jueves, 13 de agosto de 2009

La Pascua del Marqués de Sade

Place des Victoires, París

En el barrio de las Tullerías, en el corazón de París, hay una plaza llamada des Victoires. La plaza fue concebida en 1685 para albergar la estatua ecuestre de Luis XIV, el Rey Sol, situada en el centro y rodeada de unas rejas de hierro tras las cuales brillaban antorchas encendidas día y noche. El arquitecto y cortesano Jules Hardouin-Mansart diseñó las proporciones de los edificios que se construyeron a su alrededor, e incluso la ordenación de las calles de las inmediaciones para resaltar la importancia de la figura real.

Los revolucionarios destruirían más tarde esa estatua original, en 1792, de modo que la que se ve en la actualidad es una copia erigida en tiempos de Luis XVIII, y no la misma en cuyo enrejado se apoyaba Donatien aquella mañana del 3 de abril de 1768. Llevaba puesta una levita de color gris y un manguito de piel de lince blanca. En la otra mano sujetaba un bastón que le daba un aspecto distinguido y acentuaba su elegancia.

Observaba a la gente que salía de la iglesia des Petits Pères. Los servicios religiosos habían sido muy concurridos ese día, puesto que era el domingo de Ramos. Las campanas repicaban anunciando el final de la misa y la plaza comenzaba a llenarse de gente que vestía sus mejores galas. Por eso fue más fácil fijarse, entre aquel colorido bullicio, en una mujer que se había detenido a pocos metros de él: sus ropas se veían más ajadas y humildes, aunque pulcras. Era Rose Keller, la viuda de un pastelero, una mujer que había conocido tiempos un poco mejores que aquellos en los que se veía reducida a la mendicidad. Había trabajado como hilandera, pero no logró salir adelante sin su marido, y ahora extendía la mano hacia los transeúntes en demanda de limosna.


Donatien se fijó en ella justo cuando un caballero depositaba una moneda en su mano. Rose tenía 36 años, pero su aspecto aún resultaba aceptable para los propósitos del joven marqués. La sonrisa que esbozó al recibir la moneda le hizo darse cuenta de que era atractiva. Por otra parte, estaba tan necesitada que sin duda aceptaría cualquier cosa. Había encontrado lo que buscaba.

Le hizo una seña y ella se acercó. Su frente se arrugó con desagrado al escuchar la oferta de dos libras por acompañarlo. Se sonrojó al responder, en parte por la vergüenza y en parte por la indignación que le causó la propuesta.

—No, monsieur. Os equivocáis conmigo: yo no soy de ésas — protestó, en un francés correcto pero con marcado acento alemán.

—Oh, no, no, querida —sonrió apaciguadoramente el marqués—. Eso ya lo veo. Me temo que os habéis precipitado en vuestras conclusiones. Veréis, es que mi cocinera ha sufrido una grave indisposición y se da la circunstancia de que hoy tenemos invitados. Es demasiado tarde para anularlo, así que buscaba una mujer que se hiciera cargo de todo hasta que la cocinera se reponga. Pero si os parece mal la paga…

—Disculpadme, monsieur, por el malentendido —balbuceó, aún más avergonzada por haberse precipitado en sus suposiciones—. Por supuesto que acepto el trabajo, y dos libras me parece bien -se apresuró a añadir antes de que él retirara el ofrecimiento y buscara a otra persona.

Donatien le indicó que lo siguiera hasta salir de la plaza y atravesar unas cuantas calles. Rose mantenía una distancia respetuosa mientras se dejaba guiar hasta un viejo carruaje de aspecto corriente que aguardaba en un lugar poco transitado. Por el camino la mujer iba haciéndose toda clase de ilusones: pensaba que tal vez el trabajo se prolongaría unos días más, y si el caballero quedaba satisfecho podría recomendarla en alguna otra casa. Entrar a servir en una gran mansión solucionaría su vida; no podía desaprovechar aquella oportunidad.

Al introducirse en el coche e iniciar la marcha, el marqués volvió a sonreírle y la tranquilizó con sus promesas:

—No debéis preocuparos por nada: en cuanto lleguemos a mi hogar se os alimentará debidamente, pues imagino que estaréis hambrienta. Y, desde luego, atenderemos a todas vuestras necesidades. Estaréis bien cuidada, no temáis.

Después cerró las ventanillas de madera del carruaje y entornó los párpados. Rose no sabía si realmente estaba dormido o no, pero se sentía un poco más relajada mientras emprendían el camino a Arcueil.

Pronto se encontraron sobre el Pont Neuf y atravesaron l’Ile de la Cité hacia el sur de París. Pasaron cerca de la universidad de la Sorbona y continuaron el largo recorrido hasta salir de la ciudad por la puerta de Orleáns. Eso inquietó un poco a la mujer, que hubiera preferido permanecer en la capital y, en cambio, ahora se veía en mitad de un camino solitario que no conocía, bajo un cielo brumoso que parecía cargado de malos presagios. Se preguntaba en qué lugar solitario viviría el caballero.

Arcueil está a poco más de dos kilómetros al sur de París, pero el coche no se detuvo allí, sino que continuó su camino un poco más lejos, hasta una casita apartada. Tal vez Rose se preguntó entonces por qué el caballero se habría tomado la molestia de ir hasta París en busca de una mujer que se ocupara de las tareas domésticas, cuando lo más sencillo hubiera sido acudir a la población que acababan de pasar. También resultaba desconcertante que se mostrase dispuesto a admitir en su hogar a una mendiga de la que no sabía nada ni contaba con ninguna referencia: ¿y si era una ladrona y se marchaba con su cubertería de plata, por ejemplo? Aquel joven era demasiado confiado, y también muy extraño...

CONTINUARÁ

17 comentarios:

  1. Heyyy, que recuerdos!
    De casualidad q asome a mirar ahora.
    Me acuerdo mucho de aquellos tiempos de lunila. Me apetece volver a abrir una pagina, pero ahora no tengo tiempo ni a respirar.
    Por cierto, he visto q Enrique tiene un blog con sus viejas fotos. Dale recuerdos. Y a sergio tambien si anda por aqui.

    Besitos, muchos, y para Guiomar tambien.

    Lu

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  2. Que bien sabes mantener el interés... estaré expectante para ver como acaba el asunto..

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  3. Yo tambien me acuerdo mucho, Lu.
    Tu espacio era increible. Tienes madera, chica, y te agradezco mucho que usaras mi propia obra como referencia muchas veces.
    Muchas gracias por tu apoyo siempre.

    Bisous, madame, cumplire sus encargos

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  4. Muchas gracias, monsieur Jose Luis, pero la verdad que el marqués ayuda bastante con su comportamiento. Cargarse con la pluma una escena como esa no tendria perdon, jiji.

    Bisous

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  5. Nos has dejado en lo mejor , cn ls dudas, y hasta la proxima.
    Asi, no vale.
    Muy lindo el michi gris con el gorro. Tambien que aceptes temas o sugerencias historicas, ya se me ocurrira alguna, por ejemplo, algun barco perdido entre 1700 1726 con destino al reio de la Plata, un simple bergantin mercante?

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  6. Ah, no, madame, esa es su tarea! Jiji, estoy segura de que ademas le encantara, pues veo la atraccion que los barcos ejercen sobre usted.

    Pronto, pronto la continuacion.

    Bisous

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  7. Nunca he sido muy devota del marqués, no por la estela "prohibida" que arrastra sino porque creo que es un personaje sobrevalorado, intelectual y literariamente hablando, precisamente por esa estela que arrastra..., en el fondo no puedo dejar de verle como un burguesito revolucionario, que pretendía revolucionar tan solo sus instintos y comodidades personales.

    No obstante, tu manera de narrarlo es tanto o más apasionante que la propia vida del marqués...

    Un beso fuerte, Madame¡

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  8. Pues a esperar toca. Nos has dejado con la historia en un momento de suspense e incertidumbre...
    ¿Qué ocurrirá?
    No se pierda el próximo episodio de la serie.
    ¿Conseguirá la moza un contrato fijo?
    ¿Le darán de alta en la Seguridad Social?
    ¿Querrá el marqués que la mujer haga de "pornochacha"?

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  9. Madame, estoy completamente de acuerdo con usted, y no sabe lo que me conforta encontrar al fin su opinion. No me cabe en la cabeza que haya pasado a ser considerado una especie de campeon de las libertades, cuando lo cierto es que fue el mas tipico de los aristocratas que provocaron la revolucion francesa, orgulloso de la sangre real que llevaba por linea materna y seguro de que eso lo hacia superior al resto de los mortales y le daba derecho a utilizarlos para su propio placer, con permiso o sin el. Solo reclamó libertad para si mismo, la misma libertad que negó a sus victimas, por las que sentía un manifiesto desprecio tantas veces expresado.

    Bisous, madame

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  10. Ay, monsieur Cayetano, lo de los contratos fijos ya debia de andar mal entonces.
    Pero tratandose de quien se trata, pongamonos en lo peor!

    Bisous

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  11. Recuerdo perfectamente el episodio y todo el relato (magnífico relato) del marqués.
    En más de una ocasión he estado tentado de copiarlo y pasarlo a papel.

    Dadle un muy fuerte abrazo a madame Lunila. Decidle que la recuerdo muy gratamente y que sería para mí un placer que se asomase por mi blog.

    Abrazos también para vos.

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  12. Muchisimas gracias, monsieur Enrique.
    Madame Lunila, como ve, ha dejado un saludo para usted aunque fuera en mi blog.
    Que tiempos aquellos! Pensar que ella me metio en esto...

    Feliz fin de semana, monsieur

    Bisous

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  13. Ay, madame!! Me habéis dejado intrigadísima con la historia. Espero seguir leyendo mañana como acaba esto porque, algo sospechoso sí que resulta.

    Que tengáis una preciosa tarde de viernes.
    Besos.

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  14. Podemos imaginar lo que tramaba Donatien, no es asi, madame? Era un poquito travieso. Ahora a ver cómo le sale la jugada.

    Bisous, madame

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  15. Pues me he quedado como todos los que deconocemos las andanzas del Marqués: con la miel en los labios. Me temo lo peor de lo peor con semejante personaje de por medio. Y usted nos lo cuenta tan bien....

    Besos

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  16. Pronto, madame, pronto la segunda parte.
    Creo que llevara en total tres capitulos.

    Bisous

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  17. Aquí os dejo abrir un e-libro muy útil para que lo miréis, se llama “Manual y espejo de cortesanos”, de C. Martín Pérez.

    http://www.personal.able.es/cm.perez/comentarioslibros.html
    http://www.personal.able.es/cm.perez/Manual_y_espejo_de_cortesanos.pdf

    Entre las personas, siempre hay una lucha por el poder. Alguien lo conseguirá y a su sombra crecerán los cortesanos que conspirarán para quitárselo o para agarrarse a una porción de poder dentro de su Corte. Te guste o no, ya estás metido en la Corte y es mejor que domines sus reglas. Despierta, otros ya te llevan ventaja. Es hora de medrar.

    Del autor de “El Gran Juego”, NÚMERO UNO EN VENTAS
    http://www.librosenred.com/masvendidos.aspx

    Saludos

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)