miércoles 29 de julio de 2009

La Guerra de los Cien Años

Batalla de Poitiers

Al extinguirse en Francia la dinastía de los Capeto, pasó la corona a un primo de éstos, el primer Valois, que reinó con el nombre de Felipe VI. El rey de Inglaterra, Eduardo III, era hijo de Isabel de Francia, hermana de aquellos últimos reyes Capeto. Por tanto, Eduardo sostenía que él tenía más derecho que Felipe al trono francés, como heredero de su madre.


En Francia imperaba la ley sálica, según la cual una mujer no tenía derecho al trono. Muchos deducían de esto que Isabel no podía, por tanto, transmitir aquello que nunca había tenido. Otros, en cambio, opinaban que la ley sólo impedía reinar, pero no la transmisión del derecho a un heredero varón. Sin embargo, entendían que contraer matrimonio con un soberano de otro país implicaba una renuncia a todo derecho sobre el suyo mientras hubiera un heredero francés.


Tras mucho discutir y reclamar, finalmente estalló una guerra que se prolongó entre 1337 y 1453. La contienda tuvo lugar en suelo francés, aunque los escoceses aprovecharon para invadir el norte de Inglaterra con el apoyo de Francia. Los ingleses ganaron batallas muy importantes: Crécy (1346), Poitiers (1356), Agincourt (1415). Una buena parte del secreto de sus éxitos militares radicaba en los eficaces arqueros galeses, cuyos largos arcos estaban fabricados con una clase especial de madera que no abundaba en Francia, de modo que resultaba imposible competir con ellos. También resultó decisivo a la hora de conseguir victorias Eduardo, el Príncipe de Gales, conocido como el Príncipe Negro. Irónicamente Eduardo era rubio, pero debía su sobrenombre a la coraza negra que llevaba en las batallas, regalo de su padre. Se distinguió desde su adolescencia en las batallas más importantes, y obtuvo aplastantes victorias para los ingleses. No llegó a reinar, pues una enfermedad se lo llevó un año antes de que falleciera Eduardo III. (1376).


Tumba del Príncipe Negro, catedral de Canterbury


Y entonces fue cuando apareció en escena una joven campesina llamada Juana de Arco y dio la vuelta a la historia. Juana, que afirmaba oír voces de santos, consiguió varias victorias para los franceses, gracias a las cuales Carlos VII pudo ser coronado en Reims. Posteriormente fue capturada por los borgoñones, aliados de los ingleses, a quienes la vendieron. La joven fue acusada de brujería y quemada en una hoguera en Rouen.


Durante el transcurso de esta dura y prolongada contienda, Inglaterra perdió todas sus posesiones continentales a excepción de Calais. El suelo francés resultó devastado, y ambos países gastaron sumas astronómicas. La población, especialmente en Francia, sufrió un importante descenso. La ley y el orden no existían, los pillajes eran frecuentes, porque los soldados que hubieran podido impedirlo estaban lejos, luchando en la guerra. El comercio se interrumpió, y para cubrir las pérdidas financieras se acribilló a impuestos a los campesinos.


En Francia había distintas facciones que le disputaban al rey su poder, aprovechando que se habían hecho demasiado necesarios para él durante la larga guerra, gracias a lo cual habían ido acumulando unas prerrogativas prácticamente ilimitadas. Otra de las consecuencias de la guerra fue la práctica situación de independencia en que había quedado el ducado de Borgoña.


En Inglaterra las necesidades económicas llevaron a los reyes a reunir a los Parlamentos con más frecuencia. Esto dio a los nobles y a los mercaderes más poder, pues no se podía recaudar impuestos sin la aprobación del Parlamento. Los procedimientos fueron cambiando para dar a los nobles mayor control sobre el gobierno. Además, al terminar la Guerra de los Cien Años la nobleza inglesa continuó enfrentándose entre sí en la Guerra de las Dos Rosas (1450-1485), entre la Casa de York y la de Lancaster.


16 comentarios:

Xibeliuss dijo...

Tiempos aciagos. Por cierto, la madera de los arcos galeses ¿podría ser tejo?
Saludos, Madame.

La Dame Masquée dijo...

Era tejo, monsieur, en efecto.
Como ha podido adivinarlo usted?

Bisous

Alyxandria Faderland dijo...

Dura de roer Juana, a pesar de echarle aceite a la hoguera, no solo el corazon de Juana no se quemo 8o cual no es raro, sino muy comun, hasta en las torres gemelas se dio esto...) sino que ella entera no se quemo. Tiznada, estaba entera y el verdugo con mucha bronca, agrego doble racion de aceite, mas leña como para incendiar una ciudad y cuando apago las llamas se dio de bruces contra el ennegrecido rostro de Juana, impasible y apenas chamuscada. Furiosos, arrojaron su cadaver al rio. Alli comenzo la leyenda de su santidad, posteriormente, se incremento cuando su madre, iletrada, logro limpiar el nombre de su hija.
Pequeños gigantes milagros.

La Dame Masquée dijo...

Es que si encima de no quemarse volaba y los santos tenian la gentil deferencia de hablarle, los milagros eran considerables, sí.
Para mi el primero fue conseguir que la creyeran y la pusieran al frente de las tropas.

Por que ya no pasan esas cosas?
Ahora todo el mundo se quema con el fuego, y nadie vuela si no es con Iberia o similar.

Bisous, madame

Mannelig dijo...

Ah, el Príncipe Negro cabalgando junto al rey Pedro, nuestro señor, por La Rioja; Juana "oyendo voces"; Kenneth Branagh (Enrique V, quiero decir), galvanizando a los suyos en Agincourt...

La Dame Masquée dijo...

Ah, Kenneth Branagh, que buen Enrique V, monsieur.
No le sentó bien al principe el paseito por la Rioja. Despues de eso ya no levantó cabeza el pobre.

Bisous, monsieur

Minerva dijo...

Qué buen resumen Madame sobre la Guerra de los Cien años, y curiosamente hoy he leido una biografía de Juana de Arco!! :O todo lo que tuvo que pasar la pobre por mantener firmes sus ideales.

Besos!

La Dame Masquée dijo...

La historia de Juana resulta apasionante, y aun muy misteriosa. Todo en ella es realmente sorprendente, aun tratando de despojarla de cuanta leyenda la rodea.

Bisous, madame

Cayetano dijo...

Terrible guerra que duró más de cien años y mortífera: se empezó a utilizar la pólvora. Esta guerra, unida al hambre y a las epidemias de la época bajomedieval, dio lugar a una honda crisis demográfica y económica de la que Europa tardará en recuperarse.
Muy buena entrada.
Un saludo.

La Dame Masquée dijo...

Muchas generaciones lo tuvieron demasiado dificil. Mala epoca les toco vivir. Creo que esas cosas deberian servir de mas reflexion.

Bisous, monsieur

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

Los intereses de los nobles siempre los pagan el pueblo... dos países devastados durante más de un siglo a la mayor gloria de los monarcas...

Esta guerra también nos tocó de refilón en Castilla, ya que los franceses intervinieron en ayuda de Enrique de Trastámara y los ingleses en ayuda de Pedro el Cruel, el propio Príncipe Negro estuvo en la península.

Saludos,

La Dame Masquée dijo...

Asi es, tambien aqui nos dabamos de palos con una guerra civil. Y todo el mundo acabó metido en la mele.
O tempora, O mores!

Bisous, monsieur

isthar dijo...

Mme. pase por Poesias senderos del alma ,deje dos premios para usted.Besos Isthar

La Dame Masquée dijo...

Muchas gracias, madame.

Ahora mismo paso.

Bisous

Noa dijo...

De esta guerra me han hablado hace poco en el último curso de verano de la universidad. Es muy interesante!
Por cierto Diana, me encanta tu gato de "no me busques tres pies", es muy gracioso jajajaj
Feliz fin de semana ;)
Mil besos.

La Dame Masquée dijo...

jijiji, siempre esta malhumorado el pobre. Anda algo estresado.

Gracias, madame.

Bisous