viernes, 5 de junio de 2009

El atentado contra el duque de Berry

Carlos Fernando de Borbón, duque de Berry

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"El domingo 13 de febrero [1820], el señor duque y la duquesa de Berry fueron a la Ópera, en la que los bailes y los juegos eran adecuados a las locuras propias de aquel tiempo del año. Se aprovecharon del intermedio de un entreacto para visitar en su palco al duque y a la duquesa de Orleáns. El señor duque de Berry [Carlos Fernando de Borbón, hijo de Carlos X de Francia] acarició a los niños y estuvo jugando con el pequeño duque de Chartres. El público, lleno de alegría al ver esta unión de sus príncipes, los vitoreó repetidas veces.
La duquesa de Berry y sus hijos
A la señora duquesa de Berry le dieron, al volverse a su palco, con la puerta de otro palco, que abrieron al mismo tiempo que pasaba. Al poco rato, hallándose ya cansada, quiso retirarse. Serían las once menos algunos minutos, cuando el señor duque de Berry fue a conducirla a su coche con ánimo de volver a entrar enseguida en el teatro.
El coche de la señora duquesa de Berry estaba ya arrimado a la puerta. Los soldados de la guardia habían permanecido en el interior porque hacía ya algún tiempo que no permitía el príncipe que saliesen. El único que estaba de centinela presentó las armas, y volvió la espalda a la calle de Richelieu. El conde de Choiseul, edecán de monseñor, estaba a la derecha del centinela, en el rincón de la puerta de entrada, vuelto también de espaldas a la calle de Richelieu.
El conde de Mesnard, primer caballerizo de la señora duquesa de Berry, le dio la mano izquierda para subir a su coche, así como a la condesa de Bethizy, y el señor duque de Berry les daba la mano derecha. El conde de Clermont-Lodève, gentilhombre de honor del príncipe, estaba detrás de él, aguardando a que su alteza real volviese a entrar para acompañarla.
El duque de Berry
En este momento llegó un hombre por la parte de la calle de Richelieu y pasó rápidamente por entre el centinela y un lacayo que estaba levantando el estribo del coche; dio un empujón a este último y se arrojó sobre el príncipe, al mismo tiempo que éste, volviéndose para entrar en la Ópera, decía a la señora duquesa de Berry:
—Adiós, pronto nos veremos.
El asesino, apoyando la mano izquierda sobre el lado izquierdo de la espalda del príncipe, le clavó un puñal en el lado derecho, un poco más abajo de la tetilla. El conde de Choiseul, creyendo que aquel miserable era un hombre que tropezaba con otro involuntariamente al correr, le empujó y le dijo:
—Mire usted lo que hace.
¡Lo que hizo… estaba hecho!
El duque de Berry
Empujado por el asesino sobre el conde Mesnard, se echó el príncipe la mano al costado, en donde creyó que no había recibido más que una contusión; pero al instante se desengañó de lo contrario y dijo:
—He sido asesinado, este hombre me ha matado.
—¿Habéis sido herido, monsieur? —le preguntó el conde de Mesnard.
Y él respondió con voz fuerte:
—¡Me han matado! ¡Me han matado! ¡He aquí el puñal que me han dejado clavado !
Al primer grito del príncipe echaron a correr detrás del asesino, que huyó por la calle de Richelieu, los condes de Clermont y de Choiseul, el centinela, que se llamaba Desbiez, uno de los lacayos y muchas otras personas. La señora duquesa de Berry, cuyo coche no había echado a andar todavía, al oír la voz de su marido quiso arrojarse por la puertecilla, que estaba entreabierta; pero la condesa de Béthisy la detuvo por el vestido; uno de los lacayos la detuvo, igualmente, para ayudarla a bajar; pero al decir ella: “Dejadme, yo os lo mando”, se arrojó con peligro de su vida por encima del estribo del coche. El príncipe se esforzaba en decirle desde lejos: “No bajéis”. Acompañada de la condesa de Béthisy, corrió la señora duquesa hacia monseñor, a quien sostenían el conde de Mesnard, el de Clermont y muchos lacayos. El príncipe entregó el puñal, que sacó de su seno, a monsieur de Mesnard, que había sido el fiel amigo en su destierro.
En el pasadizo en que estaba la guardia había un banco, sobre el cual sentaron al señor duque de Berry, con la cabeza apoyada contra la pared, y le desabrocharon la ropa para reconocer la herida, que arrojaba mucha sangre. Entonces el príncipe volvió a decir:
—¡Me muero! ¡Llamad a un sacerdote! ¡Ven, esposa mía, para que muera en tus brazos !
Le sobrevino un desmayo. La joven princesa se arrojó sobre su marido, y en un instante se llenaron de sangre sus vestidos de gala. Cogido ya el asesino por un mozo de café, llamado Paulmier, por el centinela Desbiez, cazador del cuarto regimiento de la guardia real y, enseguida, por los señores De David, Lavigné y Bolard, gendarmes, fue conducido a la puerta en donde se había cometido su crimen. Le rodearon los soldados, y en un momento se temió que lo hicieran pedazos. El conde de Mesnard les mandó que no le tocasen. El conde de Clermont dio orden para que lo condujeran al cuerpo de guardia y fue tras él. Allí le registraron y le encontraron otro puñal con su vaina, como también la vaina del puñal con que cometió el crimen. Estos objetos fueron entregados al conde de Clermont, quien a su vez los puso en manos del conde de Mesnard."

Mémoires, lettres et pièces touchant la vie et la mort du duc de Berry – François René de Chateaubriand

16 comentarios:

  1. Si es que, madame, tanto la realeza como los políticos, a lo largo de la historia se han visto embueltos en atentados.
    Ya sabemos que, por muy bien que los dirigentes quieran hacerlo, siempre hay alguien en desacuerdo con ellos.

    Pasad un bien viernes.
    Besos.

    Pepa.

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  2. Si, madame, sería como para llenar varios tomos.

    Feliz fin de semana tambien para usted.

    Bisous

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  3. En este atentado se cometieron dos errores, el primero por parte del centinela al no impedir el paso y el segundo sacar el puñal de la herida lo cual aceleró la pérdida de sangre... ¿se supo el motivo del crimen?

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  4. El asesino pretendía exterminar a los Borbones. No era el unico, pero parece ser que actuó en solitario, o al menos eso sostuvo siempre.

    Bisous

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  5. Dramático relato sobre el asesinato del duque de Berry.
    Y narrado como solo vos sabéis hacerlo, madame.
    me daba la impresión al leerlo que estaba viendo realmente la escena.

    Me encanta este blog de retazos de Historia.
    Os seguiré, sin duda.

    Disfrutad del fin de semana.
    Un fuerte abrazo.

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  6. Gracias, monsieur, pero este relato no es mío, sino nada menos que de Chateaubriand.
    Es un fragmento extraido de su obra sobre la vida del duque de Berry.

    Bisous

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  7. El relato pone los pelos de punta y vemos cómo, a pesar de la seguridad, nadie sabe el destino que tiene trazado.

    Saludos

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  8. Pues asi es, madame. Cualquier dia, al salir de cualquier diversion, puede estar aguardando la muerte.

    Bisous

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  9. Impresionante, sí. Y una de las cosas que más me llaman la atención es, por una parte, la entereza del herido y, por otra, la de su esposa y la impresión de que era un matrimonio que se avenía bien. Los asesinatos son siempre terribles y en estos de móvil político casi siempre se tiene la impresión de que podían haber sido evitados. Un abrazo, querida dama.

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  10. La pobre esposa estaba embarazada de solo dos meses cuando vio morir a su esposo de ese modo.
    Tuvo que ser terrible, madame.

    Bisous

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  11. Madame, qué impresionante vuestro relato! Casi parecía que estaba allí. Me encanta cómo narráis. Un gran abrazo!

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  12. No, no, madame, en este texto la narradora no soy yo, sino Chateaubriand!!

    Ya os puede encantar, ya, jijiji, menudo pedazo de escritor!

    Bisous

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  13. Anda, no lo había visto...jejeje. Bueno, en todo caso Chateaubriand no desmerece en absoluto vuestra prosa ;)
    Besitos y disculpad, ya sabéis que soy algo despistadilla....

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  14. Precioso relato! Y cuánto dramatismo. Es cierto que las peores situaciones ayudan a sacar lo mejor del ser humano. Bisous, madame.

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  15. Seguro que viendome en una asi, mi muerte se parecia mas a la de madame du Barry, la pobre.
    No creo poder reunir jamas tanta sangre fria.

    Bisous, monsieur

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  16. Estoy estudiando Historia, y tu relato me ha ayudaddo a conocer mejor la figura del duque y su importancia en el proceso de la Europa de los Congresos, ya que junto a la sublevación liberal en España y la revolución de Nápoles, supuso un hecho decisivo en Troppau y de como el liberalismo acabó imponiendose en el mundo, por fin....Gracias

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)