sábado, 28 de febrero de 2009

Enterrad mi corazón en Wounded Knee


Nube Roja, jefe Sioux Oglala

No había ya esperanza en la Tierra, y Dios parecía habernos olvidado. Algunos dijeron que habían visto al hijo de Dios; a otros no les pasó lo mismo. Si Él había venido, sin duda se verían cosas prodigiosas, como ocurriera la primera vez que estuvo entre nosotros. Por nuestra parte, nos asaltaban las dudas porque no le habíamos visto a Él ni a sus obras.


La gente no sabía nada; tampoco les inquietaba el hecho. Se agarraban al tenue hilo de una vaga esperanza. Imploraron, enloquecidos, su piedad. Se asieron firmemente a la promesa, que habían oído decir que Él había hecho.


Los hombres blancos estaban asustados y llamaron a los soldados. Nosotros habíamos pedido la vida, y los hombres blancos pensaron que queríamos la suya. Supimos que llegaban los soldados. No temimos. Esperábamos poderles hablar de nuestros problemas y obtener ayuda. Un hombre blanco dijo que los soldados venían a matarnos. No le creímos, pero muchos se asustaron y huyeron al desierto Badlands.


Alce Negro, jefe Sioux Oglala

No supe entonces cuánto se había perdido. Cuando miro atrás desde las alturas de mi senectud vienen a mí todavía las imágenes de las mujeres y niños asesinados, amontonados y dispersos por la quebrada. La escena horripilante se me ofrece tan vívida como si la estuviera reviviendo. Y me doy cuenta, ahora, de que algo más murió también en aquel barro sangriento, y fue enterrado luego por la tormenta. Allí dio fin el sueño de un pueblo. Era un hermoso sueño… Se ha roto el collar de la nación y las cuentas se han perdido por los suelos. No queda ya simiente alguna y el árbol sagrado ha muerto.


El 29 de diciembre de 1890 llegaron 500 soldados del Séptimo de Caballería al campamento Sioux. Supuestamente su misión era la de escoltar a los habitantes del poblado hasta el tren que debía conducirlos al nuevo emplazamiento decidido para ellos en Omaha, Nebraska, tras proceder a desarmarlos a todos. Por motivos que jamás se han aclarado suficientemente, el ejército inició un tiroteo contra los indios desarmados, hombres, mujeres y niños. Murieron muchos de ellos en la masacre de Wounded Knee. Parece ser que el horror comenzó cuando un miembro de la tribu, llamado Coyote Negro, se negó a entregar su rifle, debido a que no comprendió la orden.


Coyote Negro era sordo.



Bibliografía:

Enterrad mi corazón en Wounded Knee - Dee Brown

11 comentarios:

  1. La historia entre indígenas y hombres blancos siempre ha terminado en masacre de indígenas, tanto en Norteamérica como en otros países.

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  2. Asi es, madame.
    Siempre han salido perdiendo.

    Un beso

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  3. Aqui se refleja una vez más la poca paciencia que se tenía entonces con estas cosas y la sangre fría para disparar un arma a cualquiera que se pusiera por delante, aunque fuera un pobre crío. No conocía la historia, pero me ha parecido muy interesante, aunque realmente triste y cruel

    Besos madame

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    Respuestas
    1. La misma sangre fría con la que hoy se mata a los árabes bajo la disculpa del terrorismo - indios, negros, árabes, chinos (en su época) siempre fueron sangre de segunda -

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    2. Europa, monsieur, también conoce el terrorismo. Son muchos los hombres, mujeres y niños, que han muerto en su nombre, sea cual sea el fanatismo que ocultan sus siglas, pues lleva nombres muy diversos.

      Feliz día

      Bisous

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  4. Gracias, madame. Otro de mis intereses es la historia de la nacion Sioux, y me parecio que era un tema poco tratado, asi que espero haber aportado algo con esta entrada.

    Bisous

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  5. Hola Diana :)

    Vaya! no conocía sobre este acontecimiento tan terrible ... la crueldad es ciega, sorda ... aun asi me parece raro que no hayan tenido conciencia que aquel hombre era sordo.

    Un abrazo!

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  6. Supongo que nadie se molesto en preguntar. Él forcejeó y no se dejaba quitar el arma, en un instante un soldado novato se puso nervioso, disparó y comenzó la confusión.
    Pero como digo, nunca ha sido esclarecido suficientemente qué fue lo que pasó.

    Bisous, madame

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  7. Mi señora, me acaba usted de impresionar con ésta historia ¿Qué su otra pasión es la nación sioux? Pues deléitenos con más aventuras por favor. Los nativos americanos han sufrido la devastación, pero la historia hay que contarla como es, y usted, me sorprende. Buenas tardes.

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  8. Pues no es mi objetivo en este blog repetirme mucho con ese tema, al menos no tan pronto. Otros temas apasionantes aguardan.

    Gracias, monsieur.

    Bisous

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  9. El libro de donde esta sacado este pequeño estracto es muy bueno. Os recomiendo leerlo.

    Muy bueno el blog, acabo de descubrirlo.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)