viernes, 8 de octubre de 2010

María Cristina de Austria (II)

María Cristina con sus hijos

La noche del 19 de septiembre de 1886, dos regimientos de Madrid se sublevaron al grito de Viva la República. El general Manuel Villacampa, promotor del pronunciamiento, fue juzgado y condenado a la pena capital, pero la Regente impuso al Consejo de Ministros el indulto del militar sublevado, que fue desterrado a Fernando Poo. Este acto de generosidad comenzó a hacerla popular. 

Su Regencia continuó hasta 1902, cubriendo una etapa de enormes dificultades, ya que, aparte de la lucha política interna, surgieron conflictos exteriores, especialmente en los restos del antiguo Imperio colonial. Estados Unidos aprovechó la voladura casual del buque de guerra Maine en la Bahía de La Habana para culpar de ello a España y declararle la guerra en 1898. Hasta 1976, las fuentes oficiales norteamericanas no se tomaron la molestia de exculpar a España de aquel incidente, pese a que les constaba desde el principio que no había tenido ninguna culpa. 

La contienda fue desastrosa para los intereses españoles; sus escuadras fueron destrozadas en Santiago de Cuba y Cavite, y la Paz de París sancionaba la pérdida de Filipinas, Puerto Rico y Cuba. 

María Cristina y Alfonso XIII

María Cristina fue mujer piadosa, leal, tímida, tranquila y consecuente con sus principios; meticulosa, concienzuda, trabajadora y tan digna como discreta. Su vida fue una línea recta y diáfana, cualidades que todos le reconocían, incluidos sus adversarios, que la llamaban Doña Virtudes. Fue también modelo de discreción y tino político en su respeto absoluto por la Constitución. 

“Su divisa fue siempre la lealtad; ningún otro monarca la observó con mayor escrúpulo. Una vez otorgada la confianza a un partido la mantenía hasta que las Cortes y la opinión le indicaban la necesidad de cambiar de rumbo”, dice Romanones. Y un republicano de la talla de Pérez Galdós escribía lo siguiente sobre ella en otoño de 1886: “En ningún tiempo estuvieron libres los reyes españoles de las influencias paulatinas en combinación con la política de fuera. Ahora sí que lo están. La reina Cristina no tiene camarilla ni ese círculo de consejeros privados que a veces hacen llegar a los reyes una expresión falsificada del sentimiento público”. 

María Cristina

Era aficionada al estudio y a la música, en especial de Mozart, Schubert y Beethoven, estupenda pianista y con una voz maravillosa para el canto. Su vida era transparente como el cristal; no solamente demostraba que nada tenía que ocultar, sino que tenía verdadero empeño en que todos lo supieran así. Entre otras cosas, dejaba siempre abierta la puerta del pequeño salón en que recibía, no encerrándose más que para tratar de asuntos de Estado. Introdujo la costumbre de recibir a los ministros “de dos en dos, como la guardia civil”, “con objeto de evitar que la conversación rebasara los límites de los asuntos propios de cada departamento y de que cada ministro resultara fiscal del otro”. Y además elegía a sus damas a su imagen y semejanza, procurando que fueran igual de virtuosas. Al respecto de esto se cuenta que en una ocasión preguntaron al embajador de Marruecos qué le parecía la corte de España, y él respondió: 

—Oh, la corte es maravillosa, pero el harén es bastante flojito. 

María Cristina y Alfonso XIII

En 1895 María Cristina llegó a renunciar, para sí y para sus herederos, a la fabulosa herencia que, al morir, quiso legarle el magnate Alejandro Soler y Durán. Y en 1901, y pese a su bien probada fidelidad vaticanista, la reina sugirió a su confesor que presentara la dimisión, debido a los intemperantes artículos que éste publicaba en la prensa, arremetiendo contra el anticlericalismo de Canalejas. 

Tras la mayoría de edad de su hijo se retiró de las actividades públicas y llevó una vida muy discreta, no dejando, sin embargo, de aconsejar al joven Alfonso XIII ni de preocuparse por la marcha de los asuntos de la nación. 

Sus nietos la adoraban. Era frecuente ver a María Cristina recorriendo las jugueterías de Madrid para volver cargada de juguetes para ellos. Les organizaba meriendas y diversiones en sus aposentos, y les ofrecía una moneda por cada lagartija que capturaran en la Casa de Campo. Fue ella, además, quien, durante la infancia de Alfonso, para entretenerlo encargó al padre Coloma el cuento del Ratoncito Pérez. 

María Cristina

Cuando estalló la I Guerra Mundial en 1914, dos reinas de España vivían juntas en el Palacio Real de Madrid: María Cristina y Victoria Eugenia de Battemberg, su nuera, nieta de la reina Victoria. Los hermanos de María Cristina combatían en los ejércitos de los Imperios Centrales, mientras que los de Victoria Eugenia eran oficiales británicos. La situación no podía ser más tensa. Ambas, al casarse, habían adoptado la nacionalidad española, pero no por eso habían renegado de su país de origen. Así, por ejemplo, cuando Italia entró en la contienda a favor de los aliados en mayo de 1915, María Cristina estaba tan contrariada que se negó a recibir al embajador italiano. Pero cuando se conoció la muerte en las trincheras de Flandes del príncipe Mauricio de Battemberg, hermano de Victoria Eugenia, abrazó a su nuera sinceramente conmovida, y las lágrimas de ambas llegaron a confundirse. 

La tarde del martes 5 de febrero de 1929, María Cristina asistió a una sesión de cine en el Palacio de Oriente, para distraer a sus nietas Beatriz y Cristina. Después se acostó, asistida por su antigua camarera Martina. De repente se despertó a consecuencia de una violenta crisis cardiaca. Acudieron presurosos el rey, el médico y su confesor. Después de recibir los últimos sacramentos, fallecía alrededor de las dos de la madrugada. 

María Cristina

Su muerte fue tan imprevista que los reyes de Dinamarca, invitados por ella, llegaron a Madrid unas horas después, en visita oficial. La capital estaba engalanada con colgaduras para recibirlos. Fue preciso retirarlas y poner las banderas a media asta apresuradamente. 

Tras la muerte de su madre, Alfonso XIII experimentó una terrible pena; su personalidad pareció cambiar. Tres veces por semana, conduciendo su coche, iba hasta El Escorial y permanecía largo rato orando en el Panteón. Con frecuencia decía: “Con ella parece que se apagó mi buena estrella”.

12 comentarios:

  1. Qué muerte tan repentina.

    Diviértase el fin de semana.

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  2. Tiempos complicados para reinar, pero ella era la persona idónea para hacerlo.

    Me vuelvo a incorporar a la blogosfera, por lo que estoy poniéndome al día, de blog en blog.

    Me alegro de que siga usted por estos lares.

    Será un placer continuar aprendiendo por aquí.

    Buen fin de semana.

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  3. Sabía que esta segunda parte me iba a gustar; aún me quedé corto, ésta ha sido magnífica. Interesante y bien escrita. Sobre la reina, qué decir sobre lo dicho en mi otro comentario: que se ganó con justicia el apodo de doña Virtudes.
    Feliz y provechoso fin de semana, señora. Beso su mano.

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  4. Reinar en tiempos revueltos.
    Esta mujer fue toda una profesional y se tomó lo suyo con una gran responsabilidad. Lo malo es que la época no era buena para España. Lo del Maine parece ser que fue una implosión, es decir que el barco reventó desde dentro, con lo que no fue atacada desde el exterior. Fue una manera de quitarse los americanos un estorbo: España.
    Un saludo.

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  5. Una gran mujer y una gran reina a la que le tocó lidiar con momentos muy difíciles de una España y de un Imperio que se desintegraban y desangraban por momentos...lo del Maine en la Guerra de 98 fue como las armas de destrucción masiva de Irak, una burda excusa....

    Un beso Madame.

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  6. Una muerte sorpresiva para una gran dama que supo mantenerse digna en su papel de reina, aún con el polvoreo político que se levantaba a su alrededor. Sabía que la apodaban Doña Virtudes, y la verdad es que con lo que se sabe de ella le viene el apodo como anillo al dedo.

    Me hizo gracia lo del embajador de Marruecos: "el harén bastante flojillo..." es que la hermosura no era su don más destacable, si bien es sabido que ha habido reinas muy bellas y carentes del temple de esta gran mujer.
    Admirable su papel y su dignidad de carácter

    Besos querida Madame

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  7. Esta reina siempre ha tenido mis respetos porque supo mantenerse con toda dignidad en el trono en medio de un tiempo convulso y supo ganarse a pulso el cariño de los españoles, un pueblo que al principio no le mostró mucha simpatía puesto que la comparaban con la dulce y risueña reina Mercedes. También tiene sus detractores que hacen resaltar, entre otras cosas, que durante su reinado sucedieron las pérdidas de las últimas colonias de ultramar y la acusan de haber malcriado y consentido a Alfonso XIII.

    He leido que la reina tuvo mas de un altercado con su cuñada la infanta Isabel la Chata porque la tía de Alfonso le dejaba hacer todo lo que a él se le antojaba. Para la infanta los caprichos típicos de la adolescencia eran órdenes que no se discutían cuando provenian de Alfonso y educará a su sobrino con la idea de que un rey nunca se equivocaba. María Cristina le decía a su hijo que un rey tenía que ser el primero en saber obedecer, nunca se cansó de decirle que ocupar un rango tan importante implicaba tener mas deberes que placeres y que un soberano siempre debía dar ejemplo.

    Un abrazo madame

    la bechameil

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  8. Digna Reina. Triste muerte.
    Pienso que supo llevar los desafortunados eventos de la época en España.....

    Feliz fin de semana Madame

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  9. Fue una digna y encomiable reina, cuya vida no fue fácil, en un mundo de machismo y de apartamiento de la mujer de los asuntos públicos.

    Madame, excelete entrada para un personaje admirable de la historia de España. Un saludo respetuoso.

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  10. Esa si era una reina! gobernar en el momento que se devastaba lo poco que quedaba de un Imperio, manteniendo esa templanza... simplemente admirable, ojalá Alfonso XIII nunca hubiera crecido.

    Un beso

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  11. Goberno como pudo y la dejaron, a pesar de ser Doña Virtudes, por cierto que es una expresión que sigue usándose, con el mismo sentido que Doña Perfecta (al menos por aquí)

    Espero que esté pasando un buen fin de semana, madame

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  12. Gran mujer, buena esposa, generosa abuela, cabal gobernante... por lo que veo no le faltó de nada a M. Cristina, bueno, quizá, la belleza exterior, pero eso, salvo para su marido, suele ser algo secundario, jeje. Abrazos ;-)

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)