martes, 2 de marzo de 2010

Fulco el Negro, Conde de Anjou (II)


En 1009 eran muchos los peregrinos que habían emprendido antes la misma ruta hacia Tierra Santa. Desde el siglo III, a pesar de las dificultades de todo orden, los cristianos habían comenzado a visitar la gruta de Belén, el Gólgota, el monte de los Olivos. La tradición arrancaba de los tiempos en los que Helena, la madre del emperador Constantino, encontró la Santa Cruz. En el sitio del hallazgo se construyó la primera iglesia del Santo Sepulcro, que pasó a ser de inmediato el más santo de los santuarios de la cristiandad. Cuando surgió el Islam, los cristianos estaban autorizados a construir sus iglesias con la única condición de que los campanarios no superasen en altura a los minaretes de las mezquitas.

En la época de Fulco de Anjou el peregrinaje a Jerusalén, a Roma o a Compostela es muchas veces una penitencia canónica infligida por crímenes y delitos que constituyen pecados mortales. Es lo que sucede con el poderoso señor de Bretaña, Frotmond, que mató a su tío y al menor de sus hermanos. Se presentó ante el rey y los obispos reunidos, dispuesto a expiar sus crímenes. El tribunal le ordenó ir a recorrer los santos lugares, con la frente marcada de cenizas y el cuerpo cubierto de un doloroso cilicio. Errar por el mundo es una terrible penitencia, semejante a la que cumplió Caín, el asesino de su hermano. No se permitía entrar siquiera en las iglesias, y se debía permanecer en el atrio, mirando de lejos.


Y es así como Fulco el Negro decide partir en peregrinación, atormentado por el pensamiento del castigo divino por tanta sangre como ha derramado. Al término de su duro recorrido, se presenta en la iglesia del Santo Sepulcro. Pero los tiempos han cambiado. Era Al-Hakim, el califa loco, quien dictaba la ley, y según la leyenda que contará la crónica de la familia de Anjou —texto escrito por un monje angevino entre el año 1100 y el 1140 —, los musulmanes le niegan el acceso al conde. Él les promete en vano una “gran suma de oro”, pero le dicen que no podrá entrar a menos que jure “mear y hacer su orina sobre el sepulcro de su Dios”. Fulco acepta la condición, porque ha ideado “una santa y benigna astucia”. A la mañana siguiente tomó un pequeño frasco de vidrio muy plano y lo llenó de agua de rosa pura y perfumada (o vino blanco, según la opinión de algunos) y lo puso entre sus calzas. Luego se dirigió a quienes le habían prometido la entrada y tras pagar las sumas que le pidieron fue conducido al lugar. Allí el conde soltó un cordón de sus calzas y simulando orinar vertió el agua de rosas sobre el sepulcro, con lo que los musulmanes tuvieron por cierto que había orinado encima.

“Entonces se acercó el conde para besar el santo sepulcro, y la clemencia divina mostró a las claras que había encontrado agradable el buen celo del conde, pues la piedra del sepulcro, que era dura y sólida, al contacto de sus labios se volvió blanda y flexible como cera calentada al fuego. Lo mordió el conde entonces y se llevó un trozo grande a la boca sin que los infieles lo percibieran, y después pudo visitar a su gusto todos los otros santos lugares”.


Fulco regresó con la piedra y otras supuestas reliquias que trajo de Tierra Santa, entre ellas un trozo de la Vera Cruz que compró a los guardianes del santuario y una correa que había atado las manos de Cristo cuando fue flagelado. Todo fue depositado en la iglesia de Santa María de Amboise.

En su último peregrinaje no viaja solo, sino que lo acompaña otro gran personaje de su siglo: el duque Roberto de Normandía, que también busca el perdón porque acaba de hacer envenenar a su hermano. Deciden hacer el camino a pie y descalzos, pero cuando llega la tarde de la primera jornada ambos tienen ya los pies ensangrentados y continúan el viaje en litera.

En esa ocasión Fulco se hizo arrastrar descalzo y medio desnudo con una correa al cuello, y sus dos sirvientes le flagelaban por sus pecados mientras él exclamaba: “¡Señor, tened piedad de vuestro siervo Fulco el traidor, Fulco el perjuro! ¡Señor Jesús, perdonad a mi alma suplicante!”


Fatigado, permanece muchos meses en Jerusalén. Reza, se impone severas penitencias, tratando de compensar sus crímenes y brutalidades pasadas con lágrimas de remordimiento.

Fulco murió en Metz en junio del año 1040, cuando regresaba de su último viaje a Tierra Santa. Está enterrado en la capilla del monasterio de Beaulieu, por él fundado tras su primera peregrinación. Dejaba una hija, Adela, habida de su primer matrimonio y dos hijos del segundo con Hildegarda. De esta segunda rama procede el primer Plantagenet.

18 comentarios:

  1. Madame, fue capaz de cumplir con durisimas penitencias para expiar sus brutalidades, pero no se le ocurrió antes el no hacerlas.... igual que Roberto de Normandía... mucho peregrinaje, pero envenena al hermano... querían ganarse el perdón pero no se arrepienten.
    Buenas noches.
    Besos.

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  2. Claro, pero es que estaba bien el invento: primero mataban y luego hacian un viajecito por lugares exoticos para que les fuera perdonado todo. A su regreso volvian a las andadas y al cabo de unos años otro viajecito y listo. Mire que bien.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  3. Sí, señor, gran historia la de Fulco. Ejemplar, sobre todo, la parte de Jerusalen.
    Desde luego eran otros tiempos.
    Feliz día, Madame.

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  4. Este personaje se comportaba como doctor Jekyll y mister Hyde, esquizofrenia pura y dura o "transtorno bipolar", vamos que estaba como una cabra.
    Y dicen que se trajo de Tierra Santa un "cacho" de la vera cruz. Si reuniéramos todos los trozos que dicen que hay por ahí tendríamos para llenar el Gólgota de cruces.
    Saludos, madame.

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  5. Que tiempos, monsieur, en los que las piedras se ablandaban con unas cuantas lagrimas. Ya no pasan esas cosas.

    Feliz dia

    Bisous

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  6. Era un caballero muy al gusto de la epoca. Si miramos a su alrededor, los demas no eran tan diferentes, no.

    Y con las reliquias menudo negocio. El negocio del siglo no, de la Era.

    Feliz dia

    Bisous

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  7. Me parece a mí que este hombre más que piadorso era un poco masoquista... Ya ya sé que hay que ponerse en la mente y la forma de actuar de entonces, pero visto en la distancia...

    Buena treeta la de Fulco para desembarazarse del entuerto, pero ¿de dónde pudo sacar este hombre rudo agua de rosas?. Bueno, no sé, pero ahí dejo la pregunta para por si acaso.

    Un besito

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  8. jejeje, que bueno lo de masoquista, madame, pero la verdad que la estampa lo sugiere.
    Lo del agua de rosas, francamente, tenia que dar un poco el cante el olor. Yo prefiero la version del vino blanco, en todo caso.
    Imaginacion no les faltaba a los cronistas!

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  9. No puede decirse que no haya expiado sus culpas. Pero caramba, si no hubieran pecado tanto, no habrían necesitado tanta parafernalia para hacerse perdonar. Una historia encantadora en su conjunto, querida dama, aunque verse sobre un auténtico bestia. Besitos.

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  10. Hhhe peregrinado con Fulco en alas de la imaginación que usted, Madame, sabe despertar con sus historias antiguas, extraídas de la noche de los tiempos para hacerse presentes en estos días de prosaísmo utilitarista.
    Siempre la leo con interés, jamás deja de sorprenderme la amenidad con la que pinta sus paisajes humanos.

    Buenas noches, madame, ha sido un placer visitar su mansión.

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  11. De tus artículos mas trabajados, en cuanto a datos e imágenes, no subas mucho el listón, que luego querremos arboles de familia, mapas, cartas recuperadas,,,empieza a ser esto una verdadera obra de investigación.

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  12. Eso digo yo, madame Isabel. Yo creo que ya llegaba a pecar para tener el pretexto para otro viajecito.

    Buenas noches

    Bisous

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  13. Madame Rosa, el placer es mio al recibir su visita. Muchas gracias y buenas noches.

    Bisous

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  14. Pues no se crea usted que es de los mas trabajados, no. A veces los aparentemente mas sencillos son mas complicados de elaborar.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  15. no hay peor fe que la fe del converso, pero lo de la litera... eso es hacer trampas, como en aquel chiste que uno hacía una ofrenda y si se le concedía haría la peregrinación con las botas llenas de garbanzos, como fue que la gracia fue dada el prometedor peregrinó y sin sufrir ningún dolor, porque se había llenado las botas de garbanzos si, pero estos estaban cocidos..... y así no vale...

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  16. Interesante final Madame.
    Al menos el Conde intento expiar sus culpas. Quizas como dice Ud, no era diferente al resto de los personajes de la época.

    En cuanto a las reliquias, ese negocio seguira boynte, libre de toda crisis economica.

    Saudos

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  17. Oiga, el de los garbanzos era listo, porque claro, él no habia especificado cómo. No obstante, vaya asco, ir pisando sobre garbanzos cocidos!

    Y estos otros ya ve, ellos mucho decir, pero llevaban litera ya en prevision.

    Feliz dia, monsieur

    Bisous

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  18. Y todavia cuando es un trozo de madera, vale. Pero eso de descuartizar a los pobres santos y andar repartiendose hasta las muelas tendria que estar prohibido, monsieur.

    Feliz dia

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)