domingo, 10 de mayo de 2009

La viuda de Don Rodrigo


Un caluroso día de julio del año 711, el ejército del rey godo don Rodrigo sufrió una terrible derrota en la batalla de Guadalete a manos de Tariq, el caudillo de las tropas árabes que acababan de invadir la península Ibérica. El rey murió en la batalla. Su esposa, la bella Egilo, perdía de golpe marido y corona tras apenas año y medio de reinado.


Al verano siguiente desembarcó en nuestras costas el valí o virrey de los árabes. Era el cruel y despiadado moro Muza que, por suerte para España, regresó a Damasco al cabo de dos años y dejó en su lugar a su hijo Abd-el-Aziz. Era este joven todo lo contrario de su padre: un gobernante justo, firme pero inclinado a la clemencia, una personalidad brillante y, además, un apuesto galán con fama de mujeriego.

Sucedió que Abd-el-Aziz se enamoró de la viuda de don Rodrigo y se casó con ella apenas su padre emprendió el viaje a Arabia. El nuevo valí eligió Sevilla como residencia. Sevilla era ya por entonces una gran ciudad, pues aunque la corte de los reyes godos estaba en Toledo, fue en la ciudad andaluza donde había quedado la antigua nobleza romana y la tradición cultural de aquellos tiempos. De modo que allá se trasladó Egilo con su nuevo esposo.

Él veía por sus ojos y trataba de complacerla en todo, y ella aprovechó esta debilidad para iniciar su propia Reconquista entre mieles y caricias. La idea de Egilo era alentar a Abd-el-Aziz para que rompiera con el califato de Damasco y se proclamara rey de una España independiente, comenzando así una dinastía mestiza, goda y árabe a la vez, en un reino que daría cabida al recién llegado y que integraría también aquel pasado romano; y una dinastía que, al mismo tiempo, representara de algún modo una continuación de la anterior.



Egilo comenzó por tratar de convencer a su esposo de que adoptara frente a sus súbditos los modos mayestáticos que habían sido habituales en la corte de los godos. Se empeñó en que exigiera la prosternación a quienes recibía en audiencia, y, para lograrlo, esta ingeniosa mujer mandó abrir una puerta baja en la sala de audiencias, una puerta que, por su poca altura, obligaba a inclinarse y agachar la cabeza a quienes accedían a la presencia del valí.

Pero faltaba lo más importante: conseguir que su marido se pusiera la diadema o corona de los reyes. Él se resistía, alegando que su religión no permitía utilizar ese símbolo, pero Egilo le dijo que sus correligionarios no tendrían por qué enterarse nunca, ya que la llevaría sólo cuando ambos estuvieran en la intimidad. Él, por supuesto, accedió una vez más a su capricho.


El drama sobrevino cuando el secreto llegó a una de las mejores amigas de Egilo, una dama casada con otro alto dignatario árabe. Acudió a visitarlos y, como era de toda confianza, el valí la recibió con la corona puesta. La dama sintió celos y al llegar a casa le propuso a su marido que llevara también una diadema. Él le respondió lo mismo: que le estaba prohibido por su religión, y entonces ella exclamó:

“¡Te juro por la religión del Mesías que yo la he visto sobre la cabeza de vuestro príncipe!”



El hombre dio cuenta de esta información a los principales jefes musulmanes, que llegaron a la conclusión de que Abd-el-Aziz se había hecho cristiano. Decidieron entonces asesinarlo, y así lo hicieron un día del verano del 716, mientras oraba en la mezquita.

Nada volvió a saberse de Egilo. No debió de correr mejor suerte, pues a los ojos de los árabes aparecería como culpable de haber inclinado a su marido hacia su religión.

Aquel día murió al mismo tiempo el sueño de una mujer, un sueño que hubiera podido llevar por caminos muy distintos la historia de España.



Bibliografía:

Semblanzas visigodas - José Orlandis


20 comentarios:

  1. Hola madame, muy interesante entrada de la España Medieval la que nos relatas, que pareciese una historia de ficción que versa sobre palacios, batallas y amores que matan. Enhorabuena.

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  2. Esta tan repleta la historia de esos relatos que creo que es parte de la fascinacion que ejerce sobre mi. Es apasionante descubrir como la realidad supera frecuentemente a la ficcion.

    Bisous, monsieur

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  3. Que buen post, simplemente me ha encantado tu blog, lo seguiré si o si; la historia está repleta de estas anécdotas que podrían haberla cambiado significativamente. Suerte

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  4. Muchas gracias, monsieur.
    Le agradezco mucho su visita y su atencion.

    Bisous

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  5. Esta mujer jugó con fuego y se quemó... es lo que tienen las apuestas arriesgadas.

    saludos y enhorabuena por la entrada,

    José Luis

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  6. Pues si, no tenia suerte la mujer. Porque con el primer marido no es que ella misma hubiera arriesgado nada y ya ve usted lo que paso.
    Si es que los hay que nacen estrellados.

    Bisous, monsieur

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  7. Pues sí, qué diferente hubiese podido ser la historia.

    Saludos

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  8. A veces intento imaginar como hubieran sido las cosas de haber variado algun factor, por ejemplo este.

    Sería un buen tema para una novela, no cree?
    Partir de la base de que ella logró su propósito.

    Bisous

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  9. Querida madame,

    os pido disculpas porque el amigo que borró su entrada...¡Era yo! Es que me confundí y escribí un comentario con la cuenta de mi maridín porque a veces compartimos el mismo ordenador y...no advertí que la cuenta activa era la suya :S

    Me dio tanta vergüenza equivocarme que borré el comentario...Es que ya es la segunda vez que me pasa...no sé cómo puedo ser tan despistada.

    Lo siento madame, es que soy un poco torpe...ais qué vergüenza....

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  10. Ay madame, entonces esta todo aclarado!

    Jiji, es que mire que le di vueltas en la cabeza al asunto. No sabia qué podria haber pasado, y analizaba todo y preguntaba a mis amigos qué podria haber sido :DDD

    Bisous

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  11. Ay, cuánto siento que se haya inquietado...de todas formas si me vuelvo a equivocar no borraré el comentario pero sabed que he sido yo aunque tenga un nombre de hombre...
    Un fuerte abrazo y mis disculpas otra vez :)

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  12. Gracias, madame, y disculpeme usted a mi por las molestias.
    Es que le doy muchas vueltas a todo, hasta que me echa humo la cabeza.

    Bisous

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  13. Sirvió mucho el documento Mme, y estoy en el msn ahora

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  14. Me alegro de que le sirviera, monsieur.

    Y si, ya le he visto a usted :)))

    Bisous

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  15. hola amiga, paso a saludarte y desearte un lindo día.
    Besos Isthar

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  16. Gracias, madame, igualmente para usted.

    Bisous

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  17. Estos asuntos políticos no pueden ser tratados desde la astucia femenina, porque les falta visión de la política real. Una lástima, que Egilo se precipitara o no supiera comprender que la cultura de su marido exigía otros procedimientos. La idea de que uno sólo esté por encima de los demás no es fácilmente aceptable. Una entrada intereantísima.Besitos.

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  18. Era astuta, pero fue imprudente.
    Debio dejar de lado los signos externos, los visibles, y llevar las cosas de un modo mas invisible.

    Bisous, madame

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  19. Menuda mujer!! Cambiaba de religión y de culturas,...primero un rey visgodo y luego un príncipe musulmán. Y sin despeinarse. Pero me parece que su astucia no era tanta como ella intentaba demostrar, porque la prudencia está por encima de todo, y de eso carecía, y mucho. La vanagloria pudo con ella y la ambición.
    Saludos

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  20. Sí, madame, creo que fue muy imprudente.
    Grave error. Calculó mal sus fuerzas.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)