Fulvia, la esposa de Marco Antonio, mujer de armas tomar, reclamó el regreso de su marido ante el cariz que iba tomando la relación entre él y Cleopatra. Antonio, muy a disgusto, hubo de emprender el camino a Italia ante los requerimientos de Augusto. Llegado a Apulia se enteró de la muerte de su esposa. Desde allí se dirige a Roma, donde Augusto le propone casarse con su hermana Octavia. Marco Antonio trató de eludir el matrimonio diciendo que ya estaba casado con Cleopatra por el rito egipcio, y que como Octavia hacía sólo dos meses que había enviudado, la ley romana prohibía aquel enlace. Pero allí era Augusto quien decidía qué ritos valían o no, y qué leyes se aplicaban o dejaban de aplicarse.
Ya casado, viaja a Asia, y durante algún tiempo parece haber olvidado a Cleopatra, aunque finalmente sintió lo que algún cronista llamó “el caballo indómito y desbocado del deseo” y acabó regresando con ella. Sin repudiar a Octavia seguía viviendo con Cleopatra y, sin informar de sus actos a Roma, se comportaba en Egipto como un rey. Hasta que la guerra contra los partos volvió a interrumpir el reanudado idilio.
La reina llevaba a cabo mientras tanto reformas revolucionarias, económicas, comerciales y tributarias, entre ellas la supresión de algunos monopolios, la subasta de una parte del patrimonio real y la supresión de la inmunidad fiscal de los templos. Sabía que en problemas como esos radicaba el retraso y la miseria de Egipto.
Después de un año entero en Alejandría, entregado a los placeres, reanudó la lucha con mejores resultados, apoderándose de Armenia y recuperando Siria y Palestina.
A su regreso a Egipto, emprendió la política que le llevaría a la perdición: otorgó a Cleopatra el título de Reina de Reyes, lo que sentó muy mal en el senado romano, y le entregó, junto con cuantas obras de arte había tomado en Asia, parte de la biblioteca de Pérgamo, famosa por el número y calidad de sus libros. Nombró corregente del reino a Cesarión, y en cuanto a los hijos que él mismo había tenido con ella —Alejandro Helio, Ptolomeo Filadelfo y Cleopatra Selene— les entregó las provincias que acababa de conquistar con las armas romanas. Finalmente repudió a Octavia. Cleopatra comenzaba a ver colmadas sus ambiciones.
La guerra se decidió en la batalla de Actium, en el Adriático, el 2 de septiembre del 31 a. C., y fue una estrepitosa derrota frente a Roma, agravada por la huida de Cleopatra. Marco Antonio la siguió, abandonando así a los que luchaban y morían por él.
Finalmente Octavio Augusto llevó la guerra a Egipto y volvió a vencer a su rival en los alrededores de Alejandría. En vano trató Cleopatra de negociar con el vencedor. Desesperado y abandonado por todos, Antonio se dio muerte con su propia espada, y Cleopatra, al saber que Octavio planeaba obligarla a desfilar en Roma como vencida entre el cortejo triunfal, se suicidó. Según algunos recurrió al veneno, y según otros se hizo morder por un áspid.
Egipto fue incorporado al Imperio, pero no como una provincia más. Octavio se hizo considerar como el heredero de los Lágidas, la dinastía de Cleopatra, y confió el gobierno a un lugarteniente suyo, que lo ejercía en su nombre.










Roma era mucha Roma.
ResponderSuprimirLo que siempre me llamará la atención de ciertas mujeres (entre ellas Cleopatra o, más recientemente Jacqueline Kennedy/Onassis) es la facilidad que tenían para enemorara a los poderosos. ¿Qué tendrán?
Abrazos, madame.
Desde luego todo un personaje. Cleopatra fue capaz de todo por satisfacer su ambición sin límites y al final casi lo consigue...al final su orgullo personal no la permitió aceptar la derrota y prefirió la muerte.
ResponderSuprimirUn saludo madame.
Madame que orgullo deberia de tener esa mujer para suicidarse, tenia que ser algo impresionante
ResponderSuprimirPues si era como madame Kennedy, mucho estilo, elegancia, inteligencia, cultura y un enorme atractivo. Y por supuesto ambicion, jiji.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Lo cual era frecuente en aquellos tiempos. No fue la primera ni la ultima en elegir ese final tras haberlo perdido todo o caido en desgracia.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Es que acababa de perder un reino, madame. Lo habia perdido todo y ya no tenia quien se lo recuperara. Para vivir esclava de Roma quien una vez había sido reina, era mas digno elegir la muerte. Era el sentido del honor de aquellas personas de la antigüedad, en el que habia tanta dignidad como orgullo.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Una mujer enigmatica, astuta, sofisticada, ambiciosa y hasta con estilo se hizo morir, pero no tenia idea que la Reina de Reyes tuviera el cabello rubio, que interesante! tambien tendria esos ojos violetas de la actriz que la personifico?
ResponderSuprimirSaludos y bisous, madame.
Coincido con usted, Madame. El suicidio en aquella época era una salida honorable y muy apreciada. El halo romántico se le ha puesto después.
ResponderSuprimirFeliz lunes.
Gran personaje esta Cleopatra, utilizó sus armas de seducción para atrapar nada mas ni nada menos que a todo un cesar de Roma y después al mismisimo Marco Antonio. Sin duda una de las mujeres más fascinantes de Egipto junto a Nefertiti o Hatshepsut.
ResponderSuprimirSaludos, madame
Parece que Cleopatra fue una reina muy capaz que intentó pailar con diversas medidas la miseria egipcia.
ResponderSuprimirAl final, se topó con Octavio, otro hueso duro de roer, que terminó con todas sus aspiraciones de un Egipto independiente.
Muy trágica su muerte, Madame.
Un saludo!
Madame Carolina, no creo que Cleopatra tuviera ojos violeta ni se pareciera en nada a Liz Taylor, jiji, pero es que estaba tan guapa en la pelicula que no podia resistirme a ponerla!
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Es que tiene algo de romantico aquel modo de no querer sobrevivir a la derrota. Una siente cierta nostalgia de los tiempos en los que habia un codigo del honor, aunque si se mira friamente puedan parecer muertes bien tontas.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Asi es, madame Magnolia, no importa que al final perdiera, porque su lucha fue formidable y porque ella en si tenía un encanto que trasciende los siglos.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Sí, tuvo la mala suerte de encontrarse con Octavio al otro lado. A veces todo depende de quien tengas la buena o mala suerte de toparte como enemigo. Con otro seguramente lo hubiera conseguido, quien sabe.
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Mujer intelectual donde las haya, bella pero no perfecta (¡esa nariz!), seductora de dioses y hombres, reyes y césares, ella misma diosa de la cabeza a lo pies, griega y egipcia hasta la médula, muy distinta a esa Liz Taylor de la película.
ResponderSuprimirUn besito
Menudo entramado de ambiciones.
ResponderSuprimirAl final, final dramático para los amantes. Marco Antonio, con su propia espada (ya debe ser difícil).
Cleopatra, prefirió también la muerte a verse en el desfile de los vencidos. Antes muerta, que sencilla, que dirían por ahí más tarde.
Gracias, Madame, por un nuevo viaje en su máquina del tiempo.
Felices sueños.
Ah, madame, pero Liz Taylor es una diosa entre las diosas, y tambien sedujo a dioses y a hombres, de cerca y en la distancia. Esta mujer sedujo y sigue seduciendo a millones de personas cada dia. No es una actriz, es una estrella, de esas que ya no quedan.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Si, monsieur, jiji, a mi tambien me parece muy complicado suicidarse asi. Usted cree que ensayarian antes por si llegaba el caso?
ResponderSuprimirCleopatra ya no tenía nada por lo que vivir en realidad. Lo habia perdido todo, y no quería ser la vencida. Es comprensible.
Buenas noches, monsieur
Bisous
Hola Dame masquée!! Qué historia que siempre me fascinó madame. Era de esas mujeres que sin ser de una gran belleza despertaba pasiones que llevaban a hombres como Marco Antonio a luchar con un enemigo demasiado poderoso. Parece algo lógico que haya elegido la muerte ante la derrota. Lo extraño es que lo hayan sepultado juntos.
ResponderSuprimirNo tanto en realidad, puesto que Marco Antonio y ella estaban casados, tenian tres hijos en comun y combatieron juntos frente a Roma hasta el final. Octavio siempre hacia lo mas correcto, que en este caso eran rendir honores reales a quien reina habia sido, enemiga de Roma o no.
ResponderSuprimirDonde desde luego no desearia acabar por ver enterrado un dia a Marco Antonio era al lado de su hermana, la pobre Octavia!
Buenas noches, madame Gabriela
Bisous
Antes morir de pie que vivir de rodillas. Todo un carácter Cleopatra. Y magnífica la interpretacion de la Taylor.
ResponderSuprimirUn saludo, madame.
Simplemente una entrada genial, sin duda una de tantas grandes mujeres que la historia nos ha dado el placer de conocer. Saludos Dame de Masquée.
ResponderSuprimirInolvidable la Taylor, para siempre asociada a Cleopatra en nuestras memorias. Que mas da que no se pareciera, si estaba tan magnifica!
ResponderSuprimirFeliz dia, monsieur
Bisous
Dos mitos que vivirán por siempre. Cleopatra y la Taylor. Indudablemente ambas biografías quedarán en la historia.
ResponderSuprimirUn abrazo
Sí, sguramente una de las mas estudiadas, y no solo eso, sino tambien de las que más inspiró posteriormente a los literatos.
ResponderSuprimirEs imposible olvidarse de Shakespeare!
Feliz dia, monsieur
Bisous
Sin duda tambien la de Liz Taylor.
ResponderSuprimirAunque espero que tenga mejor final!
Feliz dia, madame
Bisous
MAdame, como la declaró M. Antonio, fue una reina de reyes, acabase como acabase. Le costó un poco cara su ambición, pero casi siempre se salió con la suya.
ResponderSuprimirFeliz noche, madame.
Besos.
Le costó muy caro, sí, pero aunque al final ganase, la batalla fue magnifica y merecía la pena librarla.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Como era la Cleopatra.
ResponderSuprimirSi tenia los ojasos de la Tailor, entonces comprendo las facinacion varonil por ella.
que poderosa son las mujeres cuando se lo proponen.
reverencias.