La mujer de
Los vendedores ambulantes de bálsamos, artículos de tocador y hierbas medicinales, iban de castillo en castillo vendiendo sus productos. Ellos eran quienes conservaban y renovaban los secretos de la cosmética. Los productos de belleza se guardaban en el tocador, un hermoso mueble lleno de cajones y espejos con aspecto de escritorio.
Las culturas europeas tenían especial aprecio por la piel pálida, que se convirtió en signo de bienestar económico y categoría social. Las mujeres tomaban medidas extremas para diferenciarse de las campesinas curtidas a la intemperie y lograr una piel blanca, llegando incluso a provocarse hemorragias. Agregar un color rosa sutil tal como se usaba en el Siglo XIII era otro símbolo de importancia social, ya que sólo los ricos podían pagar un maquillaje facial color rosa.
La importancia de la piel blanca como signo de riqueza continuó durante el Renacimiento Italiano. Las mujeres llegaban a utilizar ingredientes mortales como el plomo y el arsénico. Los remedios cutáneos naturales también eran populares y la mayoría de las nobles tenían su propia receta para combatir los efectos nocivos de la pasta de plomo en el rostro. Utilizaban mascarillas con raíces de espárragos molidas y leche de cabra, que se friccionaban en la piel con trozos de pan caliente. También se popularizaron los cabellos con trenzados elaborados y se hacía algo así como un gel capilar con una mezcla de excrementos de golondrina y sebo de lagarto. Las damas de la nobleza se aplicaban albayalde en el rostro; se depilaban las cejas y se pintaban los labios de color rojo oscuro con tintes vegetales. Pero el carmín sólo lo usaban las prostitutas.
Durante los primeros siglos de
Durante los siglos XV y XVI se lleva a cabo la gran transformación. Vuelve el gusto por los placeres, la belleza, y aún mejor, por la higiene. Es el Renacimiento, una época en que los valores estéticos toman un nuevo impulso, olvidados desde Grecia y Roma. Es el momento del florecimiento del arte italiano, de los mecenas. La estética, en todos los campos creativos, llega a cotas refinadísimas. La belleza lo abarcará todo, y por lo tanto la estética femenina formara también parte de esta armonía. Italia se convertirá en el centro europeo de la elegancia. De allí saldrán las nuevas propuestas de la moda, la belleza y la estética para influir en las cortesde Europa.
El ideal de belleza de las mujeres nobles italianas consistía en tener un cuerpo de formas muy curvadas, la frente alta y despejada, sin apenas cejas y, como hemos visto, la piel blanquecina. Tener el pelo rubio era sinónimo de buen gusto y para conseguirlo mezclaban los extractos más inverosímiles. Las damas de la nobleza veneciana se teñían el pelo con lociones compuestas de flores de azafrán y sulfuro y las hacían cocer en sus cabezas sentándose bajo el cálido sol del verano. Una nueva invención fue la introducción del lunar postizo, en un principio hecho con pequeños círculos de terciopelo negro, que se utilizaba para ocultar imperfecciones como verrugas, granos y cicatrices de la viruela. Las venecianas, además del rostro, se maquillan los pechos, que se muestra ostensiblemente a través de los grandes escotes, gustan de los perfumes traídos de Asia: almizcle, ámbar, sándalo, incienso, mirra y clavo de especias. También utilizan los extractos de rosa, jazmín, lavanda, violeta.
Los primeros tratados de cosmética y belleza aparecieron en Francia e Italia durante estos siglos. En el libro de Catalina de Sforza, Experimentos, encontramos toda clase de recetas de cosmética y perfumería, escritos sobre maquillaje, para corregir defectos del cuerpo e incluso reconciliar matrimonios.






























