domingo, 8 de agosto de 2010

La Marquesa de Ganges


La vida de esta dama ha sido objeto de novelas, poemas y melodramas. Es el tema de una obra de Alejandro Dumas, y sirvió igualmente de inspiración al marqués de Sade.

Diane-Elisabeth de Rosann fue sin duda una de las mujeres más hermosas del siglo XVII. Nacida en Aviñón en 1636, poco es lo que se sabe acerca de su infancia, excepto que fue educada por su abuelo, el Señor de Nochères. Cuando contaba poco más de 13 años la casaron con el marqués Dominique de Castellane, nieto del duque de Villars.

Al ser presentada en la corte, el jovencísimo Luis XIV la distinguió entre la multitud de bellezas que adornaban entonces la más brillante corte de Europa. Son muchas las fuentes que mencionan cómo Diane bailó con el rey en uno de los ballets de Benserade, titulado Psyché. El encanto de la marquesa, la ilustre familia de su esposo y la inmensa fortuna que ella había aportado, todo se aliaba para hacer de ella la mujer de moda en París, y pronto fue conocida como La Bella Provenzal, nombre que, al parecer, le fue dado por otra de sus admiradoras: la reina Cristina de Suecia.


El marqués de Castellane falleció pronto durante su servicio naval al naufragar su barco ante las costas de Italia. La joven viuda se retiraba a un convento a guardar su luto mientras comenzaba a ver a los más prometedores jóvenes de la corte agolpándose a su alrededor para pedir su mano. Su mala estrella hizo que acabara por conceder preferencia a las pretensiones del marqués de Ganges, con quien se casó en julio de 1658.

Dos meses después de la ceremonia, el marqués se llevó a su esposa a Aviñón. Ganges tenía dos hermanos, hombres muy disolutos: el abate Henri y Bernardin de Ganges, Caballero de la Orden de Malta. Ambos resultaron tan afectados por los encantos de su cuñada que planearon seducirla mientras el marido se ocupaba de sus deberes como gobernador de la fortaleza de St-André.

Los comienzos del matrimonio de Diane habían sido muy felices, pero al cabo de dos o tres años fueron surgiendo algunas diferencias entre ellos, debido, por parte del esposo, a una cierta tendencia al derroche, y por parte de la esposa a una excesiva coquetería. El abate, de naturaleza intrigante, sembraba la discordia o reconciliaba a ambos esposos según conviniera a sus intereses. Como su cuñada había hecho de él su confidente, esperaba que con el tiempo esta amistad diera paso a una relación más estrecha y ella se rindiera finalmente a su pasión. Pero, tan pronto como se atrevió a declararse, fue rechazado contundentemente. El caballero de Ganges tuvo el mismo poco éxito al manifestar sus pretensiones.


Los hermanos estaban muy interesados en una herencia de 500.000 libras que Diane había recibido de su abuelo y que había legado a su hijo Alexandre, de modo que, al no conseguir sus deseos, los dos se unieron para vengarse y planearon su muerte para así, al menos, ver el modo de apoderarse de su fortuna. Le administraron un veneno en su taza de chocolate, pero calcularon mal la dosis y no lograron su objetivo. El intento, sin embargo, no pasó desapercibido, y fue causa de muchos rumores.

Molesto por estas habladurías, el esposo propuso a Diane pasar el otoño en su casa de campo de Ganges. La marquesa aceptó. Pero, una vez allí, se da cuenta de que el peligro sigue cerniéndose sobre ella: en una carta que dirige a su madre, dice que no podía atravesar los sombríos corredores de aquella melancólica residencia sin sentir terror.

El marqués la dejó en compañía de sus dos hermanos y regresó a Aviñón. Poco antes de emprender el viaje ella había hecho testamento estipulando que en el caso de su muerte confiaba la administración de sus propiedades y el cuidado de sus hijos a Madame de Rossan, su madre. Sus cuñados comenzaron entonces a presionarla para que revocara ese testamento, hasta que por fin lo consiguieron. Tan pronto como lo hubieron logrado se produjo un segundo intento de envenenamiento, pero con el mismo poco éxito. Sin embargo, habían llegado demasiado lejos como para aceptar volverse atrás.


El 17 de mayo de 1667 comienza la agonía de la marquesa. Esa tarde el abate, armado con una pistola y una taza, y el caballero con su espada desenvainada, entraron en la habitación de Diane, que se hallaba en cama por sentirse indispuesta.

—Debéis morir, señora —dijo el abate—. Elegid vos si ha de ser por la espada, la pistola o el veneno.

Diane saltó del lecho y se arrojó a los pies de sus cuñados preguntando qué crimen había cometido, pero viendo que de ningún lado le llegaría ayuda, la desdichada dama tomó la copa envenenada y la bebió mientras el abate sujetaba la pistola contra su pecho. Después ambos se retiraron dejándola encerrada en la habitación, prometiéndole que le enviarían el confesor que solicitaba.

Una vez a solas, la marquesa pensó primero en escapar, y después en librarse del veneno. Para ello se obligó a devolver el líquido ingerido introduciendo en su garganta uno de los broches del cabello. Luego, medio desnuda, se arrojó al patio, a pesar de que la ventana estaba un tanto elevada del suelo.


Diane imploró entonces la compasión de uno de los sirvientes, y éste le facilitó la huida a través de los campos por una puerta del establo. Pero los dos hermanos la habían visto y le pisaban los talones. La persiguieron y convencieron al granjero en cuyo hogar se había refugiado de que se trataba de una loca. Fue allí donde consumaron el crimen. El caballero, que hasta entonces había parecido menos fiero que el abate, la siguió de habitación en habitación hasta atraparla y atravesarla con su estoque, dos veces en el pecho y 5 en la espalda. Los golpes fueron tan violentos que el arma se rompió y una parte permanecía clavada en su hombro.

Los gritos de la mujer atrajeron a los vecinos hasta el lugar, y el abate, que había permanecido a la puerta impidiendo que nadie pudiera acudir a ayudarla, entró ahora con ellos. Furioso al ver que aún no estaba muerta, apuntó con la pistola a su pecho, pero falló el disparo al encasquillarse el arma. Intentó entonces golpearla con ella, pero ya los espectadores se apresuraban a intentar sujetarlo. Vano esfuerzo, pues logró escapar junto con su hermano.


Madame de Ganges vivió una horrible agonía durante 19 días aún. Su marido estuvo presente durante sus últimos momentos. Hubo muchas sospechas contra él, pero la marquesa hizo cuanto estuvo en su poder por librarlo de todo ello.

El Parlamento de Toulouse, por decreto de 21 de agosto de 1667 condenaba al abate y al caballero a morir en la rueda, donde sus huesos serían triturados. El marqués, después de serle confiscadas sus propiedades y de perder su título nobiliario, fue condenado a destierro perpetuo. Sin embargo, la justicia no logró apoderarse de los asesinos: el caballero encontró refugio en Malta, y posteriormente falleció en combate contra los turcos. El abate buscó asilo en Holanda, y allí, con nombre ficticio, vivió numerosas aventuras.

25 comentarios:

  1. Madame, pobre mujer, víctima de la vanidad y los deseos de enriquecimiento de esos hombres sin sentimientos. Le hicieron la vida imposible y le otorgaron una muerte horrible.

    Que mal cuerpo se le queda a uno de leer esta historia.

    Feliz domingo.

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  2. Sade aprovechó para hacer ver que la virtud no recompensa. Y puede que tenga razon, ya ve.

    Feliz domingo, monsieur

    Bisous

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  3. No se puede uno fiar ni de los cuñados. Vaya par de elementos y qué ciego estaba el esposo al no darse cuenta de lo sinvergüenzas que eran sus propios hermanos. No me extraña que la justicia pensara que también estaba detrás del crimen.
    Un saludo, madame.

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  4. Que mal quedé al leer esta historia, Madame.

    Por lo visto Mme. de Ganges hizo todo lo posible por vivir, qué ganas! Será que le hubiera ido mejor si se hubiera quedado en la corte?

    Un abrazo

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  5. Hola Dame Masquèe!! Qué crueldad!!
    Cómo pudieron escapar después de todo lo que hicieron, qué injusticia. Diane vivó aterrorizada, muy triste amdaem.
    Feliz domingo!!
    Bisousssssss

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  6. Yo no estaría tan segura de que el esposo no se diese cuenta, monsieur. Imagino que la herencia le venia muy bien.

    Feliz tarde de domingo

    Bisous

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  7. Seguro que le hubiera ido mucho mejor en la corte, alejada de sus cuñados, monsieur.
    No eligio bien a su segundo marido.

    Feliz domingo

    Bisous

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  8. Uno de esos casos manifiestamente injustos, madame, en los que a pesar de no caber la menor duda acerca de la identidad de los asesinos, estos logran escapar.

    Feliz tarde

    Bisous

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  9. Madame,
    qué terrible vida nos presenta en esta entrada. Pobre mujer. Como otras protagonistas invisibles de la Historia, una marioneta en manos de hombres.

    Feliz noche.

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  10. Pobre Diane que cruel final ,desde el vamos estuvo viviendo en un nido de serpientes en donde se avecinaba un final tan triste .
    Una lastima que los culpables no tuvieran su merecido y estoy tambien de acuerdo con varios de los comentaristas sobre la probable participacion de su esposo en esto
    Un abrazo y buena semana madame

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  11. y todo por dinero... y además los asesinos no pagaron por su crimen... una tragedia la que nos trae esta entrada...

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  12. ¡Pobre marquesa! Esto sí que son infortunios de la virtud... La pena es que tanto l caballero como el abate saliesen ilesos del terrible crimen que cometieron.

    Triste historia.

    Saludos, madame

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  13. Totalmente indefensa, y sin obtener siquiera justicia tras una muerte tan espantosa, puesto que sus asesinos lograron escapar.

    Feliz comienzo de semana, madame

    Bisous

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  14. Yo también creo que podría estar implicado. Seguramente iban tras la herencia los tres, para repartirsela fraternalmente.

    Feliz lunes, monsieur

    Bisous

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  15. Todo por dinero, mezclado también con despecho y afan de venganza. Todos los mas bajos instintos salen a relucir aqui.

    Feliz lunes, monsieur

    Bisous

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  16. Ya lo creo que sí, monsieur, uno de esos lamentables ejemplos de los infortunios de la virtud que nos contaba el marqués de Sade.
    Es curioso ver cuántas veces triunfa el mal.

    Feliz lunes

    Bisous

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  17. Que "simpático" el Abad, preguntándole de qué forma deseaba morir!! Bueno, al menos tuvieron justo castigo por su crimen. Abrazos ;-)

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  18. Hola Madame:
    Triste historia la de esta Dama. Y triste que sus asesinos no fueran juzgados como debían serlo.

    Madame espero que siga mejor de su dolencia de espalda.

    Saludos

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  19. Lamentablemente no lo tuvieron, madame: aunque fueron condenados, lograron escapar.

    Feliz comienzo de semana

    Bisous

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  20. La pobre se revolvería en su tumba al ver que se escapaban. De haber sido inglesa, sería otro de esos fantasmas que pululan por allá!

    Gracias, monsieur. Pronto sabré algo más concreto sobre mi problema.

    Feliz comienzo de semana

    Bisous

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  21. Qué historia tan horrible!! Pobre mujer!!! Imagino que a su muerte la marquesa sería joven aún. De todos modos es impensable lo que los hombres pueden hacer a cambio de poder o dinero.

    Tanta belleza de poco le sirvió a la hora de su muerte. Y encima sus asesinos lograron escapar...

    Besitos

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  22. ¡Qué mujer más desdichada!
    Hay que tener mala suerte. Entre tantos pretendientes, fue a elegir al peor. Seguro que esta pobre, si se sentaba en un pajar, se clavaba la aguja.

    Nos contará usted alguna vez, qué fue del Abate, o del hijo de Madame de Ganges?

    Buenas noches, Madame.

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  23. Sí, madame, tenía alrededor de 30 años. Demasiado joven para morir, incluso en aquellos tiempos. La pobre no tuvo tanta suerte como belleza.

    Buenas noches

    Bisous

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  24. Pues me temo que de momento no, monsieur. Procede cambiar de tema. Pero como no se puede decir de este agua no beberé, pues quien sabe en un futuro.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  25. Hola que tal, ¿cómo te estás?, felicidades por el excelente blog que administra.
    Quisiera poder contar con él en mis blogs, para que mis visitantes
    puedan conocerlo, ya que sería de mucho interés para ellos.
    Si está de acuerdo, por favor escríbame a manganimemaster@gmail.com

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)