Fulk Nerra, Fulco el Negro, antepasado de los reyes Plantagenet, fue uno de esos grandes señores feudales, más poderosos que los reyes. Sólo tenía 15 años cuando sucedió a su padre Godofredo I como conde de Anjou el 21 de julio del 987, y bajo su gobierno el territorio se amplió considerablemente y adquirió una importancia como nunca antes había tenido.
Construyó numerosos edificios, principalmente para servir como defensa. Hizo erigir más de cien castillos, torres y abadías, incluyendo Château-Gontier, Loches y Montbazon. Fulco fue, además, inteligente, un buen administrador, un magnífico general, genial estratega y un hombre que se destacó por su valor personal, rápido en decidir y más rápido aún en actuar. Según el historiador Achille Luchaire, fue “uno de los batalladores más combativos de la Edad Media ”.
Loches
En la batalla de Conquereuil mató con su propia mano a su cuñado Conan I de Rennes, duque de Bretaña, casado con su hermana Ermengarda. Con esta victoria extendió su poder a los condados de Maine y Turena. A su principal enemigo, Eudes II de Blois, lo derrotó gracias a su alianza con los reyes Capeto. Año tras año combate sin cesar contra los bretones y contra la Casa de Blois, su obsesión.
Pero “El halcón negro” también era ambicioso, violento hasta el crimen, codicioso, cruel. Encerró en las mazmorras a su propio hermano. No tuvo escrúpulos a la hora de masacrar prisioneros y de entregar a la tortura a los hijos del gobernador de la fortaleza de Saumur. Incendió granjas y conventos. Hizo quemar en una hoguera en la plaza de Angers, con su vestido de novia, a su primera esposa y prima suya, Isabel de Vendôme, se dice que después de sorprenderla cometiendo adulterio con un pastor de cabras. Según otras versiones, Fulco la acusa porque estaba deseoso de librarse de ella, ya que no le había dado heredero varón, y hace que sea juzgada por un tribunal complaciente. El pueblo, que amaba a su condesa, asiste horrorizado a este espectáculo de terror.
Días después Angers es arrasado por un incendio. La gente estaba convencida de que se trataba de una venganza divina, y Fulco, supersticioso, también lo creyó así. Llegó a concebir verdadero pánico a arder en el infierno. Tenía pesadillas, pensaba que por las noches sus víctimas salían de sus tumbas para perturbar su sueño reprochándole sus crímenes y su barbarie. El conde de Anjou, en palabras de La Varende , “oscilaba entre el crimen y el remordimiento, el asesinato y la devoción, el drama y la comedia”.
Su hijo, Godofredo II Martel, le hizo la guerra. Fulco lo derrotó y le impuso un humillante castigo: le obligó a comparecer ante él ensillado como un animal de carga, suplicando perdón a sus pies mientras él le gritaba exultante: “¡Te he vencido, te he vencido!”
Sin embargo, en todo el condado se le ama y se le respeta. Tiene prestigio, y la gente celebra sus victorias. Da un ejemplo a sus propios vasallos y a otros grandes señores al rendir homenaje sin discutir al rey de Francia, siendo tan poderoso.
Pero nadie debía engañarse por las apariencias. Aunque fuera con todo el ceremonial debido, tenía al rey bajo su bota. Roberto el Piadoso estaba casado con Constanza, sobrina de Fulco y con un carácter tan violento como el suyo. Roberto confiaba tanto en el criterio de uno de sus barones, Hugo de Beauvais, que rara vez tomaba una decisión sin consultarle, lo que despertó la inquina de la reina contra él. Constanza le envió un mensaje a su tío contándole todas sus cuitas, y el Halcón Negro comprendió de inmediato lo que se esperaba de él. Un día en que el rey y su amigo se encontraban cazando, Hugo se vio rodeado por una docena de esbirros a sueldo del conde de Anjou. Estos le hacen una reverencia al rey y luego, ante sus propios ojos, decapitan al favorito.
Roberto, sobrepasado por los acontecimientos, no osa vengarse. Se limita a hablar con Fulberto, obispo de Chartres, y el conde de Anjou recibe de él una amonestación de las más severas, pues es amenazado con la excomunión y obligado a postrarse de rodillas delante del rey. Era lo más efectivo para conseguir algo de él: temeroso una vez más de ser apartado de la Iglesia y condenado al infierno, se inclina y reconoce su culpa.
Un día, tras muchas siniestras aventuras, guerras, incendios, saqueos por el placer y el botín, cargado de remordimientos tomó el camino de Tierra Santa y acudió a Jerusalén para pedir perdón a Dios y ganarse la salvación en el mismo sitio donde Cristo pagó con su muerte los pecados de los hombres. No sería la última vez: Fulco haría varios peregrinajes distintos a lo largo de su vida.
CONTINUARÁ











Creo que Fulco aun sigue peregrinando..
ResponderSuprimirquien despluma a este halcón, querida madame?, es muy bravo¡¡¡
regreso para enterarme, del fin de tanta maldad.
Vaya pájaro de cuidado. Una persona que es capaz de hacer esas barbaridades con sus "seres queridos" qué no será capaz de hacer con los demás.
ResponderSuprimirSaludos y feliz domingo, madame.
Los caballeros vecinos debian de quedarse muy descansados cada vez que él partía rumbo a una peregrinacion, madame. Que alivio debian de sentir.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
Implacable, monsieur. Asi salieron luego los Plantagenet. Menudos genes llevaban: por un lado Fulk Nerra y por el otro los normandos. No debia de haber ni un caracter debil en la familia.
ResponderSuprimirFeliz domingo
Bisous
¡Tremendos personajes! Parecen más propios de la ficción que da la historia y, aún así, son los fundamentos de dinastías que se amarraron al poder durante siglos. Espero ansioso la continuación.
ResponderSuprimirFeliz tarde, Madame.
Bon jour, Madame.
ResponderSuprimirDespués de un tiempo de ausencia por causas ajenas a mi voluntad, vuelvo para disfrutar con sus relatos sobre la historia, y menudo personaje que encuentro!
Merci, y un abrazo.
Estos señores de la guerra no eran cosa corriente. Tenian un afan de dominacion que transmitieron a sus descendientes.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Madame Carolina, menudo recibimiento, jiji, tiene usted razon.
ResponderSuprimirBienvenida de nuevo y feliz tarde
Bisous
Madame,
ResponderSuprimir¿ese Martel que nombra es, portanto, antepasado del gran Carlomagno?
Feliz noche.
Gran personaje el que nos trae hoy madame. Por una parte cruel y despiadado, por otra respetuoso y afable. Quizás un ejemplo de caballero medieval, de esos que nos han llegado a través de libros e historias.
ResponderSuprimirUn saludo
Madame, realmente se le quería y respetaba?, o más bien se le temía y por eso se le apoyaba... Menudo personaje!
ResponderSuprimirFeliz noche, madame.
Besos.
No, madame, no se trata del mismo Martel. Este fue posterior a Carlomagno.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Si, monsieur, era el tipico caballero medieval, que se entregaba a la violencia mas extrema para luego sufrir esa especie de ataques de profunda religiosidad y temor supersticioso.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Pues lo curioso es que parecia ser apreciado por los suyos. Habra que situarse en la edad media para lograr entenderlo, porque cuesta.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
Me recuerda en cierta manera al señor de la guerra, la magnifica película del Heston, donde quizás la censura no mostró un guion algo mas cruel,...
ResponderSuprimirHe tenido que leer un par de veces el articulo, porque realmente los entresijos ocurridos, en algunos momentos desconciertan, esperando la segunda entrega.
Hola Madame:
ResponderSuprimirHombre despiadado este caballero. Me recuerda a cierto personaje histórico de transilvania....
Como dice Cayetano: que no lo haría a la gente que no era su familia???
Saludos Madame
A mi tambien me lo recuerda, monsieur: el prototipo de gran señor feudal, nacido para la guerra.
ResponderSuprimirPero seguro que no era tan guapo como Charlton Heston!
Feliz comienzo de semana
Bisous
Cualquiera se arriesgaba a casarse con él. Era mejor emigrar a otro condado, creo yo.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, monsieur
Bisous
Pues me habeis pillado, madame. No había oído hablar de este tal Fulco en mi vida.
ResponderSuprimirMe hace gracia porque todos los héroes de la Edad Media son grandes luchadores (lógico, un fraile encerrado en su convento no podría ser considera dohéroe, sino santo). Lo extraño es que le atormentasen tanto los muertos y su salvación hasta tal punto de viajar a los Santos Lugares como peregrino y no como cruzado justiciero. De estos ejemeplos se encuentran pocos.
Un besito
Bueno, tenga en cuenta que el es anterior a las cruzadas. Todavia no habia habido ninguna. Los cristianos y musulmanes se llevaban bien por alla y era tiempo de peregrinajes, justo hasta esta epoca, que fue la de Al-Hakim, y las cosas comenzaron a cambiar. Por entonces la moda era peregrinar.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, madame
Bisous
Menudo pajarraco este conde... un poco desquiciado si que andaba, pero parece que su ansia homicida era más fuerte que su vena piadosa y por último mira que matar a Conan ... eso no sale en la pelis... si hubiera dado con el Chuacheneguer...
ResponderSuprimirJiji, seguro que con ese descendiente no se atrevia. Faltaria mas! Lo que pasa que le tocó el abuelo, que debia de ser mas blandengue.
ResponderSuprimirFeliz comienzo de semana, monsieur
Bisous
Dios me libre semejante personaje, cuanta maldad y grandeza, no se si llamarle animal o admirar, creo que lo primero, porque lo segundo seria vergonzoso, aun así el mal se puede admirar, pero con asco. Que personaje tan particular este hombre!
ResponderSuprimirAsi pienso yo meditando al respecto de este señor conjenere nuestro: El hombre, vaya animal, solo el es capaz de tanto daño y aun asi es el hacedor de tanta belleza.
¡Saludos!
Vaya personaje Don Fulco! La verdad que no lo conocía, pero ya me ha dado curiosidad saber que más ocurre con él. Me preguntó si se llega a arrepentir de manera definitiva.
ResponderSuprimirUn abrazo Madame!
Pues si, madame, curiosamente tambien es capaz de tanta belleza. Siempre estamos oscilando de uno al otro extremo de la balanza.
ResponderSuprimirBuenas noches
Bisous
Pues en realidad como murio cuando regresaba de la ultima peregrinacion, no le dio tiempo a "desarrepentirse" de nuevo, jiji.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame
Bisous
¡Vaya con Fulco...! Menuda perla. Lo que más me asombra es lo que dices casi al final, que pese a ser un sujeto tan arbitrario y cruel, fuera amado por su pueblo. Ay, es que los del pueblo somos tontos de remate... Besitos, dama.
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