miércoles, 25 de noviembre de 2009

El último torneo de Enrique II


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Las predicciones amenazaban el destino del rey de Francia. Un astrólogo había escrito que Enrique II debía evitar todo combate en campo cerrado, especialmente a los 41 años, porque en esa época parecía correr el riesgo de sufrir una grave herida en la cabeza. La reina, Catalina de Médicis, presa de la preocupación invitó a la corte al célebre Nostradamus, pero éste confirmó el horóscopo:
El león joven al viejo vencerá
En campo bélico por duelo singular
En una jaula de oro los ojos le hará saltar
Dos clases una, después morir, muerte cruel.
Nostradamus

La ocasión llegó tras el Tratado de Cateau-Cambresis, mediante el que concedía a su hermana Margarita como esposa al duque de Saboya, y a su hija Isabel al rey de España. La corte se disponía a gozar de los festejos preparados para las próximas bodas, y Enrique no pudo resistir la tentación de tomar parte en el torneo que debía realizarse en la place des Vosgues, ante el palacio des Tournelles.
El día del combate, el rey hizo su entrada en la palestra luciendo los colores de la eterna favorita, Diana de Poitiers. El que defendía el campo debía romper tres lanzas, y los asaltantes una. Enrique había de medir sus armas la primera vez con Filiberto de Saboya, la segunda con el duque de Guisa y la tercera con Gabriel Montgomery, capitán de sus guardias escoceses.

El rey se hizo armar por el señor de Vieilleville e irrumpió contento, rompiendo esas tres lanzas previstas. Después rogó al señor de Vieilleville, que debía actuar en la palestra después de él, que le permitiese romper una lanza más, porque deseaba el desquite, dado que Montgomery le había hecho vacilar tanto que estuvo a punto de caer perdiendo el estribo. El otro caballero le respondió que era ya bastante lo que había hecho rompiendo tres lanzas. Le contó que Blaise Montluc había visto en sueños al rey sentado en una silla con el rostro cubierto de gotas de sangre, y que él mismo temía una gran desgracia.
Enrique II
La reina le rogó que no se batiera más, porque su corazón continuaba palpitando de ansiedad, pero la respuesta de Enrique fue decirle que se batía precisamente por amor a ella. El mismo Montgomery le rogó que desistiese, permaneciendo un minuto pensativo. Tal vez recordaba que Catalina, dos días antes, había mencionado en su presencia aquella profecía. Pero tras esa ligera vacilación, Montgomery aceptó finalmente romper la última lanza.
Los dos caballeros avanzaron rápidamente. La lanza de Montgomery chocó contra la visera del casco del rey, que, al golpe, se alzó con violencia, y la lanza astillada penetró en su ojo para salir por el oído. La reina se desmayó, y el rey, ya sin sentido, fue transportado a palacio después de pronunciar estas palabras:
—Soy muerto.
Después de cuatro días de horribles sufrimientos, mientras se trataba de arrancar de la herida las astillas de la lanza, recobró el rey el conocimiento, llamó a su presencia a la reina y le encargó que se realizase el matrimonio de su hermana. Tras encomendarle a sus hijos y los negocios del Estado, falleció al cabo de once días de agonía pese a todos los esfuerzos del médico Ambrose Paré, el 10 de julio de 1559. Fue enterrado en la basílica de Saint-Denis.
Catalina de Médicis
Las pruebas del dolor de Catalina son innumerables, y el embajador inglés Throckmorton escribió que “ante aquel lecho de muerte, la reina permaneció todo un día sin poder articular ni una sola palabra”. Y Ana de Cossé dijo: “La reina estaba tan desconsolada que el verla hacía acudir las lágrimas a los ojos”. Su propia nuera, María Estuardo, escribía: “Ella está tan dolorida y ha sufrido tanto con la enfermedad del rey, que temo enferme gravemente”.
Desde aquel día llevó siempre luto, y no se lo quitó más que durante unas pocas horas cuando se casaron sus hijos, por dar a las fiestas mayor solemnidad. Cambió las armas de su blasón, tomando en su lugar una lanza rota y la divisa Hinc dolor, hinc lacrymae (de aquí mi dolor, de aquí mis lágrimas). Como nos dice Brantôme, “las llamas del verdadero y sincero amor que profesó al rey su esposo, conservaban aún rescoldos”.


Bibliografía:
Catalina de Médicis – Ana Franchi

31 comentarios:

  1. Vaya con Nostradamus. Qué atinado estuvo en sus predicciones. Y qué fin tan horrible en una época en la que no había grandes tratamientos para mitigar el dolor.
    Buen día, madame.

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  2. Ve, monsieur, lo que puede pasar por no hacer caso de horoscopos ni profecias de Nostradamus?
    Es muy, muy peligroso.

    Feliz dia

    Bisous

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  3. Pues la verdad es que yo leo las predicciones de Nostradamus y en la mayoria se puede entender lo que uno quiera, francamente. Yo no veo nada. Excepto en esta, que la verdad que resulta sorprendente.
    La muerte que tuvo el rey, en efecto, no se la desearia ni a mi peor enemigo.

    Feliz dia, monsieur

    Bisous

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  4. Madame...

    Conocía la Historia, pero vd. la enriqueció con muchos detalles que se me escapaban. En esta ocasión acertó nuesto amigo Nostradamus.

    Bisous y que tenga feliz día.

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  5. Acertó, sí, y resulta desconcertante. Pero bueno, una entre tantas nos deja un margen para el azar. A la mayoria de sus profecias no les encuentro mucho sentido.

    Feliz dia, monsieur

    Bisous

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  6. Madame...

    Es cierto, yo a la mayoría de sus profecías no les encuentro sentido, pero son tan generales y crípticas, que cualquiera la puede adaptar a cualquier catástrofe con facilidad, y decir ¿ves como tenía razón Nostradamus?

    A sus pies.
    Bisous

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  7. Si, asi es como yo lo veo precisamente. Excepto en esta, que la veo mucho mas concreta y aplicable al caso, de ahi que resulte tan llamativa.

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  8. Yo es que opino que Nostradamus era un oportunista y un timador.
    Pero también es mala suerte morir de esa forma en plenos festejos.

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  9. Hola Madame:

    Relato lleno de heroismo y amor, que Ud recrea admirablemente Madame.

    No se si Nostradamus era un timador. Algunas de sus profecias se ha equivocado, pero en otras narra la historia como debía pasar....

    Saludos

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  10. ¡de nuevo te encuentro!... esta multiplicidad de identidades es muy intrigante y convocante y muy acorde a las épocas e historias que nos haces llegar. Leer tus posts enriquecen mi conocimiento y me entretienen a más no poder.
    Volveré!
    Un abrazo para ti, los dioses, las madames, los reyes y los héroes.

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  11. Ya ni siquiera en sueños puedo batirme en duelo de amor por usted. A medianoche despierto sobresaltado porque yazgo en el fondo del foso de un castillo en el que los cocodrilos devoran mis entrañas. Me estuvo bien merecido por haberme propasado en mis fantasías y con mis palabras. Pero, a pesar del dolor que me provocan las vísceras devoradas, qué dulce tortura haber sido despeñado desde una almena por sus brazos. Al menos podré presumir en el círculo del infierno donde vagan los condenados por lujuria de que toqué a la Dame Masquée. O mejor sería decir que por ella quedé touché.

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  12. Triste final para una historia de amor. Y qué cabezota, este Enrique II.

    Un tipo listo, Nostradamus. Mucho más que Rappel, que ya es decir.

    Madame, habéis relatado una historia de la Historia, digna de una película.

    Como decís vos, Bisous.

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  13. Qué muerte más terrible!!! Y más si tenemos en cuenta que en la época sólo se producían torneos festivos en los que los caballeros de la nobleza lucían armas y pertrechos con el único fin de hacer deporte. Nunca con instintos ofensivos como en la Edad Media.

    Un beso madame

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  14. Valiente relato. La próxima vez que escuche hablar de Nostradamus, me lo pensaré dos veces.
    Un saludo. Enhorabuena por tu fantástico blog.

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  15. No podia haber peor suerte, madame Kassiopea, encima de morir que tuviera que ser de ese modo largo y doloroso.

    Buenas noches

    Bisous

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  16. Monsieur, yo creo que las profecias las adaptamos nosotros a los hechos de forma que encajen, pero podrian representar cualquier otra cosa. Mire que les cuesta a los profetas hablar claro. Por que no dicen, por ejemplo, que el rey de Francia va a morir en un torneo? Pues no, tienen que meter jaulas de oro y demas parafernalia. Y asi claro, si no sale, siempre pueden decir que no se referian a eso.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  17. Madame Eva, quel plaisir!
    Bienvenida tambien a este espacio.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  18. Monsieur Andres, que conste que lo de las almenas no fue ninguna amenaza mia. Yo me limité a los cocodrilos. Nunca haria yo tal cosa por mi propia voluntad, pero si usted desea ser tambien arrojado desde lo alto de una almena, no se hable mas. Todo sea por complacerle, y porque usted me lo pide.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  19. Si, era un poco cabezota, pero es que tenga en cuenta que el no creia en todas esas supersticiones, y claro, iba a quedar como un calzonazos si desistia a causa de un horoscopo y un profeta.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  20. Si, madame Carmen, pero asi es el deporte. Ya ve cuantas vidas se cobra el futbol, sin ir mas lejos. Un torneo siempre conlleva riesgos, por mas deporte que sea.

    Buenas noches, madame, y nuevamente bienvenida de regreso.

    Bisous

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  21. Monsieur Herodes de la Betica!
    Pero que nombre tan contundente tiene usted!
    Muchas gracias por su visita, que correre a devolverle en un ratito.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  22. Madame, magníficamente narrado, como siempre. Que muerte tan tremenda por testarudo, y que pena por Catalina, y más conociendo las predicciones del astrólogo y de Nostradamus.
    Feliz noche, madame.
    Besos

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  23. Curiosa afición astrológica en la época: dicen que también Felipe II era muy dado a estas artes, e Isabel de Inglaterra siempre consultaba a John Dee. Los imagino a todos gobernando si ya hubiera existido la prensa, buscando por la mañana la página del horóscopo: "¿A ver cómo me va a ir en economía? ¿Y en las guerras de Italia? ¿Y en el amor?"

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  24. Es que imaginese usted al rey de francia cediendo a presiones de astrologos y profetas. Claro, no era cuestion de hacer caso. Debio de ser el unico que ni por un momento imaginó lo que pasaria.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  25. Jiji, pues mas o menos era lo que hacia. Catalina tenia a los hermanos Ruggieri, a los que encargaba horoscopos y predicciones de continuo. Y todo para tener que acabar montando la San Bartolomé, qué pena.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  26. Es una historia interesante sin lugar a duda. Es casi ironico que Enrique hiciera mencion a su amante y luego le dijera a Catalina que luchaba para demostrarle su amor...
    Por otra parte, es una manera cruel de morir y comprendo la tristeza de la Reina, debe ser duro ver morir a la persona que amas de esta manera tan horrible y poco usual...
    Mas, si vemos a Catalina, podemos darnos cuenta que su reinado fue despiadado, y aunque entienda su dolor, no comparto la matanza que ella monto ¿Como una mujer tan dolorida puede causar más dolor, y más a su pais?.
    Gracias por esa entrada tan maravillosa...
    Besos y abrazos...

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  27. Madame, considero que su blog es magnifico y por ello quise hecer parte de el, espero me reciba con gusto...
    Besos y abrazos y otra vez, gracias...

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  28. Por supuesto, Lady Grey, es usted muy bienvenida. Veo que pertenece usted a la corte de los Tudor, donde tambien me gusta pasar buenos ratos. Espero que nos veamos pronto.

    Muchas gracias por su visita, madame.

    Bisous

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  29. La ultima predicción de Nostradamus a Catalina de Médicis fue que no se acercara a Saint-Germain.Catalina pensaba que se trataba de la iglesia donde iba a rezar; pero cuando sientandose indispuesta supo que el sacerdote que fue urgentemente para confesarla se llamaba Saint-Germain ,comprendió que su vida había llegado en verdad a su fin .
    La mayoría de las veces acerto en sus predicciones !

    Abrazos desde Málaga.

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  30. Pues aunque y ni cra ni deje de creer en las profecías de Nostradamus, parece que en más de una ocasión acertó.

    No hizo caso ni a éste, ni a su esposa Catalina, y el episodio fue de lo más trágico, pero nadie escarmienta por cabeza ajena. Que final tan cruel para cualquier ser humano, y cuando debió sufrir Catalina. Me descompuse imaginando el ojo atravesado hasta el oído por la lanza.

    Un abrazo

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)