Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, no pareció precisamente inconsolable a la muerte de su segunda esposa, Violante de Hungría, puesto que en ese mismo año de 1251 lo encontramos viviendo con Doña Teresa Gil de Vidaurre, de quien se ha enamorado.
Teresa era una noble dama de origen navarro, viuda de Pedro Sánchez de Lodosa, con el cual había tenido al menos un hijo. Se trataba de una mujer de extraordinaria belleza y profundas convicciones religiosas que Jaime fue capaz de vencer mediante promesa solemne de matrimonio. Pero la historia de estos amores es tan embrollada que existen dudas sobre si en realidad contrajo un verdadero matrimonio con ella, debido a que más adelante el propio rey lo negaría. En realidad él nunca la llamó ni reina ni esposa. Sin embargo, en 1272 reconoció como legítimos a los hijos que de ella tenía. Esta actitud de Jaime dio pie al siguiente relato:
En el tiempo transcurrido entre el divorcio del rey de su primera esposa y su matrimonio con la segunda, se dice que se había casado en secreto con Teresa, quien le dio dos hijos. Después de eso, apagado el ardor del monarca, buscó el compromiso con Violante de Hungría a pesar de los sagrados lazos que aún lo unían a otra esposa más humilde. Resentida por su infidelidad, Teresa recurrió al Papa, alegando sus derechos; y éste, informado por el obispo de Gerona, a quien el rey había revelado en confesión la validez del matrimonio, se sentía inclinado a fallar en su favor. Jaime, al descubrir la fuente por la que el Papa había obtenido tal información, hizo cortar la lengua del informador y lo desterró de sus dominios. Por este acto sacrílego el rey fue excomulgado y el reino de Aragón sufrió el interdicto en 1246, una pena levantada después de que Jaime hiciera penitencia y restituyera al obispo en sus honores.
Otros, sin embargo, niegan esta historia y alegan muchas razones contra su credibilidad, buscando demostrar que Jaime contrajo matrimonio con Teresa tras la muerte de Violante. Pero el asunto está tan embrollado que incluso hay autores que hacen de ella un amor juvenil del rey de Aragón, previo a su primer matrimonio. Según esta opinión, Teresa habría sido la primera de las esposas. La crónica relata cómo pidió a la Santa Sede “que le hiciese justicia del rey don Jaime, que se había prometido con ella y hubiera en ella dos hijos, y por consiguiente era su marido; y esto no obstante, había contraído matrimonio con Leonor de Castilla, que era parienta suya en grado prohibido y no podía haber matrimonio entre los dos”.
Estas palabras confirman que lo que reclamaba Teresa era lo que se consideraba un “matrimonio natural”, es decir, una palabra de matrimonio dada, con la obligación consiguiente de cumplir la promesa y formalizar la unión. Pero es imposible situar un matrimonio con Teresa antes que con Leonor, y mucho menos haber tenido ya dos hijos de ella, por la razón de que él mismo afirmó que cuando casó con la infanta de Castilla no pudo, por su poca edad —estaba a punto de cumplir los 13 años—, llamarse propiamente marido hasta 18 meses después de la boda. Sin embargo, sí hay indicios de que mantenía relación con Teresa al cabo de sólo tres años de haber contraído su segundo matrimonio.
Sea como fuere, el caso es que al final de su vida Jaime negaba que fuera su esposa. La verdadera causa era que el corazón del monarca se había inflamado nuevamente. En una entrevista que tuvo lugar entre los soberanos de Castilla y Aragón, a sus 57 años Jaime se enamoró de Berenguela Alfonso, hija ilegítima del infante Alfonso, hermano del rey. Esta dama, que pertenecía al séquito de la reina de Castilla, consintió en acompañar al rey a Aragón y vivir con él como su amante hasta el fin de sus días. Algunos autores opinan que Berenguela fue la cuarta esposa del Conquistador.
Fue entonces cuando Teresa depositó su causa en manos de la Iglesia y despachó mensajeros hacia Roma para defender su honor ultrajado, retirándose al convento de Zaidia hasta conocer la resolución sobre sus reclamaciones. Pero no pudo demostrar la validez de su unión mediante la palabra que el rey le había dado, porque su testigo ya había fallecido.
Jaime, por su parte, alegó que no podía seguir cohabitando con ella, porque estaba leprosa. Clemente IV, sin embargo, no admitió esa excusa, decidiendo que la enfermedad no era causa para disolver un matrimonio, y que éste era válido, pese a la ausencia de sacramento, por haber sido legitimado por la posterior consumación.
El Papa lo amonestó y lo exhortó a regresar con su esposa, pero el rey no obedeció. No obstante, en su testamento reconoció como legítimos a los hijos que con ella tenía, llamados Jaime, Señor de Jérica, y Pedro, Señor de Ayerve.
Teresa renunció al título de reina y tomó los velos allá en el convento que ella había fundado junto a las murallas de Valencia, y en él falleció entre finales de octubre de 1279 y principios de enero de 1280, sin que se pueda concretar la fecha exacta.
Teresa era una noble dama de origen navarro, viuda de Pedro Sánchez de Lodosa, con el cual había tenido al menos un hijo. Se trataba de una mujer de extraordinaria belleza y profundas convicciones religiosas que Jaime fue capaz de vencer mediante promesa solemne de matrimonio. Pero la historia de estos amores es tan embrollada que existen dudas sobre si en realidad contrajo un verdadero matrimonio con ella, debido a que más adelante el propio rey lo negaría. En realidad él nunca la llamó ni reina ni esposa. Sin embargo, en 1272 reconoció como legítimos a los hijos que de ella tenía. Esta actitud de Jaime dio pie al siguiente relato:
Otros, sin embargo, niegan esta historia y alegan muchas razones contra su credibilidad, buscando demostrar que Jaime contrajo matrimonio con Teresa tras la muerte de Violante. Pero el asunto está tan embrollado que incluso hay autores que hacen de ella un amor juvenil del rey de Aragón, previo a su primer matrimonio. Según esta opinión, Teresa habría sido la primera de las esposas. La crónica relata cómo pidió a la Santa Sede “que le hiciese justicia del rey don Jaime, que se había prometido con ella y hubiera en ella dos hijos, y por consiguiente era su marido; y esto no obstante, había contraído matrimonio con Leonor de Castilla, que era parienta suya en grado prohibido y no podía haber matrimonio entre los dos”.
Sea como fuere, el caso es que al final de su vida Jaime negaba que fuera su esposa. La verdadera causa era que el corazón del monarca se había inflamado nuevamente. En una entrevista que tuvo lugar entre los soberanos de Castilla y Aragón, a sus 57 años Jaime se enamoró de Berenguela Alfonso, hija ilegítima del infante Alfonso, hermano del rey. Esta dama, que pertenecía al séquito de la reina de Castilla, consintió en acompañar al rey a Aragón y vivir con él como su amante hasta el fin de sus días. Algunos autores opinan que Berenguela fue la cuarta esposa del Conquistador.
Mapa de la Corona de Aragón (click para ampliar)
Fue entonces cuando Teresa depositó su causa en manos de la Iglesia y despachó mensajeros hacia Roma para defender su honor ultrajado, retirándose al convento de Zaidia hasta conocer la resolución sobre sus reclamaciones. Pero no pudo demostrar la validez de su unión mediante la palabra que el rey le había dado, porque su testigo ya había fallecido.
Jaime, por su parte, alegó que no podía seguir cohabitando con ella, porque estaba leprosa. Clemente IV, sin embargo, no admitió esa excusa, decidiendo que la enfermedad no era causa para disolver un matrimonio, y que éste era válido, pese a la ausencia de sacramento, por haber sido legitimado por la posterior consumación.
El Papa lo amonestó y lo exhortó a regresar con su esposa, pero el rey no obedeció. No obstante, en su testamento reconoció como legítimos a los hijos que con ella tenía, llamados Jaime, Señor de Jérica, y Pedro, Señor de Ayerve.








































