domingo, 26 de julio de 2009

La infancia de Ludovico el Moro

Ludovico Sforza

Ludovico era el cuarto hijo de Francesco Sforza, el famoso condotiero que se había casado con Bianca, hija del último Visconti. Francesco gobernó como duque de Milán durante 20 años apoyándose en los derechos de su esposa.


El 19 de agosto de 1451, año y medio después de Francesco fuera proclamado duque, Bianca daba a luz un niño en su palacio de verano de Vigevano. Se le impuso el nombre de Ludovico Mauro, posteriormente cambiado por Ludovico María cuando, tras recuperarse de una grave enfermedad a los 5 años, su madre lo puso bajo la especial protección de la Virgen, e hizo ricas ofrendas a San Antonio de Padua, para lo cual despachó a uno de sus sirvientes hacia aquella ciudad. No cabe duda, sin embargo, de que Mauro fue el segundo nombre que se le dio a nacer, y que de ese nombre deriva el apodo de El Moro por el que fue conocido. Esto a pesar de que en ocasiones se ha querido explicar por el hecho de haber sido muy moreno y de pelo negro. Otros, sin embargo, afirman que El Moro se refería al árbol de la mora que había adoptado como divisa.


Sean cuales sean las teorías, sabemos que los primeros en llamarle Moro, ya durante su infancia, fueron sus propios padres. Es más bien debido a esto que después adoptó Ludovico tanto la cabeza de moro como el árbol como emblemas. Esto servía frecuentemente de inspiración a la corte, de modo que apenas había ballet o mascarada en la que no se introdujeran vestimentas morunas, y el color de la mora se puso de moda entre las damas, además de ser comúnmente llevado por los pajes de palacio.


Bianca Visconti


Ludovico pronto dio muestras de su amor por la literatura, y de las grandes habilidades que le distinguieron durante toda su vida. Su rapidez al aprender, su memoria extraordinaria y la fluidez con la que hablaba y escribía latín asombraban a sus tutores. Su madre dirigía los estudios de sus seis hijos, a los que proporcionó una admirable educación, tanto en cuanto a cultura como a las artes de la caballería.”Recordemos que tenemos que educar a príncipes”, le decía a su tutor, “no simplemente a intelectuales”. En su ausencia, los niños debían escribirle una vez a la semana en latín. Varias de esas cartas se conservan aún en los archivos de Milán, a disposición de los más incrédulos.


El duque Francesco cabalgaba con sus hijos por las calles de la ciudad, visitaban las iglesias y conventos que se iban erigiendo, el nuevo hospital, objeto de los tiernos desvelos de Madonna Bianca, las avenidas flanqueadas de robles y los jardines con los que a ella le gustaba rodear sus santuarios favoritos. En casa, los niños ayudaban a su madre a entretener a sus invitados con música y baile, y la acompañaban en sus visitas a nobles familias milanesas. El día de Navidad había en la ciudad un festival que siempre se celebraba con mucha pompa. En esa ocasión cada uno de los cuatro hijos mayores del duque pronunciaba un discurso en latín, y Ludovico deleitaba entonces a todos los presentes.


Francesco Sforza


Su propio padre lo distinguía entre todos sus hijos, y decía que el chico haría grandes cosas. Por eso, Francesco lo eligió cuando contaba trece años para que liderara un cuerpo de tres mil hombres que iban a unirse a la Cruzada predicada por el Papa Pío II. El 2 de junio de 1464 el estandarte ducal con el león de oro de la Casa de los Sforza fue puesto solemnemente bajo su mando, ante los ojos de toda la corte en la plaza frente al viejo palacio, hermosamente decorado para la ocasión con guirnaldas y tapices. Pero el Papa murió y se abandonó la idea de la Cruzada.


Ludovico fue entonces enviado por su padre a Cremona, la ciudad que había sido la dote de Bianca, y cuyos habitantes se encontraban entre los súbditos más leales. Allí vivió los dos años siguientes, comenzando a disfrutar el ejercicio del poder y haciéndose popular. En 1465 su hermana se casó con Alfonso, duque de Calabria, y Lorenzo de Médicis acudió a Milán para la boda. Allí se reunieron ambos por primera vez y descubrieron esos gustos e inclinaciones que tenían en común, y que más adelante los conducirían a una estrecha relación.


La infancia de Ludovico, de la que ya quedaba poco rastro, concluyó definitivamente en 1466, con la súbita muerte de su padre, sucedido por el mayor de los hijos, Galeazzo, el cruel Galeazzo, tan ingrato con su propia madre. Pronto todo el mundo oiría hablar de Ludovico el Moro. Pero esa será otra historia.


14 comentarios:

  1. Mme.estoy enferma, pero he querido decirle que me encanta el tema y que le envío un gran abrazo para los papis tambien.
    Besos ISTHAR

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  2. Gracias, madame Isthar.
    Espero que no sea nada de importancia y que se mejore pronto.

    Bisous

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  3. Gracias por la visita, monsieur Jonathan.

    Feliz dia

    Bisous

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  4. Ay, madame, cómo me gusta este tema. Un gran mecenas por cierto, el Duque Sforza. Y un personaje fascinante como muchos de sus contemporáneos. Un besito!

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  5. Asi es, madame, es uno de mis personajes favoritos del Renacimiento. Lo encuentro apasionante.

    Bisous

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  6. Oh Madame ya nos dejó con la intriga qué hará Ludovico el Moro, parece que hubiera tenido un carácter fuerte :O.

    Un abrazo!

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  7. Fuerte, pero bastante templado.
    Todo lo contrario de su hermano.

    Bisous, madame

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  8. Tuvo el Moro una infancia más plácida que la madurez, por lo que veo, madame. Habrían de venir los tiempos en que llamara al papa su capellán, al rey de Francia su correo, a los venecianos su bestia de carga y al emperador su mejor condotiero. Y también, más tarde, el declinar de su buena estrella...

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  9. Muy humilde no era, no. Y su propia ambicion desmedida le perdió. Dejó de tener los pies en la tierra, lo cual solo les va bien a los santos.

    Bisous, monsieur

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  10. No conocía la historia de Ludovico el Moro. De hecho, tampoco sabía que hubiese habido ciertos errores con su nombre en un principio. Un gran trabajo con esta biografía

    Saludos Dame Masquée

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  11. Errores con su nombre y dudas con su fama. Estas fueron peores, como se verá proximamente.

    Bisous, madame

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  12. Muy interesnates las cortes italinas del Renacimiento. Había tantos príncipes y tantas cortes interesantes, además de intrigas, naturalmente!!!!

    Lo de poner motes o distintivos, a veces sin sentido, es algo normal: distinguía a unos príncipes de otros. Al fin y al cabo era continuar la costumbre romana de los cognomen, ¿no?. Costumbre que se extiende a todos los estamentos y clases sociales.

    Ahora usamos nick o username.

    Besos

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  13. Así es, era muy util en un tiempo en el que habia tanta costumbre de poner el mismo nombre a diversos miembros de la familia. Y en el caso de Ludovico su propio segundo nombre fue el origen de su nick.

    Bisous, madame

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)