Maximiliano II Manuel de Baviera, hermano de
Maximiliano, a quien solían llamar Max Emanuel, pertenecía a
Regresó a la corte para casarse el 15 de julio de 1685 con María Antonia de Austria, hija del emperador Leopoldo I de Habsburgo y de la infanta Margarita de España. La fama de Max comenzó a hacerse legendaria cuando tres años más tarde dirigió la toma de Belgrado. Desde entonces no dejó de lanzarse a todas las guerras que en su tiempo agitaron a Europa.
María Antonia
Luchó del lado de los Habsburgo en
Su primogénito, José Fernando, llevaba el título de Príncipe de Asturias, pues había sido designado para suceder a Carlos II en el trono español, dado que el monarca no dejaba descendencia y basando esta resolución en el derecho que le daba al niño el ser nieto de su hermana Margarita . El propio Carlos II lo había decidido así en 1696, durante el curso de una enfermedad que hizo temer por su vida y tras consultar al Consejo de Estado. Pero, contra todo pronóstico, resultó que José Fernando falleció al cabo de tres años, mientras que el monarca español logró sobrevivirle. Se produjo así un conflicto dinástico que desembocó en
José Fernando
Muerto Carlos II, Max reconoció la validez del testamento y la designación del francés Felipe Vcomo sucesor, e hizo acuñar moneda con la efigie y el nombre de este príncipe en sus talleres de Amberes y Bruselas. Había ideado un plan para que los Wittelsbach suplantaran a los Habsburgo como emperadores. Se alió con los franceses contra ellos, pero Inglaterra Holanda y el Imperio tomaban partido por el archiduque Carlos para ocupar el trono español.
Las aspiraciones de Maximiliano se vieron frustradas tras la batalla de Blenheim en 1704. Durante la evacuación de su corte hacia los Países Bajos, su familia se separó y sus hijos fueron retenidos en Austria como prisioneros durante varios años. Baviera se repartió entre Austria y el Elector Palatino, lo que condujo a sangrientos levantamientos contra las tropas imperiales austriacas.
Max Emanuel
Después de la batalla de Ramilies, el 23 de mayo de 1706, se vio obligado de nuevo a huir de los Países Bajos y refugiarse en Versalles. Seis años más tarde conseguía que sus aliados franceses le cedieran Luxemburgo y Namour. La guerra terminó en 1713 con el tratado de Utrecht, que restauraba a Max, y al cabo de otros dos años tenía la dicha de volver a ver a su familia reunida en Munich.
De regreso en Baviera, aplicó todo su esfuerzo a tratar de equilibrar el fracaso de sus ambiciones políticas. Para él había sido un trago demasiado amargo tener que asistir a la elevación al trono de algunos príncipes alemanes: Augusto II el Fuerte, Federico I de Prusia y Jorge I de Hanover en el trono británico, mientras sus propios sueños se habían revelado impracticables.
Teresa Kunegunda Sobieska
Maximiliano Manuel apoyó entonces las nuevas guerras de los Habsburgo contra los turcos con fuerzas auxiliares bávaras. También fundó
En 1724 creó una unión de todas las líneas de la dinastía Wittelsbach para aumentar la influencia de su Casa y asegurarse votos de cara a la próxima elección imperial, que pretendía para sí mismo o bien para su hijo Carlos Alberto. A éste lo había casado en 1722 con la princesa Habsburgo María Amalia de Austria, hija del emperador José I. Finalmente su sueño se cumplió y Carlos Alberto alcanzó el trono imperial en 1742.
Pero Max Emanuel ya no vivía para contemplar su triunfo: el 26 de febrero del año 1726 fallecía en Munich el único Príncipe Azul que no perteneció a la leyenda.










Jo!! Después de tantos esfuerzos no logró ver a su hijo en el trono!
ResponderSuprimirAl empezar a leer, obviamente, me vino a la memoria el príncepe azul que buscamos todas las mujeres :)
Besos de domingo lluvioso, madame.
Yo creo que hoy en dia se llevan otras cosas, jiji. De todos modos yo nunca lo hubiera buscado a el, aunque fuera el unico principe azul sobre la tierra.
ResponderSuprimirFeliz domingo, madame
Bisous
Otra biografía magníficamente contada madame. Me ha recordado los palacios alemanes en los que vivían, que aun hoy parece que los alojan.
ResponderSuprimirLa verdad es que yo tampoco le buscaría, jejeje.
Feliz domingo.
Besos
El fue un buen constructor de palacios. Dejó su huella en varios, ampliandolos o rediseñandolos.
ResponderSuprimirFeliz domingo, madame
Bisous
Vaya. Y yo que creía que era el "auténtico" principe azul de los cuentos.
ResponderSuprimirCuriosa entrada esta de Maximiliano Manuel.
No sé si fue su vida de felicidad plena, pero lo que es seguro es que no fue aburrida.
Otro más en la historia que no llegó a ver con sus propios ojos su obra realizada.
Un saludo, madame.
Madame,
ResponderSuprimirextraña vida la de las cortes, pensando más en el futuro casi de los nietos que en la política propia.
Feliz tarde de domingo.
Pues ya ve, monsieur Cayetano, que existió el Principe Azul, si bien no se ajusta mucho al de los cuentos.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur
Bisous
Si, se hacian planes a largo plazo, madame. Pretendia ser él emperador, pero en caso de que no diera tiempo a lograr sus fines, preparaba el terreno para que mas adelante su hijo pudiera llevar a cabo esa ambicion.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Pues fíjese que había oído hablar del famoso heredero al trono español que murió antes que Carlos II y no tenía ni idea, ni se me había pasado por la cabeza, interesarme por la historia del padre.
ResponderSuprimirSupongo que se llamaría Príncipe Azul y tendría la sangre del mismo color...
Besos
Buf, claro, jiji, y ademas azul celeste, para de paso entroncar con los dioses.
ResponderSuprimirBuenas noches, madame Carmen.
Bisous
Después de ver la foto de este hombre, no es la idea que tenía yo de un príncipe azul precisamente. Se me acaba de desmontar un mito...
ResponderSuprimirCómo luchó por conseguir sus aspiraciones, y sin ningún resultado.
Buenas Tarde Madame:
ResponderSuprimirLuego de unos dias sin conexión, vuelvo por estos lares.
Interesantes maniobras para hacerse con el poder jhacía el principe azul. Y aunque tuvo sus caídas, aparentemente mantuvo el porte....
Saludos
Vamos que sus tejemanejes políticos le salieron por la culata... menos mal que después de tanto... pudo volver a su tierra con toda su familia reunida
ResponderSuprimirjijijiiii, pues esto era lo que habia, madame Kassiopea. Pa que vea usted. Yo voy a pedir el catalogo con los demas colores, porque el azul no me gusta.
ResponderSuprimirFeliz lunes, madame
Bisous
Monsieur, me alegra que haya resuelto usted finalmente sus problemas de conexion. Bienvenido de regreso y feliz comienzo de semana.
ResponderSuprimirBisous
Si, despues de todo no le fue tan mal. Obtuvo grandes honores y bastante poder, lo que permitio que su hijo desplazara a los Habsburgo en el trono imperial. No siempre le sonrio la suerte, pero el balance no es enteramente negativo.
ResponderSuprimirFeliz lunes, monsieur
Bisous
Ooooh, Madame!
ResponderSuprimirSiempre quise un príncipe azul en mi vida!
Pero, sinceramente, prefiero mi vida "normal", incluso anodina, a las intrigas de la corte.
¿O puede que no?
Ay! Madame!
Cómo me hace Vos reflexionar!
Bisous!!
Con el inglés Mambrú tuvo que topar en Blenheim, qué dolor, qué dolor, qué pena...
ResponderSuprimirEs increíble la amenidad con que me da clases de Historia, madame. Todas las guerras que afrontó este Maximiliano apenas sirvieron para nada en provecho suyo. ¡Qué lección para quienes más de una vez tuvimos la pretensión de luchar!
ResponderSuprimirLos trapicheos de la historia para llegar al poder y encima el pobre ni puede ver cerrada su obra.
ResponderSuprimirDe aquí se recoge la idea del Príncipe Azul, yo creían que eran más guapos, que decepción, ejjejeje.
saludos Madame, a disfrutar de la nocturnidad de la tarde
Ah, no, madame Carolina, una vida anodina jamas!
ResponderSuprimirSiempre la aventura por delante, y si hay intrigas mejor. El caso es no aburrirse.
Feliz tarde, madame
Bisous
Y eso que el dolor el dolor y la pena eran para Mambru. Imaginese usted el otro.
ResponderSuprimirFeliz tarde, monsieur Mannelig.
Bisous
Monsieur, nunca hubiera sospechado que era usted tan belicoso! Con lo pacifico que parecia y albergaba pretensiones de lucha!
ResponderSuprimirNo volvere a confiar en las apariencias.
Feliz tarde, monsieur Andres
Bisous
jiji pues en realidad no era por el, no, lo del principe azul de los cuentos. Vamos, sería para morirse.
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
Bisous