viernes, 9 de octubre de 2009

Felipe el Bueno más de cerca

Felipe el Bueno con el collar de la Orden del Toison de Oro, por él fundada - Van der Weyden

Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, era de mediana estatura y de silueta esbelta; porte altivo, “más tieso que un huso”, dirá Chastellain. Tenía una recia osamenta y una gran soltura y nobleza en sus movimientos. Su rostro era alargado, la nariz recta y larga. La boca era proporcionada, de labios sensuales, gruesos y coloreados. Los ojos, grandes y saltones, eran a veces fieros, de mirada inquisidora, aunque habitualmente amables. Estaban protegidos por unas cejas que los pintores representan con trazos sobrios, aunque las crónicas describen como “grandes y pobladas cuyos fuertes pelos se ponían de punta cuando se encolerizaba”. Su frente era alta y despejada y el cabello abundante y castaño oscuro.


Le gustaba estar de pie. Observaba con atención a sus interlocutores, a los que siempre acogía sin familiaridades pero con afabilidad. Hablaba poco, con voz moderada. Tenía un carácter constante, tanto en la vida pública como en la intimidad. Pronto en servir y benevolente, le encantaba agradar. Se sabía bien dotado para ello y empleaba su don en la política. Era prudente en sus compromisos, no prometiendo más que cuando estaba seguro de poder cumplir. Tenía poco disimulo, y aun cuando era un político hábil y sagaz, sabía guardar lealtad y era íntegro en sus posiciones. Si bien podía ser duro con sus adversarios y despiadado en la lucha, como sus antepasados Valois, no tenía pasión por la guerra. Mas como era sensible al honor y cumplido caballero, en ocasiones habría de desafiar en duelo a algún príncipe enemigo al comenzar alguna campaña.


Le gustaban el lujo, el boato, las vestiduras de tejidos raros y preciosos, los adornos costosos, las joyas, los caballos, las armas; todo lo que fuese de mucho valor y se ajustase a un canon de belleza. La etiqueta de su corte borgoñona, las fiestas, los torneos, las visitas solemnes y festivas a sus ciudades, los duelos y las bodas eran pretextos para un despliegue de lujo y de extravagancias sin límite. Maquinarias, piezas montadas, juegos de colores, dorados y plateados eran ejecutados por los empleados de la corte; todos contribuían con su talento. Incluso Van Eyck, quien hacía colgar grandes velas multicolores en los mástiles dorados de la flota, en el puerto de la Esclusa, o coloreaba cartón piedra o vigas en las grandes salas de los banquetes o a lo largo de las calles de las ciudades.


Felipe el Bueno y su hijo - Miniatura de Van der Weyden


En el desarrollo de los duelos, el despliegue del negro, por su efecto de contraste con la muchedumbre, era parte del espectáculo; había 2000 banderines negros, estandartes y banderas con franjas de seda negra, y los asientos de los carruajes estaban pintados de negro. A veces el duque, que montaba a caballo, vestía un inmenso manto negro que llegaba hasta el suelo. Todo era espectáculo, hasta los abrazos, los desvanecimientos y los llantos que tanto el duque como sus contemporáneos sabían mostrar a propósito. Felipe era hijo de su tiempo por lo desmesurado de algunas actitudes, por el ritual del honor caballeresco, por el orgullo que sentía al humillarse ante la familia real de Francia, hincándose de rodillas ante el Delfín y descubriéndose en cuanto hablaba del rey.


Era Valois por la afición, en él exacerbada, a las obras de arte, a los espíritus elevados, y por lo tanto pertenecía ya al Renacimiento. Era piadoso, pero sin superstición. Aunque goloso y sibarita en la mesa, con frecuencia ayunaba a pan y agua. Hacía que le dijeran la misa a horas tardías, a menudo por la tarde, con dispensa del Papa. Daba limosnas en secreto. Pero había establecido un extraño baremo de misas que había que decir por sus familiares difuntos, ¡en función del rango de éstos! En pleno combate no dudaba en correr grandes peligros, por detenerse en acciones de gracias.


Estaba dominado por una sensualidad muy viva; sus amantes eran innumerables y oficialmente se le atribuían 17 bastardos. La duquesa de Borgoña, Isabel de Portugal, su tercera y última esposa, soportó muy mal ese desorden de conducta. Mas desgraciadamente, “lo que él quería, eso mismo le sucedía, y lo que deseaba se le ofrecía”. “A medida de sus deseos era complacido su corazón”.


Isabel de Portugal - Van der Weyden

Pocas veces hacía acto de presencia en sus consejos. Se desinteresaba mucho, sin duda demasiado, en la gestión de sus asuntos corrientes. Sin embargo, es poco probable que los éxitos de su gobierno, que se prolongó desde 1419 a 1467, sean exclusivamente obra de sus funcionarios. No cabe duda de que Borgoña le debe gran parte de su brillo. Felipe no dejaba que se emprendiese ni se terminara nada importante sin su decisión personal, decisión que meditaba largamente con sus consejeros, con la duquesa Isabel y con sus íntimos. Participaba personalmente, además, en todas sus campañas.


No fue muy riguroso al elegir a sus consejeros. Es posible que depositara su confianza en quienes complacían su curiosidad y lo cautivaban por alguna originalidad de su espíritu, algún don de habilidad brillante o facultad de su inteligencia. Al final de su vida tuvo una tendencia a entregarse peligrosamente a las facciones de su corte.


Era raro que se encolerizase. Sabía contener sus cóleras y desconfiaba de ellas, pues destruían la compostura de su persona y de la mesurada dignidad que constituía uno de sus aspectos más notables. Pero cuando ya no podía dominarse, su cólera era de una violencia desatada y le ofuscaba el sentido común.




Bibliografía:

Marie de Bourgogne – Yves Cazaux

Œuvres – Georges Chastellain

18 comentarios:

  1. Aunque fuese un poco excéntrico y teatrero, dice que era íntegro y eso es un punto a su favor.

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  2. No soy nada monárquico, pero me quedo con este Felipe III, el figurín, antes que con el "tontolhaba" homónimo español que se dejó convencer por el Duque de Lerma y expulsó a los moriscos de España.

    http://latinajadediogenes.blogspot.com/search/label/Expulsi%C3%B3n%20de%20los%20moriscos

    Un saludo y buen finde.

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  3. Qué placer leer sobre Felipe el Bueno. Tuve la oportunidad de ver su tumba en el Museo de Bellas Artes de Dijon: una obra de arte.
    Saludos.

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  4. Madame,
    que interesante retrato tan personal nos ha hecho de este rey. Nos lo ha acercado tanto que parecía estar sentado junto a mi.
    Buena tarde.

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  5. Este Felipe parece más de carne y hueso que otros... hasta se enfada.
    Un buen trabajo, me gusta la entrada y la historia.

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  6. Si, monsieur Jose Luis, era un excentrico como habra visto pocos la Historia. Todo un personaje.

    Feliz tarde

    Bisous

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  7. Ay, madame, es que para mi lo de excentrico y teatrero era otro punto a su favor, jiji. Debia de ser imposible aburrirse con el.

    Bisous

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  8. Desde luego, monsieur Cayetano, esta claro que el nombre no determina al personaje, porque esos dos que llevaron el mismo no pudieron salir mas diferentes, no.

    Feliz tarde

    Bisous

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  9. Ah, que suerte, madame!
    Hermoso recorrido el suyo.
    Quiere creer que con lo que amo la historia de Borgoña aun me falta por conocer Dijon?

    Feliz tarde

    Bisous

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  10. Asi me gustan los personajes, madame Negrevernis, que parezca que estan sentados a nuestro lado y no alejados en el tiempo, entre las lineas de un libro mohoso.

    Feliz tarde

    Bisous

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  11. Madame Maria Jesus, el duque Felipe era un personaje que resultó muy fascinante en su tiempo. Algo de eso tenia que llegar hasta nosotros incluso hoy.

    Bisous, madame

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  12. Por cómo lo describe usted, madame, resulta ser un personaje absolutamente literario, fascinante y delicioso.

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  13. Sí señor, un tipo interesante.
    saludos, Madame.

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  14. Asi nos lo describen a nosotros, monsieur. Lamentablemente no lo conocí personalmente. Ya sabe usted que yo naci algo despues.

    Feliz fin de semana largo, monsieur Andres.

    Bisous

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  15. Alguien a quien hubiera sido interesante conocer, monsieur Xibeliuss.

    Disfrute de este largo fin de semana.

    Bisous

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  16. Que personaje más extravagante era Felipe III! Debía ser un experiencia única pasar un día a su lado.

    Madame me gustaría que se adentrará un poquito en el Universo de su hijo, Carlos el Temerario, sería también una figura muy interesante de dar a conocer.


    Besos y buen fin de semana!


    Besos

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  17. Oh, tengo una enorme debilidad por Carlos el Temerario, madame.
    Sin embargo, aquellos personajes que constituyen mi mayor debilidad no sé bien por qué, pero me cuesta mostrarlos aqui. Es como si me resistiera a reducirlos a una o dos entradas, y los reservara para mejores destinos.

    Feliz fin de semana tambien para usted, lady Caroline.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)