domingo, 5 de abril de 2009

Memorias de un libertino

Duque de Richelieu

Richelieu es una pequeña heredad de la familia Du Plessis en el Poitou, cerca de Chinon. El miembro más importante de esta estirpe fue el cardenal de Richelieu, tío abuelo de Louis François Armand de Vignerot Du Plessis, duque de Richelieu (1696-1788).


El duque fue mariscal de Francia, además de representante del libertino Ancien Régime. Fue a la vez un astuto diplomático, buen general y capaz administrador. De niño tuvo una salud frágil y siempre se jactó, como Voltaire, de su debilidad, pese a lo cual siempre resistió los más descomunales excesos gastronómicos y sexuales. Noventa y dos años de vida marcados por orgías y por las aventuras más sorprendentes hacen que sea un perfecto arquetipo de su época, “un ser mitológico, perverso, nauseabundo y polígamo, resistente al placer venéreo, llevado hasta los más esplendorosos excesos”.


Así se intuye en sus memorias, que, por cierto, no redactó él, sino que dictó una parte y otra fue escrita póstumamente por varios escritores mediocres. A pesar de ser sietemesino, hijo, además, de padre sexagenario, “un gnomo articulado como un insecto”, tuvo una juventud agitada. Lo encerraron tres veces en la Bastilla, luchó en las más encarnizadas batallas del siglo. Ya mariscal de Francia, sitió y tomó Génova y Mahón. Fue también gobernador de Aquitania y de Gascuña, y ha dejado memoria para siempre de hombre ingenioso, gran soldado, aficionado a la gastronomía, amador ilustre y eterno académico. (Entró en la Academia Francesa a los 24 años, como consecuencia de una cábala de mujeres aristócratas que entonces pesaban mucho en las elecciones. No tenía otro mérito ni escribió jamás nada con intención literaria).


La Bastilla


Pese a haber dejado tantos platos con su nombre (pueden encontrar algún ejemplo aquí y aquí), fue más famoso por su obsesión sexual, que le dominó hasta los últimos años de su vida. Tuvo, es necesario decirlo, un éxito extraordinario, a pesar de su escasa estatura, sus rasgos borrosos y de un olor desagradable que, según todos los testigos, exhalaba en su desdén faunesco por la más elemental higiene. Mantuvo amores que se hicieron célebres con la princesa de Liechenstein, la marquesa de Tencin, la de Matignon, con madame de la Popelinière


Dos aristócratas, Amanda de Nesles y madame de Polignac, escandalizaron la crónica galante de París, batiéndose a pistola por los favores de “aquel enano rijoso y desmedrado” en la floresta del Bois de Boulogne. Madame de Nesles resultó levemente herida y las dos continuaron disputándose sus favores.


Bois de Boulogne


Pero el duque de Richelieu no se limitaba a estos amores aristocráticos. Por su palacio Folies —y téngase en cuenta que la palabra folies, tan dieciochesca, no viene de locura, folie, sino de lugares umbrosos, palacetes velados por el follaje de los árboles—, pasaron las más ilustres cortesanas, las famosas bailarinas de la ópera, actrices, las doncellas núbiles de madame Gourdan, las prostitutas callejeras, las vendedoras de mercado y las lavanderas del Sena.


Casó tres veces, la última ya más que octogenario, y su tercera esposa, que tenía 40 años, llegó a estar encinta, si bien sufrió un aborto a los cuatro meses.


Duque de Richelieu


La vejez del duque de Richelieu fue aterradora, de una espectacular senilidad. Llegó a la absoluta degradación física y realizó los más extravagantes esfuerzos por disimularla. Puso de moda un polvo afrodisíaco que tomado en cantidad puede ser mortal. A los 80 años él mismo cuenta que se había convertido en “un pequeño y repelente monstruo, en una reliquia de sí mismo, en una carne fiambre tiñosa y repintada”. Le sobraba la piel por todas partes. A la hora de acicalarse, con sus dos peluqueros y cuatro pajes, recogían sus pellejos del rostro y la frente y los elevaban hacia el cráneo mondo y lirondo, y con la piel hacían un copete que ligaban con lazos. Luego le enjaretaban la más pesada de las pelucas, y como las cejas quedaban escondidas bajo el armatoste, con un pincel le trazaban unas nuevas. Todo ello viene minuciosamente descrito por el historiador Paul Rival, Fantaisies amoureuses du duc de Richelieu.



Bibliografía:

Mémoires - Marechal de Richelieu

La otra marquesa de Pompadour - Néstor Luján

Fantaisies amoureuses du duc de Richelieu - Paul Rival

21 comentarios:

  1. Mamma mia menudo personaje!!me encanta tu blog,gracias por tanta imformacion!!saludos!

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  2. Muchas gracias a usted por la visita y por su comentario, madame.

    Bisous

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  3. Felicidades amiga, muy interesante tema
    Un abrazo Isthar

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  4. Mil gracias por todas estas biografías ^^
    Espero que ya estés mucho mejor ;)
    Besos y buena semana.
    Noa.

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  5. Ay no, madame, estoy un poquitin peor, pero bueno, como no es nada grave habra que conformarse y esperar que la mejoria se produzca mañana.

    Gracias, madame

    Bisous

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  6. Algo tendría este duque para atraer a tantas mujeres, jajaja, a pesar de no ser guapo y sobretodo por su falta de higiene ... que una cosa es un hombre no guapo pero interesante intelectualmente, pero de ahi a que no sea aseado, esto último si que no podría soportarlo, jajaja.

    Muy buena reseña la de este personaje estimada Dame Masquée :)

    Saludos!

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  7. Supongo que se taparian la nariz con una pinza, porque otra cosa no se explica.
    Yo es que hay algunos hombres a los que considero interesantes, intelectualmente, pero de ahi a pasar a otra cosa... No se, algo mas tendria para que llegasen a pasar por alto ese aroma embriagador.

    Bisous, madame

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  8. Enano, poco agraciado y un poco gorrino, y sin embargo las damas se peleaban por sus favores. Debía ser un amante extraordinario, si no, no se entiende.

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  9. tuvo un final degradante... pero que le quiten lo bailao...

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  10. Sí, madame Kassiopea, forzosamente habia de serlo. Aunque para llegar a comprobarlo habia que vencer muchos escrupulos!

    Bisous

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  11. Desde luego, monsieur, una vida larga y feliz, a pesar de esas tres visitas a la Bastilla.

    Merci, monsieur

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  12. Pues qué personaje más pintoresco, me recuerda en todo al señor Burns menos su frenesí sexual, jajaj. Seguro que las damas iban a por la pasta que tenía o por el simple hecho de reivalizar entre ellas por algo, mientras fuera famoso y más si tenía leyenda de amante insaciable.
    Saludos

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  13. si, lo de la leyenda hace mucho.
    Uno se crea la fama y luego todas quieren probar.
    Pero vaya, que a otros mas guapos e igual de ricos dejaron las damas en muy mal lugar.

    Bisous

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  14. Pues no le envidio yo nada a este Richelieu, y menos todavía los tirabuzones de pellejito... Su obsesión por el sexo y la aprienciaq resulta, desde luego, patológica. Besitos, dama.

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  15. Vaya Madame, que personaje tan pintoresco no trae hoy. Es asombroso que con tantos excesos Richelieu pudiera llegar a la avanzada de edad de 92 años! No entiendo como deslumbraba tanto a las damas, no tanto por su diminuta altura sino por su higiene tan precaria. Imposible de compreender, parece ser arte de algún tipo de hechizo!

    Besos,

    Caroline

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  16. Verdaderamente, mis damas, eso del sex-appeal en ocasiones resulta inexplicable.
    En apariencia el personaje mas bien deberia inspirar repugnancia, y ya ven.
    Y encima sobrevivio a todo!

    Muchas gracias, madame Isabel y madame Caroline.

    Bisous

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  17. Está claro que a veces la mala vida no mata, y que los sedeuctores han existido siempre.

    Besos

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  18. Si, en la epoca, para decir que uno era un seductor, se decia "es un Richelieu", como despues se dijo "es un Casanova".

    Bisous, madame

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  19. Interesantes líneas y relatos de este personaje en "El arte de la seducción" de Robert Greene.

    Saludos,

    Instagram: @caosanchez
    Mail personal: c.sanchezfaria@gmail.com

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  20. muy interesante este personaje "Duque de Richelieu" j.r.s

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)