Al enviudar de su última esposa, Liutgarda, Carlomagno pensaba casarse con la madurita emperatriz Irene, que reinaba en Constantinopla.
Irene, ambiciosa y siempre intrigante, había nacido en Atenas en torno al año 752, en el seno de una noble familia. Aunque huérfana, su tío era un patricio que ocupaba una importante posición. La joven llegó a Constantinopla en el año 769 porque el emperador Constantino V la había elegido como esposa para su hijo León, sin que estén claros los motivos.
Las leyendas en torno a su persona proliferan de tal modo que algunas de ellas la hacen de origen humilde, tal vez hija de una hilandera o de una prostituta, según las diversas versiones. Sin embargo, habría podido recibir una educación gracias a que uno de sus parientes era un sacerdote influyente en la corte.
Siempre de acuerdo con esta leyenda, Irene supo encontrar la manera de señalarse a los ojos del emperador, sin que haya acuerdo en el medio empleado. Para unos habría sido mediante su trabajo como hilandera, mientras que otros afirman que se arrojó a los pies de León IV un día en que él salía de la iglesia. Sea como fuere, el final de la historia es que el emperador se casó con ella.
Leyendas aparte, Irene tenía 17 años cuando contrajo matrimonio con León, pero su juventud no le impidió manejar a su esposo a su antojo desde el primer momento.
El 14 de enero del 771 nació su único hijo, Constantino, en la Cámara Púrpura del gran palacio de Constantinopla, y en agosto del 775 ella y su esposo subían al trono a la muerte de su suegro.
No todo fue armonía en el matrimonio. León IV era iconoclasta, y se cuenta que, al descubrir algunos iconos en poder de su esposa, dejó de compartir el lecho conyugal con ella.
Irene se quedó viuda en septiembre del año 780. León fallecía, tal vez envenenado, y ella asumía la regencia durante la menor edad de su hijo Constantino VI, al que también dominaba por completo. La emperatriz se deshizo fácilmente de sus enemigos, los hermanastros del difunto León IV, con la colaboración de sus eunucos de confianza, Ecio y Estauracio. La solución de Irene fue hacer que los hermanos revoltosos fueran ordenados sacerdotes, condición que impedía reinar.
Más tarde Constantino la asoció al trono, y la emperatriz acabó gobernando en solitario con el título masculino de Basileus, en lugar del femenino Basilissa. Era la primera mujer que ocupaba el trono bizantino.
Irene fue una gran gobernante que frenó a los sarracenos e hizo la paz con el califa Harun al Raschid. Pero la leyenda negra continuó persiguiéndola durante su reinado. Se afirmaba que amenazó a su propia nuera con envenenarla si no se ponía de su parte en los desacuerdos que tuviera con su hijo. Ésta era María de Amnia, una noble anatolia. Constantino había estado prometido anteriormente con una hija de Carlomagno, pero Irene rompió el compromiso contra los deseos de él, obligándolo a casarse con María, a quien el joven detestaba.
Como la relación entre ambos esposos era mala y él prefería el lecho de su amante Teodata, se decía que Irene ponía afrodisíacos en los alimentos de la pareja para tratar de asegurarse de que tendrían descendencia. En una ocasión se habría excedido con la dosis de cantárida, llevándolos casi a la muerte.
En el año 790 Constantino logra hacerse con ese poder que su madre se resiste a soltar y la confina en el palacio de Eleuterio. Pero la ausencia de la emperatriz sólo duraría dos años.
En el 795 el emperador repudia a su esposa y se casa con su amante Teodata, a quien concede el título de Augusta. Teodata había sido una de las damas de María.
Dos años más tarde, en el 797, Irene tramó una conspiración contra su propio hijo. Constantino fue apresado, azotado y cegado por orden suya. Él y Teodata son encerrados en un monasterio mientras ella asume el poder absoluto.
El joven murió, tal vez a consecuencia de esas heridas, dejando a Constantinopla sin heredero varón. Siguió a los hechos un eclipse solar y una oscuridad que duró 17 días, lo cual fue interpretado como señal de la cólera divina.
En el año 800 Carlomagno era coronado como emperador de Occidente. Irene, furiosa, se negó a reconocerlo. Poco después Carlos, para aplacarla, enviaba embajadores a ofrecerle matrimonio, en lo que demostró gran valor, habida cuenta del historial de la dama.
La emperatriz gobernaba con puño de hierro, de modo que pronto se atrajo la oposición de sus nobles. El pueblo también estaba descontento debido a los abusivos impuestos y a los precios que habían llegado a alcanzar los alimentos. Todo estaba preparado para que se produjera un levantamiento.
Mientras tanto Carlomagno, como las conversaciones con Constantinopla transcurrían lentamente, se entretenía con sus concubinas. Pero un día los embajadores llegaron con malas noticias: una conspiración había derrocado a Irene en octubre del 802. Las negociaciones secretas con Carlos fueron descubiertas por la indiscreción de un eunuco; ella había sido detenida, conducida al monasterio de la isla de Prinkipo y desde allí desterrada a la isla de Lesbos. Su tesorero, Nicéforo, había subido al trono.
Irene fallecía al año siguiente en su lugar de destierro, donde debía ganarse la vida hilando. La Iglesia Ortodoxa la considera santa, por haber restaurado el culto de las imágenes.
Fue el fin de los proyectos matrimoniales de Carlomagno. En adelante se conformaría con sus concubinas.










Impresionante...No la habría querido yo como suegra, Madame... y mire usted que estoy bien hasta el moño de la mía ;)
ResponderSuprimirQue bien cuenta usted las cosas :)
Que tenga feliz noche, Madame
jijiji, como su suegra lea eso!
ResponderSuprimirMuchas gracias, madame.
Buenas noches
Bisous
Dura la dama, pero me imagino que en aquellos tiempos o se era así o nada, como era habitual en el caso de las mujeres.
ResponderSuprimirY encima consiguió ser santa...
Buenas noches, Madame
Hola Madame
ResponderSuprimir¿Le nombraron santa? Santos fueron quienes tuvieron que sufrir su carácter, sus ganas de mandar y controlar todo a su antojo.
¡De buena se libró Carlomagno!
Por cierto, a mi tampoco me gustaría que fuera mi suegra. Todos los días pendientes de la comida entre otras cosas ....
Feliz día, Madame.
Bisous.
La vida de Irene tuvo un recorrido circular: acabó como empezó, paradojas de la vida. Apasionante entrada.
ResponderSuprimirSaludos, madame
¡Vaya ejemplar de gobernante! El hecho de que se hubiera hcho llamar a sí misma Basileus en lugar de Basilissa ya dice mucho de su carácter jajajajjaa
ResponderSuprimir¡Y encima Carlomagno tentando las ascuas del fuego! ¿Qué extraña morbosidad poseen ciertos hombres, con su apego indescibrable por estas damas de mortífera existencia?
Y que la Iglesia la hubiera nombrado santa... jamás entenderé ciertas decisiones.
Bisous Madame y feliz viernes (aquí lluvioso y frío)
¡Caray con la Santa, lo que pierde en las distancias cortas!
ResponderSuprimirMe ha llamado la atención las -notables - divergencias en torno a su origen. No es lo mismo, no.
Feliz día, Madame
Qué razón tiene, madame Elysa. Los lobos te devoraban de todos modos, pero si no eras así te devoraban el primer día.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Madame, esta dama hubiera hecho buena a la inefable Fastrada. Menuda mujer!
ResponderSuprimirTiene razón, de buena se libró Carlomagno. A su edad ya no le convenían tantas emociones.
Feliz fin de semana, madame.
Bisous
Monsieur Antorelo, con respecto a su final, yo supongo que la leyenda que la suponía hija de una hilandera y que la presenta conociendo al emperador a través de ese trabajo, se inspirarían en ese final, cuando sí que tuvo que hilar para sobrevivir.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Y tanto, madame. Ella no quería nada que pudiera sonar a simple consorte.
ResponderSuprimirLo de Carlomagno, no es que se sintiera atraído por la señora, sino que necesitaba aplacarla para que dejase de protestar por su coronación como emperador de Occidente. Además, ya se frotaba las manos ante las brillantes perspectivas que suponía el hecho de que la emperatriz de oriente y el emperador de occidente se unieran. Sobre todo porque en el de oriente no había un heredero varón, mire usted por dónde.
Feliz fin de semana, madame, también fresquito por aquí.
Bisous
Monsieur Xibeliuss, la cuestión de las prioridades a veces es un poco chocante. Cuesta creer que predomine lo del culto de las imágenes sobre tales atrocidades. Ignoro cómo se pudo llegar a eso, aunque imagino que la Iglesia ortodoxa negará algunos aspectos de esta historia. Vamos, digo yo, porque como los admitan es para llorar.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana, monsieur
Bisous
Desde luego que la historia de Bizancio es digna heredera de la de Roma con emperadores puestos y depuestos cada dos por tres. Me ha entretenido mucho la entrada.
ResponderSuprimirUn beso.
COMO SUEGRA MUY MALA, PERO COMO MADRE, FATAL¡¡¡
ResponderSuprimirES UNA TRISTE HISTORIA- Y LA IGLESIA SIEMPRE CREANDO SANTOS DE SU CONVENIENCIA.
SALUDOS QUERIDA MADAME
Despues dicen por ciertos lugares que las mujeres no tenemos el fondo cruel y absolutísta que esta "adorable" emperatriz demostró para con su família, de lo que sí me asombro es de la suerte del emperador Carlomagno de no llegar a ser su esposo dado el trato que dió a su propio hijo, qué no haría a su conyugue, los hai que nacen con suerte, jajajaa.
ResponderSuprimirAgradable e interesante , como de costumbre. Gacias, madame.
Movidita sí que es, monsieur. No tiene desperdicio.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Fíjese usted la de cosas incomprensibles a las que nos enfrentamos cada día. Esta es una de ellas, madame. Y una muy grande.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Se hubiera encontrado con un digno rival. No sé si a Carlomagno lo hubiera doblegado fácilmente o si hubiera podido deshacerse de él, pero de todos modos fue muy afortunado al no tener que comprobarlo al final.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana, madame.
Bisous
Una historia que no tiene desperdicio. "Hilaba fino" la hilandera. Está visto que la iglesia, del tipo que sea, no tiene escrúpulos por elevar a los altares a quien sirva a sus intereses, en este caso Irene, una persona ambiciosa capaz de hacer daño a su propio hijo.
ResponderSuprimirUn saludo.
Sí,monsieur, es para hacerse de cruces.
ResponderSuprimirMe pregunto qué milagros de madame la emperatriz habrán considerado probados. O no sé si los ortodoxos funcionarán así, la verdad.
Feliz fin de semana, monsieur
Bisous
Napoleón era un tipo ingenuo al lado de esta señora.
ResponderSuprimirReciba mis saludos.
Caray, Carlomagno tenía que haber partido en busca de ella, seguro que no se hubiera aburrido.
ResponderSuprimirBisous, feliz tarde.
Irene tuvo la ambición y el cuajo imprescindible para controlar el poder en una época en la que nacer mujer no era moco de pavo. Ahora bien, la última estocada le vino de un eunuco que como los mayordomos, cuando están resentidos pueden hundir un imperio. ¡Cuánto aprendemos con sus relatos históricos! Y es que a los eunucos hay que tratarles con mucho cariño para que no se reboten contra una.
ResponderSuprimirBuen fin de semana, Madame y la concurrencia.
Ya lo creo, monsieur. Nadie supera a un griego en esas cuestiones!
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Bueno, mirándolo por ahí sí que hubiera tenido su diversión, jiji. Demasiado peligroso, pero una buena descarga de adrenalina.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana, monsieur
Bisous
Así es, madame. No conviene subestimarlos, porque a veces tienen más poder que el propio emperador. Cuantos hilos movieron a lo largo de la historia!
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Está muy bien eso de enterarse de la perfidia ajena, así aprendemos a valorar más y mejor lo que tenemos en casa.
ResponderSuprimirPues, mire, iba a hablar de iconoclastas y de iconódulos, palabreja que se puede leer en más de un libro de historia para citar los partidarios del culto a las imágenes, y que no consta en el Diccionario de la Lengua Española, cuando he llegado a lo de la tortura de Irene a su hijo, sacándole los ojos y todo. Hay ya me he quedado sin palabras, o casi. Sólo tres se me ocurren: una madre desnaturalizada. Qué horror. Beso su mano.
ResponderSuprimirjijiji, esto está dificil de superar, eh, monsieur? Desde luego, no sé de qué nos quejamos.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Monsieur, no me extraña, esta mujer dejaba sin palabras a cualquiera.
ResponderSuprimirMenos mal que solo tuvo un hijo!
Imaginese si hubiera tenido familia numerosa, pobrecillos.
Feliz fin de semana, monsieur
Bisous
Señor bendito, menudo elemento. Conspirar y prácticamente matar a su propio hijo, y todo por poder. Y Carlomagno se atrevió a proponerle matrimonio???
ResponderSuprimireso sí que es ser valiente, y lo demás son tonterías.
Un final merecido el que tuvo, a veces las ansias de poder ciega a la gente y se vuelven los seres más perversos.
Besos.
Ya ve, madame, él con tal de casarse, lo que fuera, jiji. Lo que eran los intereses políticos!
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Hola Madame:
ResponderSuprimirIrene Me recordó a Margareth Thatcher. Mano de hierro incluso con su familia...
Con todo es santa...Miré que a veces no solo se necesita rezar para estar en los altares.
Saludos
jijijiji, monsieur, mire que ir a parar a Mrs. Thatcher! Claro que es cierto que a ella la llamaban la dama de hierro. No sé si lo sería tanto como esta, aunque no quiero ni pensar que la dama hubiera vivido en aquella epoca y lugar.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Vaya señorona, qué personalidad, autoridad y señorío. Independientemente de que se esté o no de acuerdo con sus métodos de gobierno, no cabe duda de que marcó época.
ResponderSuprimirPero lo de la santidad es otro cantar, por lo menos para mí.
Bises
Marcar sí que marcó época, madame.
ResponderSuprimirY estuvo a punto de marcar a todo un Carlomagno también :)
Feliz fin de semana
Bisous
La labor de hilandera la acompaño en sus momentos mas cruciales ,el bueno de Carlos no habria zafado de una molestia mayor de no ser por las costantes conspiraciones bizantinas.
ResponderSuprimirLo que se perdio la historia con este cruce de personalidades madame?
Un abrazo y buen fin de semana
A cualquiera nombran Santo. O Santa.
ResponderSuprimirHay que ver.
Abrazos, madame.
Ya le dije una vez que me encanta la civilización bizantina, sobre todo porque allí las mujeres tuvieron un gran peso en la historia, y una buena consideración social. Y esta emperatriz Irene tuvo que ser una buena mujer fatal, que choques de egos entre ella y Carlomagno, saltarían chispas. Me gustaría haber conocido esa relación. Feliz fin de semana, madame. Bisous.
ResponderSuprimirEsta entrada parece en sí una novela negra de la época, me ha dejado de piedra saber que Irene tramó una conspiración contra su propio y único hijo Constantino.
ResponderSuprimirY cuál es mi sorpresa que al comienzo de la entrada veo que el nombre de Carlomagno sale a relucir de nuevo y relacionado con un posible casamiento... este hombre no tenía remedio con las mujeres.
Por cierto, madame... Iconoclasta se refiere a que rechaza el culto a las imágenes sagradas y las manda destruir... ¿No? Es que me gustaría saber por qué y a qué religión pertenecía entonces León IV, no sé si me explico.
Un beso, madame.
Verdameramente, monsieur, hubieramos asistido a una especie de lucha de titanes. Lastima!
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Se coronaron de gloria con la decisión, monsieur Enrique. Ya me dirá usted.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
A mí también, monsieur. Yo creo que me hubiera conformado con una entrevista y una cronica detallada de la misma.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Pues verá, madame Fatima, todos eran ortodoxos, lo que pasa que por aquella epoca se discutía lo de los iconos. El emperador estaba en contra, pero el pueblo estaba mayoritariamente a favor, y también la emperatriz. Finalmente un concilio decidió a favor y se zanjó la polemica.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Me parece increible que los funcionarios de palacio y los eunucos consiguieran derrocar a toda una emperatriz.
ResponderSuprimirClaro que esta es una historia que se repetiría no sólo en esta sino en otras muchas casas reales de todos los tiempos, ya lo dice el dicho "Cria cuervos....."
Un placer leer sus historias Madame.
No hay como lograr poner a todo el mundo en contra, monsieur. Ni toda su capacidad de intriga la libró de un final anunciado.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Carlomagno iba a equivocarse, sin duda alguna, casándose con semejante mujer. Gobernadora y emperatriz de Constantinopla pero también una arpía vengadora y cruel, como hemos visto. Si ese casamiento hubiese tenido lugar es claro que Carlomagno hubiese sido aún más poderoso.
ResponderSuprimirBesitos
En mi opinión, quien es capaz de hacer a un hijo lo que hizo esta mujer al suyo, no merece ni haber nacido.
ResponderSuprimirTerminó sus días como se dice que había empezado, trabajando de hilandera.
Al final el tiempo pone a cada uno en su sitio. Lo malo es que, por el camino, se llevó unas cuantas vidas.
Buenas noches, Madame.
Estuvo a punto de conseguir los dos imperios! Pero al final no pudo ser. Tanto mejor para él, creo yo.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana, madame.
Bisous
Recibió su merecido, sí. Aunque para muchos un poco tarde.
ResponderSuprimirMe pregunto si hubiera podido también con Carlomagno.
Feliz fin de semana, monsieur
Bisous