jueves, 3 de febrero de 2011

El atentado de Damiens


Al comenzar el año de 1757 Luis XV se encuentra con la Corte en el Trianon. Todas las tardes, después de la partida de caza, regresa a palacio y visita a una de sus hijas, afectada de gripe. El rey permanece un tiempo en sus aposentos y luego se dirige a su escritorio, el gabinete de la esquina, donde examina asuntos de Estado. 

El 5 de enero, hacia las seis de la tarde, sale como todos los días de regreso hacia el Trianon, donde, según la tradición, debe cortar la torta de Reyes. Una carroza lo aguarda en el paso cubierto que va desde el Patio Real hasta el Parterre Norte. Está oscuro. Se ha puesto varias capas gruesas porque hace mucho frío. Acompañado por el Delfín, el duque de Richelieu y el capitán de la guardia, duque de Ayen, desciende la escalinata que conduce al patio de mármol. Guardias sosteniendo antorchas iluminan los escalones mientras otros montan guardia en el gran salón. 

En el momento en que el rey llega al pie de la escalinata, un hombre moreno y fornido atropella a los guardias cuidando de taparse con el sombrero bien calado un rostro cruelmente marcado por la viruela. Entonces golpea violentamente a Luis XV. 

—Duque de Ayen —llama el rey—, me han dado un fuerte golpe. 

El hombre es inmovilizado. El Delfín se precipita hacia él. 

—¿Es que no habéis visto al rey? —le grita. 

Luis XV se lleva la mano al costado. La retira llena de sangre. 

—Estoy herido —exclama—. Ha sido ese hombre. Sujetadlo bien, pero no lo matéis. 

Luis Fernando de Borbón, Delfín de Francia

Con mucha dificultad, apoyándose en los brazos del Delfín y del duque de Ayen, vuelve a subir la escalinata. En sus aposentos reina el desconcierto. Todo el mundo está en el Trianon. No hay ayudas de cámara, ni siquiera está dispuesta la cama del rey. Ponen un colchón sobre el suelo, lo desvisten y la sangre brota entonces con tal violencia que inunda el piso. El rey cae desvanecido sobre el colchón. 

El rumor del atentado se difunde rápidamente. Se busca a un cirujano y terminan por encontrar al de la Delfina. Luis XV vuelve en sí. 

—Voy a morir —dice—. Id a buscar al capellán y a la reina. 

No se encuentran capellanes en esas galerías de Versalles completamente vacías, puesto que el rey no está residiendo en palacio por esas fechas. Se termina por encontrar a uno de los capellanes de los Servicios Comunes, el abate Soldini. Por fin se avisa al primer cirujano, La Martinière. Este examina la herida y, por si el arma estaba emponzoñada, decide sangrar por segunda vez al rey, lo que disminuye aún más las fuerzas del herido. 

Acude entonces la reina, que se arroja a los pies del esposo. 

—Señora —le dice débilmente Luis XV—, he sido asesinado. 

El rey está persuadido, en efecto, de que la herida es mortal. María Leczinska se aleja; el abate Soldini se queda solo con el rey durante algunos minutos. 


Luis XV hace llamar de nuevo a la reina y a sus hijas, que también han llegado. 

—Señora —dice a María—, os pido perdón por las ofensas que os he infligido. 

Luego, volviéndose a sus hijas: 

—Lamento de todo corazón los escándalos de los que habéis sido testigos. 

Todos lloran. El rey añade, volviéndose a sus cortesanos: 

—Señores, me siento feliz al pensar que el reino tendrá en adelante un buen soberano. 

Y encarga a su hijo dirigir el gobierno del Estado. 

Se retiran. La Martinière se muestra tranquilizador. La herida, entre la cuarta y la quinta costillas del lado derecho, no ha afectado a ningún órgano vital. Las gruesas ropas con las que el rey se protegía del frío probablemente habían sido decisivas para salvar su vida. Si el cuchillo de doble filo no estaba envenenado, el rey se restablecería muy pronto. 

Mientras tanto han llevado al autor del atentado a un pequeño gabinete donde comienzan a interrogarlo. 

Declara llamarse Robert-François Damiens, sirviente, nativo de Arras. El guardián de los Sellos llega rápidamente. Desearía someter de inmediato a tortura al culpable, aplicándole unas pinzas al rojo vivo en los pies, para hacerle confesar si tiene cómplices, pero no consiguen que hable. 

Empujado, golpeado, Damiens es encerrado en la mazmorra de Versalles. Se le instruirá proceso durante 20 días. Luego será trasladado a París, porque el crimen de lesa majestad pertenece a la Cámara Alta del Parlamento. 

Al día siguiente París conoce la noticia. El pueblo culpa a los ingleses, a los jesuitas; todo es confusión. La mayoría lo achaca todo a la mala influencia de Madame de Pompadour sobre el rey, que ha llevado a un cambio de alianzas, lanzando a Francia hacia una nueva guerra. Muchos se aglomeran bajo las ventanas de su mansión versallesca, donde la marquesa se ha encerrado. Arrojan piedras contra la fachada. 

La vida de Damiens había sido un tanto azarosa. Nacido el 9 de enero de 1715, había sido primero soldado para después pasar a servir en un colegio de los jesuitas, de donde había sido expulsado por mala conducta. Posteriormente había trabajado en casas de consejeros del Parlamento que se contaban entre los enemigos del rey, perdiendo varios empleos por las mismas razones. Su vida familiar tampoco era ejemplar, pues había abandonado a su mujer y a su hija. Ahora se dedicaba a intrigar entre los magistrados del Palacio de Justicia. 

Prisionero en la Conciergerie a la espera de juicio, tuvieron que atarlo al lecho con unas correas de cuero y sobre una especie de estrado acolchonado, porque había intentado suicidarse cortándose los genitales. 

El 12 de febrero se abrió el proceso. Semanas más tarde se pronunciaba su condena a muerte. Debía retractarse públicamente. Sería llevado a la plaza de Grève “en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano". Allí aguardaba el cadalso. Con la mano derecha tuvo que sostener el cuchillo con el que había atentado contra el rey, y entonces se le quemó la mano con azufre. Finalmente fue descuartizado por cuatro caballos que no resultaron suficientes, por lo que hubo que poner seis. Sus despojos se redujeron a cenizas y se arrojaron al viento.

42 comentarios:

  1. Que situaciones tan limites se tejían alrededor de palacio, estas intrigas se generaban por el simple deseo del poder!
    Maravillosa entrada estimada DAME.
    La saludo cordialmente desde Argentina

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  2. Y a saber cuánto habría detrás, aunque no se le encontró ningún cómplice.

    Muchas gracias, madame,buenas noches.

    Bisous

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  3. Madre mia, cuando oigo las condenas que se aplicaban en la epoca se me pone la carne de gallina... como en el affaire calas... Muy interesante el post, como todos los que publicas! He escrito un post que alomejor te interesa en mi blog, sobre Rusia.
    Saludos!

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  4. Muy interesante, Madame, como siempre.
    ¡Uff! qué castigo más horrible para el agresor Damiens.

    Feliz noche.

    Bisous

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  5. Las felonías o desacatos se pagaban y bien en el antiguo régimen; ¿qué sería una corte sin intrigas? Pobre Damiens. Felíz día, madame. Bisous.

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  6. Los vericuetos de palacio son siempre intrincados. Gracias, Madame.

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  7. Muchas gracias, madame.
    En un rato paso.

    Feliz dia

    Bisous

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  8. Asi es, madame, especialmente horrible en su caso, porque el suplicio se complicó.

    Feliz dia

    Bisous

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  9. Muy caro, monsieur, no se andaban con chiquitas. Hay que ver lo mucho que han ido cambiando las leyes.

    Feliz día

    Bisous

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  10. Ejemplar castigo el que se le infringió. No había delito más grave que un ataque al Rey, y no fueron pocos los regicidios e intentos de los mismos que sufrió Francia, al menos este acabó bien para el Cristianísimo.

    Curioso intento de suicidió el de cortarse los genitales...

    Un saludo.

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  11. Sí, este falló, no como Ravaillac, en cuya celda estuvo también Damiens.

    Feliz dia, monsieur

    Bisous

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  12. ¿Y nunca se supo la razón? ¿Ni cómplices ni inductores? Curioso... ¿Nadie cayó en desgracia al poco, sin motivo aparente?
    Parece extraño que actuase solo, por propia voluntad.
    Feliz tarde, Madame

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  13. Nunca se supo, monsieur, aunque mucho se habló sobre ciertos magistrados del parlamento. Pero él no confesó nada al respecto.

    Feliz dia

    Bisous

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  14. Lo que no sabemos por el relato, madame, es si el magnicida llegó a cortarse del todo los genitales; porque hay que reconocer que le echó "bemoles" al asunto: nada menos que atentar contra el rey. Lo que si parece claro es que ese hombre no debía estar en sus cabales, sabiendo que iba a ser apresado y sometido a un castigo cruel.
    Un saludo.

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  15. Pues monsieur, aun así desde la edad media y antes la Historia estuvo llena de intentos parecidos. Yo que sé, supongo que el afán de notoriedad es lo bastante fuerte para algunos individuos.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

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  16. Vaya por Dios que castigo, menudo ejemplo para pensárselo unas veces lo de atentar contra un rey.

    Feliz tarde, bisous.

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  17. Es un artículo intesante a más no poder. Sin perjuicio de los demás. Es además digna de considerar la manía con achacar todos los males a los jesuitas.

    Saludos cordiales.

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  18. Imagino que el rey se restablecería plenamente. Quién iba a decir que el Delfín acabaría muriendo antes que su padre y que le sucedería su hijo Luis XVI...

    Besos

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  19. Hola Madame:

    Impresionantemente cruel la forma de morir del autor material del atentado.

    Imagino que el azufre tendría que ver con el infierno o algo por el estilo...

    No se encontraron cómplices?. Ni sospecharon de nadie?

    Saludos Madame.

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  20. Y es que intentar matar al rey, no era lo mismo q intentar matar a Perico el de los Palotes (de los Palotes de toda la vida), no bastaba con ajusticiarle con un garrotazo certero. Tenía q sufrir, y mucho... Faltaría más.

    El rey era cristiano (mandó llamar al capellán en cuanto se creyó en las últimas) pero lo de "perdona a tus enemigos" parece q no se le daba bien al hombre.

    Y todavía nos preguntamos por qué la monarquía como institución tiene tan mala prensa :-)

    Bisous, Madame.

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  21. Las intrigas palaciegas superan con creces toda fantasía imaginable.
    Me gusto su entrada, como siempre.
    Buenas noches, madame.

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  22. Pues sí, la verdad es que podría parecer disuasorio, aunque había ya una larga lista de regicidas, con mayor o menor éxito.

    Buenas noches

    Bisous

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  23. Gracias, monsieur. Sí, siempre se tendía a recelar de los jesuitas en esas cuestiones, aunque parece que en este caso no eran los principales sospechosos :)

    Buenas noches

    Bisous

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  24. Sí, cosas curiosas: el rey se salva y se repone pronto y en cambio el joven delfín muere unos años despues.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  25. Sospechaban, sí, especialmente de algunos magistrados del parlamento, pero él no confesó, y nada pudo probarse.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  26. Claro, madame, así es. Se suponía sagrada a la persona del rey, por lo que ni siquiera cabía el indulto. El rey sí dijo que lo perdonaba, pero no sirvió de nada.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  27. Muchas gracias, monsieur Antorelo, espero que siga encontrando entretenidos los relatos.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  28. Cuánto me ha gustado la historia de hoy, y que bien lo ha contado usted. La forma de ejecutar la pena un poco bestia, pero bueno, eran otros tiempos. Beso su mano.

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  29. Muy interesante esta historia. Me hace gracia con cuánta solemnidad decían las cosas en aquella época: "Señora, me han asesinado". Supongo que aunque lógicamente el rey estaría muy asustado no dejó de hacer un poco de paripé por decirlo de alguna manera.

    Buenas noches Madame.

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  30. QUE TERRIBLE MADAME, COMO VAN LOS TIEMPOS, CREO QUE MUCHAS COSAS RARAS VOLVERÁN. ME RECORDÓ A TUPAC- AMARÚ.
    ABRAZO MADAME

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  31. Unas costumbres que chocan con nuestro tiempo y que no dan lugar a la misericordia.
    Impresionante relato.
    Besos

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  32. Un castigo atroz, pero qué poco imaginaba la monarquía francesa lo que se le venía encima casi cuarenta años más tarde con la liberté, fraternité y egalité.
    Un buen fin de semana y bisous para usted, dame masquée y sus lectores.

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  33. Siento comentar con tanta demora esta entrada, pero he estado un tanto ocupada y siempre me gusta leer su blog con calma y disfrutar de él sin interrupciones.

    Me he quedado boquiabierta al leer que Damiens intentó suicidarse cortándose los genitales, si ya de por sí un suicido es un suceso horrible, este que pretendió no me lo quiero ni imaginar; claro que la muerte que le esperaba al ser sentenciado no era mucho más agradable, ya que antes de morir fue torturado con crueldad.
    Con lo susceptible que soy en ciertas ocasiones, espero no tener pesadillas por las noches; bien se podría hacer un guión cinematográfico o una novela inspirada en esto.

    Un beso, madame, feliz Domingo.

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  34. Qué tremenda historia Madame, sobretodo la sentencia que se le aplicó al sujeto. Después de leer su artículo he buscado información sobre Robert François y parece ser que la sentencia fue más allá de la ejecución, se ordenó que la casa natal del regicida fuera arrasada con la prohibición de volver a edificarla. Su mujer, su hija y su padre fueron expulsados del reino, bajo pena de muerte inmediata en caso de regreso.
    Un saludo.

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  35. Muchas gracias, monsieur dlt.

    Ciertamente en ocasiones, solo en ocasiones, una agradece que sean otros tiempos :)

    Buenas noches

    Bisous

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  36. Madame kassiopea, no se si estaría el hombre en condiciones de hacer paripé, jiji. Vamos, pa darle un premio en esos momentos.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  37. Ay, madame, esperemos que no sea así. Qué horror dar pasos atrás por la senda de la violencia.

    Buenas noches

    Bisous

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  38. Chocan con nuestro tiempo, aunque no tanto como deberían chocar. No hemos avanzado tanto en realidad.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  39. Así es. O puede que algo intuyeran. Como dijo Luis XV,"después de mí, el diluvio".

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  40. jiji, madame Fatima, espero que finalmente no haya tenido usted pesadillas.
    Disculpenme todos por mi ausencia del fin de semana, que me ha impedido responderles antes.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  41. Ya ve, monsieur, que no traía mucha cuenta.
    Triste que la familia tuviera que pagar también las consecuencias, en especial porque él los había abandonado tiempo antes, y poco tenían que ver con el asunto.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)