lunes, 22 de junio de 2009

¿Tuvo un amante la reina Victoria?

Victoria

Los estudiosos no han dejado de sentir curiosidad por las verdaderas funciones que desempeñó en la intimidad de la reina Victoria su criado John Brown. Si dentro de sus criterios no hubiera destacado una moralidad estricta, acaso no nos intrigaría tanto su vida privada, pero, ya que durante su largo reinado ella no se mordió la lengua a la hora de reprobar y condenar a otras personas, es equitativo que las generaciones siguientes tampoco se queden calladas con respecto a sus asuntos.

John Brown
John Brown era un escocés gigantesco, típico highlander, de origen humilde. Fue pinche en una fonda de pueblo, luego trabajó en una casa de campo y más tarde hizo de mozo de cuadras en la casa de Sir George Gordon, en Balmoral, hacia 1842. En 1847 el aristócrata falleció, y al año siguiente Victoria y su marido alquilaron la finca para pasar el otoño. Se encontraron tan bien en ella que poco después la compraron.

Balmoral
El mozo John Brown fue grato al príncipe Alberto, quien lo tomó como gillie, nombre que se da a los guardabosques de las fincas escocesas y auxiliares de la caza y la pesca de sus señores. El carácter callado, grave, sensato y fundamentado de Brown se avino muy bien con lo serio y ordenado de la personalidad del consorte alemán de la reina, por lo cual cada vez tuvo más entrada en la intimidad de la pareja, hasta que en 1851 fue nombrado caballista oficial de Victoria. En las anotaciones diarias escritas por ella van apareciendo de forma creciente las menciones de los aciertos y gracias de Brown, su paso vigoroso, ligero, elástico, verdaderamente extraordinario, y su fuerza cuando ha de tomarla en brazos para pasar un lodazal.

John Brown sujetando el caballo de la reina

En calidad de perfecto conocedor de la montaña escocesa, era el ayudante ideal para cacerías y excursiones, experto en caballos, asesor en remedios caseros y cocina tradicional, curas de urgencia y demás sabidurías valiosas para la pareja. Incluso se anticipaba a los deseos regios en cuestiones tales como preparar unos tes estupendos que la reina aplaudía encantada porque Brown les había echado un buen chorro de whisky.

Aun así, no era adulador. Un día una dama de honor se cayó y se hizo daño. Él la tomó en brazos y ella le dio las gracias por la molestia. El sirviente no le dio importancia y replicó que pesaba menos que la reina. Victoria preguntó si quería decir que estaba gorda. Brown dijo que sí, y punto. Con el mismo talante, alguna vez que el príncipe de Gales se portó mal siendo niño, le pegó unos cachetes que aquel se tuvo que tragar.

La familia de la reina Victoria

Desde 1858 en adelante se vio dotado de uniforme para prestar sus servicios, y pasó a vestirse más o menos a la manera de un militar de los regimientos escoceses. Continuaba creciendo su intimidad con la pareja, cuya ropa y calzado limpiaba cada día.

El 22 de octubre de 1861 se despedía de ellos en Balmoral, porque se iban a Windsor, y añadió la imprevista frase de que esperaba que no se produjera ninguna defunción antes de que regresaran a Escocia. Dos meses más tarde moría el príncipe Alberto, para horrible desconsuelo de la reina, que pareció volverse loca.

El Príncipe Alberto

Cuando Victoria se serenó tras la muerte de su esposo, dio en creer que John Brown estaba dotado de poderes paranormales. Seguramente por aquella curiosa despedida allá en Escocia, le atribuyó capacidades adivinatorias y premonitorias, así como la de comunicarse con los espíritus, especialmente con el de su amado marido. Brown pasó a no separarse nunca de la reina, a dormir en la alcoba contigua a la suya, a intervenir no sólo en su vida privada, sino incluso en la oficial. Hombre sencillo, a veces se le escapaba decir: “La reina y yo…”, y hablaba de Victoria con llaneza delante de terceros, que se escandalizaban.

John Brown sujetando el caballo de la reina Victoria

Hasta nosotros ha llegado la extrañeza que produjeron docenas de hechos como el que sigue. El general Gardiner, gentilhombre de la reina, se dispone a entrar de servicio según el turno que le corresponde, se encuentra con el criado John Brown y le pregunta cómo se encuentra la soberana.

—La reina está muy bien de salud —responde John—. No hace ni dos días me decía: “Ahora va a entrar de servicio ese imbécil del general Gardiner y sé que va a preguntar por lo que no le importa”.

El general en cuestión, sabedor del terreno en el que se movía, se calló y se tragó su amor propio. Otro general menos avisado recibió una nota oficial de la reina por medio de John y le pidió a éste que esperase fuera del despacho mientras estudiaba la respuesta. El criado se ofendió y aquella misma tarde el general recibió otra nota regia que le ofrecía un destino en la India. Con grandes trabajos logró evitar el traslado, pero la reina estuvo años tratándole con frialdad y privándole de aparecer en los sitios cuando ella estaba presente.

Continuará.

16 comentarios:

  1. Muy interesante, solo sabia que Jhon Brown fue el caballista oficial de la reina pero que tuvieran un romance y algo más, no lo descarto. siendo la reina tan estricta con la moral es dificil pensarlo pero no imposible.

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  2. En cualquier caso, habia detalles bastante inapropiados, como se continuara viendo, y que demuestran que al menos sentimientos había.

    Bisous, monsieur

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  3. a mi no me suena a lío chechuarl, a mi me parece simple superstición, tipo Nostradamus en su momento....

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  4. Veremos, veremos. Porque claro, Catalina de Médicis no le escribia a Nostradamus las notitas que esta mujer le enviaba a Brown (que ya examinaremos). De haberse tratado de otra, la cosa hubiese quedado bien clara. Pero caramba, es que era Victoria!

    Bisous, monsieur

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  5. jijiji, no esta mal la comparacion, no.
    Usted cree que D. H. Lawrence se inspiraría en ella para su novela?

    Bisous

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  6. A decir verdad, las confianzas que se tomaba el escocés eran un tanto elevadas.
    Digo yo que, si la reina se lo permitía, igual había algo entre ellos pero, madame, no seamos suspicaces y esperemos a saber más de esta pareja :)

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  7. Si, madame, mañana la segunda parte, y despues ustedes tendran la palabra. A ver que les parece.

    Bisous

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  8. Alyxandria Victoria, tenia un caracter de temer; la habian educado para reina y le habian metido un monton de estupideces en la cabeza que se encargaba muy bien de cumplir en aparicencia, pero en realidad tenia un caracter y una fuerza que mas de un rey europeo envidiaria. Una revista a la flota inglesa era agotadora y ella la cumplia a rajatabla, fue la unica sobrerana que se digno firmar que se cumpliera efectivamente el Acta de finalizacion de la Esclavitud y puso a toda esa flota a combatirla; de modo que si queria tener un amante nadie se lo hubiera impedido y una buena bocaza censora para los demas hubiera sido la mejor tapadera.

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  9. Y una gran hipocresia al mismo tiempo. En especial teniendo en cuenta que ella ya censuraba a los demas desde mucho antes de conocer a Brown siquiera. Lo hizo antes, durante y despues.
    Por eso esperamos estar equivocados.
    Mañana la segunda parte, madame, y ustedes diran.

    Bisous

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  10. Vaya, madame, ¡qué historia tan interesante! Nunca me lo habría esperado de ella. Aunque sin duda debió sentirse muy sola tras la muerte de su esposo. En algún lugar leí que le amó más que a ella misma y que a sus propios hijos. En todo caso no creo que hubiera nada carnal entre ellos sino más bien una relación de interés mutuo. Un abrazo!

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  11. Sí? Pues mañana verá usted cual era el concepto de "interes" que tenía Victoria. No se lo pierda.

    En cuanto al amor por su esposo, esta mas alla de toda duda. Creo que fue uno de los grandes amores de la historia, por supuesto.

    Bisous, madame

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  12. Pues vaya joya de hombre: galante, discreto, cocinillas, herbolero, en fin, que sabía hacer de todo, vamos. Pero no creo que entre él y la reina hubiese nada. Quizás apego o afecto por el gran servicio que le hacía y lo imprescindible que se había hecho en su vida cotidiana.

    El continuará promete, como siempre.

    Besos

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  13. Pues esperese usted un ratito para ver el concepto del apego o afecto que tenia madame la reina.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  14. No sabemos si la puritana reina tubo mas de un amante, pero una cosa es segura, en el feretro de Victoria queen, se encontraba de un lado la foto del marido y del otro lado un mechon de cabellos de John Brown, disimulado baja un ramo de flores. Viva la hipocresia

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    Respuestas
    1. Ese es precisamente uno de los temas tratados en la entrada posterior a esta, que lleva por título "¿O volvió a casarse la reina Victoria?" En ella examinamos qué puede haber de cierto en haber concertado un matrimonio secreto y morganático con Brown. En tal caso no hubiera sido hipócrita, porque no habría tenido amante, sino esposo.

      Gracias, monsieur

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)