martes, 7 de julio de 2009

La Place Royale de Ana de Austria

Place Royale (actual Place des Vosges), París

Hoy les invito a pasear por el París de los últimos años del reinado de Luis XIII. Les propongo visitar las librerías de la Rue Saint-Jacques, recorrer en carroza el paseo del Cours-la-Reine, entrar en las tiendas de curiosidades del Marais y, para finalizar, darnos cita en la Place Royale. Pero dejemos que la condesa Benzoni sea nuestra guía y nos conduzca a este lugar en el que siempre ocurría algo interesante: duelos, intrigas, amoríos, diversiones… Escuchen lo que ella nos cuenta:


“Para quienes vivían en el Marais, e incluso más lejos, dar un paseo significaba un único destino: la Place Royale, lugar de todas las delicias y centro de la vida elegante. Construida por Enrique IV en el espacio ocupado por un antiguo mercado de caballos, esta magnífica plaza ofrecía un conjunto arquitectónico plenamente conseguido. El color rosado del ladrillo se aliaba con gracia al blanco de la piedra de los sillares y al gris azulado de la pizarra que cubría las altas techumbres de una serie de pabellones aristocráticos, unidos entre ellos por una agradable galería cubierta, una especie de claustro por el que paseaba toda la alta sociedad parisina cuando el tiempo no permitía el acceso a los hermosos senderos flanqueados por olmos cuidadosamente recortados. En el centro, unos armoniosos setos de boj encerraban los arriates floridos, que recordaban las villas del campo romano o florentino.


“En la plaza se vendía limonada fresca, pastelillos, tortas y barquillos napolitanos. Antes de los edictos del cardenal el lugar era también escenario de duelos, pero incluso después subsistía la costumbre de las citas, con la diferencia de que ahora se trataba sobre todo de citas galantes. Las mujeres más bonitas de París exhibían allí los atuendos más lujosos, rodeadas por elegantes pretendientes. Ellas habían instaurado una especie de código de la coquetería por medio de nudos en las cintas, cuyo significado variaba según el lugar en que estaban colocados. Por ejemplo, el favori colocado sobre la cabeza mostraba los colores del pretendiente preferido; el mignon iba prendido con agujas sobre un corazón disponible, y el badin colgaba del abanico lleno de libertad desafiante…


“En cuanto a los felices propietarios —o inquilinos, en ocasiones— de los pabellones de la plaza, pertenecían a la alta nobleza o a la gran magistratura, porque hacía falta ser muy rico para tener el derecho de contemplar desde un balcón propio la alegre animación cotidiana o los festejos públicos dados por el rey o por la ciudad con ocasión de un matrimonio o de una visita real. Allí residían el duque de Rohan, la princesa de Guéménée, el conde de Miossens, que más tarde se convertiría en mariscal d’Albret, la marquesa de Piennes, la mariscala de Saint-Géran, el mariscal de Bassompierre —a pesar de la circunstancia de que se alojaba en la Bastilla desde hacía unos diez años—, el consejero Aubry, el consejero Larcher, la condesa de Saint-Paul y algunos otros, todos ellos en mansiones suntuosas cuya riqueza de ornamentación y mobiliario respondía a la gracia exterior de los edificios.”


Juliette Benzoni – Secreto de Estado


20 comentarios:

  1. los soportales son igualitos igualitos que los de Aranjuez ... está claro q nuestros Borbones echaban mucho de menos París...

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  2. Sabían construirse sus espacios, crear rincones. ¡Buff, si la misma plaza pudiera contarnos su historia!.
    Saludos

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  3. Se nota la influencia, verdad monsieur?
    Bellisimo Aranjuez, por cierto.

    Bisous

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  4. Seguramente ninguna otra de Paris podria hablar tanto ni relatar historias tan apasionantes, monsieur Xibeliuss.

    Bisous

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  5. Una plaza muy animada, madame. Me ha gustado el paseo :)

    Lo de los lazos de las damas me ha recordado al lenguaje de los abanicos que, imagino, también usarian tan distinguidas féminas.

    Pasad un precioso día de martes.
    Un beso.

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  6. Es verdad, jiji, cuantos idiomas habia que dominar en la epoca. Imaginese que problema si una acababa confundiendose de señal.

    Bisous

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  7. Ays, madame, quién pudiera escaparse unos diítas a París y pasear por esta bellísima plaza. Con el calor que hacer por aquí :(
    Besitos!

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  8. Me temo que yo hubiera hecho el ridículo en esos paseos, pues me falta coquetería y no soy muy habilidosa con los lazos... Con todo, ¿quién sabe? Cada época educa en lo suyo... Encantador paseo, querida dama.

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  9. Pues tal vez en breve este yo por alli, madame Ana.

    Bisous

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  10. A cada poco tiempo tengo que regresar a mi plaza, madame Isabel. Son mi epoca y mi lugar.

    Bisous

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  11. Ha sido un paseo fascinante, tan sólo con aplicar el oído he escuchado el fru, fru de los vestidos y el susurro de las conversaciones.

    Un beso.

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  12. Gracias, madame, bienvenida.
    Me alegra que haya disfrutado con este paseo por el París que tanto amo.

    Bisous

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  13. Paso a saludarla deseando que esté ya mejor.
    Usted sabe que uno de mis paseos fevoritos es su bello espacio, que me transporta a aquella época que tanto me gusta.
    Felicidades
    Besos Isthar

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  14. Gracias, madame. Hoy esta siendo un mal dia, pero bueno, esperamos superarlo nuevamente.

    Feliz dia

    Bisous

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  15. He estado en Paris, pero no conozco esa parte.
    Un verdadero placer leerte.
    Saludos.

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  16. Vaya... hubiera dado una fortuna solo por contemplar el seductor juego de las damas en la Place Royale, al tiempo que su agradable compañía me fuera hablando acerca de la historia de las familias de cada una de ellas.

    Un gusto Madame

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  17. En ese caso ya tiene usted un pretexto para volver a Paris, monsieur Salvador.

    gracias por su visita.

    Bisous

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  18. Deberia volver a ponerse de moda esos juegos de cintas y abanicos. Sería divertido. Y a mi me encantan los abanicos!

    Bisous, monsieur

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)