lunes, 23 de febrero de 2009

Carnaval Rococó


En París se celebraba un baile de disfraces. Charles D'Eon, un brillante joven de aspecto tan femenino que hacía dudar a muchos acerca de cuál era su verdadero sexo, decidió aprovechar esta circunstancia y disfrazarse de mujer.

La noche del baile apareció perfectamente maquillado, peinado y adornado; hasta el menor detalle había sido cuidado al extremo en una maniobra seguramente orquestada por el príncipe de Conti, que tenía una idea en mente y preparaba su golpe de efecto. El tipo de belleza delicada e imberbe de Charles hizo el resto.

Retrato del caballero D'Éon caracterizado como mujer

Dos invitados de excepción honraban el baile con su presencia: el rey y su amante, la marquesa de Pompadour. Luis XV, como siempre, está más pendiente de descubrir nuevas bellezas entre las asistentes que de la danza en sí. Entonces hacen que se fije en una hermosura que acababa de entrar. Fascinado, el rey llama a uno de sus hombres de confianza y le encarga que le procure una entrevista discreta con la damita. El servidor se acercó a Saint-Foix, uno de los amigos del caballero D'Éon, para preguntarle el nombre de la bella.

-Es prima mía, monsieur -respondió, fingiéndose irritado por el interés.

-Pero el rey desea conocerla, y si le dais ese placer a Su Majestad, seréis rico.

Saint-Foix simuló considerar la propuesta antes de aceptar.

-Sea. ¿Qué debo hacer?

-Su Majestad se retirará dentro de una hora. Basta con que llevéis a vuestra prima al salón contiguo. Yo me encargo del resto.

Saint-Foix se acercó entonces al caballero D'Éon y le dijo:

-Tengo para vos una nueva que os divertirá. Una gran dama acaba de apostar conmigo a que no sois un hombre y se ha ofrecido a que se lo demostréis en su gabinete. Yo he aceptado dicha apuesta. La dama se ha ido y os espera en el salón que os indicaré.

Charles, que según esta versión de Gaillardet ignoraba los propósitos de la broma, encontró todo aquello muy excitante. Era como un niño con un juguete nuevo. Entusiasmado, se dirigió al gabinete y mientras tanto el hombre del rey fue a avisarlo. Luis abandonó el baile de inmediato para ir a su encuentro, todo impaciente. Sigamos las memorias del caballero:

Se abrió la puerta y un hombre, primorosamente ataviado, avanzó con cautela; era Luis XV. Le reconocí al instante y retrocedí, lleno de terror.

-No os asustéis, hermosa mía -me detuvo el rey-. No tengáis miedo de mí.

Y el galante monarca me acarició las mejillas con su mano dulce y perfumada. Yo abrí mucho los ojos. Bien -pensé-, éste también me cree una mujer. ¿Tendré que demostrarle que soy un hombre?

Pronto dejé de albergar la menor duda. El pensamiento del rey se iba traduciendo en manifestaciones de tal evidencia que entonces comprendí la broma de la que acababa de ser objeto por parte de mis amigos. El caso era difícil y mi posición incómoda. Su Majestad comenzaba a ponerse insoportable y se lanzaba al ataque como hombre acostumbrado a no encontrar resistencia. ¿Qué hacer? Me armé de valor y me planté ante él.

-Majestad -le espeté-, os han engañado y yo he sido víctima de una broma.


Para poder hablar con tranquilidad había dado un paso hacia atrás y me hallaba ya adosado a una otomana. Luis XV aprovechó la oportunidad al instante y, sin dejarme terminar mi exordio, me empujó contra los almohadones. Cayendo bruscamente, lancé un chillido y t
raté de incorporarme para seguir exponiendo al rey la verdad, pero ya era tarde. Luis XV acababa de descubrirla por sí mismo, al tiempo que sus augustos brazos le pendían con estupefacción, y se le abría la boca de la sorpresa.

-Sire -tartamudeé-, esto es lo que deseaba exponeros.

El rey, con semblante crispado, comenzó a pasearse por el salón. Por fin se detuvo y sonrió.

-No acabo de comprenderlo -exclamó, contemplándome admirado-. De modo que sois un hombre. Vaya, es una metamorfosis perfecta. Todo el mundo se engañaría.

Tras unos instantes de reflexión, añadió:

-Amigo mío, ¿sois tan inteligente como guapo, tan discreto como gentil?

-Ponga Vuestra Majestad a prueba mi celo y mi devoción -contesté-, y os prometo no sucumbir a la prueba.

-Pues bien, guardad un silencio absoluto sobre lo ocurrido. Y estad bien dispuesto a ejecutar mis órdenes. Pronto tendréis noticias mías.

El día terminó bien para Charles. El rey no se había tomado a mal la broma. Luis apreciaba que consiguieran divertirlo y entretenerlo. Tenía un carácter abúlico, muy dado a la apatía y la depresión, por lo que agradecía las sorpresas. Ciertamente el caballero lo había conseguido.

Y Conti le hizo ver de ese modo la gran ventaja que podría representar para Francia esa peculiaridad de Charles: así comenzó la carrera como espía del famoso caballero D'Éon. Fue enviado a la corte rusa con identidad femenina, atendiendo al nombre de Lia de Beaumont. Nadie consiguió descubrir el engaño.


Bibliografía:
Memorias del caballero D'Éon - Gaillardet, 1836
El Espía del Rey - Diana de Méridor



8 comentarios:

  1. Tuve que cambiar la configuracion de lo de los comentarios y ponerlo a pagina completa, porque la otra modalidad no funcionaba y no se podia dejar ningun comentario.

    Esperemos que así sí, y que este blog deje ya de tocarme las narices.

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  2. No conocia la historia. Tengo que decirte algo: Estoy escribiendo sobre las vedettes de Paris al final del XIX y en una de ellas, al final de la historia, revelo que es un hombre. Creo que no lo cambiaré, bueno no sé, me gusta más esta historia. Muy buena y la presentación de la misma, también. Un saludo.

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  3. Pero monsieur, me ha contado usted el final de su historia, protesto!

    Aun asi, cada linea sera un placer, estoy segura.

    Muchas gracias

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  4. Interesante, no conocía esta historia.

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  5. Excelente historia, me encanta todo lo relacionado a esa época de Francia, y que coraje el de ese caballero

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  6. Madame, no se preocupe, el paseo intrigante por Montmartre de la dame en cuestión y sus desvelos, hacen que el final sea un mero recurso literario. Un saludo.

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  7. Merci, madame kasiopea y monsieur dubois.

    Monsieur francisco javier, merci tambien. Me tiene usted en ascuas con esa historia.
    A ver cuando podre leerla!

    Saludos

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  8. L'histoire est très curieuse et amusante.

    À tout à l'heure.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)