martes, 25 de mayo de 2010

Robespierre y Fouché

Joseph Fouché

Fragmento extraído de las Memorias de Fouché

Tocábamos al paroxismo de la revolución y del terror. Sólo se gobernaba a base de la hoja de acero que segaba cabezas. Sospecha y desconfianza roían los corazones; el espanto planeaba sobre todos. Los mismos que tenían en la mano el arma del terror estaban amenazados. Sólo un hombre en el seno de la convención parecía gozar de un poder inatacable: era Robespierre, el de Arrás, lleno de astucia y de orgullo; envidioso, lleno de odio, vengativo, insaciable de la sangre de sus colegas, y que por su actitud, su porte, sus ideas y la testarudez de su carácter, dominaba a veces las más adversas circunstancias. Con su preponderancia en el Comité de Salvación Pública aspiraba, no ya a la tiranía decenviral, sino al despotismo de Mario y Sila. Ambicionaba gobernar la revolución como amo absoluto; pero necesitaba aún 30 cabezas más en su haber de víctimas, y yo había adivinado que una de ellas era la mía. Sí, tuve el honor de figurar en la lista de los que se destinaban a la muerte. Estaba aún en misión en provincias cuando Robespierre me acusó de oprimir a los patriotas y proteger a los aristócratas. Llamado a París, me atreví a hacerle frente desde la tribuna y exigirle que documentase su acusación. Entonces me mandó expulsar del club de los jacobinos, cuyo sumo sacerdote era él mismo, lo que para mí equivalía a una sentencia de proscripción. No perdí el tiempo en más discusión, ni en proclamar mi inocencia, sino que pasé el aviso de lo que yo bien sabía a Legendre, Tallien, Dubois de Crancé, Daunou y Chénier:

—¡Estáis en la lista negra, y yo también, estoy seguro!

Maximiliano Robespierre

Tallien, Barras, Bourdon de l’Oise y Dubois de crancé dieron pruebas de cierta energía. Tallien luchaba por dos vidas, una de las cuales le era más cara que la suya propia [Teresa Cabarrús], y estaba decidido a clavar su puñal al tirano, en plena Convención. Pero aquello hubiese sido peligroso. La popularidad de Robespierre le hubiera sobrevivido y se nos habría inmolado sobre su tumba.

Aparté, pues, a Tallien de su propósito, empresa aislada que habría derribado al hombre, pero mantenido el sistema. Convencido de que hacían falta otros resortes, me dirigí a los mismos participantes de la tiranía, los que compartían el poder con Robespierre y tenían envidia o miedo de su inmensa popularidad. Revelé a Collot d’Herbois, a Carnot y a Billaud Varennes los propósitos del moderno Appio Claudio; les hice ver por separado un cuadro tan enérgico y verdadero del peligro de su posición respectiva, y los estimulé con tanta habilidad que fomenté en el interior de su ánimo más que desconfianza: valor para oponerse a las tiránicas consignas de aquel hombre, que estaba diezmando la Convención. Los impulsé a que le rehusaran los votos y le redujesen al aislamiento por la fuerza de su inercia. ¡Pero cuánto tacto, cuántas maniobras tuve que efectuar para no asustar al club de los jacobinos, para no enfurecer a los satélites fanáticos de Robespierre! Seguro de haber sembrado la buena semilla, me decidí a encararme con él de nuevo el 20 de pradial [8 de junio de 1794], en que, animado de la ridícula pretensión de actuar como sumo sacerdote en la proclamación solemne de la existencia del Ser Supremo, se atrevió a proclamarse su intermediario, en presencia de todo el pueblo reunido en las Tullerías. Mientras subía los escalones de la tribuna para exhibir su propio endiosamiento, le predije que su fin estaba cercano. Cinco días más tarde, en pleno Comité, pidió mi cabeza y la de ocho amigos míos, reservándose el hacer cortar después una veintena más.

Fouché

¡Cuán grandes fueron su asombro y su irritación cuando vio entre los miembros del Comité una oposición invencible a sus deseos sanguinarios y antidemocráticos!

—La asamblea ha sido ya demasiado mutilada —le contestaron—, y es ya hora de detener esa guadaña que acabaría con todos nosotros.

Viendo Robespierre que la mayoría de los votos se le escapaban de las manos, se retiró lleno de despecho y de ira, jurando no volver a poner los pies en el Comité mientras su voluntad no fuese allí reconocida. Entonces llama a su lado a Saint-Just, que estaba en el ejército; junta a Couthon bajo su bandera sangrienta, y adueñándose del tribunal revolucionario hace temblar aún a la Convención y a todos los demás que están dispuestos a rendir culto al miedo. Confiando en el club de los jacobinos, en el comandante de la Guardia Nacional, Henriot, y en todos los comités revolucionarios de la capital, se jacta de que con tantos partidarios no podrá menos que vencer. Manteniéndose así alejado del antro de donde emanaba el poder, pretendía ahora lanzar sobre sus adversarios la execración general, hacer que fuesen considerados como los únicos autores de tantos asesinatos, y abandonarlos a la venganza de un pueblo que comenzaba a murmurar de ver correr tanta sangre. Pero cobarde, desconfiado y tímido en el fondo, no supo actuar a tiempo, y dejó pasar cinco semanas preciosas entre esta disidencia clandestina y la crisis que en silencio se preparaba.

Robespierre

Yo no le perdía de vista, y viéndole reducido a capitanear una simple facción, presioné secretamente a sus adversarios, refugiados aún en el Comité, para que procurasen alejar de París las compañías de artilleros, enteramente devotas de Robespierre y de la Comuna; procuré también separar del servicio a Henriot. Obtuve la primera medida gracias a la colaboración de Carnot, que alegó la necesidad de reforzar la artillería en el ejército que luchaba en las fronteras. Pero la separación de Henriot fue un golpe fuerte y no tuve éxito, porque permaneció en servicio y estuvo a punto de estropearlo todo. Pero era un antiguo lacayo, borracho y estúpido, y, si bien se quedó, acabó por hundir su propia causa con sus torpezas el 9 de termidor [27 de julio].

Lo demás es demasiado conocido para que me detenga en ello. Es sabido cómo pereció “Maximiliano I”, a quien ciertos escritores quisieran comparar a los Gracos, pero que estaba falto de la elocuencia y elevación de aquellos. Así lo manifesté yo mismo, en la embriaguez de la victoria termidoriana, diciendo a los que le atribuían propósitos de dictadura:

—Le hacéis demasiado honor; Robespierre no tenía plan ni horizontes; lejos de disponer del porvenir, era éste quien le arrastraba. Obedecía a un impulso que no podía suspender ni dirigir.

28 comentarios:

  1. ¡El enfrentamiento de Fouché y Robespierre! Da miedo sólo imaginarse en medio de los dos.
    Aunque también es un buen ejemplo del viejo dicho de "unos cardan la lana...".
    Saludos, Madame.

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  2. Madame fue Robespierre un personaje sanguinario y dictatorial que tras la revoluciòn se creo con el destino de heredar los poderes de ls soberanos a los que habìa mandado a la guillotina.

    Un saludo.

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  3. Lo que pasa que Robespierre era tan activo que hacía las dos cosas: llevó la fama y también cardó muchísima lana.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

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  4. Así es, monsieur, y los empleó de modo mucho mas despiadado, contra todo aquello que se moviera. Aquello había entrado en una espiral de demencia.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

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  5. Aún recuerdo en mi época estudiantil (hace taaanto jejeje) el pavor que me daba el personaje de Robespierre, en serio. Lo veía como un personajillo bajito, con esa peluca rizada, pero tan malvado y sanguinario que no me gustaría haberme topado con él ni dentro del mismo siglo.
    Saludos de una incondicional

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  6. Uy, dentro del mismo siglo menos aun! Es mejor encontrarselo en un libro que así in the flesh, jiji.

    Y no exagere usted, que su epoca estudiantil fue el otro dia!

    Muchas gracias, madame. Feliz tarde.

    Bisous

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  7. Este personaje me causó siempre un rechazo absoluto; astuto, sanguinario, dictador, tirano, ambicioso y mentiroso, quizá exagere, pero me recuerda mucho a un ex presidente prófugo y convicto del cual me avergüenzo :S

    Bisous Mme.

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  8. Madame, con las pistas que da usted creo que ya sé en quien esta pensando, jiji.
    Siempre me causa horror que este tipo de personajes tan extremadamente sanguinarios hayan sido populares en su dia. Da mucho que pensar.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  9. Robespierre va a probar de su propia medicina. Quien siembra vientos recoge tempestades. La historia nos enseña que las revoluciones las piensan los utópicos, las llevan a cabo los fanáticos y las aprovechan gentes sin escrúpulos. Creo que fue Carlyle el que dijo esta verdad.
    Un saludo.

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  10. Hola Dame Masquée!! Qué personaje de terror madame. Interesántisimo el texto de las Memorias de Fouché. En él se ve realmente como estaba la situación.
    feliz martes Madame!!
    Biosussssss

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  11. Hola Madame:
    Choque de trenes entre estos dos....Creo que lo mejor que se decían eran tripas azules y que el tenían el colesterol alto ;D

    Voy a citar el párrafo final Madame:

    —Le hacéis demasiado honor; Robespierre (puede cambiar el nombre) no tenía plan ni horizontes; lejos de disponer del porvenir, era éste quien le arrastraba. Obedecía a un impulso que no podía suspender ni dirigir.

    Como me recuerda a cierto presidente bananero.....

    Saludos

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  12. Ay Madame, Robespierre es un personaje tan literario, alomejor por eso hay tantos gatos que se llaman así ;)

    Siempre me ha llamado la atención lo facilmente que la gente se pliega al horror o incluso lo aplaude...de que estamos hechos para que todos los Robespierres que ha habido hayan conquistado tantas voluntades en su momento...


    Me deja usted cavilando, Madame. Bisous

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  13. Ya lo creo que dijo una gran verdad. Siempre es la misma historia, y al final los ideales resultan pervertidos de la peor de las maneras.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  14. Sí, me pareció interesante dar el punto de vista de alguien que vivía la situación en aquellos momentos, sin poner de por medio la distancia del tiempo.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  15. jijiji, qué tendran algunos personajes que siempre acaban recordando a muchos de la actualidad. Ya ve usted que a Lady Darcy tambien le recuerda a otro diferente.
    Esperemos que ninguno de los dos se empeñe en superar a Robespierre!

    Feli tarde, monsieur

    Bisous

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  16. Madame, no me diga que hay muchos gatos llamados Robespierre! No tenía ni idea. Bueno, no sé qué opinaría el gato si supiera el nombre que lleva!

    Pero es verdad, da escalofríos pensar en las vluntades que son capaces de captar los Robespierre, y cómo arrastran a las masas.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  17. En tiempos convulsos, siempre suelen estar a la cabeza los que menos escrúpulos tienen.

    Es curioso leer esta historia, de la mano de alguien que la ha vivido.

    Feliz noche, Madame.

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  18. Esta parte de la historia de la revolucion gala me provocaba una indesicion peculiar en la escuela porque todos neran tan malvados y traidores que no sabias a quien admirar . Robespierre era un demonio pero Fouche siempre estaba un paso adelante de el "Incorruptible" para no terminar en la guillotina .

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  19. Menudo día, por fin, he podido leer con calma su entrada, Madame. Interesante personaje Robespierre. ;-)

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  20. Muy interesante este texto en primera persona. ¿Sabe, madame?, me ha impresionado ver estos retratos con rostros tan amables cuando sabemos que encerraban grandes dosis de maldad. ¿Es verdad que la cara es el espejo del alma? Ay, ya no lo sé... Fouché fue un personaje muy especial. Recuerdo que hace ya muchos años leí la espléndida biografía que hizo de él Stephen Zweig y que me impresionó. Besitos.

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  21. Si, y es curioso constatar cómo su opinion es la misma que la nuestra. Y sin embargo Robespierre era popular. Que cosas, monsieur.

    Buenas noches

    Bisous

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  22. Sí, monsieur, menuda jauría. No había a quien admirar. Era como una pesadilla.

    Buenas noches

    Bisous

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  23. Interesante y terrible, madame, el incorruptible Robespierre.

    Buenas noches

    Bisous

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  24. Madame, cualquier cosa escrita por Zweig es extraordinaria, sin duda.
    Si la cara fuera el espejo del alma, estaríamos mejor avisados. Pero lamentablemente algunos engañan mucho.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  25. Hola Madame!

    Un tanto idealizados parecen los personajes, sí, para nada reflejan la maldad que llevaban dentro. El lado mas oscuro del ser humano, sin un huequito donde reflejar un rayo de luz.

    Muy interesante el artículo.
    Buenas noches madame.

    Besos

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  26. Parece increible como puede aflorar todo lo peor y cómo es eso precisamente lo que mas puede atraer a las masas.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  27. Un personaje de miedo, madame, y se hace más escalofriante aún leerlo de las memorias de Fouché.
    Otra entrada muy interesante, madame.
    Feliz tarde.
    Besos.

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  28. Menos mal que por lo menos a este ya no nos lo van a presentar nunca, madame. Cualquiera se le acercaba mucho!

    Buenas noches

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)