Carlomagno tuvo cinco esposas. La primera fue Himiltrudis. Carlos tenía 18 años por entonces. Ella era bonita, virtuosa, dulce y se cree que también bastante fría, lo que no impidió que le diera un hijo al que llamaron, con justa causa, Pipino el Jorobado.
En realidad no está claro si llegó a casarse con Himiltrudis o si se trataba de un concubinato. El Papa debía considerar legítima su unión, puesto que cuando la madre de Carlomagno, Bertrada, quiso casarlo con Desiderata, la hija del rey de los lombardos, se encontró con que la Santa Sede se oponía alegando precisamente ese motivo.
Los de Carlomagno para desposar a Desiderata eran estrictamente políticos. Buscaba sujetar a su hermano, el turbulento Carlomán, e impedirle que se aliara él con el rey de los lombardos.
La nueva novia venía desde Pavía. Era apagada, mustia y se dice que no poseía ningún encanto. Pero el Estado tenía unas razones y el corazón otras, por lo que Carlos tuvo que repudiar a Himiltrudis y enviarla a un convento.
Desiderata no le gustaba en absoluto, aunque su carácter ya estaba formado y supo ocultar la repulsión que la joven le inspiraba. Incluso, de vez en cuando, tenía una atención con ella. Pero al cabo de un año Carlomán murió, y Carlos, no viendo ya la necesidad de una alianza con los lombardos, devolvió a Desiderata a su padre.
Fue entonces cuando, en el 771, conoció a la graciosa Hildegarda. Carlos se enamoró y se casó con ella. Era tan hermosa que el autor de su epitafio no dudó en escribir: “Sus encantos no tenían comparación con ninguna muchacha del país”.
Hildegarda era alegre, vigorosa y de temperamento ardiente. Ejerció una gran influencia sobre su esposo, hasta el punto que hay quien dice que fue ella quien forjó a Carlomagno, a quien supo transmitir su optimismo, su fuerza y su buen humor. En palabras de Haureau en su obra Carlomagno y su Corte, “La emocionante simplicidad de Hildegarda y el placer de su convivencia corrigieron esa rudeza que hace buenos soldados, pero que no puede hacer buenos reyes”.
Poco tiempo después Carlos organizó la primera expedición contra los sajones. Hildegarda, de quien no podía separarse, estuvo a su lado durante toda la campaña. Ella dormía en los carros, caminaba por el barro, atravesaba los ríos en el puente de los barcos y compartía la vida de los guerreros francos.
Carlos volvió vencedor de Sajonia y marchó a Roma para defender al Papa, amenazado por los lombardos. Hildegarda también lo acompañó. La campaña fue dura y larga. Por fin, después de haber sitiado Pavía, Carlos derrotó a su ex suegro, el rey Didier, y lo hizo enclaustrar en Neustria.
Carlomagno se hizo coronar rey de los lombardos, pero no pudo quedarse mucho tiempo en Pavía, porque los sajones se habían rebelado. Montó sobre su caballo e Hildegarda lo siguió nuevamente en un carro. Durante varios años la joven recorrió a su lado los caminos de un imperio en formación.
La reina dio a su esposo nueve hijos. Cuatro fueron varones: Carlos, Pipino, Luis y Lotario; y cinco niñas: Adelaida, Rotrudis, Berta, Gisela e Hildegarda.
Falleció al cabo de once años de matrimonio, y todo el mundo la lloró. El primero su esposo, lo que no impidió que meses más tarde volviera a casarse, esta vez con la hija de un conde franco, la altanera Fastrada. También ella ejercería sobre él un gran poder que todos los cronistas coinciden en deplorar. Se dedicaba a azuzar a Carlos contra aquellos que ella detestaba, haciendo destituir a numerosos servidores y persiguiendo a buenas gentes sin otro motivo que haber incurrido en su desagrado.
Malvada y envidiosa, sentía celos de las mujeres de los grandes del país y empujaba a su marido a represiones contra conspiradores imaginarios. Todo ello impulsó a Eginardo a escribir: “Más de una vez, Carlos se desprendió de su natural bondad para dar satisfacción a la crueldad de su esposa…”
Débil ante Fastrada, el futuro amo de Europa cometió equivocaciones que motivaron gran descontento. Sus enemigos aprovecharon la ocasión para conspirar contra él. Avisado del peligro, volvió de Sajonia, donde se encontraba guerreando, y los hizo detener.
La hipócrita Fastrada le inspiró entonces una maniobra muy poco elegante: después de haber fingido perdonarlos, Carlos los mandó a una iglesia para que rezaran.
—Cuando hayáis acabado de orar, no me veréis nunca más enfadado —les dijo.
Y fue cierto, porque a la salida del templo unos soldados los esperaban para arrancarles los ojos.
Esta doblez indignó a muchos, y de nuevo se forjó una conspiración. Los grandes, decididos a suprimir a Fastrada, se agruparon en torno a Pipino el Jorobado, el hijo que Carlos había tenido de Himiltrudis, sabiendo que éste estaba animado por el odio que albergaba al saberse eliminado de la sucesión. Conspiraron entonces para provocar la muerte de la reina y del rey.
Finalmente la conjura no tuvo éxito porque un diácono, escondido bajo el altar mayor de una iglesia, sorprendió una conversación entre los amigos de Pipino. Todos los conjurados fueron condenados a muerte. Pipino, tras haber sido azotado y tonsurado, terminó su existencia en un convento.
La alarma había sido grande. A partir de aquel momento Carlos hubiera desconfiado de los consejos de su mujer si ésta no hubiera tenido la buena idea de morirse.
El viudo buscó entonces una compañía más tranquila. Conoció a la hija de un conde alemán, llamada Liutgarda. Le parecía que reunía todas las cualidades que un día había tenido Hildegarda: era hermosa, generosa y alegre, de modo que se casó con ella en el 794.
Carlomagno ya no era joven, pero se dice que ella se enamoró perdidamente. Liutgarda tenía aproximadamente la edad de las hijas de su marido, de manera que compartía sus juegos y sus tareas. A su lado el emperador encontró una nueva juventud y la fuerza para emprender nuevas acciones.
Feliz en el amor, también lo fue en la política: confiado en su buena estrella, se dirigió a la ceremonia que debía celebrarse en Roma el día de Navidad del año 800. Por desgracia la encantadora Liutgarda no iba a poder compartir ya ese momento: había muerto, sin dejar hijos, el 4 de julio del año 800, en Tours.
Por un extraño capricho del destino, este hombre, que no podía vivir sin tener a su lado una mujer, estuvo solo el día de su mayor gloria.











Completa y hermosa historia cada mujer aporto algo de seguro en la historia sea para bien o para mal!
ResponderSuprimirSon las palaciegas que no saldrán a la luz
Seguro que sí,madame. Unas algo bueno y otras no tanto, pero es imposible no aportar estando tan cerca del trono.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
En la escuela no nos enseñan esos devaneos del Gran Carlomagno.
ResponderSuprimirSiempre interesante saber la ¨pequeña historia ¨.
Besos desde Málaga.
Efectivamente, madame. Fue un hombre muy mujeriego. Otro día habrá una entrada sobre las concubinas, que también fueron unas cuantas.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Este rey franco si que sabia como lidiar con enemigos y mujeres .
ResponderSuprimirEspero que sus conquistas amorosas no sean tan grande como las de su reino jeje
Maravillosa entrada madama y con Desiderata se me vino a la mente una cancion/poema de Vicario
Un abrazo hasta la corte
Variada la vida sentimental de Carlomagno, no conocía yo esta parte de su historia. Y decís que aún faltan las concubinas, aprovechaba bien el tiempo por lo que leo.
ResponderSuprimirBuena noche, Madame.
Lo fueron, monsieur. Fueron tan grandes en realidad, sí. Carlomagno fue tremendo,jiji.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Ya lo creo que sí. Le dio tiempo a todo. Se ve que la cuestion es organizarse, madame!
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Con Carlomagno se cumple el dicho: detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer. Y viceversa: detrás de todo mal hombre, hay una mala mujer. También se cumple lo que decía mi vecino: si tu mujer te dice que te tires por la ventana, ruega a Dios vivir en un bajo. Bromas aparte, es evidente la influencia que puede tener una buena o una mala mujer en las decisiones de estos personajes tan singulares en la historia.
ResponderSuprimirUn saludo.
Magnifica crónica de las esposas y su influencia sobre en gran Carlomagno.
ResponderSuprimirUno saca en claro lo que necesitaba a las mujeres, lo importante que fueron para el y el gran papel que desarrollaron en su reinado.
Magnifico relato, muy instructivo.
Un abrazo.
Mmmm, ya lo dice Micho, que presume de gatas a mansalva: Estoy hecho un Carlomarno!!, y no le falta razón...Un saludo madame ;-)
ResponderSuprimirHimiltrudis e Hildegarda, para mí fueron las auténticas esposas.
ResponderSuprimirMadame: qué intrigas y qué intereses!!!, es que llevaban una vida las pobres!!! en su mayoría solo para dar hijos y si eran malas lo eran de verdad, intigrantes y perversas.
Viajé a Aachen y ví la Catedral y el Ayuntamineto donde está la impronta de Carlomagno.
Qué solito se quedó al final...
Si quieres puedes pasarte por mi blog en la entrada del 20 de febrero de 2010.
Bisous
Madre mía, este hombre cambiaba más de mujer que de calzoncillos visto que en esa época no estaba muy de moda la higiene jejeje...
ResponderSuprimirParece que sólo amó a Hildegarda y Liutgarda, mientras que con Himiltrudis sintió los ardores de la adolescencia y las otras le causaron más que nada repugnancia. Por cierto, que Fastrada me recuerda mucho a doña Mariana de Neoburgo, mujer odiada y dominadora...
Un beso.
Evidente e inevitable, monsieur Cayetano. En realidad Carlomagno no fue de los más influenciables.
ResponderSuprimirFeliz dia
Bisous
Tocan a pocas lineas cada una, pero bueno, así las tenemos todas juntas o obtenemos visión del conjunto.
ResponderSuprimirFeliz dia, monsieur
Bisous
Micho debe de ser una mezcla entre Carlomagno y Casanova, monsieur.
ResponderSuprimirFeliz dia
Bisous
Gracias, madame Candi
ResponderSuprimirNo conozco Aachen.
Feliz dia
Bisous
Bueno, Fastrada causó repugnancia al pueblo, pero no a él, por cierto.
ResponderSuprimirFeliz dia, monsieur
Bisous
Me ha encantado conocer y saber más acerca de las esposas de Carlomagno, todas ellas tan distintas entre sí y que marcaron una época diferente en su vida.
ResponderSuprimirLa que mejor me ha parecido ha sido Hildegarda, quien le contagió su vigor y alegría a su marido; de la que me compadezco es de Desiderata, pobre mujer, no parecía tener ninguna virtud a favor; pero sin duda, la que más me ha impresionado por su egoísmo, celos, maldad y envidia, ha sido Fastrada, vaya crueldad la suya...
Un beso, madame.
Un ramillete bien surtido, eh madame?
ResponderSuprimirHabía de todo. Pero sí, yo también me quedaría con Hildegarda.
Lastima que siempre tenga que colarse alguna Fastrada!
Feliz dia
bisous
Madame menudo ligón estaba echo Carlomango, no perdía el tiempo.
ResponderSuprimir¡Besos!
En absoluto, madame. Y aún tuvo tiempo para un montón de concubinas.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Detrás de la grandeza de un hombre siempre hay una mujer; detrás de un hombre extraordinario, nada menos que cinco mujeres con sus luces y sus sombras.
ResponderSuprimirY aún iba a por más el hombre, monsieur! era incombustible.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Dicen que tras cada gran hombre hay una gran mujer, en este caso para bien y para mal, que si la "buena" de Fastrada no se llega a morir tal vez lo hubiera echo él, de todas formas pienso que poco caracter el del hombre que se desvía del camino recto por oir los consejos de alcoba, cuando son probados malvados; lo que sí nose quejaría al morir de la falta de compañía femenina en su vida, fué sobrado el buen hombre.
ResponderSuprimirBuenas noches ,madame, gracias por su historia tan interesante.
Me ha gustado especialmente Hildegarda, claro. Pero me ha llamado una cosa la atención: once años de matrimonio, nueve hijos y todas esas expediciones militares... ¡no se apoltronó en la corte, no!
ResponderSuprimirFeliz tarde, Madame
¡Qué gracia me hace volver a saber de soslayo de Pipino el Jorobado! ¿Recuerda usted que no hace mucho ya apareciera por estos lares jejejjeje?
ResponderSuprimir¡Pobre Desiderata y pobres damas de aquel entonces, utilizadas cuando carecían de encantos para sellar anhelos de otra naturaleza muy distinta al amor! Y cuando no convenía se las repudiaba y al convento...
Interesante que al final se enamorara perdidamente de Hildegarda y que esta fuera una esposa complaciente y fiel; si es que después de todo tienen suerte los caballeros, que pueden disponer a su antojo de la existencia de las damas y aún consiguen ser amados.
¡Vaya "elementa" la Fatrada, capaz de cizañar a un hombre que venía de la docilidad de una buena esposa! El detalle de la encerrona en la Iglesia y de quitarles los ojos me semejó bestial.
Qué curioso que Pipino acabara como su madre: encerrado en un convento.
Curioso capricho del destino, sí señora, que el eterno hombre acompañado de fémina estuviera solo en ese día especial.
Madame, bellísimas las imágenes.
Bisous
jeje,muy bueno eso de que si no se llega a morir ella, tal vez lo hubiera hecho él.
ResponderSuprimirLa verdad, madame, es que con esposas así quién necesita enemigos?
Feliz tarde
Bisous
No, monsieur, fue la esposa mas viajera y prolífica, en efecto.
ResponderSuprimirY claro, el cuerpo no resiste todo. Al final la pobre murió joven y agotada ya.
Feliz tarde
Bisous
Madame Akasha, en realidad este Pipino no es el mismo de la otra vez. El otro era su abuelo, Pipino el Breve, llamado así por lo bajito. Y este Pipino el jorobado. Vaya familia, madame, como te bautizaran así te marcaban con una cruz!
ResponderSuprimirYa ve, al final estaba solo durante su coronación. Bueno, cuando digo solo digo sin esposa, porque concubinas sí que tenía :)
Feliz tarde, madame
Bisous
Ah sí Madame, que era el breve... es que con tantos Pipinos en la familia jajajjajaja
ResponderSuprimirBisous
Nos salió mujeriego este Carlomagno y también un tanto olvidadizo a juzgar por el poco duelo que guardaba a sus mujeres tras encontrar una nueva. Eso si, su prole resultó de lo más numerosa.
ResponderSuprimirUn saludo, interesantísima como siempre su entrada, Madame.
Hola Madame:
ResponderSuprimirDe todas solo conocía a Hildergarda.
De alguna u otra forma, todas influyeron en Carlo magno
Siempre interesante sus damas históricas
Saludos
Fastrada. Liutgarda...: los nombres de estas mujeres son la mejor expresión de lo remoto en el tiempo.
ResponderSuprimirReciba mis saludos.
Madame Akasha, creo que les traía mas suerte ponerles Carlos, jiji. Carlos salió bien grandote y robusto.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Eso sí, monsieur Pedro: él no sabía estar sin una mujer, era imposible.
ResponderSuprimirMuchas gracias, monsieur.
Buenas noches
Bisous
Pues con esa basta, monsieur Manuel.
ResponderSuprimirDespués de todo conoció usted a la mejor.
Buenas noches, monsieur
Bisous
Jiji, es verdad, monsieur: lo que son las modas en cuestión de nombres. Seguro que de aquella todo el mundo se mataba por ponerselos a sus niñas, qué cosas.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Desconocía yo esta faceta mujeriega de Carlomagno, aprovechaba bien el tiempo. Seguro que muchas decisiones las tomaría influenciado por ellas.
ResponderSuprimirSaludos, madame
Carlomagno fue uno de los grandes mujeriegos de la historia, monsieur. Lo suyo era tremendo, jiji.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Enrique VIII de Inglaterra se queda chico, jaja.
ResponderSuprimirjeje, él sí que superó a Carlomagno. Además en general las trató un poco peor.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Lo de Hildegarda es de nota. Siempre acompañando a Carlos. Quiero pensar que por amor y complicidad en todo con el esposo y no por desconfianza ni celos, porque dándole nueve hijos en once años otra cosa no se comprende. Beso su mano.
ResponderSuprimirPues monsieur, el caso es que a Carlomagno había que vigilarlo mucho. Y aun así, se escapaba, jijij.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Madame, la historia ilustra muy bien dos grandes leyes humanas:
ResponderSuprimir1ª El poder político es un arma de seducción infalible.
2ª De la soledad no se libra nadie,sea menesteroso o monarca.
Buenas noches y bisous para usted y sus seguidores.
jeje, desde luego, madame. Seguro que Carlomagno no hubiera ligado tanto sin su trono. Pero al final ni cinco esposas fueron suficientes para hacer que no terminara solo.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Gran paradoja la del franco, en el mejor día solo como la una. Creo que lo del trono le ayudaría bastante para ligarse a tanta dama.
ResponderSuprimirbuenas noches, Dame
Estoy segura, madame. Eso siempre ayuda un poquitin, jiji.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Y a mi que siempre me han gustado los nombres germánicos, pero claro, me gustan eduardo, adolfo, elvira, cosas así...lo de las señoras de de Carlomagno es un poquitín excesivo. Me ha gustado mucho el post y me ha llamado la atención lo que dice Xibeliuss porque cuando leía yo pensaba lo mismo. Como lo haría esa mujer para parir nueve hijos en once años y encima acompañar a su marido a la guerra...Es increíble. Lo de sacarles los ojos a los castigados en la iglesia me indignó...
ResponderSuprimirFeliz noche, Madame.
Madame, lo de Hildegarda no es nada. No ostenta ningún record ni por aproximación.
ResponderSuprimirPiense que, por ejemplo, Leonor de Castilla acompañó también siempre a su esposo, incluso más lejos, a las cruzadas, además de a conquistar Gales. Y no tuvo 9 hijos, sino 15.
Murió al dar a luz al último, precisamente durante uno de sus viajes.
buenas noches, madame
Bisous
Tuvo una activa vida matrimonial y sexual el gran Carlomagno, además, le gustaba alternar, de las mujeres mustias y apagadas, a las altivas y engreídas. No perdió el tiempo el hombre, y eso que tuvo que guerrear bastante. Un abrazo, madame
ResponderSuprimirTodo le venía bien, sí.
ResponderSuprimirY luego nosotros siempre diciendo que no tenemos tiempo para nada. Mírelo a él. Es cuestión de organizarse.
Feliz dia, monsieur
Bisous
Gracias Madame, por compartir con nosotros tanta y tanta información que siempre es un placer leer.
ResponderSuprimirParece que el frío no nos abandona de momento. Besos miles y feliz fin de semana.
Gracias, madame.
ResponderSuprimirBueno, para ser invierno tampoco está tan mal, jiji.
Ya falta menos para la primavera.
feliz tarde
Bisous
No conocía nada de las intimidades de Carlomagno (si se pueden llamar intimidades a matrimonios que eran verdaderas alianzas en pro de los intereses políticos y dinásticos). Luego dicen que el amor es secundario. Bien claro está que Carlomagno asoció sus peirodos matrimoniales a sus más gloriosos aciertos.
ResponderSuprimirBesos
Y a sus errores, dependiendo de la esposa en cuestión. No todas fueron brillantes. Pero el balance no está tan mal. Podemos considerar que fue afortunado.
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
Bisous
Felicidades por su página muy buen contenido me gusto de verdad y le fue de mucha ayuda a mi búsqueda pero aquí tengo una Web que habla de Carlomagno y el imperio carolingio por si le interesa http://imperiocarolingio2.blogspot.com
ResponderSuprimirMuchas gracias, y mucha suerte con su interesante proyecto.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous