sábado, 10 de abril de 2010

Cromwell más de cerca


El carácter de Oliver Cromwell era sencillo. Se trataba de un hombre más bien rudo que se deleitaba en el ejercicio de su peculiar talento para la profesión de soldado. Esas aptitudes, tardíamente descubiertas, llegaron a dominarlo de tal modo que oscurecen todas las demás. Es hombre de expresión directa y áspera, pero lenguaje ampuloso. No fue un estudiante ejemplar en Cambridge, y ni siquiera pudo terminar los estudios porque al fallecer su padre hubo de regresar a casa.

Otro de sus talentos puede denominarse astucia, hipocresía o diplomacia, según el gusto de cada uno. Mostraba una notable aptitud para el disimulo o la intriga. Por ejemplo, a principios del verano de 1647 consigue hacer creer firmemente a los Comunes que está de su parte, mientras en realidad se dispone a prestar en breve su ayuda al ejército en campaña.

Lloraba con extraordinaria facilidad, como si dispusiese de las lágrimas a su antojo. Llorando juró su adhesión al Parlamento mientras se disponía a traicionarle; llorando asistió a los transportes de alegría del rey en presencia de sus hijos.

Al encontrarse ante crisis sucesivas sabe salvar e incluso acrecentar su propio poder, siempre sin plan preconcebido. Es de notar que no malgasta sus energías en acciones políticas. Supo ver más claramente que nadie que el único objetivo era el rey. El pueblo inglés, siempre empapado de tradiciones, en su mayoría apoyaba a Carlos I. De no eliminar a éste de modo definitivo, es decir, dándole muerte, tarde o temprano toda la masa popular se pondría a su lado. Descubierto cuál habría de ser su objetivo, Cromwell prosigue su camino, oculto y sutil, pero directo, sin dejarse arredrar por consideraciones morales.


En lo restante, su carácter estuvo de acuerdo con su clase social y el ambiente de la época, con los defectos y las cualidades del puritano. Nació en una de esas familias puritanas que se destacaban por su odio al catolicismo, y siempre tenía a flor de labio alguna cita del Antiguo Testamento con la que fulminar al prójimo.

Durante su gobierno, por tanto, se cierran prostíbulos, tabernas, teatros y se corta la actividad creativa. Hizo azotar a los actores, llegó a prohibir las carreras de caballos, cualquier manifestación deportiva y todas las fiestas, incluida la Navidad, que sólo podía conmemorarse con misas, porque según él toda otra celebración era inmoral. Los trajes ostentosos eran igualmente condenables. No se podía bailar, y los tradicionales árboles de mayo fueron derribados. Sólo la música se salva, porque el Lord Protector, melómano, gustaba de organizar conciertos privados en sus aposentos, unas reuniones a las que era un honor especial ser invitado. En suma, asfixió tanto al pueblo con su insoportable austeridad que en pocos años acabaron odiándolo.

No se puede negar que se sentía inclinado a la crueldad. Cometió innumerables perfidias, especialmente con los católicos y más particularmente con los irlandeses, cuya población resultó diezmada en algunos lugares. Ha llegado a hablarse de genocidio. La matanza del acuartelamiento de Drogheda causó horror e incluso hoy día se recuerda como ejemplo de la extrema crueldad de Cromwell. Por más que sus apologistas pretendan echar las culpas a sus subordinados o decir que sus campañas en Irlanda entraban más o menos dentro de los usos de la época, lo cierto es que los datos están ahí, y son demoledores.

Ése fue su peor defecto: su complacencia en la crueldad. La historia de su implacable conducta durante la firma de la sentencia de muerte del rey es cierta: en aquellos momentos, y en son de broma, muy regocijado por el momento embadurnó de tinta la cara a uno de sus compañeros firmantes. Es igualmente inexcusable que permitiera la matanza de mujeres después de la batalla, cuando la población ya se había rendido. Resulta horrible su carta relativa al monje que murió consumido por el fuego en Irlanda, unas líneas totalmente desconcertantes puesto que no parecía haber previsto el repugnante efecto que causarían.


También es cierto su desmedido amor al dinero. La expedición irlandesa fue, de alguna forma, un negocio. Aceptó cuantos dones le ofreció la gratitud o el terror. Estaba siempre ambiciosamente dispuesto a lucrarse en cuanto pudiera.

Le encantaban las bromas de mal gusto. Tenía momentos de camaradería en los que solía beber, fumar y alternar con sus antiguos iguales, aun estando ya en la cúspide del poder. Él, que prohibía las fiestas a los demás, no tenía a menos, por cierto, el beber sin mesura. De hecho el ridículo incidente en el que se vio desarzonado y arrastrado durante el transcurso de una alegre cabalgata, después de una opípara cena al aire libre, puede tan sólo atribuirse al vino.

Era, además, un hombre de estricta vida doméstica, casto, buen marido y buen padre; apegado a sus hijos y, cuando no había motivo para una excepción, amigo excelente y seguro.

En su patriotismo ansiaba con sincera vehemencia el engrandecimiento de Inglaterra ante sus rivales, si bien tenía dudas con respecto al mejor modo de conseguirlo. Instauró a la postre una tiranía en la que, según sus propias palabras, “subyugaba a nueve hombres poniendo una espada en manos del décimo”.


Sus flaquezas procedían de su imaginación: llegaba al absurdo en sus supersticiones. Pocos momentos registra la Historia tan tragicómicos como la escena final en que obliga a retirarse de su aposento a todos los presentes, excepto a su esposa y a su médico, y luego de asegurarles que Dios le ha revelado su próximo restablecimiento, se acuesta y fallece.

Puede resultar extraño, pero era indeciso. Sus indecisiones parecen debidas a una sincera desorientación ante las situaciones en las que se fue hallando. El final de su vida fue un callejón sin salida. Estaba en la situación del que escala un risco para escapar de algún peligro y luego ha de seguir ascendiendo eternamente porque le es imposible retroceder. Llegó, sin saber cómo, a un poder ejecutivo completo, poder que él sabía superior a sus capacidades, y que por una parte le desagradaba, pero por otra le tenía prisionero.

Murió sin haber logrado salir del laberinto, y, por supuesto, dejando como sucesor a su hijo pese a su evidente falta de cualidades y hasta de ambición, todo lo cual le hacía incapaz de asumir semejante legado.



Bibliografía:
Cromwell – H. Belloc
Historia de la Revolución de Inglaterra – F. Guizot
Oliver Cromwell – John Buchan


33 comentarios:

  1. El personaje se define perfectamente en el texto: su complacencia en la crueldad. Creo que ese es el rasgo que marca su vida y su caracter. Espectacular el cuadro que le muestra ante el ataud de Carlos I. No lo conocía.
    Feliz sábado, Madame

    ResponderEliminar
  2. Vaya tipejo. Había oído hablar de su crueldad y de su puritanismo, pero no conocía los pormenores que nos ofrece aquí sobre su persona, su carácter y sus aficiones.
    Un saludo, madame y feliz fin de semana.

    ResponderEliminar
  3. Un hombre cruel hasta límites insospechados.
    Es cierto que muchos hablan de la masacre de irlandeses como un genocidio y no me extraña viendo sus antecedentes.

    Otro de tantos a los que le encantaba prohibir, pero que no predicaba con el ejemplo...

    Buen finde, Madame.

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  4. Sabía disimular, lloraba con facilidad, conseguía hacer creer a los demás lo que no era, ¡este hombre era un gran actor! Tal vez por eso prohibió los teatros. No querría competencia.

    Muy interesante, Madame. Como siempre.

    Buen fin de semana.

    ResponderEliminar
  5. Temibles cualidades, pero la peor de todas, el aburrimiento a que sometía al pueblo ¡¡
    La crueldad, y la simulación son propias de los humanos.
    Menos mal que está lejos en el tiempo, no hay peligro que regrese, esta suerte de Caton.
    Un abrazo querida Madame

    ResponderEliminar
  6. Monsieur sí que lo conocía, lo que pasa que ya no se acordaba, jiji. Lo puse en su momento en mi otro blog, cuando tocaba esa parte de la ejecución de Carlos I.

    Feliz sabado, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  7. Me gusta hacer de vez en cuando una especie de perfil psicologico de los personajes, centrandome en su caracter mas que en sus hechos.

    Feliz fin de semana, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  8. Lo de Irlanda fue realmente tremendo. De ahi que me llame tanto la atencion que al final fuese a María Tudor a quien, de entre todos, le tocase en suerte lo de Bloody.

    Feliz fin de semana, monsieur.

    Bisous

    ResponderEliminar
  9. Ay, monsieur que bueno! Jiji, a ver si va a ser eso, y les tenia manía porque le robaban los papeles!

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
  10. Sí, madame, curiosamente fue lo que no le pudieron perdonar: el aburrimiento. Los baños de sangre se hubieran pasado por alto, seguramente.

    Feliz sabado

    Bisous

    ResponderEliminar
  11. Madame, excelente biografía la que ha publicado sobre Cromwell. Completítisima. Y me place su blog, do nunca había penetrado. Norabuena. Beso su mano y le deseo un feliz y placentero fin de semana.

    ResponderEliminar
  12. Monsieur, muchas gracias, es usted muy amable.

    Feliz fin de semana tambien para usted.

    Bisous

    ResponderEliminar
  13. Vaya, madame, conforme os leía, más que de la vida de Cromwell se me antojaba nos hablábais de la del Sr. Rodríguez. Fijaciones que tiene un servidor, supongo... O no... Porque no me digáis, a pesar de las tres diferencias fundamentales que a priori encuentro separan a ambos, esto es, según lo veo, la temporal, sus capacidades intelectuales y su amor al país -odio en el caso del segundo-, se diría que la existencia de ambos guarda paralelismos sorprendentes: falsedad, zafiedad, simpleza, sensiblería, obsesión, revanchismo, persecución, tiranía, prohibiciones, odio a los católicos, superstición, ridículo... Eso sí, a un lado las tendencias necrofilas, de momento las muertes producidas por nuestro príncipe de la paz son sólo civiles y laborales... Si es que incluso la música les une. ¿Os imagináis las veladas operísticas íntimas que doña Sonsoles debe organizarle...? Si es que... :))

    Madame, qué didáctica me ha resultado esta entrada... Y divertida, os lo aseguro... Que lo que el Deuteronomio ha unido que no lo separe el hombre ni el viento, al que sólo pertenece la tierra..., jajaja...

    Feliz sábado, madame...

    A vuestros pies.

    Mil besos, mil.

    ResponderEliminar
  14. Ay, monsieur, jiji, donde ha ido usted a parar! Segun comenzaba a leer su comentario me preguntaba quien diantres sería el señor Rodriguez, pero lo ha dejado usted muy claro sí.
    Sabía que monsieur Rodriguez no era santo de su devocion, pero caramba, don Jose, ya veo que le cae peor de lo que imaginaba! Se ha despachado usted bien a gusto, no cabe duda.

    Como no anda Cromwell por aqui, espero que tenga usted un divertido fin de semana lleno de fiesta. Imagino que preparando ya la feria de abril, ademas.

    Feliz sabado, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  15. Hola Madame:

    Hablar de este caballero es hablar de la República Inglesa....Siempre me ha sonado raro el termino, porque quizás algo que define a los británicos y lo que viene primero a la cabeza es la monarquía

    Interesante biografía. Se me antoja parecida a cierto personajillo latinoamericano, presidente de no me acuerdo que país....Yo creo que Ud se acordará ;D

    Saludos Madame me voy a la corte. Mañana estaré de guardia

    ResponderEliminar
  16. Madame, yo creo que lo que le reveló Dios fué el restablecimiento de los demás, librándose de la tirania y crueldad, pero él no oyó bien...
    Feliz noche.
    Besos.

    ResponderEliminar
  17. Un bicho cruel y despiadado.
    Si mal me caía, peor me cae ahora después de leeros, madame.
    No imaginaba tantos desatinos en su labor dirigente.

    Por otro lado, me encanta el cuadro abriendo el féretro del rey.

    Buena noche de sábado.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  18. Vaya, veo que Cromwell les recuerda a mucha gente, jiji.
    Con todo, no fue un mal gobernante, aunque este texto no tratara de eso, sino de su personalidad. Pero tambien vale la pena destacarlo.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  19. Modesto el caballero, que se creia que tenia linea directa con el cielo, nada menos.
    Pero desde luego, si era asi tiene usted razon y estaba un poco sordo.

    Buenas noches, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  20. Mala epoca para el teatro, monsieur, con lo que a mi me gusta. Que mal si me hubiera tocado vivir en ese tiempo y lugar. Menos mal que me tocó vivir esos años en Francia, jijiji.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  21. Ni a mí, monsieur. Este caballero reune todo aquello que no me gusta.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  22. Desconocía el carácter de Cromwell y me ha dejado sorprendida. Hay que ver la cantidad de contradicciones y paradojas que caben en un ser humano: ser muy cruel y, en cambio, ser buen padre, por ejemplo. ¿De qué pasta estaremos hechos? Estupendo post, querida dama. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  23. Conocía a Cromwell el personaje histórico, pero no a Cromwell el hombre. Así descrito, me da la idea de una personalidad psicopática. Existe una fuerte asociación entre psicopatía y religión, porque el rasgo característico del psicópata es su incapacidad para sentir culpa por nada, y la religión suele proporcionar un colchón estupendo para eso ("soy religioso y adoro a Dios, luego no tengo culpa de nada"). No todo religioso es sicópata y no todo sicópata es religioso, pero en más de algún caso (Cromwell me lo parece) terminan por confluir naturalmente.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  24. Madame yo desde luego le considero un genocida al nivel de los peores de la historia como Napoleón, Hitler o Stalin...gente que quería imponer sus ideas por la fuerza y que no dudaba en asesinar a inocentes.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  25. Cuestion de educacion, hasta cierto punto. Le enseñaron que debia defender a su familia, su patria y su fe, a cualquier precio y sobre cualquier montaña de cadaveres.

    Feliz domingo, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  26. Usted cree, monsieur? Yo creo que la religion es una especie de maquina culpabilizadora cuando señala los actos como pecado. Y por cierto, matar lo es, pero al final, curiosamente, a ninguna religion parece importarle mucho.
    Pero algunas personas, por un exceso de fervor religioso, han llegado a sentirse culplabes de sus actos hasta el trauma.
    Otro asunto es cuando el sujeto experimenta tal grado de autocomplacencia narcisista que imagina que hasta el cielo aprueba sus actos y le aplauden alla arriba.

    Feliz domingo, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  27. Dejó su huella en Inglaterra, desde luego. Destino curioso el suyo.

    Feliz domingo

    Bisous

    ResponderEliminar
  28. Hasta ahi el concepto responde casi a cualquier personaje de la epoca. Pero Cromwell se pasó. Se pasó mucho.

    Feliz domingo, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  29. Muy buen retrato de este siniestro personaje, que yo resumiría en cuatro cualidades: oportunista, fanático, cruel y maquiavélico. Saludos.

    ResponderEliminar
  30. Al parecer no goza de muchas simpatias por aqui, ya que nadie lo defiende!

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  31. Tengo el presentimiento de que Cromwell sentó sus posaderas en el Ejecutivo de Inglaterra para imponer el Reino del Dios Puritano en la Tierra, no para ganar un concurso de popularidad... :-D

    Saludos.

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)