Luis Felipe de Orleáns, "Felipe Igualdad"
Con el intento de fuga de Luis XVI y su detención en Varennes, el rey perdió todo atisbo de consideración por parte de los revolucionarios, convirtiéndose en un rey felón. El 3 de diciembre se acordaba que su causa sería examinada por la propia Asamblea, y el día 11 quedaba abierto el proceso con la comparecencia del monarca.
La posición de Luis Felipe de Orleáns, conocido como Felipe Igualdad, se hacía cada vez más difícil. La Revolución que él mismo había promovido entraba en una etapa en la que todas sus protestas de alejamiento y desvinculación del trono no resultaban ya suficientes. Por grandes que fueran sus simpatías por la Revolución, el duque era un Borbón, tataranieto tanto de Luis XIV como de su hermano, Felipe de Orleáns, y eso no era algo que pudiera favorecerle en tales momentos. A pesar de sus muchas renuncias públicas no conseguía librarse de las sospechas que suscitaba su sangre ni de los recelos que despertaban sus ambiciones. De hecho, en la pugna que se había establecido entre girondinos y jacobinos, estos últimos fueron acusados por los primeros de buscar la muerte de Luis XVI para coronar rey al duque de Orleáns y así perpetuar la dinastía en el trono de Francia.
François Buzot
El girondino Buzot propuso desterrar a Luis Felipe y a toda su familia. “La monarquía ha caído, pero vive aún en el recuerdo y en las costumbres de sus antiguos hijos. Imitemos a los romanos; ellos expulsaron a Tarquino y a su familia; hagamos nosotros lo mismo con la familia de los Borbones. Parte de ésta se halla prisionera; pero hay otra mucho más peligrosa porque es más popular, y es la de Orleáns. El busto de su jefe fue paseado por las calles de París; sus hijos, dando pruebas de intrepidez, se distinguen en nuestros ejércitos, y los mismos méritos de esa familia contribuyen a que sea peligrosa para la libertad. Que haga el último sacrificio por la patria desterrándose de su seno; que lleve a otra parte la desgracia de haberse aproximado al trono, y la desdicha, mucho mayor aún, de tener un nombre que nos es odioso, que no puede menos que ofender los oídos de todo hombre libre.”
El 14 de enero de 1793 se estableció que se hicieran tres preguntas a los diputados:
¿Es culpable Luis Capeto de conspiración contra la libertad de la nación, y de atentados contra la seguridad del Estado?
¿Se someterá el juicio a la sanción del pueblo?
¿Qué pena se aplicará al reo?
Los duques de Orleáns
Al día siguiente se decidió que el juicio no sería sometido a la ratificación popular, mientras que las otras dos cuestiones se votaron el 16.
Cuando comenzó la votación, uno de los momentos más impresionantes tuvo lugar al ser el turno de Felipe. Entre un profundo silencio, todo el mundo escuchó el veredicto que pronunció contra su propia sangre: “La mort”.
Aquella noche Robespierre decía en casa de unos amigos: “¡Desgraciado Igualdad! Pudo abstenerse de votar, pero no quiso o no se atrevió; la nación hubiese sido más magnánima.”
A partir de ese momento el duque terminó de caer en desgracia. Era mal visto por todos. Los girondinos le odiaban y sostenían que, además de ambicionar el trono que había colaborado a dejar vacante, repartía su riqueza entre los jacobinos para congraciarse con ellos. Todos sus esfuerzos no lograron que se olvidara su sangre azul ni su apellido. De nada sirvió que en 1789 se hubiese puesto el vestido negro de los diputados del estamento popular, o que en su residencia del Palais Royal se hubieran trazado muchos de los planes que dieron lugar a la Revolución.
Salón de Felipe Igualdad
El golpe de gracia vino precisamente con la condena a muerte de Luis XVI. Ahora todas las ramas de la familia, entre las que se encontraban los Orleáns, estaban en peligro, porque a todos se les podía acusar de lo mismo que al rey, incluso a Felipe Igualdad. Pero si a los demás miembros de su familia les quedaba el recurso de la huida, las posibilidades de él se veían muy reducidas, debido a que los exiliados monárquicos le profesaban un odio feroz. Para ellos era el mayor de los traidores, un regicida que atentaba contra su propia sangre. Las cortes europeas le cerraban sus puertas, y en Francia no le era posible esconderse y pasar inadvertido, puesto que todos le conocían demasiado bien. Felipe se convertía así en una “sombra que vagaba errante por el París del Terror”.
El duque de Orleáns, como hombre hábil e inteligente, no podía ignorar que votando la muerte de Luis XVI estaba “desencadenando una tormenta que también le arrastraría a él”, pero tal vez no imaginó que todo se precipitaría tan rápidamente que no le dejaría ninguna capacidad de maniobra. El 6 de abril la Convención ordenó por decreto que se procediera al arresto de todos los miembros de la familia Borbón para que sirviesen de rehenes, y él no fue excluido. Sus propiedades fueron declaradas bienes nacionales, y al día siguiente era detenido y trasladado a Marsella.
El 7 de mayo sufrió un interrogatorio. La acusación corría a cargo del conde de Mirabeau, su viejo aliado en los comienzos de la Revolución. A pesar de la capacidad de oratoria de Mirabeau, Felipe logró desmontar cuantas acusaciones se le hicieron. Al no haber pruebas en su contra era preciso dejarle en libertad, pero el Comité de Salud Pública se opuso a ello. De ese modo Felipe fue retenido en la fortaleza de Saint-Jean, donde pasó el verano junto a numerosos diputados girondinos acusados de traidores a la Revolución.
Mirabeau a Dreux-Brézé: "Señor, decidle a vuestro amo que sólo abandonaremos nuestros puestos por la fuerza de las bayonetas"
El 3 de septiembre su causa fue trasladada al tribunal revolucionario de París, por lo que fue conducido a la prisión de la Conciergerie. La prueba más importante con la que contaba la fiscalía fue una frase que al parecer el duque habría dirigido a Ponetier:
—¿Qué vas a pedirme cuando sea rey?
A lo que el revolucionario respondió:
—Una pistola para matarte.
El 6 de noviembre era condenado a muerte por conspirar contra la unidad e indivisibilidad de la patria. Felipe escuchó con tranquilidad su sentencia. Después, de regreso en el calabozo, que era el mismo que había ocupado María Antonieta, tuvo un acceso de cólera.
Murió con serenidad. En la guillotina aceptó el consuelo religioso y antes, camino del cadalso, al pasar por la rue de Saint-Honoré y contemplar la que había sido su residencia, vio colgado un cartel que decía “Propiedad nacional”, e hizo una mueca de desprecio.
De su matrimonio con Luisa María Adelaida de Borbón-Penthièvre quedaban cuatro hijos: Luis Felipe, que culminó las ambiciones de su padre y un día llegó a ser rey de Francia; Antonio Felipe, duque de Montpensier; el duque de Beaujolais, y Madame Adelaida.
Bibliografía:
Los Orleáns en España – José Calvo Poyato










Magnifica entrada obre uno de los iconos de la historia mundial como lo fue la revolucion francesa y sus posteriores enfrentamientos que tuvieron consecuencis nefastas y que nada le tiene que envidiar a la historia romana como bien recuerda Buzot en la cita sobre desterrar al rey Luis Felipe
ResponderSuprimirUn abrazo madame y feliz pascua
Sí, sí... "Igualdad" :-) O el evangelio según San Meconviene o Leconviene a este rey sin trono y sin tierra.
ResponderSuprimirDisfrutado he, Madame, feliz tiempo de Pascua para vos y los vuestros :-)
Gracias, monsieur. Al final le salió mal la jugada. Lejos debía de estar de imaginar que su hijo acabaría consiguiéndolo por él.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Desde luego, madame, él buscaba igualdad, pero igualdad con su primo el rey en sus mejores momentos. No siguió la mejor senda, al parecer.
ResponderSuprimirFeliz domingo
bisous
Po lo que leo el personaje no fue muy habil maniobrando en semejante situación. Aunque su descendencia si consiguió llegar a reinar.
ResponderSuprimirFeliz Pascua, Madame
Bisous
Un juego muy peligroso el de "Felipe Igualdad". Los monárquicos más conservadores no le perdonarían ese devaneo con los revolucionarios para salvar los trastos, los girondinos tampoco y los jacobinos y "cordeliers" le seguirían viendo como un borbón al que había que cortarle el pescuezo.
ResponderSuprimirUna moraleja: en épocas convulsas no puede estar uno a bien con todo el mundo. Hay que elegir.
Un saludo.
Le perdió su ambición, madame. Era tan desmedida que perdió todo sentido del calculo.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Y eligio, eligió, no cabe duda. Lo que pasa que eligió mal. En ese bando no tenía nada que hacer. Pero claro, eso no lo sabía cuando todo comenzó, y luego ya no tenía ningún control.
ResponderSuprimirFeliz domingo, monsieur
Bisous
Las historias contadas por usted tienen un encanto especial. Cuanto aprendemos con ellas.
ResponderSuprimirOjala tambien se instaure aquí una revolución...las clases populares -que ya son casí todas- están amodorradas desde hace años...
Feliz domingo.
A la vista del resultado, no supo jugar la partida. La ambivalencia queda descubierta pronto.
ResponderSuprimirSaludos, madame
Mala fue la conducta del Orleans. Y todavía se recuerda ésta a los orleanistas.
ResponderSuprimirSaludos.
Buena forma de ver como terminan las ambiciones desmedidas...
ResponderSuprimirFelices Pascuas!!!
Y Robespierre demostró su elocuencia otra vez ja, ja.
ResponderSuprimirPor cierto madame: c'est ici una muestra de "chauvinismo francés". http://theinternationalone.blogspot.com/2011/04/asterix-contra-bolivar.html
CReo que tuvo su justo castigo, las personas debemos ser consecuentes con nuestros actos, en ello se basa la honestidad y la verdad, pilares de la confianza. U abrazo. Me encanta tu blog tan lleno de historia.
ResponderSuprimirQue desdicha, todos sus traicioneros planes le salieron contraproducentes, Luis XVI le ofrecio ser gran almirante de Francia si prestaba su ayuda para salvar el trono, pero su avaricia no tuvo limites y lo llevo al mismo destino que a los Reyes...
ResponderSuprimirMuy buena su publicacion Madame, todo lo relacionado con Luis XVI y en especial a Maria Antonieta me son de gran interes...
Hasta pronto Madame...
Muchas gracias, monsieur Lorenzo.
ResponderSuprimirPero esperemos que no tengamos que morir ya más en revoluciones sangrientas, y que el hombre aprenda a resolver los problemas con el cerebro y no con las armas.
Feliz comienzo de semana, monsieur
Bisous
No supo, monsieur Antorelo. La apuesta era demasiado grande. Una empresa descomunal para cualquiera.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
Los cuales no tienen la culpa en realidad, pero claro, menuda mancha en el expediente familiar.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, monsieur
Bisous
Lo bien que le hubiera ido de haberse conformado con lo que tenía!
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, madame
Bisous
Ahora ire a ver su link, monsieur David, que por lo visto trata de Asterix, y por tanto será de mi agrado :)
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
Gracias, monsieur Drac.
ResponderSuprimirDigamos que el caballero probó de su propia medicina.
Feliz comienzo de semana
Bisous
Muchas gracias, monsieur Hugo. Sabía que el tema resultaría de especial interés para usted.
ResponderSuprimirEn cuanto a Felipe, como se suele decir, la avaricia rompe el saco.
Feliz comienzo de semana
Bisous
Veo, madame, que viene con fuerza, tras sus días de asueto.
ResponderSuprimirInteresante entrada esta de Luis Felipe de Orleans. Más tarde, su hijo, también llamado Luis Felipe, más conocido como el REY BURGUÉS, aceptando la constitución daría un breve respiro al combulso París de la época.
Un saludo!
¡Oh, Excelsa Dama, cómo se echa de menos su presencia en sus días de asueto! Vuelve La Dame Masquée, vuelve la historia y vuelve su Excelencia a ilustrar mi pobreza.
ResponderSuprimirGracias infinitas.
Al final hubo tronos para toda la familia excepto para Felipe Igualdad. No deja de ser irónico, madame, tanto que lo buscó.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
Muchas gracias por su recibimiento, monsieur Francisco. En efecto, vuelvo, y espero que para quedarme, aunque no sé si podré mantener la frecuencia de mis visitas y publicaciones. Se intentará.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
De los devaneos con los revolucionarios de Felipe, acabó como tenía que acabar: como un Borbón puede ser revolucionario y votar la muerte de un Borbón?? Pero, al parecer, eso debía ser genético, pues su hijo Luis Felipe luego encabezó las jornadas de julio de 1830 y fue Rey constitucional y liberal de Francia. De todo hay en la viña del señor. Feliz semana, madame.
ResponderSuprimirUfff cualquiera que se codee con revolucionarios acaba salpicado en algún modo y en aquella época la peor forma de salpicarse era la guillotina.
ResponderSuprimirMe ha asombrado muchísimo que el señor "Igualdad" votara con todo su temple "la mort" hacia su propia sangre. Si hasta el mismo Robespierre (uys qué pánico a este hombre) afirmó que pudo abstenerse de votar y quizás así la sentencia resultara más magnánima...
El intercambio de palabras con Ponetier tampoco tiene desperdicio.
Me imagino su rostro rumbo al cadalso al ver que su casa pasaba a ser propiedad Nacional, lo que nunca quizás imaginó este hombre fue que su hijo llegara a ocupar el trono que él tanto ambicionaba.
Bisous
Hola Madame:
ResponderSuprimirNo se porque no e salía su actualización...En fin.
Creo que Felipe igualdad no se asesoro bien en todo esto. Quizás mostrarse muy del pueblo fue en su contra.
Espero Madame que haya descansado durante estos días y haya sido fructífero.
Saludos No me dejan entrar en la corte...dice que esta roto el enlace (?)
Parece ser que jugo y jugo fuerte pero al final perdió, la gente no se creyó el papel que el había interpretado, no fue lo suficiente convincente, peso mas su sangre y su historia.
ResponderSuprimirUn beso.
Pero, en aquella Francia del Terror, ¿quién no era culpable de ser realista? Todo aquel que no apoyara a Robespierre lo era, más allá de poseer un alma plenamente revolucionaria. Otros mucho más populares y afectos al pueblo que Felipe Igualdad cayeron en la guillotina.
ResponderSuprimirUn besito
Monsieur Paco, me temo que no eran de fiar. Con parientes así, nadie necesitaba enemigos.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Seguro que en esos momentos no podía imaginarlo, no. Camino del cadalso había perdido ya toda esperanza, y no creo que fuese capaz de imaginar un vuelco tan grande en la situación.
ResponderSuprimirBueno, hizo su apuesta y perdió.
Feliz tarde, madame Akasha
Bisous
Gracias, monsieur Manuel. Qué cosas extrañas le ocurren a usted con los blogs. Yo entro con normalidad con cualquiera de mis navegadores, y no encuentro el link roto. No sé a qué podrá deberse.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Lo que pasa, monsieur, que todo el mundo era sospechoso de todo, y los propios revolucionarios se dedicaron a guillotinarse unos a otros. Llegó a ser demencial.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Efectivamente, madame, precisamente es lo que le comentaba a monsieur. Todo el mundo era sospechoso, todos acababan en la guillotina, aunque no fueran aristócratas.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
En cualquier época y sobre todo en las revoluciones, la única posición honorable es mantenerse en el lado de quienes mejor representan nuestros principios.Felipe demostró un oportunismo de la peor especie pues no sólo traicionó a su clase sino que quiso salvar la piel congraciándose con quienes estaban en las antípodas de sus intereses. Así le fue: perdió la vida y perdió el honor.
ResponderSuprimirHola Madame
ResponderSuprimirEn casi todas las épocas de la historia, hay ciclos más o menos violentos y cruentos. Me temo que éste que describís es uno de ellos. De un momento de tanta violencia nació otra que dio paso a la actual, donde los derechos y las libertades son básicos.
Me ha encantado la historia que habéis relatado.
Feliz lunes, Madame.
Bisous.
Mal asunto el de su protagonista, por una parte era odiado por los revolucionarios por sus apellidos y estatus social y por otra odiado por los suyos que le consideraban un traidor a su sangre. Si a todo esto le añadimos que ni el propio rey se libró de la guillotina, el final era más que previsible aunque no hubiera pruebas claras y determinantes para condenarle.Era el único final posible para la "sombra que vagaba errante por el París del Terror"
ResponderSuprimirGracias por su entrada Madame :-)
Madame Amaltea, es increible cómo puede cegar la ambicion. Al menos tanto como el amor! No le importaba a qué precio conseguir el trono. Pero al final no pudo ser para él.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Así es, madame: parece que nunca aprenderemos a hacer las cosas sin violencia y sin bañarnos en sangre. Por más siglos que pasen, seguimos como al principio.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Monsieur Pedro, él sin duda imaginaba otro final cuando comenzó todo aquello, pero pronto se le escapó de las manos. La revolución que ayudó a desencadenar fue mucho más grande de cuanto pudo concebir, y acabó por tragárselo también a él.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Pues que quiere que le diga Madame, Felipe Igualdad fue un ser despreciable, traicionó a su familia, a su sangre, para ganarse un puesto en el trono...al final pagó sus ambiciones, el mismo se condenó.
ResponderSuprimirY que injusta fue (bajo mi humilde punto de vista) la nación francesa para con los Borbones, la familia que les había traído la gloria desde los tiempos de Enrique IV, pasando por Luis XIII y, sobre todo, Luis XIV...aunque ta,bién hay que decir que Luis XV lo fastidió todo y que las guerras le fueron siempre desfavorables, perdiendo el Canadá y la India a favor de los británicos...Luis XVI heredó esos desastres y ese descontento.
Un beso.
Usted cree que fuimos injustos con ellos? Bueno, yo creo que el pueblo les pagó abundantemente con hambre. Cuando no hay pan, monsieur, la gloria sabe a poco.
ResponderSuprimirAunque ciertamente a Luis XVI le tocó pagar cuentas anteriores.
Buenas noches, monsieur.
Bisous
Madame, el tiempo pone a cada uno...en su lugar.
ResponderSuprimirMe encanta como escribis.
Es un autentico placer envolverme en tus letras...
Un abrazo
Primero que nada estoy de acuerdo con usted madame, si bien la familia Borbón le dio gran gloria a Francia, los errores de Louis XV fueron tan terribles que merecian un castigo, fue muy triste que esos pecados y esos errores fueran cobrados al rey Louis XVI que era inocente de todos los cargos pues no habia sido educado para reinar por un abuelo irresponsable y en una corte cuya gloria ya estaba en decadencia.
ResponderSuprimirAhora bien, Felipe "igualdad" fue un traidor para mi, simple y sencillamente un traidor, habia un rey, un rey que era su rey y él lo traiciono de la peor manera, no es como en el caso de Bonaparte, él nada le debia a la casa de Borbón, segun las propias leyes reales de Francia, si el trono estaba vacio era potestad del pueblo elegir al monarca que desearan, sin embargo en el caso de "igualdad" su ambición lo llevo a la traición y no solo eso, si hasta el mismo Robespierre siendo quien era se sintio asqueado de su conducta, eso dice mejor que nada lo que debio de sentir el pueblo ante su conducta, vamos la familia del propio duque se horrorizo de su conducta, su esposa y hasta su amante lo dejaron...
En fin madame que cuando se intenta ganar el trono por medio de la traición y la usurpación siempre se termina mal, solo hay que preguntarle a macbeth.
Le envio un caluroso saludo madame, no sabe como extrañaba leerla
Así es, madame, y en este caso el tiempo no tardó mucho en hacer su labor.
ResponderSuprimirMuchas gracias y feliz tarde
Bisous
Muchas gracias, monsieur. Ciertamente el comportamiento del duque de Orleans no admite excusa ni justificación posible. Su ambición fue tan desmedida que cavó su propia tumba.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Excelente entrada, madame, siento la tardanza, pero aún estoy poniéndome al día con los blogs después de la Semana Santa y quería leer sus entradas con calma; espero lo haya pasado bien en las vacaciones.
ResponderSuprimirUn gran pasaje de la historia de Francia que es imprescindible en un blog como el suyo; lo de Felipe Igualdad es algo irónico...
Un beso, madame.