martes, 24 de febrero de 2009

El París de Luis Felipe



Estamos en el París de Luis Felipe, el monarca que ha reconciliado en su persona el Antiguo Régimen y la Revolución; París es una ciudad cosmopolita, alegre y acogedora.

La alta burguesía mima a las gentes de teatro y a la bohemia literaria, adora a los músicos y la ópera, y recibe con una actitud liberal a los refugiados de media Europa que se dan cita en la capital francesa, huyendo de los absolutismos despóticos que han sometido a sus países, y a todos los que, enamorados del exaltado e inconformista ideal romántico, buscan la libertad expresiva, el éxito o la gloria.


En aquel París encantador uno puede hacer cuanto quiera sin que apenas se le mire. Hay lugar para todo; para la inofensiva extravagancia en el vestir y actuar, para los amores en contra de toda regla y para los conciliábulos de las nacientes tendencias socialistas. Los intelectuales modernos, entre excéntricos y provocadores, se reúnen en pequeños círculos donde se discuten ideales exaltados de política, del arte y del superhumanismo wagneriano.

Uno de estos círculos tiene su sede en el salón del compositor húngaro Franz Liszt, donde con frecuencia se dan cita poetas que se encargan de mantener vivo el espíritu de la aplastada rebelión polaca contra el dominador zar de Rusia. Liszt y su amada, María D’Agoult, que por él había abandonado hijos, marido y posición, discuten allí animadamente con los socialistas del momento, Sainte-Beuve, Sue, Leroux, con el filósofo Heine, con literatos y pintores, o escuchan divertidos a Nourrit, el tenor medio neurasténico que es el árbitro de la elegancia y del ingenio en París.

Precisamente fue en una de aquellas reuniones de confianza, celebrada para escuchar a un tal Chopin, joven pianista polaco que comenzaba a ser considerado como genial intérprete y compositor, cuando George Sand, la escritora más famosa de la época, una valiente mujer que había rechazado toda mojigatería y toda convención social, una inquieta intelectual que vestía como un hombre, fumaba cigarro tras cigarro y no hacía secreto de sus entregas amorosas, se sintió prendada por el encanto de aquel famoso Chopin al que tanto admiraban sus amigos.


Bibliografía:
Histoire de ma vie - G. Sand


3 comentarios:

  1. Reuniones que hoy se han perdido, dicen muchos con pena. Pero, sin embargo, se olvidan de algo: ¿qué hacemos nosotros ahora mismo en los blogs que nos gustan? Pues yo creo que lo mismo que lo que se hacía entonces. Lo único que cambia es que no vemos nuestras caras, pero las palabras y las reuniones fluyen y traspasan fronteras como nunca antes lo habían hecho.

    Creo que internet (y los blogs especialmente) es una de las grandes revoluciones de nuestro tiempo, y ésta es una de las razones: su componente social.

    ¡¡¡Muchos besitos!!!

    ResponderEliminar
  2. Ah, dama, que se me olvidaba jajaja Te he otorgado otros dos premios: Dardo y Blog de oro. Espero que te gusten. Están aquí esperándote para cuando desees recogerlos.

    ¡¡¡Besitos!!!

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias, madame, muy amable!

    Esta tarde pasare a recogerlos.

    Bisous

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)