A pesar de haber mostrado una actitud fiera y desafiante cuando las iglesias de Sens se cerraron para ella, ni la ira ni la violencia eran el modo habitual de proceder de Bertrada. La reina estaba dotada de una belleza perfecta, pero no eran sus perfecciones físicas, sino la extremada amabilidad de sus modales lo que había cautivado al rey. Ella prefería cazar moscas con miel, e intentaba todos los medios a su alcance para una solución pacífica al conflicto, de modo que su esposo pudiera reconciliarse con el obispo Ivo. Dulce, pero no tímida, puesto que muchos afirman que, cuando conoció al rey, fue ella quien hizo los primeros avances y quien se declaró apasionadamente.
El caso es que poco a poco su dulzura fue calmando la irritabilidad de Ivo, y, una vez apaciguado, consiguió que escuchara sus argumentos. Así, algún tiempo después Ivo tomó el partido de la corte frente al irreductible Hugo, obispo de Lyon, que quería convocar un nuevo concilio que obligara de modo definitivo al rey a separarse de su esposa.
Urbano II falleció, y el nuevo Papa renovó la sentencia de excomunión contra los dos esposos tras el concilio de Poitiers en 1099. El concilio fue de los antológicos: el duque Guillermo IX de Aquitania, abuelo de Leonor de Aquitania, irrumpió en la asamblea entrando en la iglesia con hombres armados, y se dirigió a los prelados con tono contundente:
—Os encontráis en una ciudad que yo sostengo en nombre de la Corona, y si os atrevéis a seguir adelante, os juro, por la lealtad que he prometido, que no saldréis de aquí impunemente.
Uno de sus hombres arrojó una piedra a un cardenal. No le alcanzó, pero le dio a un clérigo que falleció a consecuencia del golpe. En definitiva, se comprenderá que nada positivo para el rey saliera de aquel nuevo concilio.
El rey estaba decidido a no volver a humillarse en vano. A fin de cuentas vivía feliz con la mujer que amaba, y eso era lo que importaba. Dejó que pasara el tiempo sin hacer caso de recomendaciones ni buscar arreglos con Roma, hasta que el Papa, viendo su autoridad comprometida, tomó la astuta iniciativa de intentar un acuerdo para poder darles la absolución. Para ello, el rey tuvo que comparecer ante el concilio de obispos en París como penitente, caminando descalzo en pleno invierno.
Bertrada siempre conservó la influencia que tenía sobre su marido, y consiguió algo más difícil aún que reconciliar al rey con el obispo: también logró que hiciera las paces con el conde de Anjou. Felipe y ella acudieron a Saint-Nicolas d’Angers, donde fueron recibidos por Fulco y por toda su corte, con toda magnificencia. Hubo un gran banquete, y el rey perdonó al conde los pasados sinsabores. El anciano Fulco también olvidó los suyos. Trató a su ex esposa con tal deferencia y le rindió tales honores que la gente comenzó a murmurar que una conducta tan antinatural sólo podía deberse a que Bertrada lo había hechizado. No olvidaban que cuando el rey se casó con ella, Fulco extendió un acta fechada, según sus propias palabras, “en el año en que el indigno rey Felipe mancilló Francia con su adulterio”, ni que en sus escritos se refería al rey llamándolo “el traidor”.
El cronista Orderic Vitalis nos transmite una imagen muy negativa de la reina Bertrada. Cuenta en sus crónicas que “ningún hombre la alababa más que por su belleza”. Orderic nos transmite la idea de una mujer muy ambiciosa que pretendía ver a uno de sus hijos suceder a Felipe en el trono. Siempre de acuerdo con este relato, la reina escribió una carta a Enrique I de Inglaterra pidiéndole que arrestara a su hijastro Luis mientras se encontraba de visita en su reino. Enrique, que no deseaba violar las leyes de la hospitalidad, informó a Luis, que regresó a Francia y, arrojándose a los pies de su padre, le rogó que apuñalara con su propia mano al hijo al que había condenado. Luego le explicó lo sucedido y pidió justicia, asegurando que, si se le negaba, él mismo tomaría venganza. Sus protestas casi le cuestan la vida, porque la reina intentó entonces eliminarlo, primero mediante hechizos y después con veneno. El príncipe hubiera matado a Bertrada si el padre no hubiera intervenido para reconciliarlos.
Ignoramos hasta qué punto pueden serle imputados a la reina estos hechos, pero sí parece que haya tratado de favorecer a sus propios hijos —ella tuvo tres hijos con el rey: Felipe, conde de Nantes, Fleury, Señor de Nangis, y Cecilia de Francia—. En cualquier caso, Luis vivió y sucedió a su padre como Luis VI.
Felipe falleció en Melun el 29 de julio de 1108, a los 56 años de edad. La reina se retiró a la abadía de Hautebruyère, que ella misma había fundado, y allí tomó los hábitos en 1115. Cuentan que aún retenía toda su belleza, y que ni una sola arruga marchitaba su rostro. Pero no iba a vivir mucho más tiempo a partir de ese momento: poco habituada a las reglas austeras y rigurosas del convento, su salud se fue deteriorando y murió apenas dos años después. Aún se puede ver su tumba en la vieja iglesia de Hautebruyère, cerca de Chartres.
Bibliografía:
El caso es que poco a poco su dulzura fue calmando la irritabilidad de Ivo, y, una vez apaciguado, consiguió que escuchara sus argumentos. Así, algún tiempo después Ivo tomó el partido de la corte frente al irreductible Hugo, obispo de Lyon, que quería convocar un nuevo concilio que obligara de modo definitivo al rey a separarse de su esposa.
—Os encontráis en una ciudad que yo sostengo en nombre de la Corona, y si os atrevéis a seguir adelante, os juro, por la lealtad que he prometido, que no saldréis de aquí impunemente.
Uno de sus hombres arrojó una piedra a un cardenal. No le alcanzó, pero le dio a un clérigo que falleció a consecuencia del golpe. En definitiva, se comprenderá que nada positivo para el rey saliera de aquel nuevo concilio.
Bertrada siempre conservó la influencia que tenía sobre su marido, y consiguió algo más difícil aún que reconciliar al rey con el obispo: también logró que hiciera las paces con el conde de Anjou. Felipe y ella acudieron a Saint-Nicolas d’Angers, donde fueron recibidos por Fulco y por toda su corte, con toda magnificencia. Hubo un gran banquete, y el rey perdonó al conde los pasados sinsabores. El anciano Fulco también olvidó los suyos. Trató a su ex esposa con tal deferencia y le rindió tales honores que la gente comenzó a murmurar que una conducta tan antinatural sólo podía deberse a que Bertrada lo había hechizado. No olvidaban que cuando el rey se casó con ella, Fulco extendió un acta fechada, según sus propias palabras, “en el año en que el indigno rey Felipe mancilló Francia con su adulterio”, ni que en sus escritos se refería al rey llamándolo “el traidor”.
Ignoramos hasta qué punto pueden serle imputados a la reina estos hechos, pero sí parece que haya tratado de favorecer a sus propios hijos —ella tuvo tres hijos con el rey: Felipe, conde de Nantes, Fleury, Señor de Nangis, y Cecilia de Francia—. En cualquier caso, Luis vivió y sucedió a su padre como Luis VI.
Coronación de Luis VI
Felipe falleció en Melun el 29 de julio de 1108, a los 56 años de edad. La reina se retiró a la abadía de Hautebruyère, que ella misma había fundado, y allí tomó los hábitos en 1115. Cuentan que aún retenía toda su belleza, y que ni una sola arruga marchitaba su rostro. Pero no iba a vivir mucho más tiempo a partir de ese momento: poco habituada a las reglas austeras y rigurosas del convento, su salud se fue deteriorando y murió apenas dos años después. Aún se puede ver su tumba en la vieja iglesia de Hautebruyère, cerca de Chartres.
Bibliografía:
Histoire des reines de France – Laure Prus
Memoirs of the queens of France – Annie Forbes Bush
The Capetians: kings of France – Jim Bradbury
A history of France and the French people – George Moir Bussey, Thomas Gaspey, Théodose Burette
Violence against women in medieval texts – Anna Klosowska, Anna Roberts
Papisas y teólogas: mujeres que gobernaron el reino de Dios en la Tierra – Ana Martos, Ana Martos Rubio
The History of Normandy and of England – Sir Francis Palgrave











Una mujer de armas tomar querida Madame, me recuerda mucho a Isabel de Farnesio, solo que Bertranda no puedo al final colocar a ninguno de sus hijos en ningún trono...
ResponderSuprimirUn beso y feliz tarde de domingo.
No, ella no logró eso, pero, dadas las circunstancias, ya le valió salirse con la suya en lo del matrimonio. Mire que lo tenía mal.
ResponderSuprimirFeliz tarde de domingo, monsieur
Bisous
Parecía de armas tomar la buena señora.
ResponderSuprimirComo dice el amigo Carolvs, esta ambiciosa mujer no logró aupar al trono a ninguno de sus hijos como pasó con Isabel de Farnesio quien logró "colocar" a Carlos III a la muerte de su hermanastro Fernando VI.
Un saludo.
Entonces, pudieron seguir juntos? no lo puedo creer... parecía que la historia iba tan mal en el primer capítulo.
ResponderSuprimirMadame, me ha dado un gran susto.
Bisous
Y eso que según el cronista mire que lo intentó, eh? Pero no se puede tener todo. Ya que terminó colando lo del matrimonio, no podia pedir mas.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Pues sí, parecía que no iba a tener final feliz, tal como iban las cosas. Pero ya ve: amor omnia vincit.
ResponderSuprimirTiene que estudiar usted latin, por cierto?
Feliz tarde de domingo, monsieur.
Bisous
Pues sí, aunque entendí esa frase: el amor siempre vence.
ResponderSuprimirAunque no me la creo.
Ah pues, si un concubinato es normal en su Corte ¡Alla voy! ustedmientras tanto vaya desempolvando la habitación pues mi madre va conmigo, jajaja.
Hablando de mi madre, hoy es su cumpleaños,:D.
Buenas tardes
Bisous
Buena táctica la de cazar moscas con miel, para una mujer que tenía mucho ganado con su apabullante belleza.
ResponderSuprimirNunca pensé que llegaría a buen término su asunto con el rey, vistos los inconvenientes surgidos desde un principio.
PD. por cierto, debo felicitarla por su nuevo look, especial para usted y perfectamente elegante. Me encanta, como todo lo suyo, Madame
Madame, permitidme saludarle...
ResponderSuprimirTodo vuestro blog es de gran interes, os felicito.
Muy interesante articulo, yo no conocia la historia de la Reina Bertrada de Montfort, pero ahora ya se quien fue.... Aunque debo admitir que me interesan las historias medievales, y mas si tratan de Reinas.
Madame me despido, que tenga una buena tarde
Monsieur Mathias, ante todo muchas felicidades a su mamá! Espero que este teniendo una hermosa celebracion.
ResponderSuprimirEn cuanto al latín, le preguntaba si tiene que estudiarlo ya, o sea si lo esta estudiando ya este curso o si lo hará mas adelante. No sé muy bien cómo va eso.
Monsieur, los concubinatos con madre no salen bien. En mi corte son concubinatos sin madre, comprendalo, así que no teniamos aun dispuestos los aposentos, pero no se preocupe, que esta misma noche estaran listos y esperando la llegada de la homenajeada.
Bisous
Ya ve. Parecía imposible, pero consiguió aquello mismo en lo que otros fracasaron después. Tuvo suerte, supongo.
ResponderSuprimirgracias, madame. Es que pense que, siendo la dame masquee, debia verse bien la mascara.
Buenas noches
Bisous
Muchas gracias, monsieur Hugo, y bienvenido.
ResponderSuprimirA mi tambien me encantan estas historias. Procuro poner articulos variados, un poco de todo, pero estas historias medievales me atraen mucho.
Feliz tarde
Bisous
Resulta Madame, que tengo dos madres,doña María, quien me dio la vida y cumple años hoy, y doña Pereza, quien me acompañará a la Corte.
ResponderSuprimirNo recuerda mi frase de ayer? La pereza es la madre de todos los males.
Bisous
Una gran señora, pero un poco borde con eso de querer desheredar o matar que es peor a Luis. De todas maneras otras reinas también lo hicieron. Recuerdo a la bola de queso parmesana de Isabel de Farnesio. No intentó matar a Fernando VI, pero además de conseguir tronos para sus retoños, pudo ver a Carlos III después de ser rey de Nápoles, lucir la corona de las Españas.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Coincido en esta tarde madame con varios de sus comentaristas sobre lo nefasto que pintaba el final de esta historia y debo decir que me he llevado una grata sorpresa .
ResponderSuprimirSobre las cronicas de Vitalis que credibilidad le da usted al respecto?
Un abrazo y buena semana
Pero monsieur, cómo puede pretender que lo asocie yo a usted con mal alguno? Eso nunca! Usted es un gran bien que dara fértiles cosechas.
ResponderSuprimirLa pereza en matematicas es comprensible, no cuenta :)
Bisous
Monsieur, no nos consta que en realidad Bertrada intentara asesinar a nadie, de modo que preferiría no juzgarla en ese aspecto. Pero creo que necesita un buen abogado!
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Pues vera, monsieur Luther, yo doy toda credibilidad a que trató de intrigar con el rey de Inglaterra contra su hijastro. Ahora bien, lo del envenenamiento tal vez tenga tanta credibilidad como lo de los hechizos que se le atribuyen. Digamos que la señora no tenía muy buena prensa. Demasiados enemigos como para esperar un trato favorable en las cronicas, por encantadora que fuera.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
No tiene buena prensa la reina, no. En cualquier caso, un personaje fascinante -otro más- en unos años difíciles.
ResponderSuprimirFeliz lunes, Madame
Bien es verdad que las madres anteponemos los propios hijos a los de otros pero, hay formas y formas. Claro que, la ambición de entonces, no tenía límites, por lo que estamos viendo.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, madame.
Un beso.
Nada hay que la belleza no seduzca, ni el dinero no compre.
ResponderSuprimirEn esta mujer se reunían los dos, poder sobre los dos hombres, y su imagen.
Abrazos Madame
No es sorprendente que no gozara de las simpatias de sus subditos, con todos los jaleos que ocasionó. Así que era de esperar que las cronicas no la trataran muy bien.
ResponderSuprimirFeliz lunes, monsieur
Bisous
O tal vez sean puras calumnias, porque otra de las caracteristicas de la epoca era los pocos escrupulos de los cronistas a la hora de adjudicar crimenes y demás.
ResponderSuprimirFeliz lunes, madame
Bisous
Lo consiguió casi todo, madame. Excepto ver a un hijo suyo sentado en el trono.
ResponderSuprimirFeliz lunes
Bisous
Madame,
ResponderSuprimiruna mujer fiera y con ideas claras, esta dama que nos presenta.
Feliz tarde.
Ya se lo había comentado Madame. Una mujer de gran fuerza y coraje.
ResponderSuprimirLastima que no pudo entronizar a ningún hijo sentado en el trono.
Me gustaría visitar su tumba en Chartres. Estar frente a esta Dama debe causar estremecimiento.....
Saludos Madame
A mi Bertrada me parece admirable por su talante conciliador y por lo mucho que llegó a conseguir sin usar métodos cruentos, es lógico que pensara por sus hijos aunque también considero justo que ninguno llegase a reinar.
ResponderSuprimirMe he quedado impresionada por la poténcia que demuestra en el tiro uno de los hombres de Guillermo IX de Aquitánia que de una sola pedrada va y se carga a un hombre, ¡Ahí es nada! y seguro que no iba al gimnásio jejejje.
Un beso querida.
Cada entrada que hace, Madame, es una verdadera novela histórica en germen.
ResponderSuprimirComo siempre ha cautivado mi interés.
¡Y yo escribiendo cosillas triviales en el blog!
La historia es la maestra de la vida y sus personajes son una verdadero venero de sucesos extraordinarios.
Mi más profunda admiración, madame.
Ha sido magnífico leer tan documentados artículos sobre la lejana historia de Francia. No me extraña que Bertrada de Montfort, todo un carácter, transmitiera su bravura a sus descendientes y que de su estirpe, salvo que me halle equivocado, resultara, poco más de un siglo después, el agresivo Simón de Monfort, azote de los sufridos albigenses, muerto durante la conquista de Toulouse a los "herejes".
ResponderSuprimirSaludos.
Así es, madame. Parece que desde muy joven supo lo que quería y lo que no, y que ademas era capaz de conseguirlo.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Pues animese, monsieur Manuel. Una vueltecita por Chartres en sus proximas vacaciones. De paso podra admirar la catedral con ese caractetistico color azul de sus vidrieras.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
No lo tenía lejos, madame, sino en la misma iglesia. Pero ademas repare usted en que no se trataba del objetivo que se había fijado, sino que alcanzó a otra persona por puro accidente. No debia de andar bien de puntería.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Muchas gracias, madame Rosa. Verdaderamente, echando un vistazo a las vidas de algunas damas y caballeros de otros tiempos, llegamos a la conclusion de que la realidad casi siempre supera a la ficción.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Muchas gracias, monsieur.
ResponderSuprimirEfectivamente, los Montfort se las traían. Tenían un caracter muy resuelto, y, desde luego, algunos fueron mas partidarios de la violencia que Bertrada.
Feliz tarde
Bisous
Otra gran mujer la que nos has traido en estas dos entradas, luchó y consiguió vivir como deseó.
ResponderSuprimirBueno, en caso de que fuera cierto que intentó asesinar a su hijastro, eso rebajaría considerablemente su grandeza, jiji.
ResponderSuprimirFeliz dia, monsieur
Bisous