En Florencia todo está reglamentado, incluso los placeres. El Consejo, donde Cosme reina como amo y señor, exige que las casas privadas se edifiquen suntuosamente. Si el Médicis ama el lujo, el barrendero también tiene que amarlo. Se otorgan ayudas para la construcción que se recuperan mediante el pago de impuestos.
Cosme firmó varios centenares de ordenanzas en 35 años de gobierno. Se refieren tanto a funerales como al matrimonio, autorizado a partir de los 16 años. El matrimonio nunca se pacta según el deseo de los futuros esposos. Los casamientos a lo Médicis los decide un intermediario, el sensale, que pone en conocimiento del funcionario público el nombre de los novios. La dote no es una costumbre, sino una obligación. Su monto no se entrega al futuro esposo, sino que se deposita en el Monte, el banco del Estado, y allí permanecía durante 15 años. Después se permitía retirarla, pero se aconsejaba dejarla; a partir de entonces se percibía un interés progresivo. La colocación del anillo, símbolo del compromiso, se celebra obligatoriamente con un almuerzo y una cena. Se hacen regalos, pero los de la novia no deben superar las cien libras. El día de la boda se coloca una cinta o una guirnalda de flores que atraviesa la calle donde vive la futura esposa. La reglamentación de la decoración exterior varía según las artes, las corporaciones y el monto del depósito que el padre de la desposada tiene en el banco del Estado.
Antes de la misa, los casados, acompañados por sus familiares y amigos, van al Bigallo, cerca del baptisterio de San Giovanni, donde se celebran siempre los grandes casamientos. Suenan las trompetas decoradas con el blasón que simboliza el arte al que pertenece el novio. La novia, bajo un velo blanco que simboliza su castidad, avanza hacia el altar donde la espera el esposo. Antes de la ceremonia a veces a éste le está permitido salir a caballo de la casa de sus padres, acompañado de 10 mujeres como máximo; pero tiene que respetar la obligación de volver a la casa de la novia en compañía de por lo menos dos mujeres o de dos hombres; de lo contrario le será aplicada una multa de cien florines. Y no es que sean costumbres, sino decretos que en Florencia nadie puede ignorar.
Los banquetes también están sujetos a reglamentos. En el del mediodía no puede haber más de 25 mujeres sin contar las de la familia, no más de 10 hombres y no más de 8 servidores. Las nupcias no pueden prolongarse más de 2 días. Las danzas y los ejecutantes de trompa y de timbal están prohibidos fuera de la casa de la novia, donde siempre se desarrollan los festejos. Se controla el menú y el cocinero tiene la obligación de informar lo que será servido a un funcionario especial. Sólo se permiten 3 platos y 25 porciones por plato. Si se sirve carne de vaca, no pueden consumirse otras carnes. Para la cena sólo dos platos: picadillos, gelatinas o tartas. Cualquiera que sea el rango de la casada, no tiene derecho a distribuir o a enviar ningún adorno, bolsa, cinturón o tocado.
































