En el palacio de las Tullerías habitaba un fantasma cuya aparición siempre presagiaba desgracias. Su historia está indisolublemente ligada a los tiempos turbulentos de Catalina de Médicis, si bien hay varias versiones del relato. Según una de ellas, el hombre sería un carnicero, de nombre Jean, que vivía no lejos de palacio. La reina construía su residencia de las Tullerías, y para ello había ordenado demoler algunas viviendas. Sus ocupantes se resignaron a abandonarlas; todos menos uno: el carnicero. Jean habría de pagar muy cara su rebeldía.
Otros cuentan historias diferentes y afirman que la desgracia se abatió sobre él por haber entrado en conocimiento de algún inconfesable secreto de la Corona, mientras que un tercer relato convierte al personaje en uno de los hombres de confianza de la Médicis, a quien habría traicionado. Sea como fuere, todas las versiones continúan del mismo modo: la reina lo hizo asesinar.
El encargado de cometer el crimen fue cierto caballero llamado de Neuville. Éste cumplió bien con su misión y atravesó certeramente con su espada el cuerpo de Jean. El moribundo ofreció cuanta resistencia pudo hasta su último aliento, pero, herido de muerte, finalmente cayó de rodillas mientras aún desafiaba a su asesino diciendo:
—¡Malditos seáis, vos y vuestros amos! ¡Volveré!
Luego se desplomó sin vida, empapado en su propia sangre.
Poco impresionado por la amenaza y tras cerciorarse de que Jean ha muerto, Neuville se envuelve en su capa gris y abandona el lugar para ir a dar cuenta a la reina del éxito de la empresa.
De repente, mientras atraviesa una callejuela sombría y solitaria, siente una especie de presencia hostil tras de sí. Con la impresión de estar siendo seguido, de llevar unos ojos clavados fijamente en su nuca, se vuelve y ve lo último que hubiera esperado ver: el muerto está allí en pie, a tres pasos de él, inmóvil, cubierto de sangre, contemplándolo desafiante. Aquella mirada lo hiela de espanto, mas, sin dejarse dominar por el pánico, Neuville reacciona con rapidez; desenvaina su rapière y lanza una estocada que incomprensiblemente sólo encuentra el vacío. Dos veces más ataca con su acero a la infernal aparición sin lograr atravesar más que el aire.
Desconcertado, el caballero emprende el regreso a las Tullerías, pero no halla el cuerpo en la cabaña donde acaba de cometer el crimen. El cadáver ha desaparecido sin dejar rastro.
Neuville corre a contarle a la reina lo sucedido. Catalina escucha imperturbable a aquel hombre que trae el rostro demudado. Aunque muy supersticiosa, hace falta mucho más para asustar a esa mujer. Menos impresionada que él, se burla del relato y le aconseja que se sosiegue y no piense cosas extrañas.
Días más tarde la propia Catalina comienza a preocuparse: Cosme Ruggieri, su astrólogo, le confiesa que ha tenido una inquietante visión durante el sueño: se le había aparecido un fantasma envuelto en una bruma roja y, además de anunciarle que una maldición caería sobre la Médicis y sobre los futuros habitantes del palacio de las Tullerías, predijo la muerte de la reina. Según el espectro, ésta tendría lugar junto a Saint-Germain. “La construcción de las Tullerías será su perdición. Va a morir”, susurró aquella voz de ultratumba.
Tal vez la cosa hubiera terminado ahí de no ser porque, según esta leyenda, también la propia reina vio al fantasma cubierto de sangre al atravesar una pequeña estancia mal iluminada. Cuando sus damas corrieron a auxiliarla la oyeron murmurar: “¡El Hombre Rojo!”, y entonces se desmayó.
Todo ello impulsa a Catalina a abandonar las Tullerías y a decidir no frecuentar jamás un lugar que lleve el nombre de Saint-Germain. Pero, como el destino no puede ser burlado y las maldiciones de los espectros menos aún, muchos años después, cuando fallece en Blois, el joven sacerdote enviado para darle la extremaunción se llamaba Laurent de Saint-Germain. Y junto a él murió.
Durante los reinados de Carlos IX y Enrique III los trabajos en el palacio no se reanudaron, y por tanto el Hombre Rojo no apareció. No volvemos a tener noticias de él hasta el 13 de mayo de 1610, durante la ceremonia de coronación de María de Médicis. Al día siguiente Ravaillac asesinaba a Enrique IV.
El fantasma parece haberse manifestado muchas veces durante el reinado de Luis XIV, tanto en Versalles como en el campo de batalla, y especialmente durante la Fronda. También fue visto la víspera de la muerte de Mazarino, y son muchos los que afirman que se apareció el mismo día en que falleció el rey.
De vez en cuando continuó mostrándose hasta el siglo XIX para anunciar tragedias inminentes. Una noche de 1792, María Antonieta, mientras ocupaba unos aposentos en las Tullerías, se despertó sobresaltada y vio al hombrecillo a la cabecera de su cama. Volvió a encontrarse posteriormente con él, la mañana en que los amotinados asaltaron el palacio. Y al día siguiente de la partida de la familia real hacia Varennes, se cuenta que fue visto acostado en la cama del rey.
En 1793 el Hombre Rojo se le apareció a un soldado que custodiaba los restos mortales de Marat, y continuó dejándose ver durante la República y el Imperio. Tocado con un sombrero rojo habría seguido a Napoleón a Egipto, pronosticándole la victoria. Sus apariciones en esa época fueron numerosas. Cuando Napoleón se casó con María Luisa, volvió a aparecer, pero el emperador, muy descortés, se negó a recibirlo. Y, por supuesto, también hizo acto de presencia la víspera de la batalla de Waterloo, faltaría más.
La leyenda continuó hasta que el 26 de marzo de 1871 el palacio fue incendiado. En el momento en que explotaba el pabellón central, la gente que se arremolinaba para contemplar las llamas vio ante las ventanas de la sala de los mariscales a un espectro cubierto de sangre y rodeado de una bruma púrpura. Tendió los brazos hacia la multitud y desapareció. Después de eso nunca se le ha vuelto a ver.
Sin embargo la leyenda del Pequeño Hombre Rojo de las Tullerías es de invención reciente, y aún no había comenzado a circular en tiempos de Catalina de Médicis. En realidad podría tener su origen en un bandido apodado Jean l’écorcheur, cuyo verdadero nombre fue Johannes Bückler. En la época del Directorio y el Consulado, el bandolero aterrorizó a la comarca de Mavence al frente de su banda hasta que fue juzgado y guillotinado.











Y con esto quiero decirles que, al igual que el Hombre Rojo, yo también volveré a la Corte.
ResponderSuprimirY de este otro lugar no me voy.
ay, se va o no se va, qué intriga. ora cierra, ora abre. ora aparece, ora desaparece.
ResponderSuprimirvaya relato intrigante el del hombre rojo, qué forma de iniciar el fin de semana, con el miedo en el cuerpo.
espero que lo pase usted estupendamente, madame.
bisous!
QUE NO, QUE LES REPITO QUE DE AQUÍ NO ME VOY, QUE SOLO ME VOY DE LA CORTE DEL REY SOL, PERO DE MANERA TEMPORAL HASTA COMIENZOS DE AÑO, COMO LES VENGO ANUNCIANDO DESDE HACE DOS SEMANAS.
ResponderSuprimirMonsieur, no voy a pasarlo estupendamente, voy a estar muuuyyy ocupada. Aunque cuando estoy muy ocupada lo paso estupendamente, por otra parte.
Tenía que haber subido esto a medianoche, jiji, pero no me dio tiempo.
Feliz dia, monsieur
Bisous
Tiene en vilo a su legión de seguidores Dame.
ResponderSuprimirMuy bonita historia, la del hombre rojo, que acabo de conocer gracias a su generosidad narrativa.
Hoy en día, los fantasmas no son un fenómeno chocante, puesto que están muy extendidos por la geografía planetaria. Lo que pasa es que ahora son de carne y hueso.
Un beso, no nos abandone a nuestra suerte. Y mucha suerte para sus quehaceres (valga la redundancia)
jijijiji, es verdad, monsieur, hoy en dia hay mucho fantasma de carne y hueso. A mi me gustaban mas estos otros, envueltos en brumas extrañas e imposibles de atravesar con la rapière.
ResponderSuprimirNo, no me voy, no me voy, nunca he dicho que me fuera, siempre he dicho lo mismo: que abandono el otro blog pero solo temporalmente, por falta de tiempo en las proximas semanas para atender los dos.
Feliz tarde
Bisous
En Francia hay cierta tradición con estos de los fantasmas y aparecidos. Todavía recuerdo de cuando niño una serie francesa que se llamaba "Belfegor, el fantasma del Louvre."
ResponderSuprimirSobre el "pequeño hombre" de las Tullerías...¿No sería monsieur Sarkozy?
Un saludo.
Madame, que poca finura demuestra Napoleón negándose a recibir al Hombre Rojo, y que alegría constatar que aunque la corte se cierre de modo temporal usted permanecerá aquí.
ResponderSuprimirQue tenga un feliz fin de semana. Bisous
Interesante entrada sobre este fantasma. Soy muy miedosa pero estas historias, Madame, me encantan.
ResponderSuprimirBisous... Bon voyage!!
Esa serie de Belfegor el fantasma del Louvre que cita Cayetano me llenaba de terror a mí, que soy una impresionable timorata, propensa a los terrores nocturnos.
ResponderSuprimirEsta historia del fantasma rojo me ha gustado mucho.
Que sea un paréntesis fructífero el suyo, madame.
Un beso.
Pues ya va siendo hora que Jean aparezca otra vez, que lleva mucho tiempo escondido, y si no se deja ver pensaremos que se ha muerto.
ResponderSuprimirUna muy entretenida historia de un fantasma testigo de la historia francesa durante los últimos cuatrocientos años. Beso su mano, señora, comme d’habitude, si me permite, señora, estos pinitos en su lengua, je je…
jijiji, monsieur Cayetano, admito que Sarkozy bien podria ser el pequeño hombre de las Tullerías, pero... rojo??
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Napoleon fue un grosero, y claro, así le fue después. No se le pueden hacer esos feos a un fantasma, que luego se pagan.
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
Bisous
jiji, madame Carmen, entonces menos mal que no lo leyó usted a medianoche!
ResponderSuprimirMi intención era poner el texto a la hora magica, pero no pudo ser, qué le vamos a hacer.
Feliz tarde
bisous
Muchas gracias, madame Rosa. A mi tambien me fascinan las historias de fantasmas, en especial las escocesas.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Ay, no, monsieur Dlt, que no aparezca el hombre rojo, que es muy gafe! Mire que solo presagia desgracias!
ResponderSuprimirVaya miedo le tenía yo de niña, jiji.
Vaya vaya, monsieur, veo que hace usted enormes progresos con el francés! Eso está bien :)
Feliz tarde
Bisous
Me da miedo el pequeño hombre rojo.
ResponderSuprimir¿No se habrá escapado de Francia?
Puede que sea verdad o no, pero los remordimientos hacen ver muchos fantasmas.
Historia interesante.
Besos Madame
Y la imaginacion de la gente mucha mas. Cuando nos inventamos un fantasma solemos remontarlo a siglos atras, como si al darle mas "solera" tuviera mas verosimilitud :)
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
bisous
¡Ay Madame que me gustan las historias de fantasmas, siniestrilla que es una! Y bien sabe usted que en mi época se estilaban mucho esas historias al amor de la lumbre, los románticos siempre hemos sido muy trágicos... jejejeje
ResponderSuprimirDe todas formas, cierta o no la aparición, hay un asunto que me causa cierta gracia, y es que el espectro era oportuno y se aparecía a menudo en ocasiones (o en vísperas) de actos de cierto parangón (durante la Fronda, en visperas de la batalla de Waterloo, tras la boda de Napoleón -¡y este se negó a recibirlo jajajajjajajjaja!_)
Besos Madame, ¿está usted con animo para un baile de máscaras?
Sí, todas estas historias resultan deliciosamente romanticas, y sufrieron un buen impulso en sus tiempos, madame.
ResponderSuprimirMenos mal que el hombre rojo no ha vuelto a aparecer, porque cada vez que lo hacía era como para salir corriendo! Nunca anunciaba nada bueno.
Por supuesto, madame. Aguardo impaciente su baile.
Buenas noches
Bisous
He disfrutado mucho de su relato Madame. Me atraen estas historia donde la historia y la leyenda se entremezclan y no se sabe donde empieza una y donde la otra.
ResponderSuprimirY en cuanto a la Corte, seguro estoy que volverá, pero no como fantasma, sino como la gran Dama que es.
Saludos
jiji, yo tambien espero no volver como fantasma, monsieur. Mala señal sería!
ResponderSuprimirMuchas gracias y buenas noches
Bisous
Bueno Madame la historia aunque sea sobre fantasmas es sumamente entretenida.Yo no creo en los fantasmas. Le tengo más miedo a los vivos que a los muertos. No se porque me ha enido a la cabeza el "Jorobado de Notradame":)
ResponderSuprimirLo curioso de todo esto es que la mayoría de las personas necesita creer que hay algo más fuera de nuestro mundo material.
Bisous
Una historia que me ha causado cierto escalofrío y, como siempre, admiración por su oratoria, Madame.
ResponderSuprimirYa le contaré mi dilema, usted solo atienda su email.
Un beso
Así es, madame. Todavía hoy día son muchas las personas dispuestas a creer en fantasmas, así que no es de extrañar que en otros siglos el hombre rojo tuviera a la gente con el alma en un vilo. Afortunadamente hoy ya se puede pasar por las Tullerías, jiji.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Monsieur, me deja usted en ascuas.
ResponderSuprimirEstaré pendiente del correo.
Buenas noches, don Matu.
Bisous
Me encantan las historias de fantasmas, especialmente de los que no hacen daño a nadie pero centuria tras centuria se siguen apareciendo.
ResponderSuprimirMe alegro de que no se vaya Madame, había malinterpretado sus palabras. Por cierto en mi sección de Leyendas, ayer mismo publiqué una historia que curiosamente también trata de fantasmas, en este caso en la Villa de Madrid muy cerquita de la Plaza Mayor. Lamentablemente el lugar donde ocurrió ahora es un aparcamiento, pero la historia ahí queda.
Buenas noches Madame.
Pasaré a leerla, monsieur. A mí tambien me encantan esa clase de historias. Tambien he publicado una sobre la casa de las 7 chimeneas, un lugar fascinante, aunque en estos tiempos despojado de toda su magia.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Muy bien Madame, la busco ahora mismo para leerla.
ResponderSuprimirGracias y buenas noches :-)
Jo, pues que intriga y que misterio nos dejas para el fin de semana: fantasmas en palacio, además de desangrado y desafiante. Pero ¿qué palacio o castillo no tiene su fantasma? Esperemos que usted no se convierta un fantasma en su corte. Que tenga un gran fin de semana en estos días fríos y lluvioso. Bisous.
ResponderSuprimirNo es nada insólito que el espectro desapareciese desde 1871.
ResponderSuprimirEdith Stiwell dijo que los fantasmas comenzaron a esfumarse desde la aparición de la luz eléctrica. Y creo que no le faltaba razón.
Por otra parte la actitud de Napoleón, con la casaca mal planchada y los bolsillos llenos de picadura tabaco, no deja de ser una muestra clara del mundo moderno.
Reciba usted un saludo.
ME ENCANTAN LAS HISTORIAS DE FANTASMAS, Y ESTA ES MUY BUENA. ADEMAS MUESTRA EL PRECIO, QUE LOS PODEROSOS, LE DABAN A LA VIDA, SOLO EL VALOR DE SU AMBICIÓN.
ResponderSuprimirCARIÑOS MADAME
Monsieur Paco, eso sería terrible. Nunca me he visto a mí misma de ese modo, aterrorizando al personal, aunque supongo que todo llega, jiji.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Pues monsieur, en Escocia se resisten a desaparecer con la luz electrica. Aun resisten unos cuantos en sus bastiones.
ResponderSuprimirPero el hombre rojo, desaparecido el palacio de las Tullerías, ya no tenía misión en este mundo.
Feliz fin de semana
Bisous
Sí, madame, casi da pena que no sea verdad, eh?
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Me fascinan las leyendas de fantasmas, esas presuntas presencias tan inquietantes y siempre vinculadas a un lugar que encierra un suceso terrible que marcó el enclave.
ResponderSuprimirSiempre he creído que la conciencia intranquila se manifiesta en forma del fantasmas.
Maldición, simple casualidad o mero invento posterior, la narración es realmente fascinante.
Que pase un plácido Sábado, madame.
Tal vez, madame, algun día reaparecerá, y asustará a las gentes que se acerquen al antiguo emplazamiento del palacio.
ResponderSuprimirVolveremos a tener noticias de él alguna vez?
Feliz fin de semana
Bisous
Apasionante historia la que usted nos cuenta. A mi entender solo tiene un defecto: a mí me ha sabido a poco.
ResponderSuprimirLa felicito, señora.
Un saludo
Con un poco de suerte vuelve el fantasma y podemos continuar la historia, jiji.
ResponderSuprimirMuchas gracias, monsieur, feliz tarde
Bisous
Hola Madame
ResponderSuprimirMe ha encantado el relato del hombre de rojo. Mientras lo leía pensaba, pobre hombre, lo que debió de sufrir para aguantar tanto tiempo vagando por este plano. Al final, queda todo aclarado y me quedo más tranquila.
Es un placer leeros.
Feliz noche, Madame.
Bisous.
Imaginese, madame, tres siglos asustando a la gente. Menuda condena, cuando a fin de cuentas él solo habia sido la victima.
ResponderSuprimirBuenas noches
bisous
Qué gran historia de fantasmas.
ResponderSuprimirBuenas noches.
Pobres los hombres que debieron ser desalojados para la construccion del castillo.... me imagino la impotencia que debian sentir tener que dejar su lugar. Igualmente, increible la historia de fantasmas en la que se convirtió ese incidente. Terrible que la Reina haya tenido que matarlo!!
ResponderSuprimirGracias, madame Kassiopea.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Madame Anabel, creo que no me he explicado bien:
ResponderSuprimirla reina no lo mató.
El hombre no existió siquiera, era una leyenda, y al parecer, como cuento en el último parrafo, basada en un bandido que vivió dos siglos después de ella.
Feliz domingo, madame
Bisous