSuprimirBisous, Madame.
¡Vaya! a pesar de ser una diosa a la que se adoraba y ofrecían sacrificios, era un hombre el que gobernaba. Por lo menos para enfrentarse al toro estaban hombres y mujeres por igual.
ResponderSuprimirBisous
Hola Madame
ResponderSuprimirUna vez más, desconocía la historia de la Diosa del Laberinto. Me quedé con el mito del Minotauro. Me ha fascinado, el poder que le otorgaban aquellas civilizaciones antiguas a todos sus dioses, capaces de lo mejor y lo peor al mismo tiempo.
Feliz fin de semana, Madame.
Bisous.
Madame,
ResponderSuprimirpreciosa entrada para equilibrar anteriores sobre la dura y controlada vida de las mujeres de la Historia.
No conocía la diosa del laberinto.
Feliz noche.
Hola Madame:
ResponderSuprimirNo conocía esta historia y me ha resultado agradable ver que en algunos casos (y más de lo que pienso)La mujer en la antiguedad era valorada en su justa medida
Estoy de guardia. Ya ve a las horas que escribo.
Saludos
MUY INTERESANTE TU POST Y TU BLOG, PASARE MAS VECES POR AQUI.
ResponderSuprimirBrillante historia madame nos muestras hoy ,siempre me llamo la atencion en esta clase de dioses las ofrendas ,pagos y tributos que se le realizaba .
ResponderSuprimirEsa antigua civilizacion le guardaba mucho respeto a la mujer ,la actual deberia aprender un poco mas a valorarlas
Un abrazo hasta la corte y buen fin de semana
PD :Me encanto el relato de su autor favorito
No conocia la "Danza del laberinto", tampoco "La gran dama del Laberinto", todos los pueblos tienen sus mitologias, muchas de ellas coinciden en los sacrificios humanos, el "Toro" forma parte de la cultura sobretodos Mediterrànea desde tiempos lejanos.
ResponderSuprimirBises
En efecto, monsieur Carolus, se trata de una característica común a muchas civilizaciones.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Sí, monsieur Francisco, pero con eso de manejar los hilos de la vida muchos han querido reducirla a un mero papel reproductor.
ResponderSuprimirFeliz domingo, monsieur
Bisous
Sí, tampoco se olvidaba su complementaria fertilidad masculina en la figura del toro, pero todo estaba supeditado a la diosa madre.
ResponderSuprimirMuy lejos me he ido, en efecto, pero sepa usted que la civilización minoica es una de mis favoritas, una gran pasión.
Feliz domingo, monsieur
Bisous
Todas las obras de Robert Graves me resultan interesantes, ciertamente, monsieur.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Se da cuenta, madame, de cuántos horrores es capaz de inventar la mente humana, muchas veces empujada por el temor y la superstición.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Sí, se iba equilibrando una cosa con otra, lo que no sucedió después en Grecia. Yo hubiera preferido ser cretense :)
ResponderSuprimirFeliz domingo, madame
Bisous
Debía de ser terrible, madame, tener que estar todo el tiempo pendiente de no enojar a los dioses y de aplacar su ira.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Muchas gracias, madame Negrevernis. Creta debió de ser un paraíso para las mujeres, en comparación con lo que sucedió después en Grecia.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Monsieur Manuel, hace usted demasiadas guardias. Hay que ser psicológicamente muy fuerte, además de físicamente, para aguantar tantas.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Muchas gracias, esperamos su visita siempre que guste.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Muchas gracias, monsieur. Menos mal que esos sacrificios fueron pronto abandonados. No armonizan mucho con la alegría que se respiraba en Creta.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
El toro, en efecto, sigue presente, y consiguió hacerse mucho más famoso que la diosa madre, al final.
ResponderSuprimirFeliz domingo, madame
Bisous
Madre diosa, madre fecunda de donde sale al vida y nos mantiene.
ResponderSuprimirDiosa y dioses feroces, sanguinarios y crueles, eran un reflejo de la sociedad donde mandaba el temor y la ignorancia.
Un beso.
Las estatuas que exhiben preñez, vientres y caderas hermosos, pechos listos para mamantar se han ido transformando; en la antigüedad eran símbolo de fecundidad para atraer cosechas o hijos, protección y salvación: diosas y vírgenes. En las culturas industriales la representación cultural de la mujer está muy cerca de convertirse en un androide. Lo símbolos nos muestran la clase de sociedad en la que vivimos.
ResponderSuprimirA mi también me habría gustado ser cretense, pero de las que contemplan las acrobacias sobre el toro desde las gradas de un anfiteatro con vistas al mar.
Buenas tardes Madame.
Iluminadora entrada, Madame, como nos tiene acostumbrados.
ResponderSuprimirEs curioso lo borroso que puede llegar a ser el límite entre diosa y bruja.
Que tenga una feliz semana.
Muy interesantes tus post, siempre
ResponderSuprimires un grato placer leerte.
Te dejo mi saludo y deseo que tengas
una feliz semana.
un abrazo.
creo que por los sacrificios humanos, esos dioses aun están con nosotros...
ResponderSuprimirsaludos querida Madame
me gustaría saber qué pensaban los propios antiguos del hecho de que fuera una mujer o un hombre quien les gobernara, quien rigiera sus destinos, sobre el terreno o en las alturas. si ellos lo notaban como posiblemente no lo notamos nosotros.
ResponderSuprimirque tenga un feliz comienzo de semana, madame.
bisous!
Y un buen instrumento ese temor para manipular a las gentes, monsieur.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
Hoy en día está de moda pasar por quirofano para ponerse tambien pechos grandes. Sin embargo me parece que no es para atraerse buenas cosechas. Bueno, supongo que según de qué.
ResponderSuprimirYo tampoco me veo delante del toro, madame Amaltea. Espero que hubiera otras dignas ocupaciones.
Feliz comienzo de semana
Bisous
Muchas gracias, monsieur. Las brujas a fin de cuentas tienen algunos poderes más allá de lo humano, de modo que son igualmente temibles.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
Muchas gracias, monsieur Ricardo
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
En cierto modo se siguen haciendo, madame, en efecto.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
Pues monsieur Karpov, he leido dos veces su duda existencial y no sé qué decirle. Es que tenga en cuenta que yo sólo sé cómo nota usted a Baal. Lo demás ni idea. O sea, no sé cómo nota a la dama del laberinto ni nada. Nunca me lo explica, monsieur.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
la verdad es que lo he planteado como... bueno. me venía a referir a que si había por parte de los antiguos alguna percepción de que los dioses eran de una manera y 'las diosas' eran mejores. más justas, más benefactoras, más así. el hecho de que el cristianismo... se me está yendo. lo siento. es lunes. esto no lo salva ni Baal. ;)
ResponderSuprimirbisous!!
Ah, no, qué va. Fijese por ejemplo en la dama del laberinto. Era terrible. Había que hacer sacrificios humanos para aplacarla.
ResponderSuprimirY eso que eran cretenses, que si llegan a ser griegos... Monsieur, los cristianos al lado de los griegos eran feministas.
Bisous
Todas las culturas antiguas eran matriarcales, tenían esas especies de diosas madres, fecundadoras del universo, de las cuales procedían todo. Siempre me llamaron la atención esas divinidades prehelénicas, como las sacerdotisas cretenses, con los pechos fuera (mostrando los símbolos de la maternidad), esas faldas acampanadas y la serpientes en las manos (como derrotando al mal). Bella entrada, Madame; buena semana, Bisous.
ResponderSuprimirDerrotando al mal o, en este caso, más bien siendo dueña y señora de él, y pudiendo liberarlo a su voluntad.
ResponderSuprimirGracias, monsieur, feliz comienzo de semana
Bisous
El mito del laberinto minoico es la más estrecha relación que se conoce y conserva con este culto; ha debido ser muy difícil para usted tratar esta entrada pues la religión de pueblos neolíticos es bastante compleja y todavía un misterio para los arqueólogos e historiadores; sin ir más lejos, de la época micénica no se ha identificado aún ningún gran templo, pero sí cierta verosimilitud con ritos a los dioses griegos más conocidos.
ResponderSuprimirSi me permite la opinión, “La Gran Madre” es una mezcla extraña, una gran fusión entre Artemisa, Démeter, Perséfone, Gea y Hera, entre otras, todas grandes diosas muy veneradas en la mitología griega.
Lo de “devoradora de niños”, me ha dejado horrorizada, madame, normal que fuese tan adorada como temida.
Un beso muy grande, esta entrada me ha encantado debido a mi fascinación por la mitología y la religión.
no recuerdo bien en donde leí (creo q era bajo el sol de kenia, de barbara wood)una especie de leyenda que contaba que las sociedades primitivas eran matriarcales porque la mujer era la que creaba la vida; los hombres temían y respetaban a las mujeres pero tenían miedo y también estaban celosos.
ResponderSuprimirse dieron cuenta que el momento en que la mujer era mas vulnerable y dependiente era cuando estaba encinta, así que se pusieron de auerdo y esperaron a que todas estuvieran embarazadas y tomaron el poder... y luego no lo volvieron a ceder.
... interesante, ¿no?