Cardenal de Bernis
François-Joachim de Pierre de Bernis, protegido de Madame de Pompadour, nació el 22 de mayo de 1715 en el seno de una familia de aristócratas empobrecidos del Vivarais.
A los 14 años acudía a París para estudiar en el prestigioso colegio Louis-le-Grand, pero al ser un segundón no pudo seguir la carrera militar, como él hubiera deseado, sino que fue destinado a la Iglesia. A los 16 ingresaba en el seminario, aunque acabó abandonándolo debido a su manifiesta falta de vocación.
No obstante, consiguió ser aceptado como canónigo por el capítulo catedralicio de Lyon, para lo cual tenía que demostrar 16 cuarteles de nobleza. Su puesto llevaba aparejado el título de conde de Lyon.
Cuando conoció a la favorita de Luis XV era un joven abate sin tonsura, inteligente, simpático e ingenioso. Escribía unos versos un tanto ridículos, y por aquellos días “iba vestido como una muñeca”. Él mismo confesaba que sus madrigales eran como “un pequeño pomo de flores frescas y perfumadas, que duran nada más que una hora y ésta es una hora de placer”. Voltaire, por su estilo tan florido le llamaba “Babet la Bouquetière”, es decir, la violetera, comparándolo con una popular florista del barrio de la Ópera.
Casanova lo conoció en Venecia y dijo de él que “poseía el arte de acariciar el amor. Su comedia amorosa no cuenta un solo drama”.
Casanova
Gracias a un complot femenino, Bernis entró en la Academia Francesa con 29 años, cuando su admirado Voltaire aún rabiaba por ser elegido. Para poder codearse dignamente con sus colegas, la princesa de Rohan-Courcillon le regaló doce mil libras. En realidad él no tenía oficio ni beneficio, e iba de salón en salón, alimentándose como podía. Fue en el de madame de Tencin donde conoció a la Pompadour, y ambos se hicieron amigos de inmediato. Hay quien dice que incluso fueron amantes, pero él siempre lo negó.
Cuando madame de Pompadour inició su meteórica carrera como amante del rey, Bernis comienza a ascender con ella. Por otra parte, él tenía una familia importante, y esto contaba, por más que estuvieran arruinados. De hecho, cuando en los últimos tiempos su protectora osó decirle “yo os saqué del polvo”, él respondió: “Señora, un conde de Lyon no está jamás en el polvo”.
Los comienzos no fueron fáciles. Durante tres años revoloteó por los aposentos de la marquesa en Versalles sin que el rey, que le veía a diario, se dignara dirigirle la palabra. Hasta que un día, cuando salía del salón de la favorita con un tapiz de Persia que ella acababa de regalarle, se cruzó con Luis XV en la escalera. El rey se hizo mostrar el tapiz y luego sacó de su bolsillo un cucurucho de luises de oro y se los entregó diciéndole:
—Tomad, esto para los clavos.
Como el rey era tan proverbialmente tacaño, el tal cartucho se consideró una gracia extrema.
Luis XV
A partir de entonces Bernis comenzó a aparecer incluso en el palco del rey en el teatro de Versalles. En palabras del propio interesado, “el rey, invitándome a su propio palco, quiso demostrarme que finalmente se había enterado de mi nacimiento y estirpe”.
Fue un buen consejero para su amiga, hábil y cauteloso. Conocía el arte de halagar, aunque de él se cuentan también anécdotas en las que poco contaba la diplomacia. Cuando le había pedido al cardenal de Fleury la canonjía de Lyon, el anciano, que conocía su vida licenciosa, no quiso ni oír hablar de ello:
—Oh, señor, en tanto que yo viviré no conseguiréis este beneficio.
Bernis, por entonces joven y arrogante, replicó:
—Bien, señor, ya esperaré.
Y haciendo una profunda reverencia, se fue dignamente.
Debió de replicar con tanta gracia que el propio Fleury, que tenía su sentido del humor, lo contó por los salones de Versalles. La reflexión se hizo tan famosa que cuando Bernis tuvo que elegir una divisa para sus armas, puso “J’attendrai” (esperaré).
En sus memorias, dictadas a una sobrina suya a los 46 años, se retrata muy lisonjeramente: “Una imaginación bastante brillante, una alegría sostenida y sin fallo, el aire de una magnífica salud, una manera de pensar noble, una alteza de alma sin vanidad, una independencia sin aire de libertad, escritos fáciles, amables y sobre todo, la discreción, el secreto, el espíritu de la conciliación y la suavidad”.
Consiguió finalmente entrar en la diplomacia con un éxito extraordinario. Intentaba ser embajador en Polonia, cargo muy difícil en aquel momento, pero en lugar de eso fue enviado a Venecia, porque, como le dijo el marqués de Puisieulx, que despachaba los Asuntos Exteriores:
—Se me había presionado para enviaros a Polonia, pero yo insistí sobre el peligro que habría de confiaros una embajada tan delicada y he consentido en fin, aunque con bastante recelo, en que vayáis a Venecia, por la razón que allí, si cometéis tonterías, no serán importantes.
Sus historias de amor en Venecia no las cuenta en sus memorias, pero en cambio sí que lo hace Casanova. Al fin y al cabo Bernis, religioso sólo por necesidad, era “uno de esos hombres para los que Dios no era su primera preocupación”.
Pese a que supo divertirse, desempeñó magníficamente su cargo. Trabó amistad con el embajador español y conoció las noticias de la corte de España más rápido que el embajador francés en Madrid.
Elisabeth de Francia
De regreso a Francia se detuvo en Parma, donde la duquesa era Elisabeth, hija de Luis XV y casada con un hijo del rey de España. Ella se aburría mucho con su esposo, así que no tuvo inconveniente en conceder sus favores a Bernis.
El abate logró entrar en el Consejo de Luis XV y fue Ministro de Asuntos Exteriores, pero acabó por caer en desgracia por haber aconsejado la paz en un momento inoportuno durante la Guerra de los Siete Años.
Finalmente pronunció los votos sacerdotales habiendo cumplido ya 40 años, tras lo cual se le concedió el Capelo cardenalicio y fue nombrado obispo de Albi.
A la muerte de Clemente XIII parte hacia Roma para ayudar a elegir como nuevo Papa al candidato de Francia. Allí se encontraba aún como embajador cuando a finales de 1790 se vio obligado a jurar la constitución civil del clero. Como envió su juramento con reservas, fue declarado nulo y recibió una carta de advertencia. Se le despojó de su dignidad episcopal y en 1792 era inscrito por primera vez en la lista de los emigrados. Se vendieron sus bienes. Las estrecheces que hubo de pasar eran tales que Bernis acabó viéndose reducido a sobrevivir con una pensión que le pagaba España.
Allá en Roma había acogido a Adelaida y Victoria, dos de las hijas de Luis XV. Pero no le quedaban muchos años de vida: fallecía en noviembre de 1794, dejándonos sus frases inolvidables.
"Si je préfère aller au ciel pour le climat, je préfèrerais l’enfer pour sa fréquentation."
Si bien prefiero ir al cielo por su clima, elegiría el infierno por las relaciones.











Un personaje muy particular Madame, como los miembros de la Casa de Austria dedicados a la carrera eclesiástica, también él gustaba más de la guerra y la carne que de los votos a Dios...
ResponderSuprimirUn beso.
Vaya personaje, Madame. No lo conocía, pero puede decirse que vivió la vida como quiso, y me parece que éso ya es suficiente proeza, sea cual sea la época que te toque vivir. Un saludo, y muchas gracias.
ResponderSuprimirLogico, monsieur, en unos tiempos en el que rara vez se elegía, y el destino venía impuesto simplemente por ser el menor.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Muchas gracias, madame Elena, y bienvenida.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
La historia de un vividor, un hombre inteligente que supo adaptarse camaleónicamente al medio para vivir a cuerpo de rey. Eso sí, otro ejemplo más de cómo ocupar un cargo religioso sin tener ni un apice de vocación.
ResponderSuprimirUn saludo.
Así es. Debía de ser terrible verse condenado a eso solo por ser en segundo en orden de nacimiento.
ResponderSuprimirFeliz domingo, monsieur
Bisous
Entre puestos políticos, diplomáticos y canonjías, qué buena vida se daban los segundones dedicados a la parte terrenal de la Iglesia; aunque éste de su relato de hoy acabara en la pobreza.
ResponderSuprimirMe ha gustado mucho, y para usted, señora, teniendo como fuente a Néstor Luján, uno de mis escritores-historiadores favoritosm, habrá sido un placer documentarse. Beso su mano.
Monsieur, por lo menos Bernis resistió gallardamente: hasta los 40 años no se hizo sacerdote. Pero al final incluso él claudicó.
ResponderSuprimirFeliz domingo, monsieur
Bisous
Pues mirad vos, querida Madame, que yo hacía a Mark Twain dueño de esa frase sobre el clima del cielo. Se ve que el bueno de don Marcos se la agenció sin ningún rubor al no tan bueno Cardenal.
ResponderSuprimir"Je n'attendrai rien", sin embargo, para deciros que he disfrutado muy mucho con este nuevo artículo histórico.
Espero que estéis pasando unas agradables fiestas del solsticio, Madame. Beso vuestros delicados pies.
Pues en efecto, don Marcos la tomó prestada, madame.
ResponderSuprimirMuchas gracias y felices fiestas también para usted. Aun falta el fin de año! Espero que le queden fuerzas, jiji.
Feliz tarde
Bisous
Un personaje muy versátil y sumamente interesante, el bueno del Cardenal de Bernis
ResponderSuprimirEso sí, uno no debía de aburrirse con él.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Hola Madame:
ResponderSuprimirUna historia un tanto extraña. No se puede negar que él intento vivir a como se pudo.
Poco conocía de este caballero. Ya ve Ud que solo con los contacto se puede llegar alto, no solo en aquellos tiempos.....
Saludos Madame. Que la Navidad haya traído lo que esperaba.
Madame, éste señor no tenía desperdicio.
ResponderSuprimirSe supo buscar bien la vida, aunque al final le fuese un poco peor.
Me sorprende la rapidez con la que ascendía en cada empresa que acometía.
No era tonto, no.
Felices Fiestas.
Y lo logró, monsieur, lo logró.
ResponderSuprimirEspero que se haya puesto usted ya a recuperar fuerzas para las proximas fiestas.
Feliz tarde
Bisous
No era tonto, no, ni tampoco aburrido, por lo que se ve.
ResponderSuprimirFelices fiestas también para usted, monsieur, que aun falta más de la mitad.
Bisous
Éste sí que hizo de su capa un sayo. Me recuerda cuando Miguel Ángel le preguntó al Papa Julio II si prefería pintarlo con una biblia en la mano o con una espada; el Papa le respondió que le pintase con una espada, que él de libros entendía poco. Religioso para cargos y beneficios, vividor para el resto. Un cordial saludo, madeame, tras superar el día de navidad, un año más.
ResponderSuprimirBueno, religioso a partir de los 40, en vista de que no quedaban mas salidas. En realidad le fue mejor antes de eso.
ResponderSuprimirMonsieur, espero que para la siguiente fiesta ya este recuperado y pueda celebrarla comme il faut.
Buenas noches
Bisous
Madame, se me olvidaba comentarle que le tomé prestada la tarjeta navideña personal que me envió al correo, para colocarla en una entrada de felicitaciones navideñas (http://artetorreherberos.blogspot.com/2010/12/felicitaciones-navidenas-varias.html#comments). Espero que no le moleste. Bisous.
ResponderSuprimirUn personaje peculiar, Madame, y con una mente viva y mordaz.
ResponderSuprimirEn aquella época era normal que siendo segundón se viera relegado a la Iglesia, pese a mostrar él mismo poco interés en ello. Pero veo que se fue manejando bastante bien por la vida y que no fue hasta los 40 que hizo sus votos. Al fin que consiguiera ya disfrutar de ciertos placeres de la vida.
Sin desperdicio su respuesta: "Esperaré..." No me extraña que la usara en su escudo de armas.
Bisous Madame, veo que ha sobrevivido con bien a este primer fin de semana fiestero, ánimo que nos quedan menos.
Ay, monsieur, al contrario, muchas gracias, es un detalle por su parte.
ResponderSuprimirBisous
Fue audaz con esa respuesta, que pudo haber tenido el efecto contrario al deseado. El caballero asumía riesgos, no cabe duda.
ResponderSuprimirMadame, no se crea que he sobrevivido tan bien, no. Ando tocada y medio hundida. Por suerte ya queda menos.
Buenas noches
Bisous
Regreso después de unos días alejado del ordenador y me encuentro con este delicioso personaje, del que apenas tenía noticia. ¡Me ha encantado! Un bon vivant de ley.
ResponderSuprimirfeliz domingo, Madame
El caballero debía de ser realmente encantador. Vamos, de los que se puede invitar a la fiesta de Año Nuevo, seguros de que no la arruinará.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
La enemistad con la princesa de Roham Courcillon debió de ser fuerte, porque después de ayudarlo que se dedicaran esas palabras.
ResponderSuprimirBisous y buenas noches, madame.
Muy interesante personaje madame,hasta ahora me era desconocido....
ResponderSuprimiruna pequeña observacion... si Madame me lo permite.... la foto en la que dice Luis XV es mas bien su nieto, Luis XVI....
Hasta pronto Madame que tenga un buen dia
No, la frase fue de Madame de Pompadour. Pero sí, la amistad con la Pompadour fue fuerte y solida en realidad, monsieur, discrepancias aparte.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Ah pues en ese retrato esta demasiado guapo Luis XVI, monsieur Hugo. Se parece increiblemente a Luis XV.
ResponderSuprimirMuchas gracias, monsieur
Buenas noches
Bisous
Bueno, he puesto otro. Sobre este espero que no haya duda!
ResponderSuprimirBisous, monsieur, gracias nuevamente por la observación.
Me ha encantado conocer a este personaje y al leer la descripción de si mismo que hace en las memorias me he acordado de aquella máxima que dice que "la modestia es la virtud de los que no tienen otra"...Bisous,Madame.
ResponderSuprimir(El desenlace del resacuento está ya en escritores en la sombra :)
jiji, es curioso cómo se veía el caballero, o como pretendía que le vieran. Y comparar luego con cómo le veía Casanova en sus memorias.
ResponderSuprimirGracias, madame, buenas noches
Bisous
el tipo era un trepa, pero que supo vivir la mar de bien... a pesar de sus estrecheces no se privó de ningún placer...
ResponderSuprimirEso sí, lo tenía todo bien organizado, desde luego.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
vaya vida se dio el buen señor. ingenio y alta cuna ayudan a ir tirando en ese mar de tiburones que debía de ser la Corte. y lo que me ha llamado la atención es eso de que 'España le pagase una pensión'. qué rumbosos.
ResponderSuprimiren fin. espero que las fiestas no hayan hecho demasiados estragos, madame.
a ver cómo encaramos la semana.
bisous!!!
Bueno, es que España donde veía que quedaba un catolico allá iba de cabeza. Era como una obsesión. Si esos revolucionarios franceses del infierno le quitaban todo, la Catolica España tenía que hacer algo al respecto. Y luego no había para los españoles, claro, venga a pasar hambre todo el mundo.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, monsieur.
Bisous
Es un buen ejemplo para demostrar que la Iglesia en España era mucho más igualitaria que en Francia. Lo digo por lo de los dieciséis cuarteles de nobleza. Cisneros fue arzobispo de Toledo sin tantas caballerías aunque doy por seguro que era más caballeresco que todos esos abates. Por cierto, el Cardenal francés, tal y como aparece en el retrato, tiene cierto parecido con mi admirado Néstor Luján.
ResponderSuprimirReciba un saludo.
Jeje, pues puede que tenga usted razon: hay cierto parecido, sí. Es curioso.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, monsieur
Bisous
claro, si en el infierno están los amigos de siempre.
ResponderSuprimirY ademas se puede conocer gente muy interesante.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
No conocía la vida del cardenal de Bernis y menuda vida se llevó, a eso le llamo yo aplicar el “carpe diem”; vendría de una familia de aristócratas empobrecidos, pero supo sacarle provecho a sus relaciones. Eso sí, en lo que se refiere a su oficio, la fe brillaba por su ausencia.
ResponderSuprimirUn beso, madame, feliz semana.
Así es, madame. No era un hombre de fe, ni hubiera elegido ese camino de haberse abierto para él otras opciones.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
Que pases unas felices fiestas y que la armonía, la paz y la felicidad entren en tu hogar.
ResponderSuprimirun abrazo.
Muchas gracias, monsieur, igualmente para usted: felices fiestas.
ResponderSuprimirBisous
Me le imagino pomposo, fatuo y arrogante. La descripción de que iba vestido como una muñeca me ha dado pie a pensar en un pelucón empolvado, cara blanca, lunar movible y perfume mareante, jejje Encima se atreve a dar una descripción de sí mismo que no hace si no confirmármelo.
ResponderSuprimirBesos
Así, madame, en efecto, así debía ir, jiji. Lastima no tener retrato suyo de esa guisa!
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Me sorprende que terminase siendo Obispo, está claro que vocación no tenía pero si mucha habilida cortesana puesto que supo estar en los salones y compañias indicadas para conseguir medrar sin apenas hacer nada, tiene su mérito.
ResponderSuprimirmadame, viendo su aspecto orondo no le veo dedicado a las armas jijiii.
Bisous.
jijiji, quien sabe si hubiera seguido una carrera en la que tuviera que hacer un poco mas de ejercicio!
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
bisous
Singular personaje. A los 40 años se hace cura, pero que le quiten lo bailado. Un personaje asi está claro que en el infierno se divertiría bastante más.
ResponderSuprimirExcelente entrada, madame.
Reciba mis saludos.
Hola Madame
ResponderSuprimirNo sabéis todo lo que aprendo leyéndoos. Es una maravilla.
Debo decir que me ha encantado la figura de este conde y cardenal, vividor y poco religioso, hijo de su época y de sus circunstancias. Tal vez como compañía fuera agradable, sino dudo que le hubiera ayudado tanto económicamente.
Su autoestima y autocomplacencia enormes, y no sé cuál es el motivo, pero me ha caído simpático. Serán los siglos de diferencia.
La frase final, es estupenda.
Feliz noche, Madame.
Bisous.
Ya lo creo que se divertiría más allí, monsieur Antorelo. Bien lo sabía el, jiji. Lastima que haga tanto calor.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Gracias, madame. A mi tambien me resulta simpatico. Me gusta la gente que sabe cuándo no tomarse la vida demasiado en serio, lo que no es, por supuesto, todo el tiempo.
ResponderSuprimirCiertamente parece que era una compañía agradable. Supongo que es el secreto de que le fuera tan bien.
Buenas noches
Bisous
oohh es verdad madame.... es Luis XV... el error fue mio.... pero es que lo vi tan similar a Luis XVI, y no me percate de mi error..
ResponderSuprimirHasta pronto madame...