miércoles, 9 de septiembre de 2009

La Batalla de Austerlitz



¡Qué distinta habría podido resultar la Batalla de los Tres Emperadores si los prusianos se hubieran unido a los austriacos y rusos! Cierto que incluso sin ellos no tenía por qué suceder lo que sucedió. Alejandro fue el gran responsable de la tragedia. Consideró la ocasión favorable. Napoleón, habiendo sufrido grandes pérdidas y destacado muchas tropas para asegurar la línea de enlace, se encontraba ahora en inferioridad numérica. Si el zar hubiera esperado a que se le juntara un ejército ruso ya en marcha y las tropas del archiduque Carlos, la superioridad de los aliados hubiese sido aplastante.
Napoleón lo reconoce, no sin preocupación. Varios de sus mariscales le aconsejan la retirada. Sin embargo, el emperador ni se lo plantea. Va contra su natural proceder abandonar sin lucha el campo al enemigo. Así que recurre a la astucia. Cuando el 27 de noviembre de 1805 tiene la certeza de tener enfrente al mismo Alejandro, toma la pluma y escribe al zar una de esas cartas magistrales que tantas veces surtieron efecto; luego le propone una entrevista. Hace como si todo lo cifrara en alcanzar un compromiso y como si pensara realmente en la retirada. Entretanto dispone movimientos de tropas encaminados a concentrar en torno a sí todas las fuerzas disponibles. Quiere la batalla. Y Alejandro le hace el gran favor de aceptarla, incluso la precipita: concibe, interpretando falsamente los movimientos de Napoleón, el plan de envolver su flanco derecho para cortarle toda posibilidad de retirada. Quiere aniquilar al odiado corso, y arde en deseos de ceñirse las sienes con la corona de laurel.
No obstante copia tan mal a Napoleón que éste, observando el 1 de diciembre desde una loma con su anteojo las maniobras preliminares, exclama con gozosa excitación:
—¡Qué chapucero movimiento! Van a caer en el lazo. Antes de la tarde de mañana ese ejército será mío.
Enseguida toma sus medidas. Una tranquilidad serena se apodera de él, y el atardecer de ese día lo pasa a la mesa frugal conversando sobre Racine y Corneille, sobre el sentido y el valor de la tragedia. No le dura mucho el descanso. Cargada de tensión transcurre la noche fría del 1 al 2 de diciembre. No bien apunta el alba, comienza la batalla. Sobre los valles, velando los movimientos de las tropas, se cierne al principio la niebla. Pero desde las alturas se abre paso el sol con promesas de un día radiante. Temprano se ponen en pie rusos y austriacos; esta vez no se les escaparán los franceses. La noche anterior Napoleón ha anunciado con suficiente claridad sus disposiciones. Está plenamente seguro de sí mismo.
—¡Adelante, señores, acabemos esta batalla con el estallido de un trueno! —dice a sus generales en la arenga de la mañana.
Mediante convenientes movimientos de su ala derecha incita a Alejandro a perseverar en su proyecto. Pero al mismo tiempo, en una determinada fase de la batalla, prepara un golpe mortal. Desde las alturas de Pratzen, de las que se ha apoderado, irrumpe en el centro enemigo, debilitado por la tentativa envolvente, y lo desbarata en el acto. Una tras otra envuelve las alas del desquiciado ejército y las machaca en toda regla. Los austriacos y los rusos buscan la salvación en la huida a la desbandada; el sueño de Alejandro queda en un general “sálvese quien pueda”. Este giro ha tomado ya la batalla a primeras horas de la tarde.
Esta su más brillante victoria la celebra Napoleón en una proclama en la que dice a sus soldados:
—Estoy contento de vosotros. Habéis cubierto vuestras águilas de gloria imperecedera. Al que diga en Francia “Estuve en Austerlitz”, se le responderá inmediatamente: “He aquí un valiente”.
En adelante se tomará por símbolo el Sol de Austerlitz, tanto más cuanto que el día de la batalla coincidió con el aniversario de la coronación y el mismo tiempo hizo en ambos días.

Napoleón – Martin Göhring


16 comentarios:

  1. El gran momento de gloria del gran corso... y que podría haber cambiado el mapa de Europa si hubiera controlado su ego.

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  2. Algunos nunca tienen suficiente, monsieur. No saben cuándo es el momento de detenerse.

    feliz tarde

    Bisous

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  3. La avaricia rompe el saco. Pronto la coalición europea se va a volver una pesadilla para el corso y van a empezar a llegar las derrotas. 1812 está a la vuelta de la esquina.
    De todas formas, qué gran estratega fue Napoleón. Un personaje de especial atractivo para los amantes de la historia, eso sí: un pelín misógino. A él se deben frases del estilo de la mujer es un ser siempre menor de edad o la única batalla que se gana contra la mujer es huyendo (no entrecomillo las frases porque no sé si son textuales o aproximadas)
    Un saludo.

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  4. Un genio militar, sin duda... con todo lo que eso conlleva.
    Saludos, Madame.

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  5. Ay, monsieur Cayetano, que diferentes tales afirmaciones de las cartas babeantes que le escribía a Josefina! En privado era mas docil, jiji.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

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  6. Si, monsieur Xibeliuss, y sin otros dones y talentos, que yo sepa. Pero bueno, uno con ser napoleon ya tiene bastante.

    Feliz tarde

    Bisous

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  7. Que bonita entrada Madame, que bonito recuerdo de la Gloria de Austerlitz. me habeis echo feliz. Gracias por recordarlo.

    Saludos Madame...

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  8. Suponia que el recuerdo de su gran victoria sería de su alegro.
    Me alegra que así sea, monsieur Napoleon.

    Bisous

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  9. Madame,

    gracias por recordarnos la figura del gran corso. Uno de los pocos hombres que pasarán a la Historia. Dará igual el tiempo, la fecha o la edad histórica: prohombres como él o el gran César son nuestra herencia.

    Buenas noches, madame.

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  10. Me haces a la Historia ¡TAN ENTRETENIDA!

    Besos desde Venezuela

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  11. Estuvo la cosa por los pelos en varios momentos de la jornada, según relata David Chandler en Las campañas de Napoleón (probablemente, el libraco más gordo que he leído en la vida). El emperador había cenado patatas y cebollas fritas; afortunadamente para él, sus famosos problemas gástricos no debieron de hacer aparición.

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  12. Si, madame, pocos hombres habra mas famosos que el gran Napoleon. Es casi un mito.

    Bisous

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  13. Monsieur Ali, muchas gracias por su visita.
    Supone una alegria ver que la gente se entretiene con estas historias.

    Bisous

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  14. Monsieur Mannelig, ya tiene que ser gordo el libraco en cuestion, porque anda que no los debe de haber leido usted gordos!
    Como es usted, mire que recordar lo que habia comido exactamente Napoleon ese dia! Me encantan sus comentarios, monsieur. Siempre contienen algo especial. O mucho!

    Bisous

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  15. Me encanta cómo has relatado el momento de la verdad, las horas críticas, el día clave en la batalla de Austerlitz. No le quitaría una coma, aunque sí preferiría que pusieras "la fría noche del 1 al 2 de diciembre" en lugar de "la noche fría". No lo digo por incordiar, sino animado por el mismo espíritu de perfeccionismo con que escribes este maravilloso blog.

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  16. Muchas gracias, monsieur, pero me temo que no puedo atribuirme el merito de este texto, que no es mío, sino de Martin Göhring, como pongo al final del mismo. Yo me he limitado a reproducirlo tal cual me lo encontré.
    No siempre son textos míos.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)