Durante los años 364 y
Como la violencia de la enfermedad no se había mitigado ni por las medidas humanas ni por los auxilios de los dioses, los espíritus fueron dominados por la superstición. Los juegos escénicos fueron entonces instituidos entre los medios de aplacar la cólera celestial. Constituían toda una novedad para un pueblo belicoso que no había conocido más que los espectáculos del circo. Por lo demás, sus orígenes fueron modestos y hubo que importarlos de fuera. Sin canción alguna, sin imitar siquiera los gestos de un cantor, bailarines traídos de Etruria danzaban al son de la flauta, y a la manera etrusca ejecutaban movimientos no sin gracia.
La juventud romana dio después en imitarlos, al tiempo que se cruzaban entre los bailarines versos licenciosos, y acomodaban sus movimientos en cierta armonía con sus palabras. Y así fue adoptada la diversión, y su empleo frecuente la mantuvo con vida. Al actor se le llamaba ister en etrusco. Ya no se intercambiaban como antes gestos groseros, improvisados a la ligera, sino sátiras o centones, llenos de ritmo y ya escritos para tener acompañamiento de flauta y el movimiento apropiado.
Al cabo de unos años, Livio Andrónico (
ra ellos mismos.
Romanos entrando al teatro
Cuando este modo de representar liberó al drama de la risa y del chiste descarado, y el drama se convirtió en un arte, los jóvenes dejaron la representación de comedias en manos de profesionales y volvieron a la costumbre antigua de componer sus versos humorísticos y de intercambiarlos entre ellos. Estos dieron lugar a las despedidas llamadas exodia, apéndices que solían combinarse con las farsas atelanas. La atelana, así llamada porque procedía de Atella, era una especie de comedia tomada de los oscos, y los jóvenes se la reservaban en exclusiva para que los actores profesionales no la contaminasen. Se trataba de farsas populares improvisadas de tono satírico, mezcla de versos y de prosa intercalada con términos rústicos. Se empleaban máscaras fijas, cuyos nombres eran: Dossennus, Maccus, Bucco, Manducus, Pappus. En el siglo I a. C. hubo autores, sobre todo Lucio Pomponio y Novio, que le dieron dignidad literaria. En la atelana, los papeles femeninos eran interpretados por actores de sexo masculino que eran libres y que escondían su identidad mediante máscaras.
A veces los actores se dejaban llevar por una arriesgada tentación: criticar a los poderosos. Por esta razón sufrieron trágicas consecuencias, como aquel actor que arremetió contra Calígula y fue quemado vivo en el anfiteatro por orden del emperador.
Teatro romano de Mérida - España
La popularidad de este género alcanzó su punto álgido en el siglo II d. C. durante el periodo de Trajano y de Adriano y tuvo éxito durante todo el periodo imperial, como demuestran las numerosas estatuillas y máscaras de terracota que representan los tipos característicos de la atelana, procedentes de todos los rincones del Imperio romano.
Pero los teatros permanentes no existieron hasta el
Bibiliografía:
T. Livio, VII, 2.
Suetonio – Calígula, 27, 4
Les classiques latins – Luciano Canfora









Supongo que ya desde el principio habría influencia del teatro griego, a partir del contacto de éstos con los etruscos, y de las colonias de la Magna Grecia en Italia. Lo que sí es curioso es que nos haya llegado tan poca producción romana, en comparación con los clásicos helenos. ¿A qué lo achaca, madame?
ResponderSuprimirSi, asi es, la influencia fue enorme: hasta llevaban los coturnos. Imitaron mucho a los griegos, aunque curiosamente su origen, por lo que nos cuenta Tito Livio, fue completamente independiente.
ResponderSuprimirNo se si podemos considerar tan escasa la produccion que nos ha llegado. Tenemos nombres importantes: Plauto, Terencio, Cecilio Estacio, Pacuvio, Lucio Accio, Ennio, y por supuesto, Lucio Aneneo Séneca. Tal vez pocas tragedias, pero es que no era el género favorito de los romanos. Hasta se discute si las de Seneca fueron representadas en su totalidad, y eran las de Seneca! Y la censura también hacía lo suyo, por cierto. Era terrible. Como curiosidad, en el caso de Julio César, él mismo mandó destruir las que escribió. Que lastima!
Buenas noches, monsieur
Bisous
Aimée Madame Masquée:
ResponderSuprimirNormalmente sus textos suben a mi cerebro como una droga euforizante, pero esta vez ha vuelto a tocar usted una parte de la historia de Roma. No quisiera ser desmedido, pero creo que ha dejado mi corazón maltrecho y traspasado por una de las flechas que tan caprichosamente gusta de arrojar Cupido.
¡Ah, el teatro! ¡Qué maravilla! Un legado del mundo griego que los romanos supieron aprovechar. Veo que nos traes el de Emerita Augusta. Yo, cada dos años, hacia el mes de mayo saco con antelación unas localidades en primera fila, junto a la "orchestra", para finales de julio o principios de agosto. Ver teatro en ese marco iluminado en plena noche extremeña es una grata experiencia, muy recomendable. He visto allí "Miles gloriosus" de Plauto y una adaptación moderna de los viajes de Ulises, "Ítaca", con música acompañando en vivo, una gozada.
ResponderSuprimirPara hacerte una idea aproximada echa un ojo al enlace:
http://blogs.ideal.es/blogfiles/la-rosa-del-desierto/Extremadura01.jpg
Un saludo.
Sin duda uno de los grandes legados del mundo antiguo...
ResponderSuprimirAdemás del ciclo de teatro de Mérida, yo os recomiendo también el Festival Juvenil de Teatro Grecolatino que se celebra cada año en Segóbriga (www.teatrogrecolatino.com) lo digo por si alguno de los "profes" que pululan por aquí se atreven a montar una obra con sus alumnos.... ;)
Monsieur Andres, tomo nota de su debilidad por la antigua Roma, a la que no he dedicado muchas entradas hasta ahora.
ResponderSuprimirFeliz dia, monsieur
Bisous
Monsieur Cayetano, un placer encontrarse con otro apasionado del teatro, por el que siento un gran amor desde la infancia.
ResponderSuprimirConozco el de Mérida, en efecto. Y con su entusiasmo me ha hecho usted desear volver. Veremos que tal se da la cosa.
Feliz dia, monsieur Cayetano
Bisous
Pues muchas gracias, monsieur Jose Luis, por su recomendacion sobre Segobriga, porque ese festival aun no lo conozco y suena de lo mas apetecible.
ResponderSuprimirFeliz martes
Bisous
Interesante artículo, Madame.
ResponderSuprimirDurante unos días estaré fuera, pero espero ponerme al día de su blog (y de otros más) a mi regreso.
Au revoir, mademoiselle!
Espero que su ausencia se deba a plaisir y no a trabajo, a menos que este coincida con el placer.
ResponderSuprimirHasta pronto pues, monsieur.
Bisous
Ah, madame, qué preciosidad la arquitectura romana. Y pensar que creíamos haberlo descubierto todo y ellos nos adelantaron en cemento, útiles, andamios y grúas...
ResponderSuprimirFeliz tarde.
Un gran repaso por los orígenes del teatro romano. Se ha documentado muy bien, Madame, Blanco Freijeiro es un gran estudioso de la historia romana e indispensable en las bibliografías de los historiadores de arte
ResponderSuprimirUn saludo
Si, eran grandes constructores, madame. Parece increible que sus edificios aun sigan en pie, despues de tantos siglos y en territorios siempre devastados por una u otra guerra.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Y tambien de la griega, lady Maria. Considero que era, ante todo, un gran arqueologo.
ResponderSuprimirFeliz tarde, madame
Bisous
Totalmente de acuerdo con lo referido a don Antonio Blanco Freijeiro y se de primera mano que sus obras son indispensables en cualquier asignatura de arqueología clásica tal y como indica madame. En referencia al teatro es significativo observar como aunque en tragedia no llegaron a acercarse a la calidad de los grandes autores griegos sin embargo la comedia llego a niveles más altos, cosa significativa ya que la sátira y el epigrama, algunos con carácter burlesco, fueron típicos de Roma mostrando el carácter crítico y jocoso de esta civilización.
ResponderSuprimir1 saludo madame
Muy acertada su observacion, monsieur. Ciertamente el pueblo romano parecia identificarse mucho mas con la comedia que con la tragedia. Y mire que tuvieron historia para hacer tragedias de ella!
ResponderSuprimirBuenas noches, monsieur
Bisous
Qué curioso el origen del teatro romano por lo que se ve una mezcla entre danza y versos caóticos. Y yo que siempre había pensado que lo importarían directamente desde Grecia, ya veo que no, que tuvo como nexo de unión primero la cultura etrusca.
ResponderSuprimirVer un espectáculo actualmente en el teatro de Mérida es un lujo. Tiene una acústica inmejorable y siempre que se entra en él siempre te asalta el sentimiento de la eternidad.
Un beso
Asi es. Para los que amamos el teatro no puede haber experiencia mas maravillosa. Resulta muy especial, sí, madame.
ResponderSuprimirFeliz tarde
Bisous
Algo asombroso Madame pero da gusto conocer y para mi son cosas nuevas que voy aprendiendo,amoel teatro de echo de jovencita hacia algo,jajaj de estudiante..Graciaspor visitarme en los abuelillos,la s personas hoy en dia ama muy pocas cosas,yo amola esencia de las personas y todo ello que mis abuelos me enseñaron a amar..besos y buen dia,,,Victoria
ResponderSuprimirMadame, que maravilla debe de ser haber vivido esa experiencia en el teatro.
ResponderSuprimirSiempre me ha llamado tanto... Soy una comediante nata, me encantaba interpretar a Molière. Pero me pasa como a los romanos: la tragedia ya hubiera sido otra cosa. Adoro presenciarlas, pero no protagonizarlas.
Feliz tarde, madame
Bisous
RECORDEMOSQUE EL TEATRO DE MERIDA ESPAÑA SE ACABO PORQUE SE DEDICARON FUE A TORTURAR Y MASACRAR ANIMALES EN LAS PLAZAS PUBLICAS
ResponderSuprimirMonsieur, ignoro de dónde ha sacado usted su incoherente teoría que mezcla el teatro con las plazas públicas.
ResponderSuprimirLas representaciones teatrales en Mérida tuvieron su fin con la llegada del cristianismo, que las consideraba inmorales.
Animales había y sigue habiendo muchos, pero a ninguno le da por darse una vuelta por allí. Lo cierto es que ahora que vuelve a funcionar es una auténtica delicia para el espíritu.
Muchas gracias, monsieur Anónimo. Por cierto, me encanta su nick.