Catherine Grey
Catherine Grey era la hermana de aquella desdichada Lady Jane que fuera conducida al cadalso a comienzos del reinado de María Tudor. Ambas hermanas compartieron no sólo talentos y virtudes, sino también la mala fortuna. Heredaban las mismas pretensiones al trono inglés como nietas que eran de la otra María Tudor, hermana de Enrique VIII. Eso era más que suficiente para convertirse en objeto de recelo por parte de la nueva soberana. Sin embargo, el carácter tranquilo y carente de ambición de Catherine no parecía hacer necesaria la violencia para someterla, por lo que María prácticamente se olvidó de ella.
Catherine Grey contrajo matrimonio con Henry Herbert, hijo del conde de Pembroke, en 1533, el mismo día en que Lady Jane se casaba con Guilford Dudley. Pero cuando tuvo lugar el fracasado intento de colocar a su hermana en el trono, el conde de Pembroke quiso salvarse distanciándose lo más posible de la familia Grey, para lo cual hizo anular el matrimonio de su hijo.
Después de María Tudor llegaba al trono Isabel. La nueva reina tampoco temía que la dulce Catherine le arrebatara la corona, pero sí que un esposo o un hijo suyo conspiraran en su lugar y alentaran todas las pretensiones de las que la joven carecía. Para evitarlo le prohibió casarse y la mantenía a cierta distancia de la corte, vigilada por sus espías. Sin embargo al poco tiempo cambió de idea, y, pensando que era mejor tenerla cerca, la llamó a su lado.
No fue una decisión afortunada, porque la belleza de Catherine atraía la admiración y ganaba los corazones de los cortesanos, entre otros el del galante Edward Seymour.
Isabel I
Edward era hijo del infortunado duque de Somerset, decapitado durante el reinado de Eduardo VI. Por desgracia, parece que Isabel había puesto sus ojos en el apuesto Seymour, al que le hubiera gustado contar entre sus propios admiradores. Pese a no ser muy partidaria de conferir honores y dignidades, le había devuelto las propiedades de su padre. La reina lo había nombrado primero caballero, después Barón Seymour y por último Conde de Hertford.
El conde pagó tanto honor manifestando la más absoluta devoción en su servicio. Las atenciones que los cortesanos tenían con la reina en aquella época eran tan caballerosas que ella frecuentemente confundía las manifestaciones de respeto y lealtad con las de ternura y amor. Así ocurrió con Edward.
Isabel, celosa y fastidiada al constatar que las preferencias del joven se orientaban claramente hacia Catherine, procuró el alejamiento de Seymour y lo envió fuera de Inglaterra. Pero, sin ella saberlo, él y su amada habían contraído un matrimonio secreto en diciembre de 1560, en la casa de Edward en Canon Row. El único testigo había sido Jane, la hermana del novio.
Catherine Grey
Pronto se hizo patente que Catherine no podría ocultar durante mucho tiempo más que esperaba un hijo. Había que informar a la reina, pero nadie se atrevía a ponerle el cascabel al gato. Finalmente la atribulada dama decidió recurrir a Robert Dudley, hermano de Guilford, el que había sido el esposo de su hermana Jane. En mitad de la noche se presentó en los aposentos que el caballero ocupaba en Ipswich y le relató toda la historia.
Robert palideció: su alcoba estaba al lado de la de la reina, y no quería ni pensar en lo que ocurriría si ella lo sorprendía allí con una mujer embarazada, o si llegaba siquiera a enterarse de que tal escena había tenido lugar. Se deshizo de ella tan rápido como pudo y al día siguiente fue a hablar con Isabel.
La reina montó en cólera al escucharlo, y no sólo porque todo hubiera sido tramado a sus espaldas, sino porque no aprobaba la elección de Catherine. En aquel tiempo Isabel consideraba la posibilidad de casarla con el conde de Arran, el cual aspiraba al trono escocés. Esto daba al traste con todos sus planes y le proporcionaba la excusa perfecta para poner a Catherine bajo custodia, de modo que su Corona no resultara amenazada. Isabel no vaciló y la hizo encerrar en la Torre de Londres.
Catherine Grey y su hijo Edward
Seymour, que se encontraba en el continente a la sazón, compartió ese destino al regresar a Inglaterra. En vano solicitó una entrevista con la reina. Isabel no quería verlo, sino que lo envió directamente a la Torre. Allí el lugarteniente, Sir Edward Warnes, se compadeció y permitía los encuentros entre ambos esposos.
La soberana, mientras tanto, hacía averiguaciones y consultas acerca de la validez de ese matrimonio, y se fijó una fecha para que los prisioneros aportaran las pruebas pertinentes que demostraran la legitimidad de su unión. Cuando llegó el día, no pudieron presentar los testigos necesarios, puesto que la hermana de Edward había fallecido. Hubo, además, otras irregularidades cuando, al ser interrogados sobre los particulares de la ceremonia, ambos afirmaron haber olvidado la fecha. Los servidores tampoco la recordaban, y el oficiante no pudo ser encontrado.
En 1562 se anuló el matrimonio. Se declaró que la unión de ambos era adúltera y constitutiva de traición, siendo condenados a reclusión perpetua. El conde, además, debía pagar una multa de 15.000 libras por haber seducido a una princesa de sangre real.
Isabel I
Tras haber dado a luz a Edward, Catherine tendría un segundo hijo durante su reclusión en la Torre. El niño llevó el nombre de Thomas y nació en 1563. Isabel volvió a enfurecerse cuando tuvo conocimiento de su nacimiento. Para evitar que Edward y Catherine volvieran a encontrarse, trasladó a la dama a Pyrgo bajo la custodia de su tío, Sir John Grey. Comenzaba para ella un peregrinaje a través de diversas fortalezas que fueron testigo de su desdicha hasta que la muerte vino a liberarla. Tenía sólo 27 años cuando falleció en Suffolk a consecuencia de una tuberculosis en enero de 1568.
Una vez fallecida Catherine, Seymour fue puesto en libertad y se le permitió volver a aparecer por la corte.
Su hijo Edward, aunque considerado ilegítimo tras la anulación de su matrimonio, iba a dar algún que otro quebradero de cabeza a la Corona. De él desciende la actual reina Isabel II a través de su madre, Elizabeth Bowes-Lyon.











Pedazo de arpía la reina Isabel...Pobre Catharine, en cuánto se deshizo de ella bien que llamó al viudo (no-viudo)...vaya con la reina virgen.
ResponderSuprimirFeliz noche, Madame.Bisous
Que pretendía que todas las demas damas lo fueran, al parecer. Era demasiado pedir.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Digamos que le tenía envidia, xD.
ResponderSuprimirSinceramente, no creo nada de eso que la reina Isabel sea virgen. Me parece estúpido,teniendo en cuenta los deseos animales que tenemos todos.
A lo que venia a a decir... vaya trato de su rango le dio la Reina a su prima, jajaja.
Un beso
La Reina Isabel se mostró despiadada con el infortunado matrimónio, tan solo por celos. Se supone que no se debían mezclar los asuntos personales con las cuestiones de Estado.
ResponderSuprimirPobre Catherine, que corta vida y que desdichada.
Bisous Madame.
Lo que son las cosas: la actual reina de Inglaterra procede de alguien que fue concebido con amor, algo bastante inusual. Pobre mujer, qué vida más corta y azarosa. Luego hablan de la buena vida que se pegaba la gente de la realeza. Para algunos su vida fue un infierno.
ResponderSuprimirUn saludo.
Usted tiene deseos animales, monsieur? No lo puedo creer.
ResponderSuprimirNo obstante, le aseguro que hay gente virgen.
Feliz fin de semana
Bisous
No es que fuera solo por celos, pero digamos que si no hubieran existido los celos el final hubiera sido más clemente y razonable.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana, madame
Bisous
Una vida muy breve y poco feliz, en efecto, pero aun fue peor la historia de su hermana. No fue envidiable su suerte, no.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Cielos, cómo odio a esa mujer. Isabel era peor incluso que su padre. Y para mi gusto muy fea, además. No sé qué tiene que cada vez que veo un retrato suyo me da repelús.
ResponderSuprimirPobre Catherine, y pobre también su esposo. Me gustará saber cuáles fueron esos "quebraderos de cabeza" que dio su hijo a la corte, jeje.
Sé que la venganza nunca es buena, pero no puedo evitar frotarme las manos.
Besos.
Querida, una reina a la que habría que cuestionar una y mil veces pese a ser su origen muy estimado para mí. Sin duda fue una mujer valiente y luchadora, pero eso no quita que su carácter celoso y posesivo y su afán por mantener a todas sus damas tan virginales como ella la hicieran parecer como una mujer fría y sin corazón.
ResponderSuprimirA mi modo de ver la representó muy bien Kate Blanchett en su película "Elizabeth". Allí aparece perfectamente la relación que usted relata de Seymour y Catherine y la intervención siempre molesta de esta reina virgen. (De ahí quizás su carácter avinagrado jejejej)
Besos
Yo admiro mucho a Isabel, a pesar de estos rasgos de su caracter. Resulta un personaje fascinante e inagotable, aunque a veces sea la mala de la historia :)
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
Bisous
Sí, madame Akasha, aunque, como digo, para mí el balance es positivo. Fue una gran reina, si bien algunos rasgos de su carácter son dificiles de defender. Pero supongo que nadie es perfecto.
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
Bisous
Una triste historia la de estas dos hermanas...
ResponderSuprimirUn beso Madame.
Qué afición la de esta reina por encerrar, someter o eliminar a sus rivales del mismos género. María Estuardo de Escocia, Catalina Grey. Está claro, que era una mente calculadora y sin escrúpulos. Lo fue en los asuntos de su país y en el exterior, favoreciendo la piratería en contra de España, consiguiendo emerger como potencia naval. Excelente artículo sobre un personaje poco conocido (por mí). Beso su mano.
ResponderSuprimirMadame:
ResponderSuprimirSus relatos de las Islas Británicas, siempre son agradables.
Conocía esta historia del antecesor de la Actual reina.
Nunca me gusto la primera Elizabeth. Pienso que mostro una doble moral.....
Saludos Madame
A cada cual más triste, monsieur, una lastima.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
También cortó alguna cabeza masculina, monsieur. No tenía inconveniente. Ni escrúpulos, no. Utilizaba todas las armas a su alcance.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Una doble moral sí que mostraba, es indudable.
ResponderSuprimirYa ve, monsieur, que de momento seguimos por su querida Inglaterra.
Feliz tarde
Bisous
Madame,
ResponderSuprimirmás le hubiera valido a la reina vigilar a quien parecía modosa y secundaria...
Feliz tarde.
Bien que la vigilaba, pero se ve que no podia estar en todo. Se le escapó un ratito y mire, va y se casa.
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
Bisous
Una triste pero interesante historia madame de Catherine .
ResponderSuprimirQue hubiese pasado si los conyuges demostraban la legitimidad de su union ? Isabel actuaria de la misma manera o tal ves no...
Un abrazo y buen fin de semana
Pues seguramente hubieran seguido en prisión por traición, ya que la reina había prohibido expresamente un matrimonio de Catherine que no le fuera consultado.
ResponderSuprimirFeliz domingo, monsieur
Bisous
Menuda historia y menuda vida, pero dirían que era bellisima, pero en los cuadros que la inlortalizan es más bien, fea, fea.
ResponderSuprimirMagnifico post
Besos
Nela
Una historia muy interesante y en la que se puede ver que no sólo es subceptible de traición una persona que ha hecho un acto que se podía considerar como tal, sino simplemente haber nacido en una posición social comprometida. La pobre Catalina no iba a arrebatarle la corona a Isabel, pero sólo el hecho de pensar que podría hacerlo, ya daba motivos para su encarcelación.
ResponderSuprimirLo que nunca he entendido es por qué Isabel nunca quiso casarse y tener descendencia. Me parece que era la forma de asentar firmemente su posición. Parte de la historiografía aduce que Isabel siempre estuvo atraída por el marido de su hermanastra, Felipe II. Aunque ya se sabe que del amor al odio hay poca distancia. Sería un buen tema para una entrada....
Besitos
Otra desconocida que ya no lo és tanto gracias a usted, madame.
ResponderSuprimirMis respetos
Sí, pobre Catharina. Aunque la historia a veces se empeña en cumplir venganzas inesperadas.
ResponderSuprimirFeliz tarde, Madame
Digna trama de novela truculenta, de enredo, casi bizantina.
ResponderSuprimirLas intrigas de palacio ponen los pelos como escarpias, esa monarquía absoluta, ese convencimiento de que el rey, o la reina en este caso, tienen potestad para hacer y deshacer matrimonios y cortar vidas a su antojo...¡me horripila!
En 27 años esa desdichada vivió más que muchos en el doble.
Un saludo.
Bueno, jeje, tal vez el estilo de retrato de la epoca no le hacia mucha justicia a nadie.
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
Bisous
Sí, asi es, madame Carmen, porque aunque a ella no se le ocurriera arrebatarle la corona, podria ocurrirsele al esposo, o a la descendencia.
ResponderSuprimirLo de Isabel es extraño, sí. A menos que supiera de antemano que, por alguna razon, no podia tener hijos. A María Estuardo se le fue la lengua una vez (bueno, muchas) y dijo que Isabel no estaba normalmente constituida como mujer.
Feliz tarde, madame
Bisous
La pobre no hubiera querido ser tan conocida a base de tanta desdicha, monsieur. Tristes 27 años.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Sí, al final mire por donde se sienta en el trono una mujer que desciende de Catherine, pero no de Isabel.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
La verdad, madame, que era terrible ese aspecto. Realmente despiadado llegar a esos extremos.
ResponderSuprimirFeliz tarde
bisous
Ya tiene narices q la reina tuviera el poder de casar y descasar a quien quisiera con quien quisiera en función de sus intereses. Siempre he sabido que esto era así en esos tiempos y en otros no tan remotos, pero sigue encendiéndome la sangre cada vez que leo una historia parecida (aquí icono con carita roja-enfadadísima).
ResponderSuprimirGracias, Madame, porque, aunque enfadada, disfrutado he muchísimo ;-) Beso sus nobles piesesss.
Muchas gracias,madame. En realidad asombra pensar en el poco tiempo que hace que somos libres a la hora de contraer matrimonio. Hasta hace bien poco cuando no eran los reyes eran los padres quienes lo decidian, y a los contrayentes ni siquiera se los consultaba. Afortunadamente al menos eso ha cambiado.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous