Carlos VII
Las malas relaciones entre el Delfín, futuro Luis XI, y su padre el rey Carlos VII habían llegado a un punto insostenible. Cuando Luis contaba 16 años, al comenzar el año de 1440, ya conspiraba con el duque de Borbón.
Carlos de Borbón era uno de los grandes príncipes de Francia. Sus dominios apenas habían resultado afectados por la guerra de los Cien Años y poseía riquezas y gente suficiente para sostener una fuerza militar privada, incluso varias compañías de aquellos mercenarios despiadados llamados écorcheurs (desolladores). Sus contemporáneos lo llamaban “el mejor atleta de Francia y el hombre más persuasivo de su tiempo… otro Paris troyano”.
Entre los descontentos que se unieron a Borbón se encontraba el padrino de Luis, el duque Juan de Alençon, a quien había arruinado la ocupación inglesa y estaba resentido contra el rey por la indiferencia que mostraba ante su calamitosa situación. Borbón y Alençon exigían un mejor gobierno y una vigorosa prosecución de la Guerra de los Cien Años, pero también tenían objetivos más personales: el conde de Maine y otros favoritos del rey serían detenidos, y al rey se le pondría bajo la tutela del Delfín.
El plan era que Carlos VII sería cercado entre las fuerzas de Alençon y de Luis, que avanzarían desde Poitou, y las bandas armadas del duque de Borbón, que operaban en Berry y Turena. Luis y su padrino alzaron la bandera rebelde en la ciudad de Alençon y esperaron apoyo, pero allí les llegaron malas noticias: había fracasado un intento de capturar al rey, y fuerzas de Carlos VII habían puesto en fuga a las bandas de Borbón.
Los dos duques solicitaron negociar el cese de la lucha, y se envió un parlamentario a Clermont. Ambos declararon entonces su buena voluntad y le trasladaron las demandas del Delfín, que reclamaba la entrega de la provincia del Delfinado, legalmente suya, el gobierno del Languedoc y la Isla de Francia. Además pedía que Margarita de Escocia, su esposa, que entonces se encontraba con sus suegros, se incorporase al hogar conyugal con una adecuada pensión para gastos propios.
Los representantes del rey respondieron que cuando el Delfín pidiese perdón debidamente, Carlos VII tomaría las medidas oportunas en su honor y en el de su esposa, y trataría a los rebeldes de forma que todos quedasen contentos.
Los duques se mostraban dispuestos a ceder, pero el Delfín planteaba nuevas exigencias bastante irritantes: quería que el rey dejase de infligir sufrimientos a sus pobres súbditos y emprendiera una campaña contra los ingleses. También propuso que los rebeldes fueran sometidos a juicio ante los Tres Estados, pero sólo a condición de que previamente se castigara a los amigos del rey que hubieran cometido delitos. Luis coronó su arrogancia añadiendo que, si su padre lo prefería, estaba dispuesto a aceptar el arbitraje del duque de Borgoña, enemigo acérrimo del rey y su vasallo más peligroso.
Carlos VII
De repente los duques desaparecieron. No querían seguir aliados con el Delfín, que se estaba pasando mucho. Las tropas del rey reanudaron su avance, y los rebeldes se fueron sometiendo rápidamente. Finalmente Borbón habló con Luis, pero falseando la realidad: le dijo que todos sus seguidores serían recibidos en la gracia real. Luis, receloso, se hizo acompañar de tres de sus principales hombres y marchó con Borbón hacia el cuartel general del rey en Cusset. Pero antes de que llegaran les salió al encuentro un mensajero anunciándoles que el rey no les ofrecía el perdón.
Luis comprendió que había sido engañado. Furioso, aseguró que entonces no se sometería. Pero Borbón le respondió que era imposible regresar porque las fuerzas del rey habían cortado la retirada y era inútil toda resistencia. El Delfín tuvo, pues, que comparecer ante su padre y rendirle homenaje arrodillándose tres veces ante él. Entonces Carlos, impasible como siempre, se dirigió a su hijo, le dio la bienvenida, le recordó que hacía tiempo que no le veía y le dijo:
—Mañana hablaré contigo.
Al día siguiente, después de la misa, el Delfín y el duque se presentaron ante el rey y sus consejeros, rogándole el perdón para los hombres que los habían acompañado. El rey se negó a concedérselo, aunque les dio permiso para regresar a sus hogares.
—En ese caso, señor, tendré que volver a considerar mi posición —dijo el Delfín.
Carlos, haciendo acopio de paciencia, se mostró más suave que nunca:
—Luis, las puertas están abiertas, y si no son bastante anchas, abriré una brecha en la muralla para que puedas salir hacia donde mejor te parezca. Si deseas partir, hazlo. Con el favor de Dios, hallaremos a alguien de nuestra sangre que nos ayudará a sostener nuestro honor y nuestra soberanía mejor que lo has hecho tú.
Algunos observaban amargamente el contraste entre la prisa del rey por reducir a su hijo y la apatía que mostraba para continuar la guerra contra los ingleses. El obispo de Beauvais escribía: “¿Qué ventaja ha sido esto para nosotros, vuestros pobres siervos que estamos en la frontera? Ésta no es la manera de despertar que os deseo, cuando perseguís, mi temible señor, a vuestro hijo y a otros de vuestra sangre, que hicieron lo que hicieron por deseo de tener voz en vuestros consejos”. Y así, finalmente, los hombres que rodeaban al rey le persuadieron de que concediera a su hijo un control parcial del Delfinado y le asignase tierras adicionales para que tuviera más ingresos.
El pueblo dio a este levantamiento el nombre de Praguerie, en recuerdo de otro que se había producido no hacía mucho en la capital de Bohemia.
Bibliografía:
Louis XI – Paul Murray Kendall









Gracias por este nuevo artículo. Interesante como siempre, Madame.
ResponderSuprimir¿Os habéis planteado poner un buscador en vuestro blog, Madame? Así vuestros lectores podrían encontrar fácilmente cualquier objeto o personaje de su interés.
A mí, por ejemplo, se me ocurre ahora que me gustaría conocer vuestra sabia opinión sobre la relación entre el rey nazarí Boabdil el Chico y Gonzalo Fernández de Córdoba, relación idealizada, como sabréis, por Antonio Gala en "El manuscrito carmesí". Pero tendría que mirar entrada por entrada para saber si habéis escrito algo sobre ello, cuando con un buscador sería mucho más rápido.
Espero que mi sugerencia no haya sido motivo de molestia para vos, querida Madame :-)
Grosses bisses
Hola Madam:
ResponderSuprimirParece ser que Carlos VII daba más importancia a someter su reino que darle connotación internacional.
Quizás pensara que sería inmortal..
Me uno a la idea de Ana Márquez sobre el buscador.
Saludos
Ya le digo de antemano que lo que usted busca no está, madame.
ResponderSuprimirPero fijese que yo tuve instalado un buscador mucho tiempo y lo desinstalé porque nadie lo utilizaba. Para tenerlo solo de adorno, no me pareció muy estetico, así que decidí prescindir de él.
Yo me arreglo bastante bien con el buscador que ya vieje incluido en la barra de navegación, pero bueno, veré de volver a poner otro.
Feliz tarde, madame
Bisous
Es que fíjese usted cómo iba a plantearse luchar contra nadie fuera si no tenía sometidos ni a los suyos en casa. Ni a su familia! Ni a su hijo adolescente! Eso tenia que deprimir mucho, jiji.
ResponderSuprimirSobre el buscador, monsieur, como decía lo tuve puesto mucho tiempo, y lo quité porque los marcadores que tengo instalados me decían que jamás nadie había hecho uso de él, al contrario que del traductor.
Feliz tarde, monsieur
Bisous
Fue una mezcla de conflictos internos y externos la Guerra de los Cien Años, demasiado larga, aún en su intermitencia; ahora ya, con Carlos VII en su últimos coletazos. Poco tiempo les quedaba ya a los ingleses para disfrutar de Francia, salvo Calais, claro.
ResponderSuprimirHa llegado este artículo en el mejor momento, porque llevaba un buen rato tratando de instalar-subir-publicar o yo que sé una galería de imágenes y he armado un lío, que aún no he resuelto del todo, que me tenía desesperado. Así que ya ve, señora, a veces una guerra sirve de relax. Saludos.
Sin embargo, yo sí estoy de acuerdo con la conducta de Carlos: me parece que manejó el problema con su hijo de una manera bastante buena.
ResponderSuprimirFeliz tarde, Madame
¡Ah! Celebro haberle hecho reir.
ResponderSuprimirBeso su mano.
Con esa clase de amigos, para que enemigos? Con Matías II (algun dia) eso no pasará, soy bastante autoritario... aunque de pronto puede ser eso lo que causa problemas, jajaja.
ResponderSuprimirBisous
Monsieur, ya decía yo. Intenté entrar a su blog porque parecia que habia actualizado de nuevo, pero no se podia encontrar la pagina.
ResponderSuprimirEspero que lo resuelva pronto.
Buenas noches
Bisous
Sí, a mí tambien me lo parece. Es que el Delfín era imposible. No en vano fue La Araña Universal. Menos mal que tenía un padre flematico.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Gracias a usted, monsieur, por el delicioso texto.
ResponderSuprimirBuenas noches
Monsieur Mathias, quien diría que es usted tan autoritario! Pobres de sus hijos.
ResponderSuprimirBueno, pero si estan acostumbrados desde la cuna, les será mas llevadero.
Buenas noches, monsieur, tardes para usted.
Bisous
Madame..Interesante como siempre vuestra publicacion..Yo sabia poco acerca de este Rey frances, como por ejemplo que el ayudo a la poderosa Juana de Arco a socorrer Orleans y poder salvar a toda Francia que en ese momento estaba virtualmente controlada por los Ingleses...
ResponderSuprimirMe parece descabellada la idea de que un hijo se revele en contra de su padre, pero en aquellos momentos, y mas si eran de la familia Real no importaba mucho el parentezco.
Me despido Madame le mando un afectuoso saludo, y deseandole un buen fin de semana
Es que este hijo era fuera de serie, monsieur. Menudo trabajo dio a su padre, y a toda Europa.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Querida Madame, como siemrpe muy interesante post, y es que con usted funciona el dicho de: "nunca te acostarás..." al menos en mi caso.
ResponderSuprimirAl igual que el señor Hugo yo tampoco conocía mucho de este personaje, salvo que colaborara con Juana de Arco para ayudar a Orleans y a todo el país.
Besos Madame
Desconocía el por qué del nombre de la revuelta. Siempre he pensado que la creación de los grandes apanages en Francia fue causa de muchos disgustos para los reyes. Demasiado poder concentrado en unas manos. Y la alianza de varios príncipes de la sangre podía ser fatal.
ResponderSuprimirSaludos, madame
Es lo que suele ocurrir cuando el hijo te sale rebelde y poco conformista. Pero la paciencia de todo padre también tiene un límite, aunque sea todo un rey.
ResponderSuprimirUn saludo.
Que Delfin tan desconsiderado ,plantarsele al mismisimo rey en reveldia y con tales absurdas condiciones aun estando en inferioridad jeje
ResponderSuprimirMagnifica resolucion de Carlos .
Un abrazo madame y buen domingo
¿Qué tendrán sus historias que tanto nos atraen? Creo que la Historia narrada con sencillez y pasión que es la propia que nos cuenta usted.
ResponderSuprimirEn este caso me ha recordado un poco la historia del rebelde Fernando VII contra su padre, todavía rey, Carlos IV, con la diferencia que Carlos VII y Luis XI tenían más elegancia. Creo que este último acabó siendo un rey muy tacaño...
Besitos
Sí, madame Akasha, de ese rey se trata. Siempre demostró un caracter apatico, abulico, pero parece que con su hijo le entraban descargas de adrenalina. Le parecia mas peligroso que los ingleses, y con razon.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Ya lo creo que sí. La Guerra de los Cien años propició esa situación. Al final el rey habia pasado a necesitarlos demasiado, a hacerles demasiadas concesiones, hasta que cualquiera de ellos tenia mas poder que él.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Sí, monsieur, y Luis colmaba la paciencia de cualquiera. Ya de adolescente era una persona imposible.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Es que este delfin era punto y aparte, monsieur. Un peligro publico.
ResponderSuprimirFeliz tarde
bisous
Ay sí, madame, jiji, la tacañería de Luis XI fue proverbial.
ResponderSuprimirEran un poco más elegantes, sí. Y un poco más inteligentes tambien, madame.
Muchas gracias y feliz tarde
Bisous
No le faltaba coraje al Delfín poniendo en jaque a su padre,era una batalla perdida aunque ,finalmente y bien aconsejado, parece que Carlos encuentra una solución apaciguadora.
ResponderSuprimir¿Como entablar batalla fuera del territorio si en el propio no hay unión frente al enemigo?
Besitos.
Ahí estaba el problema, madame. Era peligroso mover ejercitos cuando no se sabía bien si en cualquier momento podian obedecer a otro gran señor y no a él.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
A este Carlos VII de Francia se le debía recordad aquello de que "quien traiciona será traicionado". Él enseñó al Delfín a traicionar cuando abandono a su suerte a Juana de Arco, así pues ¿Qué quería?. Tuvo un buen vástago y mejor pupilo.
ResponderSuprimirSalud y Amistad
VEO QUE LOS ADOLESCENTES SON IGUALES EN TODAS LAS ÉPOCAS.
ResponderSuprimirSIGO APRENDIENDO HISTORIA CON UD. MADAME.
SALUDOS
Y mucho menos apatico que su padre, a la par que precoz. Luis era mucho Luis.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana
Bisous
jeje, ya entonces alentaba en ellos la rebeldía, eh madame?
ResponderSuprimirFeliz lunes
Bisous