Margarita de Valois
Desde la noche de San Bartolomé, Enrique de Navarra se había visto obligado a abjurar del protestantismo y permanecía vigilado en el Louvre. Ninguna de las medidas que Catalina de Médicis tomó para tenerlo bajo su control pudo impedir que Enrique conspirara con Montmorency, Turenne y Guitry-Bertichère para destronar a Carlos IX y coronar al hermano menor de éste, el duque de Aleçon, despojando así de sus derechos al otro hermano, el duque de Anjou.
Entre los favoritos de Alençon se encontraba Boniface de La Mole, un caballero de Provenza muy apreciado por las damas. En palabras de Pierre de l’Estoile “La Mole era odiado y mal visto por el rey, por algunas particularidades, más fundadas en el amor que en la guerra, ya que dicho caballero era mejor campeón de Venus que de Marte; además, era muy supersticioso, gran señor y muy seductor. Como no se contentaba con una sola misa al día, oía tres o cuatro, y a veces cinco y seis, incluso en medio de los ejércitos […] y hasta llegó a decir que si un día dejaba de oír misa creería condenarse. El resto del día y de la noche lo empleaba en el amor, persuadido de que una misa oída devotamente expiaba todos los pecados y picardías que hubiese cometido; por lo que el difunto rey comentaba a veces, riendo, que era posible llevar el registro de todas las calaveradas de La Mole contando sus misas.”
Margarita y Alençon
El caballero se había convertido en amante de Margarita de Valois, esposa de Enrique de Navarra y hermana del rey de Francia. Un día la vio envuelta en un vestido de brocado con el corpiño abierto, dejando entrever más de lo previsto según el uso de la época, y la pasión se apoderó de él de inmediato. Empeñado en la conquista, La Mole decidió recurrir al demonio y pidió a Cosimo Ruggieri, astrólogo de la reina madre, que le procurase un hechizo con el que obtener el favor de Margarita. Cosimo modeló una figura de cera con cierto parecido a la princesa y le atravesó el corazón con una pepita de uva mientras recitaba una antigua fórmula infalible.
Al día siguiente el caballero se presentó ante ella sin saber que no le hubiera hecho falta tanto conjuro, puesto que Margarita hacía algún tiempo que se había fijado en él y aguardaba con impaciencia sus avances. Total, que al poco tiempo toda la corte estaba enterada de que la reina de Navarra tenía un nuevo amante.
Lamentablemente también Carlos IX se enteró. Furioso con la osadía del galán, una noche el rey le preparó una emboscada en una escalera en la que La Mole iba a ser asesinado cuando regresara de los aposentos de Margarita. Pero él, seguramente avisado, no apareció.
El caballero, sin embargo, no esquivaría su aciago destino una segunda vez, porque poco después cometía una grave imprudencia: La Mole le contó a su amada la conjura urdida por Enrique de Navarra y su propia implicación junto con la de su amigo Coconnas, amante de la duquesa de Nevers.
Enrique de Navarra y Margarita
La reina de Navarra se asustó. Temía que de la conjura resultara un grave perjuicio para la corona de Francia, así que tomó la decisión de poner el asunto en conocimiento de su madre.
Inmediatamente el duque de Alençon y el rey de Navarra fueron encerrados en sus aposentos mientras el ejército recibía la orden de marchar contra los revoltosos en diversas partes del reino.
Viéndolo todo perdido, Alençon fue a arrojarse a los pies de su madre y acusó a La Mole y a Coconnas de ser los cabecillas de la conspiración. Por su parte, Enrique de Navarra se fingió ofendido por las que él calificó de calumnias de las que era objeto, y se defendió con habilidad. De ese modo resultó que los dos verdaderos jefes de la conjura quedaron libres, mientras la cólera de Carlos IX caía sobre los dos caballeros denunciados, y que iban a pagar por todos ellos.
La Mole era arrestado en abril de 1574 en Vincennes. El vizconde d’Auchy, capitán de la guardia del rey, lo condujo a la prisión de la Conciergerie para su interrogatorio. Se le acusó de haber buscado la muerte del rey mediante hechizos, clavando alfileres en una figura de cera que fue encontrada en su poder y que le habría proporcionado Ruggieri. Tras ser interrogado y torturado fue condenado a muerte, sin que de nada sirvieran las súplicas que Margarita dirigió al rey para obtener su gracia.
Desfile de la Liga Católica en la plaza de Grève
Una soleada mañana del mes de primavera de 1574 él y Coconnas fueron decapitados en la plaza de Grève. Sus cuerpos fueron descuartizados y colgados a las puertas de París para ofrecer al pueblo un espectáculo que no pudiera ser olvidado y desalentar así cualquier intención de seguir el ejemplo de los conspiradores.
A partir de ahí las leyendas se disparan. Cuentan que Margarita y la duquesa de Nevers pidieron al verdugo que les entregaran las cabezas de sus amantes para darles cristiana sepultura, y que al caer la noche ambas enviaron a recogerlas a uno de sus amigos, Jacques d’Oradour. Tras haberlas besado en sus fríos labios, las colocaron cuidadosamente en una caja y al día siguiente las hicieron embalsamar. Después “llenaron las bocas de los difuntos con las joyas que ellos les habían regalado, y envolvieron las cabezas en sus mejores faldas; luego, habiendo recubierto todo de plomo y de cajones de madera, ellas mismas cavaron unas fosas en Montmartre, porque ellos eran sus mártires, y echaron dentro las cabezas.”
Según las memorias de Bassompierre, los restos de La Mole y Coconnas iban a tener un curioso destino:
“En estos últimos tiempos la señora de Montmartre, que ha reformado su abadía y encerrado a sus religiosas, ha ordenado construir una gran tapia, y cuando la estaban erigiendo, encontraron dos cajones, y dentro dos cabezas con joyas. Creyeron piadosamente que eran las cabezas de unos mártires de la fe, que el celo de unos cristianos había enterrado antaño en dicho lugar, poniendo los anillos en las mismas cajas; y tan pronto sacaron de allí las cabezas y estuvo construida la capilla de los mártires, aquellas fueron debidamente reverenciadas.”
Plaza de grève
Otra versión supone que las damas conservaron siempre consigo las cabezas de sus antiguos amantes, embalsamadas y metidas en cajas ricamente adornadas con piedras preciosas. Y se dijo, también, que Margarita vistió ostensiblemente de luto y adornó sus ropas con colgantes que imitaban cabezas de muerto.

















































