viernes, 12 de noviembre de 2010

Locusta la envenenadora


Locusta nació en la Galia durante el siglo I. Al vivir en el campo, desde niña aprendió a conocer las propiedades de las plantas, tanto las beneficiosas como aquellas más perjudiciales. Cuenta la leyenda que cada día probaba un nuevo veneno, hasta hacerse inmune a todos. Sus víctimas, en cambio, no habían tenido tal precaución. 

Se convirtió en esclava de Roma, pero no le fue mal. Logró hacer fortuna allí, puesto que sus conocimientos eran muy estimados. Su especialidad eran los llamados polvos de sucesión, a base de arsénico fundamentalmente, aunque también solía emplear setas venenosas, cicuta, beleño y otras plantas. Cuando había que deshacerse de un rival político o se deseaba cobrar una herencia, los romanos no tenían más que dirigirse a Locusta, porque, además, su trabajo era tan bueno que se conseguía que las muertes parecieran naturales. Se rumoreaba que la propia Mesalina había acudido a ella para librarse de Tito, el amante del que ya se había cansado. 

Agripina, última esposa del emperador Claudio, decidió recurrir a Locusta para desembarazarse de su anciano esposo. La emperatriz se entrevistó en secreto con ella y expuso el problema como si fuera una amiga suya la que precisaba de sus servicios. Locusta había sido sentenciada por envenenadora, de modo que Agripina le ofreció librarla de su condena a muerte si aceptaba el encargo. La mujer, por supuesto, accedió: nada tenía ya que perder. Al día siguiente le entregaba a Agripina una cajita llena de polvo blanco. Le indicó que bastaría con poner una pequeña cantidad en la comida de la persona que se deseara eliminar, y que haría efecto en tan sólo medio día. Al saber que a la víctima le gustaban mucho las setas, le dio además a la emperatriz unas trufas similares en apariencia, pero mortales. De ese modo el emperador iba a ingerir veneno por partida doble. Por si aún fuera poco, Locusta le proporcionó coloquíntida para apresurar los efectos del veneno, e impregnó en el mismo la pluma con la que se hacía vomitar al emperador al introducirla por su garganta. 


El 12 de octubre del año 54, después de haberle hecho servir mucho vino a su esposo, Agripina le llevó personalmente las setas. Ella misma comió una, y animó al emperador a probar la más grande. Claudio se abalanzó confiado sobre ellas. Al cabo de seis horas de haberlas ingerido comenzó la terrible agonía, hasta entrar en coma por fallo hepático y fallecer poco después. Durante todo ese tiempo Agripina no había dejado de mostrarse como esposa solícita, interesándose por la causa de su mal. 

La envenenadora aún tendría un nuevo golpe de suerte: la muerte del emperador no habría de ser el último encargo que recibiría por parte de la familia imperial. Ahora el sucesor era Nerón, el hijo de la emperatriz, y mientras Locusta se encontraba encerrada en un calabozo de palacio, Nerón quiso eliminar a Británico, el hijo de Claudio, un niño que cumplía 14 años por esas fechas. Para eso también él la necesitaba. El nuevo emperador le ofreció la libertad a Locusta si le hacía ese servicio. 

La envenenadora accedió y con ello no sólo resolvía su propia situación, sino que al mismo tiempo se convertía en una persona muy útil. Alojada espléndidamente en palacio, en los propios aposentos del emperador, hizo un primer intento de hallar el veneno adecuado al caso. Por un exceso de prudencia, para asegurarse de que no parecería un crimen, el primero no produjo los resultados deseados, y sólo tuvo como consecuencia una diarrea del joven. Nerón, desatada su furia, abofeteó a Locusta y la amenazó con la muerte si no cumplía eficazmente sus órdenes. Para asegurarse de no fallar la próxima vez, experimentó antes el veneno con una cabra. El animal tardó 5 horas en morir, lo que pareció demasiado lento a Nerón. Por tercera vez prepara Locusta su veneno y lo ensaya en un cerdo, que por fin muere con la prontitud apetecida. 

Nerón y Agripina

Poco después le llegaba la hora a Británico. Sucedió en un banquete del emperador, con un vino. Aunque fue probado primero por un catador de venenos, estaba demasiado caliente y hubo de ser refrescado con agua. El arsénico y la sardonia iban precisamente en esa agua. En pleno banquete Británico comenzó a sufrir horribles convulsiones. Nerón, impasible, le restó importancia afirmando que se trataba de uno de sus ataques epilépticos e hizo que lo sacasen del salón. 

Ninguno de los presentes osó expresar en voz alta las sospechas de que el hijo de Claudio había sido envenenado. Horas más tarde moría Británico y era enterrado esa misma noche. Su cadáver se quemó y se enterró en el Campo de Marte sin demasiada pompa y sin disimular la precipitación. Dion y Tácito mencionan que en ese momento cayó una violenta lluvia que delataba la furia de los dioses. 

Nerón colmó de honores a Locusta, le regaló tierras de gran valor y le permitió abrir una escuela para instruir a otros en los secretos de las plantas. Los venenos se probaban allí sobre animales, y a veces sobre criminales convictos. Llegó a vivir en un barrio agradable cerca del Palatino, y eran muchos los ciudadanos poderosos que frecuentaban su hogar en busca de algún remedio. Sus costumbres eran bastante rutinarias. Se acostaba temprano “a menos que la visitara algún amante anónimo”, y paseaba a sus perros, que cambiaba con frecuencia porque experimentaba sus venenos con ellos y con los esclavos que a nadie importaban. Tácito dice que el emperador hacía tanto aprecio de ella que, por temor a perderla, tenía varios hombres destinados únicamente a vigilarla. 


Pero tras la caída de Nerón se acabó la suerte de Locusta, ya que Galba la acusó de unos 400 asesinatos en enero del año 69. El castigo fue ciertamente extravagante: según Apuleyo, el nuevo emperador ordenó que fuera atada y violada públicamente por una jirafa amaestrada, para luego ser despedazada por los leones. 

Locusta se había convertido en la primera asesina en serie documentada por la Historia. 



Bibliografía:
Mujeres perversas de la historia – Susana Castellanos de Zubiria 
Historia de los emperadores romanos desde Augusto hasta Constantino – Jean Baptiste Louis Crevier. 
Discursos pronunciados en la inauguración de las sesiones de la Real Academia de Medicina en el año de 1880 a 1881 
Manual de historia romana – Philippe Le Bas

40 comentarios:

  1. Menudo elemento estaba hecha la envenenadora. Vaya curriculum. Ahora que su muerte no fue menos horrible. ¿Cómo se las apañará una jirafa para tamaña monstruosidad? Mira que había oído cosas, pero como ésta...
    Feliz fin de semana.

    ResponderEliminar
  2. Leve me parece a mí el castigo, Madame, si me permitís un arranque de sinceridad. Menuda zorra la señora.
    Sólo hace unos días estuve viendo "Yo Claudio", la magnífica serie que, basada en la obra de Robert Graves, realizó la televisón británica allá por los setenta. Creo q ningún otro actor ha interpretado tan bien al pobre emperador tartamudo con la maestría que lo hizo Derek Jacobi. Por cierto, que en la escena del envenenamiento, él parece estar seguro de q la seta que le ofrece amorosamente su esposa está envenanada, pero parece cansado de luchar y de autoprotegerse en ese mundo de intrigas y asesinatos en familia, en el que le tocó vivir desde niño.

    Siempre salgo de su palacio con una sonrisa de satisfacción, Madame :-) Beso sus delicados pies.

    ResponderEliminar
  3. Me encantaba "Yo Claudio"...

    Pobre Británico, Madameque suerte tan terrible y pobre jirafa también, jeje...

    Feliz fin de Semana.

    ResponderEliminar
  4. Monsieur, la verdad es que no sé de qué sería culpable la pobre jirafa, para merecer tal castigo tambien.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  5. A mi tambien me encanta esa serie, madame. la he visto un par de veces.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  6. Otra admiradora de esa mitica serie, por lo que veo. Una de las mejores que he visto, en efecto, y una estupenda adaptacion de la obra de Robert Graves, que tambien recomiendo.

    Feliz tarde

    bisous

    ResponderEliminar
  7. ¡ Menudo oficio tenía la señora ! si bien es cierto que gente como ella era muy apreciada en la antigua Roma pues poseían grande habilidades no sólo para fabricar venenos sino otros bebedizos y pócimas también beneficiosas, pues eran grandes conocedores de sus efectos y buenos botánicos.
    Lo más curioso es la forma en que fue ejecutada... en fin.
    Muchas gracias por la entrada Madame, nunca se deja de aprender en este blog por lo que veo.

    ResponderEliminar
  8. La verdad es que le daban muchas vueltas para matar a sus adversarios. Siempre era de la misma manera, envenenándoles, pero elegían distinto veneno y lo suministraban de manera diferente. La estratagema para matar a Británico es un argucia digna del más refinado de los asesinos.

    Lo de la muerte de Locusta me ha dejado k.o. ¿Violada por una jirafa?

    Besos

    ResponderEliminar
  9. Curiosamente, monsieur, entre tantos conocimientos de plantas como tenia, resulta que a la gente no solia ocurrirsele ir en busca de sus servicios para sanar, sino para matar. Ay, estos romanos!

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  10. Sí, madame, lo de esta gente con el veneno era pasión. Pero a veces tambien empleaban el puñal. Que se lo digan a julio Cesar, por ejemplo.

    Feliz tarde,madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  11. Otra dama histórica de armas tomar Madame.

    En la Universidad, en la asignatura de Historia de la Medicina se hace referencia a esta dama, y su fama de envenenadora.

    Asesina en serie....Hasta hacía parecer la muerte como natural. Los forenses se hubiesen dado banquete con la dama.

    Saludos

    ResponderEliminar
  12. Y sin embargo había sido descubierta y condenada. No hay crimen perfecto, monsieur, ni siquiera en las peliculas de Hitchcock, jiji.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  13. Madame,
    pues mire usted que la veo yo como una mujer vengadora de tantas mujeres que la precedieron sin saber ya sus nombres... Como reclamando su derecho a pasar a la Historia...

    Feliz noche.

    ResponderEliminar
  14. A ella en realidad le daba igual matar hombres que mujeres, mientras le pagaran bien. No creo que en su animo estuviera vengar a nadie, ni que alguna vez se le hubiera ocurrido pensar en otros. Pero a la historia pasó, desde luego. Tristemente, pero pasó.

    Buenas noches, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  15. "Locusta"... "Lucrezia" ... Será que habrá que cuidarse de las mujeres cuyos nombres empiecen con la letra "L"? Jeje

    Ha sido una lectura interesantísima. Gracias por compartirla.

    ResponderEliminar
  16. Gracias a usted por la visita, madame.

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
  17. Uf. Me ha dejado usted un cuerpo de escombro, Madame. ¡Vaya personaje! y, por cierto, vaya secundarios también. A Claudio no puedo evitar tenerle simpatía: tanto la serie de TV como el libro de Graves forman parte de mi juventud.
    En cuanto al fin de Locusta: no puedo decir que me alegre, pero...
    Feliz viernes, Madame

    ResponderEliminar
  18. Tener unos empleadores como los romanos significaba trabajo en abundancia y un final atroz .
    Locusta no fue la excepcion ,aunque sobrevivir a Neron ya merecia el olimpo
    Un abrazo madame y buen fin de semana

    ResponderEliminar
  19. Hola Madame

    Mejor ser amiga de esta mujer que su enemiga aunque no me fiaría mucho por si acaso...

    Tremenda historia. Aunque no se quien de todos ellos era el más asesino, si quien ordenó la muerte o quien la ejecutó. Tal vez, todos.

    Feliz fin de semana.

    Bisous.

    ResponderEliminar
  20. Y sus amantes se fiaban de ella? Lo de la jirafa parece un poco complicado pero de estos romanos podemos esperar cualquier cosa.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  21. Lo de la jirafa es propio de la teatralidad de los romanos, bien que sabían de su efecto propagandístico, que hasta hoy día, se comenta.
    Gran articulo, tenemos casi una Hypatia romana, con menos escrupulos y quien sabe si empujada a coger este camino en la ciencia, pero tuvo que tener una vida bastante interesante.

    Gracias Madame. Feliz Sabado

    ResponderEliminar
  22. La serie Yo Claudio ha sido una de las mejores adaptaciones de una gran obra. Y eso que no es mi favorita de Robert Graves. Pero el Claudio televisivo resulta inolvidable.

    Feliz sabado, monsieur Xibeliuss

    Bisous

    ResponderEliminar
  23. Tiene razon, monsieur. No todo el mundo podia decir lo mismo, jiji. Habia superado lo mas dificil,pero acabo cayendo.

    Feliz sabado

    Bisous

    ResponderEliminar
  24. Desde luego, madame, sobre todo en unas circunstancias en las que ella no podia negarse. Lo malo es que en 398 casos más sí hubiera podido negarse perfectamente.

    Feliz sabado, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  25. jeje, supongo que los amantes no se quedarían a cenar ni brindarían con ella, madame.

    Feliz sabado

    Bisous

    ResponderEliminar
  26. Caramba, monsieur, menuda comparacion, jiji.
    Bueno, ella llegó a ser muy sabia en una rama de la ciencia, en efecto. Lastima que no empleara sus conocimientos para otras cosas.

    Feliz sabado

    Bisous

    ResponderEliminar
  27. Pues vaya con Lacusta. Sabía que Claudio había sido envenenado por su mujer, Mesalina, pero no sabía que Nerón recurrió también a Lacusta para matar al hijo de Claudio, Británico. Ahora entiendo el cambio de la dinastía Julio-Claudia. Si dolorosos debían ser las muertes por sus venenos, la muerte que le impusieron a ella también debía ser dolorosa, ser violada por una jirafa, Dios mío. Que muertes tan raras imponían estos romanos. Que tenga muy buena tarda, madame. Bisous.

    ResponderEliminar
  28. Monsieur,no se les podia negar imaginacion a los romanos, eh? Para que no los acusaran de recurrir siempre al poco imaginativo veneno, ya ve qué alternativas tenian.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  29. Madame, estoy estupefacto.
    No solo por la meticulosa y retorcida metodología de la envenenadora, sino también por lo de la jirafa.
    Como diría Obèlix, están locos estos romanos.

    Feliz Domingo.

    ResponderEliminar
  30. La verdad, monsieur, que no sé qué habría fumado el juez, pero se lució.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  31. ¡Mon Dieu, Madame! Violada por una jirafa amaestrada, desd luego eran odos unos asesinos pero imaginación si le echaban
    Me pregunto si esta envenenadora profesional podía dormir tranquila,
    es uno de los relatos más escalofriantes que he leido teniendo en cuenta que no es fició.
    Bisous.

    ResponderEliminar
  32. He entrado por primera vez en tu blog y me gusta lo que escribes. Te sigo. Te mando el nombre del mío: tijerasdepapel, por si quieres echarle un vistazo.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  33. Madame, seguramente dormía muy tranquila. No debia de valorar en nada la vida ajena.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  34. Monsieur, muchisimas gracias y bienvenido a este espacio. Espero que no se arrepienta :)

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  35. Muchas gracias por deleitarnos con pedacitos de la historia tan cuidadosamente tratados, resumidos y elaborados; estoy fascinada con este tipo de información y siempre me ha gustado estudiar historia de una manera aficionada, nunca con la intención de dedicarme profesionalmente a ello porque para recordar las fechas tengo una memoria espantosa, aunque menos mal que con los nombres cambia la cosa.
    A ver si saco tiempo libre y termino de leerme unas cuantas entradas anteriores que has publicado y que por ahora tengo pendientes.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  36. Muchas gracias, madame. Espero que las pendientes sean tambien de su agrado.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  37. ¡Qué aproveche! Cualquiera se pegaba un banquete con tanta trama conspiratoria.
    Ser amante suyo también sería una responsabilidad, pobre del que osara a dejar insatisfecho su deseo.

    Eso son brotes verdes para acabar con el paro y lo demás tonterías.

    Gracias por sus interesantes historias, milady.

    Un brindis sin aditivos, ¡salud!

    ResponderEliminar
  38. ¡Vaya un especímen...! Pobre jirafa. Besitos, dame.

    ResponderEliminar
  39. Madame, cuánto estrés habrán sufrido aquellos poderosos y malvados.

    Ahora, los políticos matan de otras mil formas.

    Bisous.

    ResponderEliminar
  40. Si ya consideran cruel y malvada a Locusta la envenenadora romana pues lean un poco de Isabel Bathory La Condesa Sangrienta que se bañaba en sangre y por lo menos cobro 600 victimas , Fredegunda reina de Neustria que con tal de tener riquezas y poder recurrió a todo tipo de intrigas y engaños o Agripina la menor que para que su hijo fuera emperador cometió todo tipo de atrocidades ,léanlas se sorprenderán de la sangre fría de estas mujeres de Historia.

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)