martes, 10 de marzo de 2009

El hombre que no quiso reinar



Grande, de fuerte tórax, luchador de brazo terrible, “león erizado cuando se acercaba el momento del combate” y muy piadoso. Corría la leyenda de que su fuerza era tal que una vez partió en dos a un sarraceno con un solo golpe de su espada. Su estatura era superior a la media, sus facciones agradables, podría decirse que atractivas, o incluso hermosas. Tenía la barba y el pelo de un color que se describe como de un tono castaño muy claro o como rubio oscuro. Recto, valeroso, de carácter apacible, casto, devoto, humano, con porte agradable y tan cortés que “parecía un monje más que un guerrero”.


Así retratan las crónicas a Godofredo de Bouillon. Nació nuestro héroe en el reino de Francia hacia el año 1060. Descendía de Carlomagno, tanto por su abuela paterna, Matilde, como por su abuelo materno, Godofredo el Barbudo, duque de la Lotaringia y hermano del Papa Esteban II. Su padre fue Eustaquio, conde de Boulogne.


Al Barbudo lo sucedió su hijo el Giboso, que, al no tener descendencia, dejó como herederos a su sobrino Godofredo de Bouillon y sus dos hermanos. Nuestro caballero recibió del emperador Enrique IV el ducado de la Baja Lorena en vasallaje; pero el emperador se lo pensó mejor y decidió confiscar el ducado en provecho de la corona, reservándolo para su propio hijo Conrado, y dejándole a él sólo el condado de Anvers y la señoría de Bouillon. Godofredo, que tenía por entonces poco más de 20 años, no dejó por ello de servirle con fidelidad, y así lo siguió en la expedición italiana contra el Papa San Gregorio VII, entrando en Roma en 1084.


Se ha apuntado en alguna ocasión que fue la conciencia de haber cometido un grave pecado al participar en esta campaña lo que lo impulsó a tomar la cruz y partir hacia Jerusalén en compañía de sus dos hermanos, respondiendo al llamado de Urbano II.


El mayor, Eustaquio, al parecer lo hizo sin ningún entusiasmo; el menor, Balduino, hombre de barba y cabello negro, más corpulento que Godofredo, había estado destinado a la Iglesia, y estudió en Reims, en Cambrai y en Lieja antes de hacerse caballero, condición más adecuada a su gusto por el fasto y a su altivez de gran señor, dos rasgos que no compartía con Godofredo. Balduino soñaba con lograr en Oriente un feudo a medida de su ambición, y de hecho, como si partiera a las cruzadas sin idea de volver, se llevó consigo a su esposa normanda, Godvère de Toeni, y a sus hijos pequeños.


Para financiar la campaña, Godofredo vendió o empeñó varios de sus estados, reuniendo, con sus hermanos, 80.000 hombres. Los diversos cruzados tomaron, con sus respectivos ejércitos, diferentes recorridos hacia Tierra Santa, y acordaron reunirse todos en Constantinopla.


En 1097 tuvo lugar el cerco de Nicea, donde “sólo cuando la división comandada por Godofredo se acercó, al clamor del trueno ‘¡Dios lo quiere!, la reñida batalla se decidió a favor de los cristianos”. Tomaron después Edesa, y formaron un principado que tuvo por señor a Balduino.


Tras múltiples penalidades, enfermedades y lucha contra los elementos, hambre y rencillas entre los caballeros, con un ejército agotado y reducido a la mitad por tanto revés como habían padecido, el 7 de junio 1099 los cruzados iniciaron el cerco de Jerusalén. El calor del verano era abrasador, y la sed insoportable. Pero entonces, cuando cundía el desánimo, Godofredo vio muy oportunamente a un hombre con un brillante escudo en el monte de los olivos, y comenzó a propagar a los cuatro vientos que San Jorge acudía en auxilio de los cristianos. La moral se rehizo y la ciudad pudo ser tomada al asalto. Godofredo fue uno de los primeros en entrar, y abrió las puertas a los demás desde el interior.




Una vez conquistada la plaza, los cruzados decidieron convertir Jerusalén en un reino, y eligieron por rey a Godofredo, por ser el caballero que más virtudes reunía. Pero él se negó a ostentar ese título, “por respeto a Aquel que había sido coronado con una Corona de Espinas en aquel lugar”. Prefirió, en cambio, ser el “Guardián del Santo Sepulcro”.


El caballero, que se ganó reputación de justo incluso entre sus enemigos, vivió otras victorias que acrecentaron su fama. Falleció a consecuencia de la peste el 18 de julio de 1100, sin haber cumplido aún 40 años, y fue enterrado en la iglesia del Santo Sepulcro. Le sucedió su hermano Balduino, que se hizo coronar rey.



Bibliografía:

Si te olvidara, Jerusalén - Pierre Barret y Jean-Noël Gurgand

Historia de las Cruzadas - Hans Eberhard Mayer

10 comentarios:

  1. Es fascinante cualquier episodio de la Historia. Fíjate que joven era Godofredo cuando murió, aunque por aquél entonces sería considerado un viejo, y que excelente educación tenían los caballeros. A muchos de los gobernantes de ahora les hace falta una buena ración de la humildad de este fascinante personaje.
    Dura lucha la conquista de Jerusalén, dura la vida de los caballeros y muy hermosa esta historia.

    Un abrazo

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  2. E insolita, madame, cuando tantos mataban por una corona.

    Bisous

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  3. Un personaje bastante seductor. Incluso diría que mucho, si no fuera ese defecto de la castidad... Fuera de bromas, es personaje muy admirado. Las cruzadas están envueltas en un halo de romanticismo (¿qué no lo está?), pero deben ser revisadas, sin duda. Demasiadas ambiciones y demasiada brutalidad. Un apunte biográfico interesantísimo, dama. Besitos.

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  4. Cierto, madame. Abundaban mas los personajes como los hermanos de Godofredo. Llegó a ser terrible la larga serie de disputas particulares entre cristianos.

    Bisous

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  5. muy interesante la vida de este hombre pero apuntar que esta toma de Jerusalém se saldó con una de las carnicerías más abominables de la historia de la Humanidad.
    Y como curiosidad que en la actualidad el título, hoy honorífico, de Rey de Jerusalem lo ostenta el rey de España.

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  6. Ay si, monsieur, lo del titulo siempre me ha hecho mucha gracia. Resulta de lo mas exotico en estos tiempos.

    Bisous

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  7. pues la verdad es que es de risa ver el listado de títulos del Rey:
    Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Sevilla, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano; Archiduque de Austria; Duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y Neopatria; Conde de Habsburgo, de Flandes, del Tirol, del Rosellón, y de Barcelona; Señor de Vizcaya y de Molina; etc; Soberano Gran Maestre de la Insigne Orden del Toisón de Oro y Gran Maestre de todas la órdenes civiles y militares del Estado.

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  8. Ah pues lo de Gran Maestre no lo recordaba yo, no. La verdad que casi es incluso mejor!

    Eso es un curriculum y lo demas cuentos. No se adonde voy con el mio.

    Bisous

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  9. Como siempre he pensado y digo, aquellos estados fundados en Tierra Santa, eran estados imposibles, por mucho que las Cruzadas nos atraigan a los que disfrutamos con la historia y con sus inevitables guerras

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  10. Años a posteriori:

    Muerto Juan Carlos, queda declarado Rey Felipe de Borbón.

    Rey de España, Duque patatín, Conde de patatán, etcétera... y a petición suya, guardián del sepulcro.


    Buenas noches madame.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)