sábado, 6 de noviembre de 2010

Lance de honor en el Madrid de los Austrias

Carlos II

Siguiendo la propuesta de Carolus II, Hispaniarum et Indiarum Rex, Gabachorum Marchio et Libera Ilustratione Ecclesia Cardinalis, nos sumamos a la conmemoración por el 350 aniversario del nacimiento del rey Carlos II de España con un texto sobre la corte de su época, y concretamente sobre aquellos viejos lances de honor. 

El relato comienza cuando el futuro rey Carlos II cuenta tan sólo dos años de edad. Era una mañana del mes de marzo de 1664. Al llevarle el almuerzo a la infanta, todos los señores presentes se quitaron el sombrero, según prescribía la etiqueta. Todos menos uno: Domingo de Guzmán, hijo del duque de Medina de las Torres, quien, al parecer despistado, olvidó hacerlo. Los presentes le llamaron la atención, pero Guzmán se molestó por la advertencia y, orgulloso, no rectificó. 

El asombro fue grande en cuantos le rodeaban. El duque de Montalvo reaccionó airadamente. Él y el atribulado Medina de las Torres recurrieron al rey, que les concedió audiencia para tratar de aquel enojoso asunto y ver qué corrección debería imponerse al insolente joven. La discusión se prolongó hasta las 5 de la tarde, cuando finalmente se decidió que el culpable saliera desterrado de palacio. 


Guzmán galanteaba por entonces a María de la Cueva, hija del marqués de Bedmar, pero ante la ausencia de su galán la joven lo reemplazó por otro, un hombre más maduro: tenía 33 años además de una esposa, cuatro hijos y un quinto que venía en camino. Se trataba del marqués de Almazán y de Monteagudo. Su hermana estaba casada con el único hijo varón de Castrillo, de nombre también Gaspar, y ambos cuñados estaban cortados por el mismo patrón: mujeriegos, jugadores y pendencieros. 

El 22 de mayo, indultado ya el ofensor, apareció Guzmán en la fiesta de comedia que se daba en palacio. María volvía a tener ojos sólo para él, ignorando por completo a su última conquista. 

El antiguo galán sintió el irresistible impulso de alardear de su triunfo ante el nuevo, de modo que, a la salida, le preguntó con sorna a Gaspar por qué estaba triste. “El interpelado, entre cuyas poquísimas virtudes no se encontraba la paciencia, respondió iracundo que si quería verle alegre, le acompañara de paseo hasta la puerta de la Vega” 

Pasadizo de San Ginés, Madrid (Foto J. L. de Diego)

El lugar era, junto con el Pasadizo de San Ginés, escenario de abundantes duelos y venganzas en el Madrid del siglo XVII. No era una ciudad tranquila en la época que nos ocupa. Los delitos más abundantes eran los de carácter violento, especialmente asesinatos, homicidios, reyertas, desafíos y amenazas. Parece que la razón para ello estaba en la tenencia generalizada de armas y en la costumbre tan extendida en el reino de resolver los asuntos de modo privado, en especial las ofensas contra el honor, tema en el que la nobleza se mostraba particularmente sensible. 

El desafío de Guzmán, naturalmente, fue aceptado al instante. Ambos se dirigieron al lugar acordado y desenvainaron sus espadas “a la trémula luz del farol votivo de la Almudena”. 

Los lances de honor por causas parecidas eran en Madrid cosa cotidiana, a pesar de la severidad con la que el Consejo de Castilla intentaba reprimirlos. Cuando los duelos no eran interrumpidos por alguaciles o corchetes, solían concluir con una reconciliación tras una herida leve o un pequeño rasguño. Pero en esta ocasión no fue así. 


El marqués tenía ventaja sobre su rival, tanto por su estatura y corpulencia como por su edad y experiencia en el manejo del arma, pero la suerte no le favoreció. Guzmán, consciente de su inferioridad, se defendió agachándose con el brazo totalmente extendido, y el enfurecido marqués le acometió con tal ímpetu en ese preciso instante que él mismo se ensartó en el arma. La punta le entró por el pecho y le salió por el ombligo. El marqués de Almazán fallecía a la mañana siguiente a consecuencia de las heridas.


Bibliografía:
Vida y reinado de Carlos II - Duque de Maura

46 comentarios:

  1. Madame muchísimas gracias por la colaboración. Excelente, además no conocía la historia de este duelo con el hijo del Duque de Medina de las Torres.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Ya sabe que tengo debilidad por estas historias de duelos, y en eso el Madrid de la epoca nos ofrece tanto material como Francia. He estado en mi salsa con este relato.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  3. Madame, usted siempre con las intrigas, los galanteos y los duelos de honor en las cortes europeas que, por cierto, me encantan. Curiosa la anécdota y preciosa la foto del pasaje de San Ginés, uno de los rincones más bellos de Madrid. Que tenga muy buen fin de semana. Bisous.

    ResponderEliminar
  4. Coincido con Paco: uno de los más bellos rincones de Madrid -si consigues abstraerte de la discoteca justo al lado.
    Feliz día, Madame

    ResponderEliminar
  5. Vaya, la que arman por no quitarse el sombrero...
    No conocía (para vergüenza mía) nada sobre este rey, madame. Como siempre sus entradas son de lo más didácticas.
    Gracias.
    Besos.

    ResponderEliminar
  6. ¡Qué poco valía la vida de un hombre en aquellos tiempos tan agitados! Muy buena y original aportación al tema monográfico que nos traemos entre manos.
    Un saludo, madame.

    ResponderEliminar
  7. Gracias, monsieur Paco. Que quiere usted de una mosquetera!

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
  8. Si es que tienen unas ideas a la hora de hacer discotecas, monsieur...

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
  9. Pues madame, no se preocupe que estos dias quedará de él hasta el gorro.

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
  10. Se mataban por cualquier cosa, es verdad. Aunque tambien es cierto que no solian terminar en muerte esos lances. No creo que en mayor proporcion que en las actuales peleas de borracho, en fin de semana y con mucho menos glamour.

    Feliz sabado, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  11. Menuda pelea de "gallitos", Madame!

    Parece que, en aquellos tiempos, el honor tenía un valor muy superior al de la propia vida...

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  12. Así es, monsieur. Teoricamente era lo mas preciado. Y no digamos si se complicaba con los celos :)

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
  13. ¡En que conflicto se involucraban estos nobles caballeros! En aquella época el honor y la honra se defendían a muerte con un afán inquebrantable. Cautivante el relato de hoy, Madame.

    Besos y buen fin de semana

    ResponderEliminar
  14. Ya sabe usted la debilidad que tengo por estas cosas, jiji. Y pensando en un tema que no pudiera ser muy repetido hoy, se me ocurrió este aspecto del Madrid de la epoca, que a mi me resulta apasionante.

    Feliz fin de semana,madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  15. Me ha hecho muy feliz con esta entrada Madame (lo hace siempre, la verdad, pero usted sabe lo que me fascinan los duelos de honor y todo el protocolo que ello conlleva). He leído expectante cómo los caballeros se batían a la luz de una farola, tan dispares sus condiciones físicas y sin embargo sin amilanarse ni uno ni otro. Cierto que en la época en España esto acontecía cada dos por tres... ¿sabía usted que mi querido poeta romántico Bécquer se retó a duelo con otro hombre que andaba en amores con su esposa? Ainssss

    Besos y feliz sábado

    ¿ha sabido algo más de aquel asunto de ayer?

    ResponderEliminar
  16. Fíjese, madame, todavia en su epoca romantica estaban a la orden del dia. Fue algo muy dificil de erradicar. Y a mi es que me fascina, no lo puedo remediar, jiji.

    Sobre el asunto me he limitado a seguir el consejo de monsieur Xibeliuss, incluyendo un pie de entrada solo para el feed, y hacer constar ahi mi identidad y mi blog.

    No sé, es que era muy extraño. Estaba tan mal escrito todo que era como si fragmentos de mis textos fueran a parar accidentalmente a esa pagina mientras la maquina que los copiaba pretendía en realidad copiar otra cosa, o algo asi. Pero bueno, he pensado que esta todo tan ilegible que tanto da, porque por ahí nadie puede seguir mi historia.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  17. Las manchas del honor sólo con sangre se lavan ;)

    Entre mis poquísimas virtudes tampoco se halla la paciencia...mis simpatías están con Gaspar. Feliz tarde, Madame. Bisous

    ResponderEliminar
  18. Madame, en eso coincidimos: la paciencia tampoco es precisamente mi fuerte. Tengo muy poca, y por eso hago que el gatito avise que no deben buscarnos tres pies, porque maldita la gracia que puede tener la cosa. La que avisa no es traidora. No obstante, una va mejorando el problema con los años.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  19. Si es que no se puede embestir sin cabeza... que pasa lo que pasa ...

    Una gran entrada para una gran época...

    Buen finde madame...

    ResponderEliminar
  20. Y pensar que todo empezó porque al pobre se le olvidó quitarse el sombrero...
    Muy interesante esta historia del duelo.

    ResponderEliminar
  21. jejeje, cuanta razon tiene, monsieur. Ay esas cabezas, donde estaran a veces. Qué prestos a lanzarse siempre uno contra otro.

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
  22. Fijese, madame, esto parece aquello de "por un clavo una herradura". A veces el episodio mas nimio lleva a extremos insospechados.

    Feliz fin de semana

    bisous

    ResponderEliminar
  23. Apasionante relato dentro de una época ya apasionante de por sí donde frases como "Mas vale Honra sin barco, que barco sin Honor" tenían pleno significado.
    Gracias Madame.

    ResponderEliminar
  24. Gracias a usted, monsieur. Realmente eran los tiempos en los que la palabra honor aun tenia un significado, aunque a veces fuera mal entendido.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  25. Desde que me advirtió usted, señora, que era tremenda en el manejo del florete he estado algo preocupado, y ahora llego a ver su aportación a este señalado aniversario, aportación excelente por cierto, y me encuentro con un duelo mortal, por causa insignificante. Quedo más preocupado aún.
    Le doy las gracias por su nueva visita y palabras tan amables como inmerecidas. Beso sus dos manos.

    ResponderEliminar
  26. Madame:

    Ya sabe lo que me gusta su prosa. Interesante duelo donde se batía también el amor de la Dama.....

    El amor hace perder las cabezas....

    Saludos.

    ResponderEliminar
  27. Madame, vos siempre con estas aventuras tan amenas que nos meten de pleno en aquellos tiempos.

    Saludos, condesa

    ResponderEliminar
  28. No se preocupe, monsieur: generalmente soy inofensiva. Pero los hidalgos españoles es que generalmente se baten por cualquier cosa, qué barbaridad.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  29. Ay monsieur, el amor, la arrogancia, el orgullo, la testarudez... siempre son un cumulo de cosas lo que se oculta tras una gran insensatez.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  30. Monsieur, no lo puedo remediar, ya sabe, jiji. Yo es que veo un florete y ya entro en trance.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  31. Para Guzmán: Mas vale maña que fuerza

    Para Almazán: Quien mucho abarca, poco aprieta...

    Madame, como es eso de que le entró por el pecho y le salió por el ombligo? el Marqués estaba de cabeza, tal vez? jajaja.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  32. Estaba ladeado, monsieur, jiji. El arma llevó un recorrido transversal desde arriba.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  33. Como Medina que soy, siento lo que hizo, y que se debía de haber disculpado. Yo habría pedido perdón.
    A bientot, Dame Masquée

    ResponderEliminar
  34. Monsieur, el orgullo de la nobleza no tenia limite. Antes partido que doblado, jiji.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  35. Madame, un buen retrato del Madrid caótico e Imperial, muy bien acompañado con las fotos de Alatriste.
    Saludos de otro participante en el evento.

    ResponderEliminar
  36. Muchas gracias, monsieur, muy amable.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  37. Qué tiempos aquellos, en los que, ante cualquier riña de nada, se defendía el honor en un duelo.

    ¿No habría mejor forma de arreglar las cosas?

    Por cierto, Madame, la primera fotografía de los espadachines, está hecha en la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, bello monumento que se encuentra en un precioso rincón de Andalucía, desde el que escribo estas líneas: Úbeda. La película "Alatriste" fue rodada, en gran parte, en esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. :)

    Buenas noches y feliz domingo.

    ResponderEliminar
  38. Ah, mire, monsieur, con razon conoce usted tan bien el monumento! Por un instante me habia sorprendido su precision a la hora de reconocerlo así tan a oscuras, jiji.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  39. Un lance de capa y espada digno del teatro dle siglo de Oro, ¿no le parece? A mí, por mi parte, no hubiese gustado demasiado pulular por esas calles repletas de rufianes, ladrones y mercachifles, porque a la mínima salía uno con los pies por delante por menos de un estornudo.

    Besitos

    ResponderEliminar
  40. Razon de mas para que a mi me hubiera encantado, madame, jijiji, ya me conoce.

    Feliz domingo

    Bisous

    ResponderEliminar
  41. Madame,
    qué buena idea la de nuestro amigo el Rey Carolus... Aunque lamento que sea en recuerdo de tan dramático y fatídico rey para nuestro país.

    Un toque de romanticismo y mito la entrada de hoy.

    Feliz noche.

    ResponderEliminar
  42. Madame, yo nunca celebro por mi cuenta el nacimiento de ningun rey, ni siquiera en mi corte del rey sol.
    Pero por cortesía hacia monsieur Carolus me pareció oportuno sumarme a la propuesta con uno de mis temas favoritos :)

    Buenas noches, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  43. Desde luego, la vida debía valer poco, si estaba siempre por detrás del honor. Y bueno, que las armas las carga (o las maneja) el diablo y es casi imposible salir con bien de semejantes encuentros. Y también esta historia ejemplifica qué equivocados están quienes creen que van sobrados... Lo que me ha llamado la atención es que la espada entrara por el pecho y saliera por el ombligo. No sé, se me hace rarísimo.

    Besos, querida dame, siempre logra usted arrancarme una sonrisa.

    ResponderEliminar
  44. Jeje, cómo se ve que no practican ustedes esgrima. Se pone uno de lado, no de frente, y por eso le entró el arma por un lado del pecho y le salió por el lado opuesto del vientre.

    Buenas noches, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  45. Entretenida recreación. Vaya estocada le metió, milady.

    La última batida que recuerdo de ese tipo la pude ver entre machos cabríos, este verano. Todavía retumban en mi interior los chasquidos producidos por el choque de sus cornamentas.

    Los duelos por mujeres siguen existiendo hoy en día, pero no mantienen ese componente romántico y honorable que trasladan los cronistas de época.

    Mis respetos milady, no me quito el sombrero porque no lo llevo.

    ResponderEliminar
  46. Muchas gracias, monsieur. Un gesto muy galante en todo caso :)

    Feliz comienzo de semana

    Bisous

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)