Isabel I Petrovna
La emperatriz Isabel, segunda hija de Pedro el Grande, nació en 1709. Su padre siempre había querido casarla con Francia, y cuando la primera prometida de Luis XV, una infanta española de cinco años, fue devuelta a su país tras la ruptura de un compromiso que había dejado de ser conveniente, otras diecisiete princesas europeas entraron en liza como candidatas al trono francés. Una de ellas era Isabel. No resultó elegida, a pesar de que su madre, la emperatriz Catalina I, una vez viuda decidió proseguir la lucha por la consecución de las ambiciones de su difunto esposo. Todo en vano, pues Luis XV contraía matrimonio con María Leczinska, hija del destronado rey de Polonia.
Al morir su madre y su sobrino, el zar Pedro II, Isabel pudo haber ocupado el trono de Rusia, pero los ambiciosos aristócratas la apartaron para situar en él a otra persona más fácil de dominar: su prima Ana Ivanovna, duquesa de Curlandia. A fin de cuentas Pedro el Grande había abolido la ley de sucesión tras los problemas que tuvo con su hijo Alexis. La nueva ley dejaba al zar libertad para elegir a su sucesor, pero la arbitrariedad del criterio y la ausencia de regulación del tema abría el camino a las conspiraciones y golpes de Estado, traduciéndose a la postre en un aumento del poder del Consejo Supremo para designar al heredero.
Pedro el Grande
La nueva emperatriz tampoco tendría en cuenta los derechos de Isabel a la hora de nombrar un sucesor. La hija de Pedro fue relegada en favor de otro pariente, Iván de Brunswick; pero Isabel lograría triunfar sobre la odiada familia Brunswick y sus partidarios germanos con ayuda del embajador francés en la corte de San Petersburgo. Era éste Jacques-Joachim Trotti, marqués de La Chétardie, descrito como “figura byroniana rápida de ingenio pero superficial de talento”.
El día de su llegada a San Petersburgo, el embajador recorrió las calles de la ciudad en la carroza real, acompañado de un impresionante cortejo de jinetes, hombres de a pie, lacayos, pajes y correos. La emperatriz Ana le recibió solemnemente sentada en el trono, luciendo la corona. No sabía que ese día comenzaba una gran aventura en la que Isabel, entonces de 28 años, iba a desempeñar el papel de heroína.
Isabel era una mujer hermosa y vivaz, poseedora del raro don de establecer buenas relaciones con hombres de toda clase y condición. Su figura era espléndida, tenía ojos azules, hablaba francés correctamente y bailaba el minueto con maestría. Mujer apasionada, excelente amazona, elegante, ella imponía la moda; el encanto y la agudeza que emanaban de su persona cautivaron desde el primer momento al embajador, que pronto se convirtió en su amigo y parece que, con el tiempo, en uno de sus amantes, por otra parte bastante numerosos. El francés nunca dejó de ser un ardiente partidario suyo.
La Chétardie
El embajador frecuentaba el palacio real en su compañía y la entretenía con anécdotas de Luis XV, hablándole de sus muchas prendas y del interés que sentía por ella. Isabel lo escuchaba con pasión y aprendía a apreciar las costumbres y la etiqueta occidental tanto como la de su amada Rusia.
Mientras tanto, los proyectos matrimoniales hechos para ella habían ido fracasando. Unas veces renunciaban por otro partido que consideraban mejor y en otras ocasiones, incluso, fallecían. Su último prometido había muerto de viruela.
La emperatriz Ana la detestaba. Aún así, pudo contar con una pequeña corte a su alrededor. Estos eran amantes o confidentes. Isabel se sentía sola y necesitaba compañía y afecto. Algunos de sus romances y tórridos amoríos fueron con los Chouvalov (Alejandro y Pedro), con Miguel Vorontsov y con Lestocq y Schwartz. Su gran amor de juventud fue el Conde Simon Narishkin, del cual fue separada violentamente. Era adorada por los oficiales y soldados de la guardia, entre otras cosas porque aceptaba ser madrina de sus hijos. A veces se alojaba en una casa de campo en la que recibía a los soldados. Entre sus amantes se encontraba Alexis Razoumovski, con quien acabara casándose en secreto en 1742. A pesar de todo, era una religiosa devota, aunque tal vez no muy fiel seguidora en cuanto al cumplimiento de las normas morales. El clero apreciaba su devoción y le perdonaba su vida disoluta, viendo en ella a la sola heredera de Pedro I.
Vorontsov
En 1740, al cabo de un año de la llegada de la Chétardie a Rusia, moría la emperatriz Ana. Mientras yacía en su lecho de muerte, la gente esperaba que Isabel heredaría esta vez el trono, pero no fue así. Finalmente el nuevo zar fue el protegido de Ana, su sobrino nieto Iván VI, un niño de apenas un año de edad. Su madre sería la regente. De ese modo la aborrecida familia de los Brunswick empuñó las riendas del país.
La revolución estaba por empezar. Las intrigas y conspiraciones estaban servidas; correos secretos iban y venían de San Petersburgo a Moscú, e Isabel era vigilada día y noche por la regente, consciente de que la hija de Pedro era la favorita tanto del pueblo como del ejército.
Continuará









Si el pueblo y el ejército eran partidarios de Isabel, estaba claro que tarde o temprano iba a estallar algo.
ResponderSuprimirPor otro lado destacar qué parecidos eran los miembros de la realeza en todas partes de Europa, los lazos consanguíneos entre ellos obraban en aquellos tiempos el milagro de la similitud.
Un saludo.
Usted cree? No sé, los padres de Isabel no eran ni medio parientes. La madre de Isabel, la emperatriz Catalina, fue una sirvienta.
ResponderSuprimirEn realidad a Isabel la encuentro mas guapa que a sus familiares, y tal vez sea por eso.
Feliz tarde, monsieur
Bisous
Debe ser entonces la moda, lo que se llevaba entre la gente digamos de postín. Francia hacía furor.
ResponderSuprimirEso sí, y ademas el estilo al pintar los retratos era muy repetitivo: las mismas modas, las mismas posturas... al final quedaba poca personalidad, por bien ejecutada que estuviera la obra.
ResponderSuprimirBisous, monsieur
Una mujer de gran talento, sin duda, si se hizo querer por el pueblo, el ejército y hasta por el clero aunque no les hiciera caso. Esperamos la continuación, Madame.
ResponderSuprimirFeliz domingo. Bisous
La suya fue una vida de pelicula, madame. Me fascina esta mujer.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Hoy nos trae usted a una mujer del frío, pero con la cabeza bien amueblada y nos deja esas intrigas de una corte tan misteriosa y atractiva como la rusa, posteriormente soviética. Un cordial saludo, madame.
ResponderSuprimirAsí es, monsieur, para mí esta mujer fue tan fascinante como el de la famosa Catalina II, aunque mucho menos conocida.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Pero, ¿todos esos amantes frecuentaba la cama de la dama todos a la vez? Veo que los dos hermanos de nombre ruso impronunciable, sí. Isabel, qué mujer más insaciable.
ResponderSuprimirSeguro que sus ansias de poder no le iban a la zaga que los amorosos.
Besos
Madame:
ResponderSuprimirUna dama interesante como siempre.
De ella tenía algunos datos.
Era inteligente. Ganarse el apoyo de los militares y de la corte en general, le sirvió a fin de cuentas.
Una historia apropiada para la época Madame. En mi pueblo estamos a 0ºC..... ;D
Espero la continuación
Saludos
Una mujer admirable al parecer que despertaría muchas envidias en la corte, madame.
ResponderSuprimirEse final me ha dejado intrigada. Todos sabemos de sobra que es el pueblo el que tiene siempre el poder, y el día que decide tomarlo, hasta la casa real tiembla. Un as en la manga para Isabel el tenerlo de su parte juntamente con el ejército. Veremos cómo termina la historia.
Besos.
No necesariamente todos a la vez, madame Carmen. Tuvo una vida larga. Por otra parte, esos dos hombres eran hermanos... pero no siameses! jiji, donde se metía uno no tenía por qué ir acompañado del otro. El hecho de que fueran hermanos no significa que fueran sus amantes al mismo tiempo.
ResponderSuprimirY, efectivamente, no se iba a dejar despojar, no.
Feliz tarde
Bisous
Sí, era inteligente y tenía valor, no cabe duda. Supo manejar muy bien la situación.
ResponderSuprimirPues si, jiji, el tiempo inspira historias rusas!
Feliz tarde, monsieur
Bisous
A punto estuvo de terminar en un convento por el peligro que representaba para los gobernantes, madame. Se vio en serios apuros.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Oiga, pues como La Chetardie, yo también me pongo de parte de Isabel. Me ha gustado. Inteligente, elegante…buena amazona y hermosa según se aprecia en el cuadro. Veré en la continuación si la historia complace mis deseos. Creo que igual tengo suerte. Beso su mano.
ResponderSuprimirMadame tiene un regalito en mi blog de Pasitos Cortos, puede recogerlo si le apetece con toda libertad y subirlo al otro blog. Como desee.
ResponderSuprimirhttp://katy-pasitoscortos.blogspot.com/2010/11/dos-regalitos-y-uno-repe.html
Bisous y feliz semana
Yo creo que la historia continuará a medida de sus deseos, monsieur. A Isabel no podia escaparsele el trono, con tantos ases en su manga.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Muchisimas gracias, madame Katy, ahora mismo paso.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Una mujer muy emancipada para su época, veremos como acaba las disputa por el trono de los zares...
ResponderSuprimirUn beso.
Seguramente Isabel haya sido la reina que su pueblo merecia ,pero las intrigas y dislates de una realeza como la rusa se lo impidieron ,una lastima madame .Pero mientras tanto se divirtio lo mas que pudo jeje
ResponderSuprimirEsperaremos la continuacion de esta historia .
Un abrazo y buena semana
PD : Gracias por el apoyo y la buena onda para con mi persona madame
Bueno, en realidad no ostenta ningun record, si piensa usted en Catalina II, jiji.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
No se lo iban a impedir siempre, como veremos. Supo obtener lo que quería.
ResponderSuprimirGracias a usted, monsieur, por ser tan amable siempre.
Buenas noches
Bisous
Hola Madame
ResponderSuprimirLa historia de Isabel se presenta muy interesante. Parece una pieza fundamental en un tablero de la época un poco convulso. Tuvo que tener un carácter muy especial.
Seguiré atentamente la continuación del relato, en el que intuyo que habrá grandes sorpresas.
Feliz noche, Madame.
Bisous.
Su toma del poder resulta absolutamente fascinante y novelesca. Una escena de pelicula :)
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
apasionante relato, quedo a la espera de la conclusión.
ResponderSuprimirMuchas gracias, monsieur, buenas noches.
ResponderSuprimirBisous
ME ENCANTA LA HISTORIA RUSA.
ResponderSuprimirESPERO ANSIOSA LA HISTORIA, QUERIDA MADAME.
Muchas gracias, madame.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisou
¡Qué de estragos provoca la envidia!
ResponderSuprimirQueda claro que Isabel era un mujer fuerte, inteligente, bien parecida, talentosa y perspicaz, sino no hubiese podido soportar los desprecios de la corte y las trabas que le ponían para subir al trono incluso siendo la preferida del pueblo y del ejército. Respecto a su ajetreada vida amorosa parece un culebrón de los de ahora.
Un beso, madame, esperaré su próxima entrada con anhelo para saciar mi intriga.
qué mejor que una buena historia de intrigas en San Petersburgo y Moscú para inaugurar del todo la temporada invernal.
ResponderSuprimirmadame, qué frío. rusos y alemanes, alemanes rusificados, rusos afrancesados. qué complicado.
buen día y buena semana, madame!
bisous!
Pues menos mal que no acabó en el convento... Se desmonta esa idea de que el frío gélido ruso sólo puede combatirse con Vodka.
ResponderSuprimirInteresante historia, esperamos ansiosos el desenlace.
Un beso Dame.
Pues imaginese usted, madame Fatima, lo buena alumna que resultó Catalina la Grande, que se propuso batir su record y parecería que lo consiguió.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana,madame.
Bisous
Monsieur, nos consta que usted siempre se siente a gusto entre las nieves de Rusia, así que no creo que le asuste usted el frío.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, monsieur
Bisous
Ya ve, monsieur David, que Isabel era mujer de recursos y no confiaba exclusivamente en el vodka para combatir el frío. Había metodos menos lesivos para el higado.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
Los custudios del alma rusa debían de destestar a los La Chétardie y similares. Al parecer en la Corte de los Zares se hablaba, sobre todo, francés. No sé si es una exageración pero no sería del todo extraño.
ResponderSuprimirReciba un cordial saludo señora.
Sí, es cierto, se consideraba al francés el idioma culto, y solía hablarse. En realidad la corte estaba dividida en facciones: pronto llegaría el turno de los germanófilos, y también había una facción anglófila, aunque menos importante. A esta ultima pertenecía el gran canciller Bestuchev, por ejemplo.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana,monsieur
Bisous
Una Romanov en toda regla, siempre he leido de esta mujer que tuvo un carácter excéntrico y que le perdía la lujuria, sin embargo tuvo algunas ideas interesantes y modernas para la época... que no desvelaré puesto que prefiero leerlo en su blog Madame.
ResponderSuprimirUn abrazo :-)
Buenas tardes, Madame: llego a tiempo de engancharme a esta historia apasionante de Isabel. El tablero dispuesto, nubes de esperanza en el horizonte... ¡esperamos la continuación!
ResponderSuprimirFeliz tarde.
Pd. No, Madame, mi ausencia no ha sido por gripe ni nada parecido, afortunadamente. Una retirada momentanea para coger fuerzas, animos... e ideas.
Sí, así es. No creo que la lujuria la perdiera en realidad. Supo encontrarse bastante bien en medio de ella :)
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Ah, mejor, monsieur Xibeliuss. Me alegra que no se debiera a motivos desagradables. Esos aislamientos son gratos cuando son voluntarios y sirven para recargar energías.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Si que tenía amantes esta mujer, no perdia el tiempo madame.
ResponderSuprimirMuchos Besos :)
Nos deja con la miel en los labios, madame. Espero con impaciencia el siguiente capítulo... Un abrazo.
ResponderSuprimirBueno, madame Gema, tenga en cuenta que pocas cosas mas le permitian hacer, y que en Rusia hace mucho frío, jiji.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Muchas gracias, madame Isabel.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
hay que ver lo disolutas que eran estas princesas rusas....
ResponderSuprimirPues igual de disolutas que los principes rusos, monsieur, que yo sepa, jiji.
ResponderSuprimirFeliz martes
Bisous