El duque Luis de Orleáns, regente de Francia debido a la locura que padecía su hermano Carlos VI, mantenía una dura pugna por el poder con el duque de Borgoña, Juan sin Miedo. En 1407, en plena guerra de los Cien Años contra los ingleses, el reino se veía además dividido en dos facciones enfrentadas.
Orleáns visitaba frecuentemente a la reina, que acababa de dar a luz a un hijo que no vivió. Isabel de Baviera, de quien se decía que además de su cuñada era también su amante, aún guardaba cama en una casa que había adquirido en la vieja calle del Temple, cerca de la puerta Barbette. Luis trataba de animarla tras el desdichado acontecimiento, y allí estaba el miércoles 23 de noviembre, cenando en su compañía, cuando se presentó un valet de parte de su hermano el rey.
—Monseigneur, el rey os ordena acudir ante su presencia sin demora. Desea hablaros cuanto antes de algo que os atañe tanto a vos como a su persona.
El duque hizo que le ensillaran su caballo. Sólo iba acompañado por dos escuderos y cuatro o cinco valets a pie con las antorchas. Sería hacia las ocho de la tarde; estaba oscuro, y ya no había nadie en las calles. Luis, vestido con una simple túnica de damasco negro, se fue por la vieja calle del Temple, cantando y jugueteando despreocupadamente con su guante. Cuando hubo recorrido una distancia de unos cien pasos, y ante la casa del mariscal de Rieux, 18 ó 20 hombres armados que aguardaban emboscados junto a otro edificio próximo se abalanzaron de golpe. El caballo que montaban los dos escuderos se espantó y huyó al galope. Los asesinos cayeron entonces sobre el duque de Orleáns y, tras asegurarse de que era quien buscaban, lo desmontaron y lo derribaron. Luis trató de incorporarse, pero sus agresores, implacables, le abatieron de nuevo con una lluvia de mazas y espadas. Uno de los jóvenes pajes que trató de defenderlo también cayó a su lado; otro, gravemente herido, tuvo el tiempo justo de refugiarse en una tienda vecina, en la rue des Rosiers.
La mujer de un pobre zapatero escuchó los ruidos y abrió su ventana en lo alto para ver qué ocurría. Entonces, horrorizada, comenzó a gritar:
—¡Asesinos! ¡Asesinos!
—¡Callaos, mala mujer! —le respondieron desde la calle, mientras algunos comenzaban a disparar flechas hacia la ventana donde la habían visto.
En un instante todo había acabado. Un hombre corpulento, vestido con una caperuza roja que le ocultaba los ojos, dijo en voz alta:
—Vámonos. Está muerto.
Había caballos preparados allí cerca. Montaron, pero uno aún dio un último mazazo al cuerpo sin vida del duque de Orleáns. Luego huyeron girando por la rue des Blancs-Manteaux y gritando:
—¡Fuego! ¡Fuego!
En efecto, se veía salir humo de la casa junto a la que habían estado aguardando al duque. Las voces habían hecho asomarse a la ventana a las gentes que habitaban en la casa del mariscal de Rieux. Un escudero del duque de Orleáns, sobrino del mariscal, bajó a la calle en el momento en que el crimen acababa de ser cometido. Encontró a su desdichado amo tendido en el suelo, muerto y mutilado. La cabeza estaba abierta por dos espantosas heridas; la mano izquierda había sido cortada, el brazo derecho casi arrancado.
El cuerpo fue trasladado a la casa del mariscal. La noticia de su muerte pronto se extendió por todo París. La reina, al enterarse, fue presa de la desesperación, y a pesar del estado en que se encontraba se hizo transportar de inmediato al Hôtel de Saint-Paul. Muchos señores se armaron y fueron a formar una guardia ante el rey. Los príncipes se reunieron todos en el hôtel de Anjou con los principales señores del consejo y pronto dieron comienzo las investigaciones. Se dio orden de cerrar las puertas de la villa y de vigilar que no hubiera desórdenes en las calles.
CONTINUARÁ
Bibliografía:
Histoire des ducs de Bourgogne de








Interesantísima,cómo puede contarse la historia de forma amena y que dé ganas de seguir leyendo!
ResponderSuprimirImpecable como siempre, madame, besos.
Me quedo con la intriga de saber como termina. La verdad es que en esa época no se andaban con chiquilladas ante cualquier tipo de ejecución...
ResponderSuprimirBesines y feliz fin de semana.
¿Quién estará detrás de este horrible crimen?
ResponderSuprimirAunque me lo imagino, la respuesta vendrá en la próxima entrada. Intrigado estoy.
Un saludo.
interesante y emocionante queda el suceso... y yo que pensaba que Juan sin miedo era un personaje de cuento...
ResponderSuprimirGrandioso y ameno blog, Madame.
ResponderSuprimir....habéis podido saber que soy hija del barón de Meridor, es decir, la única heredera de una de las familias más antiguas e ilustres de Anjou.
Hubo -dijo Bussy- un barón de Meridor, que pudiendo salvarse en la batalla de Pavía, luego que supo que estaba su rey prisionero, se rindió a los españoles, pidiendo por única gracia el permiso de acompañar a Francisco I a Madrid, donde compartió con él los trabajos del cautiverio, y no le dejó sino para venir a Francia a tratar de su rescate.
-Era mi padre, caballero, y si alguna vez entráis en el salón del castillo de Meridor, veréis en él el retrato de Francisco I, hecho por Leonardo da Vinci, y que fue un regalo de Su Majestad.
-¡Ah! -dijo Bussy-, en aquel tiempo todavía sabían los príncipes recompensar a sus servidores.
Mi padre, a su regreso de España, se caso: tuvo el dolor de ver morir a sus dos primeros hijos y de perder la esperanza de tener un heredero. Poco después murió también el rey, y el dolor de mi padre llegó a la desesperación: al cabo de algún tiempo abandonó la corte y fue a encerrarse con su mujer al castillo de Meridor; allí nací yo como por milagro, diez años después de la muerte de mis hermanos.
.....................
Por aquel tiempo se esparció la voz de que el señor duque de Anjou había mandado un teniente gobernador a la capital de la provincia. Algunos días después se supo que ese teniente acababa de llegar y que era el conde de Monsoreau.
La Dama de Monsoreau
ALEJANDRO DUMAS
Vaya nombrecitos llevó esa dinastía: Juan sin Miedo, Felipe el Atrevido, Carlos el Temerario... Cualquiera se metía con los borgoñones.
ResponderSuprimirMadame, me habéis dejado en ascuas. Por cierto bellísimas las imágenes que habéis elegido. Espero ansiosa la continuación, un besito y ¡¡¡Feliz viernes!!!
ResponderSuprimirEsperamos el desenlace de esta historia, aunque todos nos lo podemos imaginar...
ResponderSuprimirUn saludo
Muchas gracias, madame Cris. La esperamos en la continuacion.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Y menos de asesinato, madame Basileia. Eran un poco mafiosi, jiji.
ResponderSuprimirFeliz viernes, madame
Bisous
Quien esta detrás yo creo que es lo mas evidente, pero vamos a ver los detalles y cómo acabó la cosa.
ResponderSuprimirFeliz viernes, monsieur Cayetano
Bisous
Y tambien es personaje de cuento, jiji. Pero
ResponderSuprimirhabia otro en Borgoña.
Feliz viernes, monsieur Jose Luis
Bisous
Monsieur Odoacro, quel plaisir!
ResponderSuprimirDesde que habito en este château es usted la primera persona que me comenta que conoció a mi tatarabuela. Me alegro mucho. Aunque ya me imagino que no la conocería personalmente, pues es usted demasiado joven para eso.
Feliz fin de semana, monsieur
Bisous
Efectivamente, monsieur, cualquiera se metía con los borgoñones. Menudos quebraderos de cabeza dieron a los reyes de Francia!
ResponderSuprimirFeliz viernes, monsieur
Bisous
Pues pronto estará lista la continuacion, madame.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Pues es posible que monsieur Sila se lleve alguna sorpresilla en alguno de los puntos de esta historia.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana, monsieur
Bisous
espero la continuidad de este apasionante relato querida Dame Masque,un abrazo
ResponderSuprimirMuchas gracias, madame. A ello iremos proximamente.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Madame Buenas tardes:
ResponderSuprimirUd ha dado un golpe de efecto con esta historia. Dan ganas de saber el final. Y no porque no le conozca, sino por su narrativa.
Me agrada venir a leer por aqui.
Saludos
Que muerte más mala, con mazas y espadas...¿Para cuando la segunda parte?.
ResponderSuprimirUn abrazo
Muchas gracias, monsieur Manuel. Espero no darle motivos para arrepentirse.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana
Bisous
Pues la segunda parte seguramente mañana mismo, madame Verdial.
ResponderSuprimirFeliz viernes
Bisous
Hola.
ResponderSuprimirHe lleagdo aquí por enlace desde otro blog donde comentaste tu opinión sobre la cumbre de Copenhage y me ha encantado tu comentario.
Gracias por compartir comentarios como ese.
Saludos.
Vuestras narraciones, Madame, despiertan en mí una curiosidad inusitada, jamás experimentada con anterioridad. Vuestro amor por la historia comienza a ser peligrosamente contagioso.
ResponderSuprimirOs deseo, esta noche, una plácida estancia en los brazos de Morfeo.
Terrible muerte madame, apasionante historia. Ya espero impaciente la continuación.
ResponderSuprimirBesos
Esto huele a fratricidio. Ya voy viendo que no sólo olía a podrido en Dinamarca.
ResponderSuprimirMuchas gracias, monsieur Antonio. Los señores gobernantes deberian ponerse las pilas.
ResponderSuprimirFeliz sabado
Bisous
Gracias, monsieur, lo ha sido. He dormido como un lirón.
ResponderSuprimirDisfrute de su fin de semana
Bisous
En un ratito estara lista la continuacion, madame Nikkita.
ResponderSuprimirFeliz sabado
Bisous
Ah, monsieur Andres, esta usted ahi. Como no vi su actualizacion pense que continuaba usted de celebracion con su equipo, lejos de estos castillos.
ResponderSuprimirFeliz sabado para usted
Bisous