sábado, 10 de octubre de 2009

Colón en Cuba - Washington Irving


Vida y viajes de Cristóbal Colón – Washington Irving


Capítulo III


Descubrimiento y costas de Cuba


(1492)


Dilataron por muchos días la partida de Colón continuas calmas y vientos contrarios acompañados de copiosos aguaceros. Era la estación de las lluvias otoñales, que en los climas tórridos suceden a los calores del verano, desde la menguante de la luna de agosto hasta el mes de noviembre.


Al fin, se dio a la vela el 24 de octubre a medianoche; pero no pudo alejarse de la isla Isabela, por haber tenido calma hasta el día siguiente, cuando a cosa de las doce se levantó un viento suave, que empezó a soplar, como él dice, amorosísimamente. Se extendieron todas las velas, tomando el rumbo del oes-sud-oeste, dirección en que decían los indios que estaban las tierras de Cuba. Después de tres días de navegación, durante los cuales tocaron a un grupo de siete u ocho islas pequeñas, que él llamó islas de arena, ahora las Mucaras, y habiendo atravesado el banco y el canal de Babamá, llegó el 28 de octubre por la mañana a la vista de Cuba. La parte que descubrió primero, se supone que sea la costa occidental de Nuevitas del Príncipe.


Al arribar a esta isla quedó sorprendido de su magnitud, de la grandiosidad de sus contornos, de sus encumbradas montañas que le recordaban las de Sicilia, de la feracidad de sus valles y dilatadas llanuras bañadas por caudalosos ríos, y coronadas de suntuosas y altas florestas, y de sus audaces promontorios y extendidos cabos que se desvanecían a la vista en remotísimas distancias escondiendo sus cúspides en el azul del horizonte. Ancló en un hermoso río, libre de rocas y bancos, de transparentes aguas y márgenes vestidas de árboles. Y desembarcando, y tomando posesión de la isla, le dio el nombre de Juana, en honor del príncipe D. Juan, y al río el de San Salvador.



A la llegada de los buques salieron dos canoas con indios de la costa; mas al ver que se acercaban los botes a sondear el río para buscar surgidero, huyeron amedrentados. El almirante visitó dos chozas abandonadas por sus dueños. Contenían pocos efectos, algunas redes hechas de fibras de palma, anzuelos y arpones de hueso, y otros instrumentos de pesca, y un perro de los que había visto en las otras islas, que nunca ladran. Mandó que a nada se tocase, contentándose con observar los medios y modo de vivir de los habitantes.


Volviendo a su bote, siguió navegando río arriba, cada vez más gozoso al contemplar la hermosura de aquel país. Las florestas que cubrían ambas orillas, eran de altos árboles de dilatadas y anchas copas; muchos cargados de frutos, otros de flores, y aun alguno de flores y frutos mezclados, como si tuviese la tierra un círculo perfecto de fertilidad: entre ellos había palmas, pero diferentes de las de España y Africa: con sus grandes hojas formaban los indios los techos de sus chozas.


Los exagerados elogios que prodigó Colón a la belleza del paisaje, los justifica el maravilloso cuadro que se desplegaba ante su vista. Es inexplicable el esplendor, variedad y pomposa vegetación de aquellos ardientes y vivificadores climas. El verdor de las arboledas y los matices de las plantas y las flores forman una beldad que no puede encarecerse; añádase la pura transparencia del aire y la profunda calma de los azules cielos, las florestas también llenas de vida, atravesándolas de continuo bandadas de pájaros de brillante plumaje, la inmensa variedad de loros y picamaderos que bullen por la selva, las numerosas avecillas que vagan de una flor a otra parecen por su vivo lustre, como alguno ha dicho, partículas finas del arco iris, y los flamencos, o fenicópteros escarlatas, que suelen verse también por las aberturas de la floresta en algún distante llano, formados en escuadrón como los guerreros, con una escucha alerta para dar noticia del cercano peligro, y podrá concebirse toda la belleza de aquel cuadro. Ni es la sección menos bella de la naturaleza animada la que encierran tantas tribus de insectos que pueblan todas las plantas, haciendo alarde de sus brillantes cotas de malla que resplandecen como joyas preciosas.



Sublime y grandioso es el esplendor de la creación animal y vegetal en aquellos climas, en donde un sol ardiente comunica su propio lustre a todos los objetos, y vivifica la naturaleza y la llena de exuberante fecundidad. Las aves no se distinguen en general por su melodía, habiéndose observado que rara vez se junta en ellas la dulzura del canto con la brillantez del plumaje. Colón observó, empero, que las de varias especies cantaban melodiosamente entre los árboles, y con frecuencia se engañaba creyendo que oía la voz del ruiseñor, pájaro desconocido en aquellas regiones. Estaba Colón, en efecto, dispuesto a verlo todo a través de un propicio y favorable medio. Su corazón rebosaba en la plenitud del júbilo de haber alcanzado sus esperanzas, y el duro pero glorioso premio de sus trabajos y peligros. Todo lo contemplaba con el amoroso ojo del descubridor, mezclando la admiración con el triunfo; y es difícil concebir los éxtasis de su ánimo, mientras exploraba y admiraba las gracias de un mundo virginal, ganado por su genio y por lo grande y atrevido de sus empresas.



10 comentarios:

  1. Madame,
    ojalá inventaran la máquina del tiempo. Me faltarían horas y días para poder ser partícipe de grandes gestas como esta que narra.
    Feliz noche.

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  2. Ay madame, yo soy muy aventurera, pero preferiria que no fuera en barco, al menos en uno de aquellos cascarones, o no llegaría viva!

    Feliz noche tambien para usted.

    Bisous

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  3. Había que estar verdaderamente loco: embarcarse con gente de dudoso comportamiento en situaciones difíciles...
    La carabela era un invento, un hallazgo puntero en su época, de aspecto amazacotado sin embargo era una nave muy maniobrera y difícil de volcar.
    Feliz domingo, ya falta poco para que Rodrigo de Triana diga aquello de "¡Tierra!"

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  4. Sí, monsieur, contempladas desde nuestros tiempos asustan. Parece increible que se pudiera llegar a alguna parte a bordo de algo asi. Parecería que tenia que irse al garete con el primer atisbo de tormenta.

    Feliz domingo, monsieur

    Bisous

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  5. Qué paraiso el que contemplaron por vez primera estos privilegiados de la Historia. No se imaginan que ahora aquellas molestas playas de arena, de sol de justicia, calor apremiante y densas selvas sería destino de descanso para muchos de sus descendientes.

    Un beso

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  6. Debe haber sido fantástico vivir en esos tiempos, más prestos a nuevos descubrimientos geográficos, ahora sólo nos quedan lugares por descubrir (supongo, ya que no hay paises enteramente desconocidos, jajaja) fuera de este planeta.

    Gracias por este interesante apunte Madame! :)

    Besitos!

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  7. Que te voy a contar de esta entrada. Con descirte que salio de mi zona y que Huelva y en especial Palos está dedicado a él y su descubrimiento. Por aquí nos sentimos muy orgullosos de ello.
    Un abrazo.

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  8. Pues si, madame. Poco imaginaban que todo el mundo lo acabaria descubriendo tambien, jiji.

    Buenas noches

    Bisous

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  9. Bueno, madame Atenea, pero al menos sí que nos quedan unos cuantos planetas por explorar. Seguro que darán mucho de sí!

    Bisous, madame

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  10. Monsieur, entonces estara usted hoy de especial celebracion. Ha de haber mucho ambiente este fin de semana por la zona.

    Buenas noches

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)