miércoles, 29 de abril de 2009

Las cabezas cortadas de los Celtas


Los historiadores no se ponen de acuerdo al señalar la época en la que los distintos pueblos celtas comenzaron a cortar las cabezas de sus enemigos, que luego llevarían como trofeos. Podían colgarlas en las toscas sillas de sus caballos, en las puertas de sus casas o en otros lugares visibles. Suponían el testimonio de una proeza, y las embalsamaban para que se conservaran en buen estado durante mucho tiempo.


No aceptaban devolver estos trofeos a las familias que los reclamaban, ni a cambio de elevadas compensaciones en oro, plata y otros objetos valiosos. Por eso las cabezas cortadas terminaron por aparecer en las monedas y en los monumentos celtas. Una gran cosecha de estas cabezas se encontró en el depósito celtíbero de Puig-Castellar, cerca de Barcelona. Aparecieron docenas de cráneos atravesados por clavos.


Los irlandeses cuando iban a guerrear acostumbraban a decir “vamos a cosechar cabezas”. En los Anales de los Cuatro Maestros se puede leer que Aed Finnliath, el rey de Irlanda, luego de derrotar a los ejércitos de Dinamarca, en el año 864, ordenó que se amontonasen todas las cabezas de los enemigos muertos, porque consideró que no existía una mejor prueba de la gran victoria conseguida.


Sin embargo, no se opinaba lo mismo cuando el derrotado era de la misma raza. En una guerra entre dos naciones celtas, al caer muerto el célebre rey-obispo Cormac, en el año 908, uno de sus enemigos le cortó la cabeza, que luego entregó a su rey Flann Sina, el cual en lugar de aceptarla prefirió devolverla a sus familiares.


Existen pruebas suficientes para saber que en muchas tribus celtas la iniciación de los jóvenes guerreros consistía en salir en busca de una cabeza humana. Si volvían con ella colgando de su silla de montar, no sólo se consideraba que su instrucción militar había concluido, sino que adquirían todos los derechos de un noble adulto, uno de los cuales consistía en que podían casarse y formar una familia.


Pero la cabeza humana no sólo era un trofeo. Para los celtas significaba algo así como la cruz para los cristianos, ya que la valoraban como la portadora o la casa del alma, la sustancia del ser humano, lo que iba a proporcionarle la inmortalidad; cualidades que no perdía al ser cortada, y que, además, transmitía en parte a su poseedor.


En una trágica leyenda galesa se cuenta que Bran el Divino se enfrentó a tantos enemigos en una batalla que fue vencido. Antes de expirar pidió a sus siete amigos, que eran los únicos supervivientes, que le cortaran la cabeza y la llevasen lejos de allí, pues no quería que pasara a convertirse en un trofeo para sus enemigos. La petición fue cumplida con tanto rigor que los siete la seguían guardando cuando llegaron al otro mundo, donde se la pudieron entregar a su propietario. Junto a éste permanecieron 80 años, hasta que uno de ellos cometió un delito imperdonable, cuyo castigo provocó que los siete volvieran a la Tierra. Llevaron de nuevo consigo la cabeza de Bran, el cual les había aconsejado que la enterraran en el centro de Londres, para que así toda la Britania fuera defendida de cualquier mal, y así lo hicieron. Hasta que un grupo de malvados la desenterró, lo que desencadenó calamidades de todo tipo.


Esta leyenda ayuda a comprender por qué los mismos héroes celtas pedían que se les cortara la cabeza cuando caían en una batalla. Después la cabeza sería conservada por la familia en el mejor lugar de la casa, y hasta la adornarían con oro y otros metales preciosos, sobre todo cuando el embalsamamiento estuviese perdiendo sus efectos.


Otra de las costumbres celtas era convertir las cabezas, o las calaveras, en vasos que utilizaban en sus banquetes. Realmente no temían a la muerte, como demuestra la bravura con la que combatían. El guerrero celta se limitaba a llevar la espada, el escudo y un torque o collar, a la vez que todo su cuerpo aparecía desnudo sobre el caballo o a pie. Si se le arrebataba el torque en una batalla, se consideraba vencido, aunque siguiera empuñando la espada o la lanza.



Bibliografía:

Los celtas - Manuel Yáñez Solana


17 comentarios:

  1. Hola Diana, qué historia !!!!no la conocía, es impactante, estoy impresionada.Las extrañas costumbres.!!
    Mil gracias amiga, por tu invalorable ayuda.Falta un poquito, pero ya llégo.
    No pude acceder a escribir un e-mail.
    Un abrazo y besos Isthar

    ResponderEliminar
  2. Super interesante la historia, me hace acordar al rey longobardo Alboin, quien hizo de la cabeza de su suegro una copa, motivo por el cual, su esposa Rosamund mandó a alguien a matarlo, luego que él Alboin, le ofreciera brindar con la cabeza de su padre.
    :-/

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias, madame Isthar. Me alegra ver que se va resolviendo y ya puede quedar todo a su gusto.

    Bisous

    ResponderEliminar
  4. Caramba, madame Nottwulfa, no me sorprende nada que la mujer se enojara un poquito!
    Que falta de sensibilidad la de su esposo!

    Muchas gracias por dejar tan interesante relato.

    Bisous

    ResponderEliminar
  5. Qué interesante. Y qué desagradable hacer copas con las cabezas de los difuntos.

    ResponderEliminar
  6. Pues si, la verdad, madame, yo creo que me haria abstemia. Iria al rio a beber cuando tuviera sed.

    Bisous

    ResponderEliminar
  7. Que guay sois todo tías!!!

    ResponderEliminar
  8. Esta historia me recuerda a la extraña costumbre de Astérix, Obélix y toda la tribu de recoger los cascos de los romanos (es una forma light de introducir el coleccionismo de cabezas enemigas de los celtas). Al fin y al cabo "la tribu de los irreductibles" pertenecía al pueblo celta.
    Saludos

    ResponderEliminar
  9. Anonimo: imagino que sera usted todo sobrino.

    ResponderEliminar
  10. Mucho mejor eso de los cascos,madame Carmen, o me hubieran traumatizado en mi infancia, jiji.

    Bisous, madame

    ResponderEliminar
  11. El no devolver las cabezas a los familiares no dejaba de ser también un castigo a éstos y al muerto. Son costumbres que nos asombran hoy, aunque quizá aquellos tiempos -con otros collares- no estén tan lejos de la actualidad. Quiero decir, que en algunos paises siguen negando sepuldura digna a los muertos "enemigos" ¿no? y buen ejemplo de ello son las dictaduras recientes con sus desaparecidos o el caso mismo de España, donde hay tantas dificultades para abrir las fosas comunes de la guerra y recuperar los cadáveres para sus familias. Quizá entre los celtas había más nobleza... Una entrada muy buena. Besos.

    ResponderEliminar
  12. Es cierto, madame, nunca superaremos las guerras y la crueldad que generan. Los comportamientos para con el vencido siguen siendo deplorables, no importa el grado de civilizacion que hayamos creido alcanzar.

    Bisous

    ResponderEliminar
  13. Lo de cortar las cabezas y recibir el poder vital del pobre descabezado (no sé si se dice así) me ha recordado mucho a la peli Los Inmortales. Estos guionistas....
    Interesantísima entrada, querida madame, gracias por compartirla con nosotros. Un abrazo!

    ResponderEliminar
  14. Ay por cierto que me encanta esa pelicula!
    Y si, no me sorprenderia que lo hubieran sacado de esas viejas sagas celtas.

    Bisous

    ResponderEliminar
  15. Cuantas cosas se hacían en la antigüedad con la convinción de ser lo correcto. Lo que hoy nos parece aberrante, antaño fue natural.
    Creo que lo mismo ocurrirá con nuetros haceres en el futuro a la vista de otras lejanas generaciones.

    Fascinante el mundo celta para mí, así como todos los pueblos antiguos. Es un placer leerte.

    Besos

    ResponderEliminar
  16. Seguramente, madame, cuantas cosas que aceptamos como naturales escandalizaran a futuras generaciones. Es inevitable.

    Bisuos

    ResponderEliminar
  17. genial el compilado de informacion, muy interesante. me sirvió mucho

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)