martes, 3 de marzo de 2009

La mujer que reinó después de muerta



El 18 de abril de 1320 había nacido el príncipe heredero de Portugal, que recibió el nombre de Pedro. Siendo hijo de Beatriz de Castilla, era lógico pensar para él en un matrimonio orientado en esa dirección, y así fue. En agosto de 1340 se llevó a cabo su boda con Constanza Manuel, hija del infante y famoso escritor Don Juan Manuel, que era sobrino del rey de Castilla Alfonso X el Sabio.


Entre el séquito de Constanza viajaba una joven de extraordinaria belleza. Se llamaba Inés Pérez de Castro, y la apodaban “Cuello de garza”. Era hija natural de un importante miembro de la antigua nobleza gallega y leonesa, y sucedió que el príncipe, apenas la vio, se enamoró de ella. Esto causaba la desdicha de los tres, porque, por una parte, Inés, aun correspondiendo a los sentimientos de Pedro, era demasiado virtuosa para ceder a sus pretensiones, y por otra parte Constanza se mostraba celosa de esta relación, aunque fuera platónica. Nada dispuesta a tolerar semejante irregularidad, exigió que su rival fuera alejada de la corte, y así lo ordenó el padre de Pedro, el rey Alfonso IV de Portugal.


Castillo de Alburquerque, Badajoz


Inés tuvo que refugiarse en Alburquerque, aunque su enamorado continuaba viéndola a escondidas. Pero el 13 de noviembre de 1345 Constanza falleció al dar a luz al heredero, Fernando. Pedro era ahora libre; Inés y él se convirtieron en amantes, parece ser que se casaron en secreto y tuvieron 3 hijos.

Años más tarde Alfonso IV el Bravo quiso casar nuevamente a su hijo para establecer otra alianza. Cuando lo llama a su presencia, Pedro le dice que no puede hacerlo, porque ya está casado con Inés. El rey se desespera, monta en cólera. No puede admitirlo; ella, por su origen ilegítimo, no es adecuada para el heredero de Portugal, y ni siquiera sabe cómo va a explicar lo sucedido después de que las negociaciones hayan ido tan lejos. Le parece una catástrofe y teme que los hermanos de Inés desplacen a su nieto Fernando en la línea sucesoria para llegar a ver coronado a uno de sus sobrinos. Los enemigos de los Castro le sugieren la solución: ella tenía que morir.


Alfonso sentía escrúpulos. Por una parte veía la inconveniencia de esa unión, pero por otra un crimen así constituía una crueldad muy alejada de él hasta entonces. Un día se decidió y, según una versión, mandó a Gonzálvez, Coelho y López Pacheco con instrucciones secretas de asesinar a Inés. Aunque se arrepintió casi de inmediato y envió rápidamente un mensajero con su contraorden, éste no llegó a tiempo de impedir el crimen. Según otra versión, él mismo se presentó en compañía de estos hombres en el Monasterio de Santa Clara, en Coimbra, aprovechando que el infante estaba ausente de cacería. Inés, avisada de su llegada, sospechó lo que se proponía, de modo que salió a esperar al rey rodeada de sus hijos. Su actitud suplicante conmovió a Alfonso, que ya se marchaba cuando los caballeros mencionados lo persuadieron para que les permitiera continuar adelante con el plan. Entonces regresaron en busca de Inés y la degollaron.


El rey falleció poco después, dicen que consumido por la pena y el remordimiento. Pedro era ahora el nuevo rey de Portugal. Ocultó su rencor hasta entonces mientras iba hilvanando en su mente la venganza, una reacción tan insólita que convirtió a Inés en leyenda: primero ordenó exhumar su cadáver, la sentó en el trono a su lado e hizo que fuera coronada al mismo tiempo que él para recibir el homenaje de los nobles y dignatarios de la corte. Se ha sugerido que este episodio puede tener su origen en la costumbre portuguesa de la época de colocar figuras de cera de los reyes sobre el túmulo funerario, de modo que tal vez fuera su efigie lo que hizo sentar en el trono en vez de su cadáver.

Inés fue enterrada en la nave central del monasterio de la Alcobaça, en una tumba de mármol blanco junto a la que Pedro hizo preparar su propia sepultura, tan cerca que los catafalcos se tocaban los pies. "Quería que el día de la resurrección, al levantarse, su primera imagen a contemplar fuera la de Inés".



Sepulcro de Inés de Castro y Pedro el Cruel


Después el nuevo rey procedió a castigar a los culpables de un modo que le valió para algunos pasar a la Historia como Pedro el Cruel (no lo confundan con el rey de Castilla del mismo nombre) y para otros como Pedro el Justiciero. Los persiguió de modo implacable y, cuando los tuvo en sus manos, a uno de los asesinos le arrancó el corazón por el pecho, y a otro por la espalda antes de que sus cuerpos fueran reducidos a cenizas.


De manera póstuma Inés de Castro fue declarada su esposa y reina de Portugal, convirtiéndose de esta manera en la única persona que reinó después de muerta. Así cumplió su amado la promesa que le había hecho en vida de que ella sería un día su reina.

Los viajeros pueden aún contemplar sus tumbas en su sombría grandeza, pese a los daños que los soldados de Napoleón causaron en 1811 buscando unos tesoros que no existían.

¿Fue Pedro el Cruel? ¿O fue el Justiciero?



18 comentarios:

  1. El justiciero, sin duda. Qué historia más romántica, y qué triste...

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  2. Posiblemente. Una forma un tanto drastica de hacer justicia, eso si. Pero eran tiempos recios.

    Esta historia me impresiono mucho cuando era niña.

    Bisous

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  3. Es difícil, decir lo que era justo en el siglo XIV con una mentalidad y dentro de la sociedad del XXI, por tanto seré salomónico y diremos que impartió una justicia cruel.

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  4. Estoy de acuerdo. No debemos contemplar personajes ni acontecimientos a la luz de nuestros tiempos, sino ir a buscarlos al suyo.

    Bisous

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  5. Aún me recuerdo cuando mi profesora de lengua portuguesa me contó esta historia en el instituto. Me marcó profundamente... En la obra Los Lusíadas, del escritor portugués Luís Vaz de Camoes, se incluye un bellísimo poema épico que hace alusión a Ines de Castro.

    Besos,

    Caroline

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  6. Que hermoso ha de ser leerlo en portugues. Suerte tiene de hablar esa lengua, madame. Yo la chapurreaba mal, y encima hace tiempo que no practico, asi que se me ha olvidado lo poco que sabia.

    Pero la historia tambien a mi me marcó mucho. Me parece bella aunque al mismo tiempo sea tan terrible para todas las personas que en ella intervinieron.

    Bisous

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  7. Que pasa con este blog, que en cuanto cambio la opcion para los comentarios tengo montones de problemas para dejarlos?

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  8. Espero veros pronto de nuevo y que el ordenador se recupere.
    Besos.
    Noa.

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  9. Gracias, madame.
    Yo tambien espero que todo se resuelva pronto.

    Bisous

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  10. Vaya racha que llevo hoy!,jajaja, me he topado con episodios históricos que ni conocía :) ... aunque no sé si al Rey Pedro se le podría decir Justiciero o cruel, como dicen ahí arriba no se puede juzgar a un personaje según los criterios de nuestro tiempo (eso si analizamos el tema como si fueramos historiadores), aunque desde mi punto de vista muy personal, fue un modo muy violento el que empleo para buscar justicia a su difunta amada.

    Muy buen post Diana!

    Besos!

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  11. Hola, desde el club de lectura me gustaría concederte un premio por tu gran trabajo. Pásate a recogerlo cuando quieras. Un abrazo

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  12. Qué historia, por favor...y cómo la cuentas, has conseguido que ni parpadease si quiera...extraordinario blog.
    Saludos,
    X

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  13. Muchas gracias a todos.

    Madame Belen, ahora pasare a recoger el premio, en unos minutitos.

    Bisous

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  14. Muy buena la historia. A veces la justicia es un poco drástica. Este fue el caso de Pedro. Justiciero y cruel

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  15. Siempre me ha gustado esta historia. Ocurre casi como en el caso anterior (Sade), que el "malo" muestra una parte más humana de él que se mantiene casi oculta.

    Besos

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  16. gracias, Carlos y Verdial.
    A mi me impresiona la historia de amor que llevo a tanta crueldad.

    Bisous

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  17. Yo digo que es Pedro el Justo, y no el Cruel,

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    1. Al menos con arreglo a la ley del talión hizo justicia. En cualquier caso, su acto refleja la medida de su dolor.

      Muchas gracias y buenas noches, madame

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)